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Amazonas, un pulmón que respira verde

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Con imponencia, el río Amazonas se extiende a lo largo de tres países, surcando la selva que lleva su mismo nombre y que es refugio de cientos de especies que le imprimen color al paisaje. Desde su nacimiento, en los Andes peruanos, el río más largo del mundo atraviesa con sigilo el sur de Colombia y parte en dos a Brasil, lugar en que se funde con el océano Atlántico. Su caudal equivale a la quinta parte del agua dulce de la tierra y alimenta una extensa selva de bosque húmedo tropical también conocida como el pulmón del planeta. Y es quizá por estas características que la Amazonía se ha convertido en un destino turístico de aventura para quienes aman un contacto real con el mundo natural.

Allí, en pleno corazón de la selva amazó­nica y en el extremo sur de Colombia, se encuentra Leticia, una ciudad pintores­ca, con sabor a copoazú y que se mueve a ritmo de forró, gracias a esa herman­dad que comparte con Brasil a través de Tabatinga, su ciudad fronteriza. En sus calles se habla con fluidez portuñol, una mezcla entre el español y el portugués, muy útil para fines comerciales y, como si se tratara de una autopista internacio­nal, el río la conecta en dos horas con Caballococha, ciudad próxima peruana. Así funciona la capital del Amazonas, un punto importante para quienes deseen vivir una experiencia en la agreste, pero mágica, selva amazónica.

La única manera de acceder a este paraíso natural es a través de vuelos nacionales que aterrizan en el aero­puerto Alfredo Vásquez Cobo, ubicado a pocos minutos del centro de Leticia y que por el crecimiento turístico en la zona tuvo que ampliarse. Actualmente los visitantes cuentan con una amplia oferta hotelera que va desde importan­tes cadenas de hoteles hasta hostales, dependiendo de las necesidades del viajero, incluso hay quienes buscan hos­pedarse en reservas naturales ubicadas a las afueras del casco urbano para des­conectarse del movimiento citadino.

  • Departamento: Amazonas
  • Extensión: 109.665 km
  • Gentilicio: Amazónicos
  • Capital: Leticia
  • Gentilicio capital: Leticiano

Uno de sus principales atractivos ocurre todos los días, entre las 5:00 y las 5:15 de la tarde, cuando una bandada de loros interrumpe la tranquilidad del parque Santander, para hacerse un lugar cómodo en donde pasar la noche. Como ráfagas, una nube de aves atraviesa los cielos y se escabulle con facilidad entre las copas de los árboles para pernoctar. La iglesia Nuestra Señora de la Paz, me­jor conocida como la Iglesia del Parque Santander, ubicada en todo el centro, permite que algunos visitantes suban hasta la parte más alta de la construcción para divisar el espectáculo natural que brinda Leticia, eso sí los cupos son limita­dos, por eso hay que llegar con tiempo para poder ascender y tener la mejor vista del lugar.

UN POCO DE HISTORIA…

La capital del Amazonas, fue fundada por colo­nos peruanos que llegaron a la región gracias a la primera fiebre del caucho que se desató a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Para ellos, Leticia era un puerto importante so­bre el río Amazonas pues conectaba poblaciones del norte como Tarapacá, La Pedrera, La Chorrera, con poblados al sur como Caballococha, Iquitos y Pebas, estos últimos pertenecientes al Perú. Sin embargo, en 1922 ambas naciones firmaron el Tratado Salomón-Lozano que dejaba en ma­nos del Estado colombiano la soberanía de esta ciudad, con lo que ganaba una salida al río Amazonas a través del trapecio amazóni­co. A cambio, Perú recibiría el triángulo de San Miguel – Sucumbíos, una importante zona co­mercial e industrial, pero de menor tamaño a la cedida por el gobierno peruano.

Diez años más tarde, en 1932, un grupo de soldados peruanos invadió Leticia alegando que el Tratado Salomón-Lozano no era válido y exigían la devolución de esta ciudad para Perú; ambos países entraron en una tensión di­plomática y militar, que finalizó en abril de 1933 cuando el presidente peruano Luis Miguel Sánchez Cerro fue asesinado y su sucesor rati­ficó el tratado. Este enfrentamiento fronterizo obligó al gobierno central a proteger la zona por vía aérea, terrestre y fluvial.

