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Cali lo lleva a una aventura por el sur

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Cali huele a caña, a historia y a feria. Cada rincón de esta emblemática ciudad, que conecta el sur del país, lleva consigo un sello que la convierte en un destino turístico apetecido por nacionales y extranjeros que encuentran en sus calles y parques un derroche de alegría, de cultura y sobre todo de mucho sabor.

Crónica (1)Ubicada en el suroccidente del país, a orillas del río Cauca y resguardada por los Farallones de Cali, esta ciudad, la tercera con mayor población y una de las más antiguas de Colombia, cuenta con una amplia oferta turística, cultural, gastronómica y deportiva, apta para todo tipo de público. Su aeropuerto, Alfonso Bonilla Aragón, localizado en Palmira a 18 kilómetros de Cali, recibe anualmente un promedio de 5 millones de viajeros quienes encuentran en la tierra del cholao y la salsa, una combi­nación perfecta para disfrutar de unas merecidas vacaciones.

Gracias a su estratégica ubicación, algu­nos viajeros aprovechan sus conexiones aéreas para sumergirse en una ciudad mágica, llena de color y con ritmos cari­beños y del Pacífico que invitan a bailar hasta el amanecer. Quienes optan por recorrerla encuentran en la Sultana del valle, como se le conoce, una amalgama de espacios antiguos y modernos que dan cuenta del crecimiento de esta urbe y de los cientos de planes que ofrece a sus visitantes y residentes.

Quizá gracias a su amplia oferta cultural, Cali ha venido consolidándose como un destino tu­rístico especial, que cautiva la atención de un público ávido por impregnarse de la cultura y de los ritmos locales. Según la Secretaría de Tu­rismo de Cali, se estima que entre enero y mayo de este año recibió cerca de 180.000 personas, 22.000 más de las que arribaron a la capital del Valle el año pasado por la misma época; esto, sumado a las mejoras del aeropuerto, ha im­pulsado notablemente el turismo en la ciudad y el departamento. Adicionalmente la infraes­tructura hotelera ha ido en aumento, y se nota en la gran variedad de hoteles y hostales que prestan los servicios en esta cálida ciudad.

Este crecimiento a nivel turístico en Cali también es evidente en las regiones a las que conecta a través de diferentes vuelos que hacen escala en el aeropuerto Bonilla Aragón: Ipiales, Pasto, Tu­maco, Pitalito, Florencia, Puerto Asís y Guapi son puntos clave para que muchos más viajeros se interesen por las múltiples opciones que Cali tiene para ofrecerles.

PERLAS DEL SUR PARA CONOCER:

IPIALES:

Crónica (25)Es la ciudad que conecta a Colombia con Ecuador y la que recibe diaria­mente cientos de turistas que desean conocer las maravillas que el departa­mento de Nariño tiene para ofrecer a sus visitantes. A pocos kilómetros del puente internacional de Rumichaca se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de las Lajas, uno de los puntos turísticos por excelencia del departa­mento. Allí, incrustada en medio de la inmensidad de las montañas, se encuen­tra esta magnífica obra arquitectónica que fue finalizada en 1949 gracias a la fe y al trabajo de los feligreses que jun­taron sus fuerzas para convertir una pequeña cueva en un destino de pe­regrinación mundial.

Por su ubicación, Ipiales mueve parte de la economía en el departamento, ya que su aeropuerto San Luis recibe semanalmente vuelos de Cali y Bogotá, dos ciudades importantes para el creci­miento económico de este destino. Con sus vuelos, cientos de turistas conocen y disfrutan uno de los destinos con ma­yor crecimiento, pues su estratégica ubicación como ciudad fronteriza la convierte en la primera ciudad limítro­fe con un amplio aporte a la economía nacional. Gracias a este auge comercial la ciudad, que tiene una población su­perior a los 120 mil habitantes, ha tenido que afrontar importantes retos, como las mejoras en el campo hotelero, pues su infraestructura ha ido creciendo sig­nificativamente en los últimos años. Así mismo, los foráneos se sienten atraídos por la gastronomía exótica del lugar, no en vano cuenta con El Charco, una calle en la que el cuy es el plato por exce­lencia, un platillo que causa curiosidad entre los turistas.

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PASTO:

82 kilómetros al norte de Ipiales se en­cuentra Pasto, una ciudad que respi­ra cultura, arte y naturaleza. Su plaza central, la Plaza Nariño, resguarda el poder político y económico, no solo de la ciudad, sino también del departa­mento. Este lugar, además de albergar importantes hitos de la historia nacio­nal, también cuenta con una bellísima catedral e innumerables templos, que guardan cientos de historias y anécdo­tas propias de los pastusos.

