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Mitú, la puerta de la Amazonía

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

“La distancia y la poca comunicación que tenemos con el resto del país ha hecho que, en cierta forma, podamos mantener parte de nuestra cultura”, cuenta, con desparpajo, Diana, orgullosa de su tierra.

Habla de Mitú, un municipio rodeado de una espesa selva y circundada por caños que se desprenden del caudaloso río Vaupés, el principal acceso fluvial para el transporte de mercancías.

Desde hace un par de años, y luego de que el conflicto armado dejara una honda cicatriz en la historia de sus pobladores, Mitú se levanta con fuerza, dispuesta a seguir dando la pelea para que no se estigmaticen a sus habitantes y, por supuesto, a su territorio; un verdadero paraíso en medio de la manigua, que tiene mucho para ofrecer a quienes deseen vivir una experiencia diferente. “Yo creo que el paisaje, las personas que habitamos este territorio, las costumbres, son lo que llama la atención de los turistas. Aquí vivimos más tranquilos, con calma, con nuestras tradiciones indígenas, ancestrales; los alimentos que consumimos provienen de la naturaleza, eso nos convierte en una tierra única”, comenta Diana, mientras divisa el inmenso horizonte, en el que, a lo lejos, un par de cerros, ubicados en Brasil, se pintan de azul.

Crónica (4)

Mitú es el centro urbano más importante del Vaupés, pues allí convergen las instituciones descentralizadas de carácter nacional, incluyendo el Aeropuerto Fabio Alberto León Bentley, terminal aérea del Departamento y puerta principal de entrada de los turistas que llegan a descubrir toda la magia del territorio. Actualmente en el Vaupés están asentadas 26 comunidades indígenas, entre las que se encuentran los cubeo, los tukanos y los gunanos, quienes, además de dominar el español, conservan sus dialectos tradicionales, por lo que se estima que existen cerca de 29 dialectos diferentes en la zona. Esta riqueza étnica hace que cerca del 70% del territorio funcione bajo la figura de Resguardo Indígena.

Durante la colonización española, el Vaupés se convirtió en un espacio atractivo para las comunidades religiosas que llevaron a cabo procesos de evangelización con las etnias que habitan el lugar. Entre finales del siglo XIX y 1940, el territorio sufrió la confrontación que desataron los caucheros colombianos y brasileños por el control de la mano de obra en esta parte del territorio. Hasta mediados de la década del 30, la capital del Departamento estaba ubicada en el municipio de Calamar (Guaviare), pero, posteriormente, el gobierno central pidió su traslado a Mitú, con el fin de hacer presencia en la ribera del río Vaupés, próxima a la frontera con Brasil. Años más tarde, la zona fue designada como Comisaría, junto con el Guainía y el Guaviare, hasta que, con la Constitución de 1991, estos territorios fueron elevados a la categoría de departamentos.

Comunidad de Mituseño Urania

Muy cerca de la cabecera municipal de Mitú se encuentra la comunidad Mituseño Urania, un pequeño poblado que tiene en su zona dos importantes puntos turísticos: la Silla de Cubay y el cerro Urania.

Quienes llegan a este punto se encuentran con una montaña que exhibe una serie de poltronas incrustadas en la pared, un lugar sagrado para los cubeo, pues, según la tradición oral, es allí donde su dios, Cubay, se sienta a divisar el vasto territorio. Más adelante, y después de un pequeño sendero en medio de la vegetación, se abre ante los ojos de los turistas parte del ascenso al cerro Urania, un escarpado de color negro que, por momentos, toma tonalidades púrpuras que contrastan con el verde del entorno. Una vez en la cima, los viajeros ven la extensa selva, surcada por el río Vaupés, en el que navegan pequeñas embarcaciones de madera, o avinas, como las llaman los pobladores.