¿Cómo llegar?

La única forma es por aire. Se abordan los vuelos desde Bogotá, con una duración promedio de 1 hora y 40 minutos y se aterriza en el Aeropuerto Internacional Alfredo Vásquez Cobo.

TARAPACÁ Y LA PEDRERA, PERLAS DE LA AMAZONÍA

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Siguiendo el curso del río Caquetá, y antes de que cambie su nombre a Ja­purá al entrar a Brasil, se encuentra el corregimiento La Pedrera, un lugar de donde el cerro Yuparí observa con atención el paisaje que por siglos dis­frutaron las comunidades indígenas que habitan en la zona. Este fascinante lugar, alejado del agitado mundo con­temporáneo, fue el escenario perfecto para que Germán Castro Caicedo escri­biera Perdido en el Amazonas, un mag­nífico relato sobre Julián Gil Torres, un exmarinero que desaparece en la mani­gua después de entablar contacto con una tribu desconocida.

Hoy habitan más de 3000 personas en el corregimiento, quienes en su ma­yoría se dedican a la pesca, la caza, la agricultura y a la extracción de made­ra y caucho.

Quizá uno de sus principales atractivos es el cerro Yupatí, un espacio sagrado para las comunidades indígenas, ya que desde la cima se divisan los ríos Caquetá y Apaporis en todo su esplendor, cubier­to de una espesa neblina que adorna el paisaje selvático que lo rodea.

Camino a La Pedrera el avión se detiene en Tarapacá, un poblado al cual solo se puede acceder por vía aérea o fluvial, pues la construcción de la carretera que quería unir a Leticia con Mitú fue suspen­dida debido no solo a los altos costos económicos, sino también al daño am­biental que acarrearía la obra en la selva. Desde el aire se ve cómo el río Putumayo zigzaguea entre la manigua, hogar de un sinnúmero de especies nativas.

Allí los cerca de 3000 habitantes del poblado, la mayoría de la etnia Ticuna, Huitoto y Bora, se dedican a la produc­ción agropecuaria para el autoconsumo; la yuca, el plátano y el maíz son los principales alimentos cosechados en pequeñas huertas caseras. Además, al igual que en La Pedrera, la extracción de caucho ocupa un renglón importante en la eco­nomía local.

Para tener en cuenta:

  • Lleve siempre ropa cómoda (sudaderas, leggins y camisas de manga larga).
  • Algunos lugares requieren caminatas por la selva, por eso se recomienda llevar botas de caucho o calzado con buen agarre para evitar accidentes.
  • Siempre lleve a la mano un repelente para los mosquitos, protector solar y buena hidratación durante los recorridos.
  • No olvide estar vacunado contra la fiebre amarilla, pues en el aeropuerto le pedirán su carné de vacunación para abordar el vuelo.

MUNDO AMAZÓNICO, UNA EXPERIENCIA SELVÁTICA

 

Por años, las extensas sabanas selvá­ticas fueron vistas por foráneos como una opción rentable para la produc­ción pecuaria, sin embargo la misma naturaleza se encargó de demostrarles todo lo contrario, ya que los bosques devastados para la siembra de pastos no siempre eran lo suficientemente productivos para levantar cientos o mi­les de cabezas de ganado; por eso, en vista de la “improductividad” de la tierra se vieron obligados a venderlas, y fue en ese momento que Mundo Amazónico comenzó a gestarse en Leticia. “El proce­so de recuperación de suelos lo empezó mi mamá hace 17 años, pero nosotros abrimos la puerta al público hace 7 años”, cuenta con orgullo Rafael Clavijo, un leticiano de padres santandereanos que lidera este proyecto.

