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Cundinamarca, maravillas insospechadas en el centro de Colombia

Escribe Gustavo Giraldo G.
Guionista y escritor de contenidos para televisión, radio, páginas web y medios impresos.

Solo asombros y maravillas aguardan a los viajeros cuando deciden recorrer territorios de Cundinamarca que no siempre están incluidos en el circuito tradicional de las agendas turísticas, regiones donde los esperan lugares encantados y anfitriones encantadores. Como en Nimaima-Tobia, Choachí o Sopó, municipios ubicados en las propias goteras de Bogotá.

Con una gran variedad de climas y ecosistemas diversos, que abarcan desde el cálido valle del Magdalena y el piedemonte llanero, hasta páramos como Chingaza o Sumpaz,

Cundinamarca está en el corazón de Colombia, posición privilegiada que le permite facilidad de acceso y conexión estratégica con todas las regiones y el exterior del país.

DEPORTES DE AVENTURA Y LABORATORIO EN DULCE TOBIA

“LA HAMACA del sol donde se mece el paisaje”

Cundinamarca, maravillas insospechadas en el centro de Colombia

Tomando la ruta hacia el noroccidente de Bogotá, después de hora y media de recorrido por una carretera pavimentada y en muy buen estado, se llega a esta población de tierra caliente, regada por los ríos Negro y Tobia en la región del Gualivá. Enclavada en lo profundo de un cañón de la cordillera oriental de los Andes, a 730 metros sobre el nivel del mar, en Tobia coinciden de manera bastante singular los límites de cuatro municipios: Nimaima, Útica, La Peña y Quebradanegra.

En “la hamaca del sol donde se mece el paisaje”, como cariñosamente califican a Tobia sus moradores, existen 26 empresas con registro legal avaladas por el Viceministerio de Turismo, que brindan múltiples opciones para la práctica de deportes de aventura y el turismo de naturaleza. Entre ellas, el hotel San Pedro, que nos acogió amablemente durante nuestra estadía, ofrece estupendos planes: canotaje o rafting por el Río Negro, emoción pura y raudales de adrenalina a lo largo de nueve kilómetros; torrentismo o descenso con cuerdas por limpias cascadas de más de treinta metros; cabalgatas entre veredas por antiguos caminos de herradura; caminatas ecológicas para apreciar la fauna y flora locales, atravesando bosques y quebradas, hasta llegar a fincas paneleras con sus trapiches y moliendas tradicionales.

Para los amantes de emociones más fuertes, Tobia dispone equipos y espacios idóneos para la práctica del paint-ball. Asimismo, aquí se encuentra Jafa, un moderno centro de turismo y deportes de aventura, dotado con el cable aéreo o canopy más largo de Suramérica (1.200 metros, sumados los tramos de ida y vuelta, a una altura de 600 metros con respecto al río), para volar de una montaña a otra sobre la población. En palabras de Jairo Galeano, director de Turismo del municipio Nimaima-Tobia, las anteriores son razones más que suficientes para considerarlo como el primer destino turístico de aventura en el centro del país.

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Pero uno de los hallazgos más fascinantes para el viajero es el recorrido por la Ruta de la panela, donde puede conocer tanto el proceso de su extracción por medios tradicionales en enramadas autóctonas, como la nueva tecnología del sistema a vapor, la cual merece capítulo aparte porque, más que trapiche, no sería arriesgado equipararla con un enorme laboratorio agro industrial en el que se logra una extraordinaria reinvención cuasi alquímica para la producción de panela orgánica, y su conversión (o “transmutación”) en 150 subproductos derivados de ella.

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Hernando Ruíz, un hijo de Tobia que hizo su aprendizaje en la planta, ahora es su director e instructor técnico graduado por el Sena. Aparte de la producción de la panela, gracias a un convenio celebrado entre la Alcaldía de Nimaima y el Centro de desarrollo agro industrial Sena-Villeta, en la Planta procesadora de alimentos de Nimaima-Tobia (con registro Invima) se da orientación y formación a las personas que quieran aprovechar la transferencia de tecnología y conocimiento que se entrega en el curso técnico de agro industria panelera. De aquí han salido ya 150 técnicos titulados (el requisito indispensable para graduarse consiste en inventar un subproducto derivado de la panela) dispersos por las Umatas de toda Colombia y algunos de ellos, ad portas de brindar instrucción en países como Ecuador, Costa Rica y México, interesados en aprovechar la caña de azúcar con el valor agregado de toda una gama de subproductos innovadores.

En este centro agro industrial se manejan otras líneas de procesos, tales como café, alimentos concentrados, cacao y chocolates, donde de manera gratuita se prestan a los campesinos de la región asesoría e instalaciones para la transformación de la caña en panela o el cacao en chocolate, así como para trillar, moler, tostar y empacar el café.