Sin lugar a dudas, la mejor época del año para disfrutar de unas vacaciones en familia, es durante el Carnaval de Negros y Blancos, un fiesta tradicional pastusa que se realiza la primer semana de enero. En este evento, los habitantes se disfrazan y salen a recorrer las prin­cipales calles de la ciudad en compañía de imponentes carrozas que dan cuen­ta de la creatividad y el colorido de los Andes colombianos.

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En el departamento de Nariño no solo se disfruta su cultura e historia, el cuida­do del medio ambiente es un propósito en el que las autoridades locales traba­jan incansablemente para continuar su posicionamiento a nivel nacional. Luga­res como el Santuario de Flora y Fauna de la Isla de La Corota en la laguna de La Cocha, dan una idea del trabajo de conservación que adelantan diversas entidades gubernamentales. La pro­tección de la biodiversidad en la zona y las mejoras en infraestructura son un claro ejemplo de la labor que se viene realizando en esta ciudad, vecina del Volcán Galeras, que desde lo alto ob­serva como guardián ancestral toda la riqueza de esta tierra.

TUMACO:

A orillas del océano Pacífico se en­cuentra San Andrés de Tumaco, un pa­raíso terrenal al cual se puede acceder por avión desde Cali; o por tierra a 300 kilómetros desde Pasto. Allí los visi­tantes tienen un sin fin de actividades que involucra la vida natural y la tran­quilidad que dan sus playas. La peña “El Quesillo”, el Arco Natural y la Isla El Morro, son algunos de los lugares más visitados por los viajeros, quienes ade­más disfrutan de la sazón local en los diversos restaurantes y bares que se asientan en el Puente del Morro, una obra de ingeniería de 300 metros que conecta tres islas (El Morro, La Viciosa y la cabecera municipal de Tumaco).

Su aeropuerto La Florida tiene la ca­pacidad para recibir dos vuelos diarios provenientes de Cali, una conexión que facilita la llegada de turistas ávi­dos de aventuras y de contacto con la naturaleza, pues Tumaco cuenta con múltiples planes para el avistamiento de aves y de ballenas jorobadas que buscan las aguas cálidas del Pacífico para aparearse, parir y comenzar a criar a sus ballenatos.

Actualmente, Tumaco, trabaja incan­sablemente para posicionarse como la segunda ciudad más importante del Pacífico colombiano, después de Bue­naventura, y para lograrlo los entes gubernamentales nacionales y locales han invertido en la construcción del ae­ropuerto, obras para el mejoramiento de los servicios públicos (luz, agua y alcantari­llado) además de incentivos para el sector del turismo. Gracias a estos aportes y a la pujanza de su gente, Tumaco hoy siente que tiene la posibilidad de ser un gran­de en materia de turismo sostenible, un tema que cada día llama la atención de las nuevas generaciones de viajeros.

DE PITALITO PARA EL MUNDO

Escribe: Rocío Cárdenas Arboleda

“Cómo no se puede amar a esta tierra, si lo tiene todo”, murmura con orgullo un habitante de Pitalito, municipio ubica­do a un poco más de 180 kilómetros al sur de Neiva, capital del departamento del Huila. Sus paisajes huelen a tierra fértil, a frutas en conservas y a una bue­na taza de café, pues es en esta zona de Colombia donde más se produce el gra­no que ha hecho historia en el exterior.

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Quizá uno de los lugares que encanta a los turistas que pisan tierras opitas es el Parque Arqueológico de San Agustín, un destino que guarda celosamente los vestigios de una civilización que habitó el sur del país y que dejó su herencia cultural en imponentes esculturas y grabados en piedra volcánica que se pueden observar a lo largo del re­corrido. Es tal la importancia de esta necrópolis que en 1995 la UNESCO declaró el parque como Patrimonio de la Humanidad. Este epicentro arqueo­lógico se ubica en las estribaciones orientales del Macizo Colombiano, punto crucial donde la cordillera se divide en tres para atravesar el país. En esta misma zona, y gracias a la cade­na montañosa, numerosas fuentes de agua que bajan de lo alto nutren gota a gota al Río Magdalena, que nace en el Parque Nacional Natural Puracé, más exactamente en la laguna de La Mag­dalena en el Páramo de las Papas.