De pequeño Rafael era un niño enfermi­zo, y su madre para poder lidiar con las afecciones de su hijo comenzó un inter­cambio de saberes con las comunidades de la zona, quienes la orientaban sobre qué plantas usar y cómo hacerlo. Así, poco a poco, ella se interesó por conocer y preservar ese conocimiento ancestral que años más tarde pondría al servicio de la comunidad y los turistas para que hubiera interés en el cuidado de la sel­va que los rodea: “Para nosotros tiene mucho sentido que la gente conozca las plantas del Amazonas y sus usos, por­que si lo conocemos, lo cuidamos. Todos nuestros visitantes reciben pequeñas cátedras con intérpretes nativos que les enseñan sobre las propiedades me­dicinales de las plantas”, asegura Rafael. Actualmente Mundo Amazónico es una reserva de 30 hectáreas, dividida en tres partes: una zona de reserva natural, otra zona que todavía está en recuperación, es decir, se adelantan procesos de refo­restación, y una zona, de 5 hectáreas, utilizada para turismo sostenible.

Son precisamente en estas 5 hectá­reas donde los visitantes tienen una visión global del ecosistema amazóni­co, además todo el recorrido es guiado por indígenas de la zona quienes com­parten su conocimiento por medio de historias, tradiciones e incluso enseñan técnicas de tiro al blanco con arco, fle­cha y cerbatana. Darío Yacuna tiene 18 años y su comunidad está asentada en la ribera del río Mirití, al norte del de­partamento; él disfruta hablar con los turistas sobre los misterios de la selva, su cultura e incluso enseña palabras en yucuna, su dialecto: “Aquí los visi­tantes aprenden sobre nuestra cultura y me gusta que la gente se lleve una buena impresión de esta tierra”, comenta Darío.

Este lugar cuenta también con una va­riedad de peces amazónicos como los lápices, los óscares y la tradicional pira­ña. Junto a este lugar se encuentra un jardín botánico que muestra los usos tradicionales de plantas para el cuidado y la prevención de algunos males como los cólicos menstruales, los problemas renales, la migraña y la cicatrización de heridas. Los turistas pueden finalizar el recorrido probando el pescado o pollo a la patarasca, una preparación tradicio­nal en la zona que consiste en envolver el pescado o pollo en hojas de bijao y ponerlo en la brasa para que la presa concentre sus jugos y los mezcle con el sabor de la hoja.

Mundo Amazónico está ubicado en el kilómetro 7 por la vía conocido como “Los kilómetros”.

 CONEXIÓN CON LA NATURALEZA AMAZÓNICA

Por esa misma vía, pero a 11 kilómetros de Leti­cia, se encuentra la Reserva Natural Tanimboca, un lugar para los amantes de la aventura y la naturaleza. En la entrada, un cocodrilo tallado en madera de más de 3 metros vigila el enor­me salón de bienvenida donde los turistas reciben toda la información de la reserva, sus actividades y recomendaciones. “Para nosotros es importante que la gente viva la experiencia en medio de la selva, que la conozcan, que se asombren de lo que hay, pero también que aprendan a respetarla”, cuenta Leonardo Cas­tañeda, coordinador logístico de la reserva.

Los aventureros inician el recorrido a través de un camino demarcado con piedras y troncos, una vez se va avanzando la humedad de la selva hace que el cansancio sea evidente, por lo que la hidratación se hace indispensable; después de unos minutos de camino entre barro, riachuelos y raíces que surgen como dedos de entre la tierra, se llega a la primera casa del árbol, un complejo habitacional de dos plantas para 12 personas con camas, baño independiente, mosquiteros, hama­cas y una sala amplia para compartir en grupo. La caminata continúa y a pocos pasos se encuentra otra habitación, esta vez ubicada a 12 metros de altura y soportada entre dos gruesos troncos. En este lugar pueden dormir hasta 5 personas y la casa en el árbol cuenta con camas, mosquiteros, un baño sencillo y una diminuta sala de estar, desde la que se divisa la imponente selva ama­zónica. Muy cerca de estas dos habitaciones hay una tercera con las mismas características pero para 3 personas. La electricidad es inexistente, por lo tanto la reserva le da a cada huésped una lámpara de luz solar para que ilumine lo nece­sario en la noche. Todas las habitaciones están cubiertas por un anjeo que impide la entrada de animales como murciélagos, micos o serpientes.