De igual forma, se promueve tanto la participación y capacitación para gentes de todos los municipios de Colombia, como el agro turismo dirigido a niños y jóvenes estudiantes, quienes vienen a disfrutar un día de aprendizaje, degustación y redescubrimiento de las inimaginables posibilidades de la panela: con sabor a maracuyá, limón o limonaria, para hacer granizados o bebidas calientes; chocolatinas con panela; mascarillas exfoliantes compuestas por panela, sábila, aceite esencial de eucalipto y avena; dulces y panelitas con maní, ajonjolí o coco; avena de arroz y panela; y un largo etcétera de dulces maravillas

(Si desea recibir formación o información del Centro de desarrollo agro industrial Sena Villeta, sede Nimaima-Tobia, póngase en contacto con la Alcaldía Municipal de Nimaima en la dirección electrónica www.nimaima-cundinamarca.gov.co).

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CERRO PIONONO: ROLLO ECOLÓGICO CON NOMBRE DE PAPA

PARA respirar oxígeno puro en la fábrica del agua, estar en contacto directo con la naturaleza primigenia del bosque alto nativo andino, deslumbrarse ante más de 160 clases de aves, apreciar más de 110 especies de plantas nativas diferentes, entre las que se cuentan cinco clases de frailejones, además de preciosas variedades de musgos, líquenes, puyas, espléndidos encenillos, alisos, romerones, cedros o nogales, basta con visitar el municipio de Sopó y su reserva ecológica del cerro Pionono, localizada dentro de un área protegida de 680 hectáreas, de las cuales 80 están habilitadas para el disfrute público, y alrededor de 300, ubicadas en el ecosistema de páramo.

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De acuerdo con el entusiasta y apasionado ecologista José Ignacio Giraldo, asesor del Plan sectorial de turismo de Sopó, coordinador de la caracterización de fauna y flora del Municipio y nuestro sabio guía por la reserva, “el inventario de especies de plantas nativas de Sopó fue construido con la participación de la comunidad y la asesoría de un experto en el tema: el botánico César Barbosa, con más de 35 años de experiencia en estudios de este tipo en Colombia y el extranjero”. Para recorrer sus senderos, el parque ecológico cuenta con un grupo de siete jóvenes expertos en interpretación ambiental, ornitología y avistamiento de aves, que de manera didáctica guían a los visitantes para conocer y profundizar su relación con los ecosistemas y la diversidad natural  que les rodea.

En el Parque ecológico Pionono se pueden realizar cabalgatas ecológicas y practicar ciclo montañismo o senderismo. Y desde sus miradores, se observa el magnífico paisaje que abarca la represa de Tominé, los municipios de Guatavita, Guasca y Sopó, además del páramo del Parque nacional natural Chingaza.

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Desde hace 42 años, Leopoldina Jiménez de Silva se dedica a la confección de tejidos manuales en lana. Cuenta con orgullo que fue seleccionada entre los ganadores de la primera promoción del Premio Provócate, donde participaron 1400 artesanos de Cundinamarca.

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Realizado por Consuelo Rodríguez, con recursos de la Secretaría de Desarrollo Económico, el proyecto Bancarte es una larga y bella galería callejera de mosaicos sobre 43 bancas. En esta intervención del espacio público participó la comunidad, siempre bajo la enseñanza y orientación de la artista.

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Sopó además es un impajaritable destino religioso: la iglesia Divino Salvador, hermosa y bien conservada capilla doctrinera erigida por los Dominicos en 1612, alberga en su interior una invaluable colección compuesta por doce óleos de arcángeles, auténticas joyas del arte religioso colonial que, de acuerdo con el vicario parroquial Carlos Castro, probablemente fueron creados por el ecuatoriano Miguel de Santiago, perteneciente a la renombrada escuela de pintura quiteña y contemporáneo de Arce y Ceballos.

El reloj de la torre de la iglesia, donación de don Marco Fidel Suárez, funciona perfectamente desde hace 100 años; y en la sacristía de esta venerable edificación, declarada Monumento Nacional, se conserva una gran cantidad de ornamentos litúrgicos de hasta 210 años de antigüedad, algunos de ellos confeccionados de forma artesanal en filigrana metálica y lana.

EN LOS DOMINIOS DEL CACIQUE CHIGUACHÍA

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“Chiguachía” es una palabra de la lengua monosilábica muisca que da nombre a esta región de Cundinamarca: “chi”, nuestro; “gua”, monte; “chía”, luna: nuestro monte luna. Y de allí procede el gentilicio ancestral de chiguanos que ostentan los naturales de Choachí, cuyo lema “tierra de amor y paisaje” hace honor a la amabilidad y gentileza que emanan por todos los poros.

Los termales azufrados de Santa Mónica, con sus impecables piscinas, jacuzzis, baños turcos y saunas, además de un hotel de 4 estrellas, son uno de los atractivos imperdibles del municipio para disfrutar un placentero fin de semana o un saludable día de sol muy cerca de Bogotá.