Los visitantes quedan maravillados con la panorámica durante el atardecer, pues el cielo despide al sol con majestuosidad, en medio de una amalgama de rojos, naranjas y amarillos. En el trayecto hacia el cerro Urania se encuentra el territorio de la comunidad indígena, que comparte con los visitantes el orgullo de vivir en un lugar sagrado, lleno de belleza y majestuosidad.

Ceima Cachivera

Tras un recorrido de 20 minutos, a 6 kilómetros de Mitú, se encuentra Ceima Cachivera, una comunidad que ha abierto las puertas de su casa para mostrarles a los viajeros un paisaje excepcional. El capitán de la comunidad, Sergio Gutiérrez Castañeda, es un hombre tranquilo, pero vigoroso, quien recibe constantemente grupos de turistas que desean internarse en la manigua para ver los tesoros que oculta el Vaupés bajo la espesa vegetación.

Después de una charla sobre el territorio y la importancia de recorrerlo con respeto hacia la comunidad y la naturaleza, se inicia un trayecto de cerca de dos horas, en el cual los caminantes se topan de frente con el raudal Cachivera Tucunaré.

Poco a poco el camino se torna difuso, y en ocasiones hay que sortear árboles caídos o piedras resbaladizas, producto de la reciente temporada invernal. Pero fácilmente los viajeros se conectan con el entorno y con el sonido de la selva, y, una vez inmersos en medio de la nada, empiezan a encontrar una serie de formaciones rocosas que hacen parte del complejo de cuevas, un santuario de especies nativas y territorio sagrado en la tradición del pueblo cubeo. A la cueva del Tigre le sigue la cueva del Sapo, un lugar especial para el avistamiento de aves, como el gallito de sierra, que en lo más profundo de estas rocas arma sus nidos para el cuidado de las crías.

Unos cuantos metros más adelante aparece, imponente, Cerro Flecha, una montaña de tierra negra, también conocida como Troncos de Yajé, que ofrece a los visitantes una vista de 360 grados de la selva. “Venir aquí es venir a recargar energía con la madre tierra”, dice un turista, mientras ve con asombro el paisaje que tiene frente a sus ojos. Además de la belleza del paisaje, Cerro Flecha es un lugar sagrado para los indígenas  cubeo, pues desde allí se ve el área que comprenden Cerro Venado y Cerro Guacamayas. “Desde Cerro Flecha se observa parte del territorio que transitó el dios Cubay; él, desde este punto, hacía sus oraciones. Por eso es tan importante para nosotros”, afirma el capitán, quien, a sus 52 años, mantiene un paso constante, sin mostrar cansancio alguno.

El capitán, o “Capi”, como lo llaman algunos miembros de la comunidad, viene impulsando el turismo en la zona, desde hace 8 años, pues es consciente de que este territorio es un paraíso que vale la pena dar a conocer.

Gracias al apoyo del Sena nos hemos capacitado en temas de turismo y guianza. Yo, por lo menos, soy guía de avistamiento de aves; otras personas se formaron como guías ecológicos. Ahora estamos con el Fondo Emprender del Sena, y estamos trabajando en la cafetería que queremos abrir para la comunidad”, comenta el capitán, quien espera continuar su proceso turístico que impulse un crecimiento en la región.

Comunidad Jericó (Maloca, mambe)

Quienes viajan al Vaupés saben que parte de la experiencia que se vive en esta travesía consiste en conocer e interactuar con las culturas y etnias que habitan la zona. Por eso, algunas comunidades, como Jericó, asentada a dos horas de Mitú, han ido abriendo paulatinamente las puertas de su maloca, con el único fin de transmitir lo que significa vivir en armonía con la naturaleza.

A la entrada de la maloca, don Agustín Muñoz, sabedor del pueblo tatuyo, espera con entusiasmo a un grupo de foráneos.

Tras un corto saludo, les habla de su historia; de cómo la guerra, hace 17 años, hizo que él y su comunidad dejaran sus tierras en los límites de Brasil, para adentrarse unos kilómetros hacia Colombia, en busca de tranquilidad. Hoy conviven unas 15 personas en la comunidad Jericó, quienes, de vez en cuando, preparan alimentos y lucen sus trajes tradicionales para mostrar parte de lo que son a los ojos curiosos de los turistas que llegan al Vaupés.