En la reserva, los visitantes pueden hacer canopy a 35 metros de altura y en temporada invernal se puede practicar kayak, incluso quienes deseen pueden tomar la caminata nocturna por la selva para encontrarse cara a cara con tarántulas, escorpiones, ranas y otras espe­cies nativas. “Estas marchas selva adentro se hacen respetando el entorno natural de los animales, porque nosotros somos los invasores, estamos entrando a su casa”, comenta Ramiro Rodríguez, guía de la reserva y quien lleva recorriendo estos caminos por más de 5 años. “Yo disfruto venir aquí, siento tranquilidad y el en­torno me recarga de energía”, concluye.

Al caer la noche los visitantes se acomodan en sus ha­bitaciones en donde los sonidos de la naturaleza son la mejor ambientación para vivir esta experiencia al máxi­mo: “La gente siempre tiene miedo a lo desconocido, por eso les recomendamos que en vez de dormir con temor, disfruten los sonidos de la naturaleza, porque en la noche la selva suena diferente”, afirma Leonardo.

Leticia:

¿A dónde llegar?

  • Eco Hotel El Refugio de la Floresta: cómodas habitaciones con baño privado y aire acondicionado, además de un restaurante con preparaciones típicas de la zona.

¿Dónde comer?

  • Restaurante Mi ranchito, parrilla-brasa.
  • Restaurante Tierras Amazónicas

¿Cómo movilizarse?

  • La mayoría de turistas lo hacen a pie, sin embargo pueden movilizarse en mototaxis para recorridos más largos.

¿Qué hacer?

Existen innumerables actividades para hacer en Leticia, sin embargo le recomendamos visitar:

  • Parque Ecológico Mundo Amazónico.
  • Omshanty Jungle Lodge.
  • Reserva Natural Tanimboca.

PUERTO NARIÑO, UN VIAJE POR EL AMAZONAS

El puerto de Leticia es un punto importante para los leticianos, pues es un paso obligado para quienes quieran visitar los asentamientos en la ribera del río Amazonas. Uno de estos es Puerto Nariño, un munici­pio ubicado a 87 kilómetro río arriba en lancha rápida y en donde la majestuosidad de la naturaleza es pa­tente en cada uno de los espacios que le rodean. En el recorrido, que dura un poco más de dos horas, las embarcaciones pasan por pequeños destinos como La Isla de los Micos, en donde se pueden alimentar los famosos monos frailes con bananos y otras frutas; y Macedonia, muy popular por su trabajo artesanal.

El bote arriba a Puerto, como lo conocen en Leticia, un lugar apacible, anclado en la Amazonía. Allí los viajeros tienen la certeza de que la tranquilidad es una constan­te, pues es el municipio de Colombia que no tiene ca­rros y su único vehículo a motor es un tractor mediano que recolecta los residuos de todo el casco urbano. Du­rante la temporada de aguas altas, sus calles, estrechos callejones flotantes en madera, sostienen con la solidez de una ceiba los cientos de turistas y nativos que se movilizan a diario en este lugar. En la parte más alta de Puerto Nariño está ubicado el mirador Naipata II, una estructura en madera que vigila desde lo alto la desem­bocadura del río Loretoyacu en el cauce del Amazonas. “Es un lugar muy tranquilo, con una abundancia natu­ral inimaginable y un paisaje que habla por sí solo”, comenta Rocío Perdomo, Coordinadora de Cultura y Turismo del municipio. Además, Puerto Nariño es el Primer Destino en Colombia certificado como Destino Turístico sostenible.

Gracias a su ubicación geográfica Puerto Nariño cuenta con una amplia variedad de animales y plantas acuáticas que ha­bitan el río, y como parte de la estrategia de este municipio está encaminada en impulsar un turismo sostenible, han de­dicado espacios para crear conciencia en los visitantes, por eso surge la Fundación Natütama – que en ticuna significa “mun­do bajo el agua” -, un centro de interpre­tación que trabaja en la conservación de los recursos naturales en la zona. Allí se brinda información sobre las especies y su preservación, como en el caso del del­fín rosado, uno de los más esquivos a la vista de los turistas.