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Algunas de las delicias gastronómicas para degustar en Choachí son los amasijos preparados con maíz y sagú:  pandeyucas, tortas de queso, arepas y almojábanas; el piquete típico chiguano, donde participan todos los derivados del cerdo: chorizo, morcilla, lomitos, costillas, etc; la gallina criolla con “hogo”; el cocido chiguachía, ganador en 2010 del Premio nacional de gastronomía del Ministerio de Cultura como plato del Bicentenario, elaborado con productos vernáculos como la guatila, (enredadera silvestre también llamada “papa de pobre”), hibia y cubio, a los que se agregan carne de res, cerdo y chivo, guisados con leche en olla de barro sobre fogón de leña.

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Choachimilco, fusión cultural entre México y Choachí, es otra más de las variadas opciones turísticas para hospedarse y disfrutar el municipio.

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PARQUE DE AVENTURAS ECOLÓGICAS EN LA CHORRERA

A pocos kilómetros del casco urbano de Choachí, escondida entre el bosque nativo paramuno, brota la alucinante cascada La Chorrera que, con sus 510 metros de caída escalonada, está clasificada como la segunda más alta de Colombia.

Una vez llegado a la vereda El Palmar, se debe recorrer un historiado camino de piedra por cerca de quince minutos. Y entonces, para gozo y perplejidad del viajero, ante sus ojos rebosados de belleza aparece El Chiflón como otro salto de la cascada La Chorrera en su perenne caída hacia el abismo.

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Por un sendero de piedra pulida, provisto de barandales en madera, se llega al camino construido entre la roca y la vertiginosa cortina de agua de El Chiflón.

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Gracias al esfuerzo amoroso, el trabajo paciente y la lucha persistente de líderes comunitarios para concretar y convertir en realidad el sueño, se creó la Asociación de Turismo de Choachí, uno de cuyos logros ha sido la adquisición de los predios adyacentes a la cascada La Chorrera, que custodian y protegen como patrimonio esencial para la vida. Carlos Rivera, tan despejado que parece brotado de la misma naturaleza que lo circunda, es el representante legal de la asociación, conformada por veinte jóvenes campesinos de las veredas el Curí, la Palma y la Meseta.

“Hace siete años empezamos a tener conciencia de que la gente venía a la cascada y que nosotros ni sabíamos que era una de las más altas de Colombia; entonces tomamos cursos de turismo rural en el Sena y nos organizamos como asociación: primero que todo, dimos un aporte para crear la empresa y nos endeudamos con personas particulares, porque ningún banco nos prestaba para comprar los terrenos y lo que hicimos fue mantener y proteger la fauna y la flora que había ahí, trabajando dos días a la semana para construir un sendero sin dañar la naturaleza”, cuenta Carlos con su voz pausada.

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Camino real entre Choachí y Bogotá.
Fotografía: Diego García

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En este punto retoma la historia Blanca Díaz, una mujer apacible pero de armas tomar en defensa de su ejemplar emprendimiento comunitario: “Al principio fue muy duro, sacar tiempo para asistir a las reuniones, sacar plata de donde no había para los aportes, animar a la gente para que le pusiera fe a una idea que uno sabía que sí iba funcionar”. Hoy, su asociación comunitaria ha logrado convertir La Chorrera en referente turístico de
Choachí, ha obtenido el registro nacional de turismo y es modelo para la recuperación y preservación de ecosistemas en Cundinamarca y Colombia.

AGRADECIMIENTOS

Gobernación de Cundinamarca:
Álvaro Cruz, Gobernador.
Juan Ramón Jiménez, Gerente Instituto de Cultura y Turismo.
Ivonne Chávez, comunicadora Instituto de Cultura y Turismo.
Alejandro Angarita, arquitecto Instituto de Cultura y Turismo.
María Alejandra Vallejo, antropóloga Instituto de Cultura y Turismo.
César Gómez, conductor despacho del Gobernador.

Tobia:
Jairo Galeano, Director de Turismo, Municipio Nimaima-Tobia.
Jairo Romero, Gerente Hotel San Pedro.

Sopó:
Jerónimo Valderrama, Alcalde municipal.
José Ignacio Giraldo, Asesor plan sectorial de turismo.
Luz Estela Baquero, Coordinadora turismo, Sec. Desarrollo.
Carlos Castro, Vicario parroquial iglesia Divino Salvador.
Restaurante El Hormiguero.

Choachí:
Carlos Alfonso Cotrino, Alcalde municipal.
Eliana Zárate, Coordinadora oficina de turismo.
Irene Pinzón de Zárate, Piqueteadero Casa Grande.
Carlos Rivera, La Chorrera Parque Aventura.
Blanca Díaz, La Chorrera Parque Aventura.

 

 

 

 

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