En las paredes de la maloca, que tiene una capacidad para albergar a cerca de 300 personas, se ven algunas prendas que los miembros de la comunidad utilizan para ceremonias especiales. Al entrar, la oscuridad impide ver con claridad el entorno, pero, con el paso del tiempo, la maloca va ganando luz, de manera natural, y pequeños detalles emergen entre la penumbra: grabados e instrumentos musicales con los que amenizan sus encuentros. En la penumbra se distingue una mesa dispuesta con platos, vasos y cubiertos para recibir a los visitantes; a un costado, unas bases tejidas en fibra vegetal portan ollas en barro con alimentos tradicionales, como el casabe, la quiñapira, el pescado muquiado, la muñica, el pescado con carurú, y el jugo de copoazú y azaí. Las mujeres de la comunidad ofrecen chicha a los turistas antes de iniciar el banquete; luego, cada quien puede servirse los alimentos que desee. Durante la comida, una de las mujeres toma en sus manos un poco de carayurú, un polvo rojizo con el que pinta los rostros de quienes visitan el lugar. “Esto significa protección”, dice una de ellas, mientras hace un conjunto de líneas en la frente y mejillas de uno de los turistas.

Algunas de las comunidades en la Amazonía colombiana acostumbran consumir mambe, un polvo que se obtiene al tostar, moler y cernir la hoja de coca, y al que se le mezcla, además, cenizas de cecropia, un árbol nativo de la región.

En medio de la maloca, don Agustín, de 62 años, invita a los asistentes a mambiar con él, mientras explica los beneficios de consumir esté preparado. El mambe, al contacto con la saliva, forma una pasta que funciona como estimulante, quita el hambre y el sueño y despeja la mente. Además del mambe, la comunidad consume también yopo, polvo de tabaco que se aspira por ambas fosas nasales, y que, según don Agustín, sirve para curar males como la rinitis y la sinusitis.

Viaje por el río Vaupés y sus canos

Mitú es una ciudad situada en medio de la selva, por lo que la única forma de acceder a ella es a través de vuelos comerciales semanales, operados por SATENA. Sin embargo, el río que bordea gran parte de la ciudad es para los habitantes uno de los bienes más preciados, pues sus aguas, además de brindarles transporte, también les ofrece alimentación.

Para los más pequeños, incluso, nadar a orillas de este imponente río es un juego. En el puerto más importante de Mitú, todos los viernes, alrededor de las 9 de la mañana, la ciudad comienza a vivir el agite propio del comercio en la zona; por río y tierra, con la chiva chagrera, llegan a este punto algunas comunidades indígenas para vender los productos cosechados en sus chagras: fariña, casabe, uva pichuna, quiñapira y copoazú pueden conseguirse en el lugar, además de pescados y lagartos, que son comercializados como alimento.

Omar, un lanchero joven, pero diestro en las artes de dominar la fuerte corriente del río, emprende un recorrido con un grupo de turistas a través de las aguas del Vaupés y los caños que circundan la región. Durante esta navegación, se topan a lo lejos con otros lancheros que viajan río arriba, transportando pasajeros, productos agrícolas o mercancías.

El paisaje es exuberante, y en las orillas se distinguen, por momentos, pequeñas comunidades que aprovechan las aguas para tomar un baño o lavar la ropa. Algunos tramos, completamente inhóspitos, adornan el curso del río con abundante vegetación que se sumerge sigilosa en el vaivén de la corriente.