Por sus abundantes lagos y corrientes de agua, la biodiversidad en la zona es uno de sus principales atractivos, por eso los turistas se embarcan hacia una aventura al interior de canales en medio de la es­pesa vegetación para encontrarse cara a cara con el lago Tarapoto; desde la lan­cha se ve a lo lejos en un árbol a un oso perezoso que estira uno de sus brazos lentamente para espantar una garza que llegó de improviso a dañarle el sue­ño, las aves se van ubicando en lo alto de los pungos que detallan el paisaje con sus despobladas ramas. Los zancudos no dan tregua, y pican en manada, por eso recomienda llevar siempre un repelen­te a la mano. En este santuario, todas las tardes, el sol se despide coloreando de rojo y naranja el cielo, dando paso a no­ches cálidas y estrelladas. “Nuestro ideal de turismo es este, que la gente vea a los animales en su hábitat y que no los obliguen a posar para una foto”, enfatiza Rocío. De regreso a Puerto, con la noche sobre los hombros, Pedro Cabrera, el lanchero, afirma que no teme navegar el río en la oscuridad, pues siempre lo hace con respeto y a una velocidad moderada. “Disfruto venir de pesca antes del ama­necer o de visita nocturna para avistar caimanes, ver la naturaleza en su máxima expresión es el mejor regalo que nos pue­de dar el río”, comenta nostálgico.

Puerto Nariño:

¿A dónde llegar?

  • Hotel Lomas de Paiyú: Cómodas habitaciones con baño privado. Cercano a la calle principal del municipio y al mirador Naipata II

¿Cómo llegar?

  • Desde Leticia se puede tomar una embarcación en el puerto. Tenga en cuenta que la navegabilidad del río Amazonas es restringida, por eso el último bote parte a la 1:30 pm.

¿Qué hacer?

  • El paisaje de Puerto Nariño es un espectáculo en la región. El mirador Naipata II, recorrer el lago Tarapoto y la Fundación Natütama, son excursiones obligadas si se está en este municipio. Las artesanías, en especial la talla en madera, son un atractivo que no podrá dejar pasar.

Recuerde:

Los turistas que arriben al municipio tendrán que pagar una contribución turística de 10.000 pesos para el desarrollo social y ecológico sostenible del mismo, ayudando a promover el embellecimiento y el ornato, mejorar infraestructura turística y la creación de nuevos atractivos. 

RESERVA NATURAL MARASHÁ, SELVA CON ACENTO PERUANO

El río es la frontera natural entre Perú y Colombia, por eso existen muchos pla­nes turísticos para visitantes de ambas naciones. Uno de esos espacios es la Reserva Natural Marashá, ubicada en el lado peruano a 15 minutos de Leticia y en donde los foráneos tienen dos for­mas de ingresar a la reserva: en invierno, las aguas inundan los caminos demar­cados para el ingreso a pie, por eso la única manera de hacerlo es remando por cerca de una hora entre árboles y aves que saltan de rama en rama con recelo. Durante el verano el nivel de las aguas baja y el camino queda dispo­nible para caminar una hora y media selva adentro.

Allí todo está en calma, un gran lago exhibe con orgullo la victoria regia que les da la bienvenida a los visitantes. El lugar, construido en madera y suspen­dido sobre el lago, ofrece actividades como kayak y pesca deportiva, o si de­sea desconectarse del caos de la ciudad puede recostarse en una hamaca a ori­llas del lago y disfrutar de una piscina natural. Durante el verano los visitantes pueden realizar canopy ascendiendo por el tronco de una ceiba de más de 400 años de antigüedad. “Este lugar es toda una experiencia de vida” cuenta Neyser Ayambo, un nativo ticuna oriun­do de Puerto Alegría (Perú).

Comunidades indígenas con mayor presencia en Amazonas:

  • Ticunas
  • Boras
  • Huitotos
  • Yucunas
  • Yaguas

EL AMAZONAS, EN SU PLATO

Los ríos que bañan estas tierras, se encargan también de brindar parte de los productos que consumen los locales y turistas, quizá el plato más atractivo y apete­cido es el pirarucú, el pez más grande de agua dulce que abunda en el Amazonas. Su carne, suave y sin es­pinas, tiene múltiples preparaciones, ya que se puede comer a la plancha, en taparasca e incluso como chi­charrones, una preparación donde los trozos de carne se apanan y se sirven con salsa de la casa y ensalada. El bagre también es uno de los peces más consumidos en el Amazonas, acompañados casi siempre de casa­be, una tortilla hecha a base de harina de yuca, y la fariña que les da un sabor tostado a las comidas.