El Aeropuerto Contador, facilita el flujo de viajeros que desean conocer parte de nuestra historia precolombina, además de recrearse en los espacios naturales que brinda esta región para practicar deportes extremos como rafting y torrentismo. La aerolínea SATENA cubre la ruta Bogotá – Pitalito – Bogotá tres veces por semana, así que los viajeros hoy tienen más opciones para adentrarse a vivir una experiencia única, llena de un misticismo natural que alimenta el alma.

Después de haber sido golpeado por el conflicto que azotó al país durante dé­cadas, hoy el departamento del Huila tiene nuevos aires para fortalecer su de­sarrollo y ha encontrado en el turismo un factor importante si se quieren dar pasos grandes en materia económica. Por lo tanto se están uniendo esfuerzos para fomentar un turismo de calidad, en el que los turistas nacionales y extranje­ros tengan una variada oferta hotelera, así como una infraestructura que les permitan movilizarse por la región sin problemas y es ahí donde Pitalito tie­ne todo el potencial para continuar su posicionamiento como un destino protagonista del departamento.

FLORENCIA – CAQUETÁ, UN GIGANTE DE CORAZÓN VERDE

Escribe: Daniela Molano Pinzón

 

Este paraíso terrenal es también co­nocido como la Puerta de Oro de la Amazonía colombiana, mágico des­tino ubicado al suroriente del país en la cordillera de los Andes, a orillas del río Hacha, una tierra bendecida y habitada también por la belleza y preservación de los indígenas an­dakíes, los huitotos y los coreguajes, símbolo de nuestras raíces.

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Parte de su historia ancestral se conec­ta con la modernidad de una ciudad en crecimiento, por ello varios indígenas pertenecientes a estas comunidades se asientan en el parque San Francisco, punto de encuentro para los florencia­nos y en donde se exhibe un sinnúmero de artesanías y trabajos manuales.

Aunque nací en Bogotá parte de mi he­rencia es de Florencia, mi madre es de esta ciudad, por lo tanto puedo decir que mi corazón es florenciano y que late al ritmo de su gente, de su color, de su aroma. Allí, una fuerza me impulsa en cada una de mis visitas a compartir con quienes no han tenido la oportu­nidad de conocer y dejo que esta tierra mágica me envuelva y me nutra de una energía inigualable producto de sus va­riados tonos verdes.

Esta tierra que por distintas razones ha sido invisible, hoy tiene una segunda oportunidad, y es gracias al poder de sus paisajes fotogra­fiados por cientos de turistas nacionales y extranjeros, a la voz de la manigua que invita a conocer, sentir y disfrutar cada uno de los rincones y alrededores de esta ciudad.

Estoy convencida de que la mayor riqueza de Colombia está en su gente, y Florencia pue­de dar fe de esta afirmación, pues gracias a su multiculturalidad sus habitantes se destacan por su calidez humana y por la hospitalidad con el turista. Destaco la inmensa variedad de flora, fauna, paisajes y diversidad, que sin duda marcan una diferencia y convierten este desti­no en uno de mis favoritos. Hay que agradecer también la entrega de su gente para preservar este inmenso territorio, hogar de un sinnúme­ro de especies nativas, riquezas naturales que hacen vibrar el corazón en medio de palmas y el cantar diario de las aves.

Así es el Caquetá, una tierra divina, em­papada de agua cristalina y adornada con su diversidad natural en cada uno de sus recorridos y municipios, tal y como lo entona su himno: “Tu selva sin fin”. Lugares que cubren y llenan los va­cíos que la vida poco a poco nos pone como prueba, selvas, aguas que desin­toxican y llenan el corazón de felicidad con solo tocar un puñado de tierra.

Si quiere vivir una terapia de inmersión en este mágico lugar hay infinidad de sitios para disfrutar y acercarse a sus ma­ravillas; entre ellos la Calera Amazónica, lugar donde se puede pasar la tarde con familia y amigos, pero lo más hermoso, quizás, es encontrarse con los micos ar­dilla y vivir la experiencia de compartir con ellos su hábitat. En el primer con­tacto, son tímidos, sin embargo poco a poco van interactuando con los humanos que los alimentan con variadas frutas. Es­tas criaturas son amigables, y un orgullo para los florencianos que protegen esta especie para su preservación.

Por estas y mil maravillas más, le invito a abrir su corazón a tan grandiosa ciu­dad, a recargar su energía con la madre tierra y a sentir el brillo de la selva hasta el fondo de su ser. Le prometo que un pedacito de esta gran tierra quedará grabado en su alma para siempre.