En este viaje el destino es Tatú Cachivera, un raudal a dos horas de Mitú, en el que la fuerza del agua se ha tragado algunos barcos que desafiaron el poder del río. Pero antes de adentrarse a estos rápidos, se hace una estación en la comunidad Trubón, a la cual solo se puede acceder a través del río Vaupés. Allí, el hermano del capitán decide acompañar la travesía porque, según él, conoce los recovecos para sortear los remolinos que se forman en el agua producto del raudal, ya que, por esta época invernal, en ocasiones es difícil identificar las piedras que yacen en la profundidad. Una vez allí, el sonido ensordecedor del agua golpeando las piedras se mezcla con el sonido de las aves, que, desde las copas de los árboles, observan el cauce del río.

El río Vaupés nace en Calamar, Guaviare, y después de recorrer el Departamento, cruza la frontera con Brasil, donde se le conoce como Uaupés, antes de morir en el río Negro. En la tradición oral del pueblo cubeo el río cobra un valor importante, pues en estas aguas se lleva a cabo el ciclo mítico de la anaconda ancestral, que, con sus apariciones, darían identidad a la comunidad: “Para nosotros, debajo de esta agua, hay otro mundo, el mundo de los dioses. Por ejemplo, se dice que los suegros de Cubay eran guíos (anacondas), pero en realidad eran personas que usaban su piel como un disfraz”, cuenta Arcelia Caicedo, indígena cubeo que trabaja como apoyo del sector de turismo en el Municipio.

En medio de la manigua se encuentran algunos caños, en ocasiones zigzagueantes, que refrescan las caminatas de los viajeros. Es el caso de Caño Sangre, un riachuelo cuyo color rojizo y naranja es producto de las hojas que caen al agua, y que, tras descomponerse, tiñen la corriente. Este paraíso incrustado en la selva del Vaupés se encuentra a 3 kilómetros de Mitú, por vía fluvial. Al llegar a la comunidad Mitú Cachivera, se inicia un recorrido a pie de cerca de 30 minutos; un trayecto en el que los turistas pueden disfrutar de las aves y de la variada vegetación que enruta la marcha. Finalmente, se llega a una pequeña cueva y a un puente que cruza el caño. Algunos caminantes deciden continuar su viaje hasta el Cerro Guacamayas, cuya cumbre ofrece una vista privilegiada del lugar; y, ya de regreso, se refrescan en sus aguas rojizas.

Este lugar es perfecto para desconectarse por un par de horas del agite urbano, pues el caño brinda una experiencia única a quienes deciden nadar en sus frías aguas. “Algunos mituseños aprovechan este lugar para venir en familia a pasar un domingo y hacer el tradicional paseo de olla”, complementa Arcelia, mientras chapalean sus pies en el agua.

Otro de los paraísos en el río Vaupés, muy cerca de Mitú, es el balneario Cucurá, cuyo raudal funciona como un spa natural que relaja a quienes lo visitan. Las aguas cristalinas se abren paso entre enormes piedras, que forman charcos o piscinas naturales, muy atractivas para los amantes de la vida natural.

RECOMENDACIONES:

  • Use siempre bloqueador solar durante las caminatas y viajes a través del río, pues las temperaturas oscilan entre los 25 y 30 grados.
  • Lleve siempre repelente de insectos en los recorridos.
  • Lleve ropa cómoda, pantalones que le permitan caminar sin dificultad, zapatos o botas con buen agarre, y gorros que lo protejan del sol.
  • Recuerde que el Vaupés cuenta con lugares sagrados para las comunidades indígenas; por eso es fundamental que respete los espacios que ellas, muy amablemente, han abierto para usted.
  • No arroje basura en la selva ni en el río.

Artesanías en el Vaupés

Un artesano, de manos curtidas por el paso del tiempo, ensambla con agilidad una olla de barro, mientras otra persona, a un costado, pule una de las piezas con cantare, una piedra originaria del Apaporis, que ha sido utilizada por generaciones.

Así, en medio de su taller, Rodrigo López plasma su cultura y tradición en trabajos representativos que comercializa con las comunidades y turistas, atraídos por estas piezas de carácter único. Además de las vasijas, los platos y las ollas de barro azul con grabados tradicionales del pueblo cubeo, las mujeres tejen balays (bandejas con diseños simbólicos), jarrones y otros elementos para el hogar y la vida cotidiana, haciendo uso de fibras vegetales, como el cumaré o el guarumo. Otros, en cambio, trabajan la talla en madera con historias de la etnia.