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La selva además produce frutos que son aprovecha­dos por los habitantes para la preparación de jugos, dulces y postres. El copoazú, el camu-camu, el arazá y el carambolo son los predilectos para atrapar el pala­dar de los comensales.

Ser una ciudad fronteriza tiene sus ventajas en materia gastronómica, pues la influencia de los países que le ro­dean se evidencia en la preparación de sus platos. Por ejemplo, de Perú han adoptado el famoso arroz chaufa, un arroz frito estilo oriental con carne de cerdo y pollo.

La inmensidad de la Amazonía no se mide por ki­lómetros cuadrados, sino por una herencia cultural que cientos de años después perdura en la memo­ria de quienes han nacido en esta tierra fértil. “Yo no tengo nacionalidad, yo soy del Amazonas, ese es mi territorio”, responde con orgullo un desprevenido transeúnte a un grupo de turistas que divisan las ma­ravillas de una región que guarda en el corazón de la manigua el secreto de la vida.

Sabía que…

  • ¿El río Amazonas recibe un nombre diferente en un tramo de Brasil?
  • Se le conoce como Solimões en el tramo de la frontera entre Colombia, Perú y Brasil hasta Manaos.
  • La palabras pirarucú viene del tupi guaraní que significa pira:pez y rucu: de escama rojo ticuna y significa “pez rojo”, debido a que sus aletas tienen una vetas de ese color cuando está en época de reproducción
  • Ticuna significa: hombre pintado de negro.
  • Huitoto significa: hormigas carnívoras.

AGRADECIMIENTOS:

Leticia

  • Fondo de Promoción y Desarrollo Turístico del Amazonas – Fonturama – Jenny Torres.
  • Parque Ecológico Mundo Amazónico – Rafael Clavijo.
  • Reserva Natural Tanimboca.
  • Eco Hotel El Refugio de la Floresta Boutique.
  • Restaurante Tierras Amazónicas.
  • Restaurante Mi Ranchito.
  • Transportes Fluviales Amazónicos S.A.S.
  • Transporte Fluviales Expresos Unidos Tres Fronteras EU.
  • Agencia de viajes y turismo Paraíso Ecológico.
  • Darío Yacuna – Guía Parque Ecológico Mundo Amazónico.
  • Ramiro Rodríguez – Guía Reserva Natural Tanimboca.

Puerto Nariño

  • Alcaldía de Puerto Nariño – José Alberto Lozada Pinedo.
  • Coordinadora de Turismo y Cultura de Puerto Nariño – Rocío Perdomo Erazo.
  • Hotel Lomas del Paiyú.
  • Agencia Amazonas Colombia.
  • Pedro Cabrera, conductor lancha.

Tarapacá y La Pedrera

  • Fuerza Aérea Colombiana.
  • Grupo Aéreo del Amazonas (GAAMA).
  • Coronel Julián Fernando Gómez Lince.
  • Teniente Coronel Hugo Ignacio Valderrama Vivas.
  • Capitan Carolina Restrepo.
  • Nancy Pico.
  • Milton Cubeo.
  • Carlos Cabrera.
  • Fernando Alfonso.

Puerto Alegría (Perú)

  • Reserva Natural Marashá.

Comments (2)

  1. […] pleno corazón de la selva  y en el extremo sur de Colombia, se encuentra el Amazonas, “UN PULMÓN QUE RESPIRA VERDE”. Con imponencia, el río Amazonas se extiende a lo largo de tres países, surcando la selva que […]

  2. jugos10.net dice:

    Hola

    Muy motivante tu articulo y hay muchas cosas que no conocia que me has aclarado, esta genial..
    te queria agradecer el espacio que dedicaste, con unas infinitas gracias, por instruir a gente como yo jujuju.

    Adios

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