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 PUERTO ASÍS, UNA EXPERIENCIA QUE ME CONECTÓ CON LA VIDA

Escribe: David Ruíz

 

Cuando pisé por primera vez Puerto Asís, supe que esta tierra tiene un misticismo único que atrapa a los turistas, quienes venimos en busca de un encuentro cara a cara con la naturaleza. Todavía no me explico qué hizo que esta ciudad, la se­gunda en importancia del Putumayo pero la primera en densidad poblacio­nal, me cautivara a tal punto de querer regresar al poco tiempo.

Recuerdo con asombro contemplar la inmensidad del río Putumayo, ese mismo que veía diminuto en mapas, previo a iniciar mi viaje por esta re­gión de Colombia que hoy puedo recomendar sin miedo a mis amigos extranjeros que desean dejar atrás las sofisticadas calles de Nueva York o Pa­rís. Este afluente del río Amazonas que nace en el Nudo de los Pastos, hidrata las planicies selváticas, hogar de innu­merables especies de aves, insectos, reptiles y mamíferos que guardan si­lencio al paso de los turistas inmersos en la abundante manigua. Al unísono correr de las aguas del río Putumayo se unen el cantar de afluentes como los ríos Guamués, Acáe, Juanam­bú, entre otros, que albergan en sus aguas diversos peces que abastecen a las comunidades ribereñas.

Es gracias a su paulatino desarrollo que esta ciudad ha ido captando la atención de quienes allí viajamos, pues su aeropuerto Tres de Mayo recibe vuelos con regularidad, provenientes de Cali, Bogotá y otros centros urbanos del país. La oferta hotelera es amplia y va en ascenso pues sus habitantes son conscientes de la bio­diversidad que tienen para recibir con calidez a quienes deseamos acercarnos con respeto a su tierra para no solo conocer sus paisajes sino adentrarnos en su cultura tradicional.

De acuerdo con mi experiencia como viajero y aventurero, tenga en cuenta que si quiere venir a darse un vueltón por este lugar, debe estar vacunado contra la fiebre amarilla. Siem­pre tenga la mente en blanco para recargar su energía al contacto con la naturaleza y, por último, demuestre respeto ante la cultura de quienes habitan esta región, pues ellos llevan a cuestas cientos de años de una tradición an­cestral que cuidan con recelo.

Hoy, escribo estas palabras para agradecerle a esta región del país toda su hospitalidad con los turistas que llegamos en busca de una nue­va experiencia y al regresar a casa las vivencias nos llenan el corazón de buenos momentos y de grandes amigos a quienes como yo, solo querían un par de días alejados del bullicio insis­tente de la ciudad, pero nos traemos en nuestra cabeza los hermosos sonidos de la selva.

 

GUAPI SE MUEVE A RITMO DEL CANTAR DE LAS BALLENAS

Escribe: Liliana Ospina Vásquez

Colombia en su inmensa diversidad cuenta con paisajes dignos de encantar y deslumbrar a los viajeros que llegan al país. Las playas, por ejem­plo, son un excelente lugar si se desea ver la puesta del sol a la orilla del ondeante mar que se extiende con fuerza. Para vivir esa experien­cia de primera mano, no dude en visitar Guapi, también conocida como “el portal entre el cielo y el mar”, un municipio en medio del Pacífico que comparte jurisdicción con la Isla Gorgona, que otrora fue una cárcel.

A través de su aeropuerto Juan Casiano, Guapi recibe turistas que embarcan sus sueños en Cali para disfrutar del mar, del canto de las ballenas y de un delicioso plato de cangrejo, muy popular entre sus habitantes y quienes visitan esta por­ción de tierra. Si su plan es visitar esta población no deje pasar la oportunidad de bucear, además de caminar los senderos ecológicos que esta y Gorgona tienen para usted, allí podrá ver una amplia variedad de aves endémicas que adornan con gracia y belleza los cielos del Pacífico.

Guapi ofrece hoteles que incluyen aire acondicionado, red wifi y servicio de restaurante; sin embargo existen hos­terías que prestan sencillos servicios de hospedaje para viajeros todoterreno. Todo está enmarcado en el gusto de quienes deciden vivir una aventura en aguas del océano Pacífico.

Todos estos paisajes del sur del país pue­den ser visitados con mayor facilidad gracias a las rutas que opera SATENA en el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de la ciudad de Cali, pues este punto de co­nexión hace que estas regiones no solo brinden un aporte al desarrollo turístico del país, sino que con el paso del tiempo se consoliden como un destino atractivo para quienes quieren llenar sus maletas de miles de historias que retratan una nueva Colombia.

 

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