Cada pieza es, por sí sola, una obra de arte, pues la labor de manos artesanas le imprime a estos productos una identidad cultural que ubica sus trabajos como uno de los más representativos en la Amazonía colombiana. Artesanos mituseños, como Rodrigo, hacen presencia en diversas ferias artesanales del país, mostrando con orgullo parte de lo que produce el Vaupés.

Para las comunidades, la recuperación de las tradiciones es actualmente una de las tareas más importantes, pues las nuevas generaciones han dejado de lado estas labores que los conectan directamente con su cultura. “Antes, el decorado lo hacían las mujeres mayores, las abuelas; hoy las trabajan todos, pues la idea con este proyecto es recuperar la técnica; que nuestros hijos conozcan un poco de nuestra cultura. Ellos van a la escuela, a la universidad, y desconocen lo que somos”, cuenta Rodrigo, quien, a través de su proyecto, busca llevar este conocimiento a los más jóvenes. “Ellos tienen que conservar esa tradición; los abuelos se van, pero la tradición no se puede perder. Para nosotros, antes que lo económico, es rescatarla”, complementa Rodrigo.

Mitú, centro urbano           

Con un poco más de 14 mil habitantes, Mitú despierta cada día entre la selva para entrar en las dinámicas de una capital.

En su centro urbano se encuentran las entidades del Estado, el hospital y la Catedral María Inmaculada, símbolo de resistencia para este pueblo que vivió con tristeza la guerra, a finales de la década del 90. El parque principal, conocido como Parque Santander de Mitú, es un punto de encuentro para los habitantes, no solo por el comercio que vibra a su alrededor, sino también porque en un costado del marco de la plaza se encuentra un monumento al guío, que simboliza el origen de las etnias en el Vaupés.

Con el paso del tiempo, la ciudad ha tenido importantes obras que impulsan el desarrollo en la zona. El aeropuerto Fabio Alberto León Bentley funciona desde 2002, y recibe semanalmente 5 vuelos comerciales procedentes de Bogotá y Villavicencio. Adicionalmente, cuenta con una oferta creciente de hospedajes y restaurantes para los visitantes.

Los jóvenes encuentran ahora una improvisada, pero ingeniosa, sala de cine, en la que proyectan películas en formato blu-ray, para una mejor definición del sonido y la imagen. La sala, que está ubicada en el restaurante y pizzería Barassana, fue construida en su totalidad con materiales reciclados, que dan un aire bohemio al lugar. Alejandro Duque, su propietario, cuenta que la sala funciona desde hace 6 años, aproximadamente, y llegó a proyectar películas en 3D. Sin embargo, una descarga de energía averió el dispositivo y los mituseños tuvieron que conformarse con películas 2D.

Hoy Mitú tiene aires de conquista, pero no de la misma que sufrieron por siglos, y que los mantuvo en el anonimato.

Esta población, la más importante del Departamento, busca posicionarse como un referente de turismo ecológico y etnográfico, pues la riqueza de su tierra está en los pobladores, que no descansan ni un minuto para hacer del Vaupés un ejemplo de país.

¡Tenga en cuenta!

  • Debido a su difícil acceso, hay productos con un valor comercial mucho mayor que en otras ciudades del país.
  • Si va a viajar a este destino, asegúrese de llevar con usted el carné de la fiebre amarilla, pues algunas autoridades aeroportuarias podrán pedírselo antes de abordar.
  • Los pueblos indígenas tienen sus reglas para transitar sus territorios; acátelas, por respeto a ellos y a sus tradiciones.

Agradecimientos

  • Gobernación del Vaupés

Secretaría Municipal de Agricultura, Medio Ambiente,

Vivienda, Minería y Desarrollo Turístico.

Carlos Castañeda Hernández

 

Comunidades:

  • Ceima Cachivera

Sergio Gutiérrez Castañeda – Capitán

  • Jericó

Agustín Muñoz – Sabedor

  • Cubay

Rodrigo López – Artesano

  • Cucurá
  • Cerro Mituseño
  • Trubón
  • Mitú Cachivera

Apoyo Sector Turismo

Arcelia Caicedo Giraldo

Oficina Atención al Riesgo

Diana Marcela Reyes

Agencia Comercial García Perdomo Satena – Mitú

Apoyo Logístico

Vicente Hernández Quevedo

Motorista

Omar Valencia

Conductor

Jacinto Ortiz

Hotel Los Paisas

Barassana

Crónica (39)

Acción unificada por el Vaupés

En el suroriente colombiano se encuentra la Trigésima Primera Brigada, Unidad Operativa Menor Orgánica de la Cuarta División de nuestro Ejército Nacional, con jurisdicción y responsabilidad en todo el departamento del Vaupés (54.135 kilómetros cuadrados) y en 656,37 kilómetros de frontera con la República Federativa de Brasil (desde Camanaos hasta el punto Bocas de Taraira). Para cumplir la misión asignada, el Ejército cuenta con el Batallón de Infantería No.30 General Alfredo Vásquez Cobo, el Batallón de Selva No.52 Coronel José Dolores Solano y la Compañía de Unidad de Servicios Administrativos No.31.

La Brigada, en cumplimiento del Plan Victoria Plus y, en especial, del tercer eje, Cooperación y Desarrollo, está realizando, de la mano con todas las entidades presentes en el territorio, el programa Fe en Colombia. El objetivo es implementar múltiples actividades en beneficio de los grupos étnicos, las víctimas y la comunidad en general, en una acción integral que ha ayudado a mitigar sus necesidades básicas. El programa Fe en Colombia nace de las necesidades más sentidas de las comunidades y de la responsabilidad del Estado, con lo que se han generado espacios de gobernabilidad, confianza e institucionalidad en los territorios.

Fe en Colombia ha realizado actividades lúdicas, recreativas, deportivas y de salud, así como estrategias para la prevención del reclutamiento ilícito, de la violencia intrafamiliar, de la violencia sexual y del consumo de sustancias psicoactivas. Un programa que ha sido posible gracias a la

articulación con la gobernación del Vaupés; las alcaldías de Mitú, Taraira y Carurú; las universidades, y entidades como el SENA, DPS, ACR, la Unidad de Víctimas, ICBF, DGT, URT, GAC, la Fiscalía y la Procuraduría. Todas estas actividades están encaminadas a generar espacios de esparcimiento, de prevención, de integración, de apoyo y de reconciliación, así como a incentivar la generación de proyectos productivos, para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región. Es de resaltar que, con el gran apoyo de nuestra Fuerza Aérea Colombiana (FAC) y de varias universidades, la Trigésima Primera Brigada ha recibido la donación de más de 26 mil libros, 3.400 pupitres, 80 computadores, tableros y demás elementos para dotar las escuelas de las comunidades apartadas del Departamento. Han apoyado esta causa universidades y entidades con sede en Bogotá (Universidad Católica, Javeriana, UDCA, Cooperativa, INCCA, CESA, Central, Santo Tomás, El Rosario, FECODE, La Salle, Libre, ESAP, Fundación Universitaria Agraria de Colombia y Fundación Únete) y en el departamento del Meta, como es el caso de la Corporación Universitaria del Meta UNIMETA. Gracias a ellas, se han llevado libros a comunidades tan apartadas como Puerto Solano, Camanaos, Piedra Ñi, Tiquie, Buenos Aires-Pacoa, Cachiporro, Yavaraté, entre otras (ver mapa).

 Fe en Colombia e inmensa Fe en la Causa.

Coronel Rómulo Orlando Fonseca Salcedo

Comandante de la Trigésima Primera Brigada

Mitú – Vaupés.

Crónica (40)

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