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Nariño, la tierra con corazón de lava

Escribe: Marcela Beltrán Gómez


En Nariño las montañas hablan por sí solas, los ríos llevan el mensaje de los antepasados indígenas que aún hoy retumba en la memoria de aquellos que guardan en su corazón lo que significa haber nacido en estas tierras fértiles, de llevar a cuestas el frío de los nevados, pero que llevan en sus venas la sangre caliente que palpita en sus volcanes. Por eso hoy este departamento tiene en lo más profundo de sus bosques y lagunas el secreto de un viaje en donde todo aguarda por descubrirse.

A lo lejos, una extensa cadena montañosa anuncia el arribo al departamento de Nariño, un territorio con una extensión de 33.268 km cuadrados en el que confluyen todos los climas, desde el páramo a más de 4.000 m hasta las playas tumaqueñas en el mar Pacífico. Quienes visitan este departamento saben que todo está por descubrirse y que en sus pintorescos paisajes se refleja la verdadera esencia de esta tierra, que en pleno corazón del Nudo de los Pastos, es custodiada por 7 volcanes (el Galeras, el Chile, el Cumbal, el Cerronegro, Doña Juana, Tajumbina y el Azufral) que duermen silenciosamente en las alturas y desde donde la cordillera de los Andes, que viene abriéndose paso desde la Patagonia argentina, se ramifica para atravesar todo Colombia.

Su gastronomía atrapa a los foráneos y sus muestras artísticas y culturales invitan a conocer uno de los territorios nacionales con mayor diversidad. Nariño, llamado así en honor a Antonio Nariño, cuenta con 2 parques nacionales y 47 áreas de reserva natural, hogar de un sinnúmero de aves y mamíferos nativos como el tigrillo y la danta que habitan en el piedemonte amazónico, además sus extensos lagos alimentan las microcuencas, que a su vez hidratan a los ríos más importantes del país.

IPIALES, LA PUERTA QUE CONECTA CON EL SUR 

También conocida como “la Ciudad de las nubes verdes”, descrita así por el poeta ecuatoriano Juan Montalvo, debido al color que en algunas ocasiones toma su cielo al atardecer, Ipiales es la puerta de entrada al país por el Ecuador, donde el Puente Internacional de Rumichaca une las orillas del río Guáitara que en el vecino país recibe el nombre de Carchi. Gracias a su ubicación fronteriza es considerada la segunda ciudad más importante del departamento, después de la capital San Juan de Pasto y la tercera en población después de Pasto y Tumaco.

Como paso fronterizo y fácil entrada al aeropuerto San Luis, el comercio ha tenido un crecimiento significativo en esta ciudad. Además, los visitantes pueden degustar la gran variedad de platos que se preparan en esta zona del país, donde uno de los sectores más representativos es El Charco, famoso por los asaderos de cuy y ubicado en la vía principal que conduce al Santuario de Nuestras Señora de las Lajas, otra de las perlas turísticas de este municipio.

NUESTRA SEÑORA DE LAS LAJAS, CUANDO LA FE MUEVE MONTAÑAS

En medio de inmensos pinos y del río Guáitara, conocido antes de la conquista como Pastarán, en el corregimiento de Las Lajas del municipio de Ipiales, se encuentra incrustado en la cordillera el Santuario de Nuestras Señora de las Lajas, uno de los templos religiosos más importantes de Colombia, al que miles de turistas peregrinan anualmente para dar gracias por los favores recibidos.

“Gracias Señora de las Lajas por sanar a nuestra hija”, se lee en una de las cientos de placas que adornan el camino peatonal que conduce al Santuario. Justo antes  de iniciar las escaleras que descienden al templo, se erige una estatua de María Mueses de Quiñónez quien lleva a cuestas a su pequeña hija y cuya historia de fe convirtió este lugar en un santuario de peregrinación. Según la tradición católica, la mujer indígena que transitaba por la zona escuchó cuando su hija sordomuda le dijo “Mamita, mamita, la mestiza me llama”. La mujer sorprendida habló con las autoridades religiosas en el pueblo quienes no creían en lo ocurrido, sin embargo la niña continuó hablando sobre el punto exacto donde se  había producido el milagro, fue así como se inició una búsqueda en el lugar, donde en el interior de una cueva hallaron la imagen de la Virgen del Rosario. En 1754 los feligreses y Fray Juan Villafuerte, movidos por la fe, celebraron la primera eucaristía en aquella cueva y construyeron un altar en el que los creyentes veneraban la imagen. Los devotos, con el pasar de los años, construyeron templos cada vez más grandes para demostrar todo el afecto que tienen hacia la Señora de las Lajas. La estructura que hoy se conoce fue finalizada en 1949 después de 30 años de  construcción: “Esta iglesia fue construida con la fe, la gente venía a trabajar en la obra sin recibir nada a cambio”, comenta uno de los visitantes.

Su arquitectura neogótica se percibe en toda la estructura, cuyo interior se compone de 3 naves cuyas paredes están decoradas con vitrales que relatan las apariciones de otras vírgenes y santas, como la Virgen de Guadalupe en México y la Virgen de Lourdes en Francia. El templo se encuentra sobre un puente de tres arcos que conectan las dos orillas del río Guáitara, y las columnas están decoradas con ángeles cantores. El templo incluye, además, en la parte baja de la iglesia un museo que da cuenta de todo el proceso de construcción del Santuario, en el que se exhiben fotografías, cuadros y restos arqueológicos que fueron encontrados por los habitantes durante las obras.


Este lugar cuenta también con una capilla de amplios vitrales que sirve como confesionarios para los feligreses.

Actualmente hay dos formas de acceder al templo, una es a través del sendero peatonal por donde los fieles recorren parte del camino realizado por María Mueses de Quiñónez y su pequeña hija; el otro es un trayecto en teleférico de cerca de 1200 m que fue abierto al público a principios de año y desde donde se ve todo el cañón del Río Guáitara.

CUMBAL, TIERRA DE HIELO Y FUEGO

A espaldas de la iglesia San Pedro, del municipio de Cumbal, se distingue a lo lejos el volcán de Cumbal, un gigante que dormita a más de 4500 mts y que cuida con sigilo este territorio incrustado en los Andes nariñenses.

Es domingo y sus habitantes salen a cumplir con sus deberes litúrgicos como de costumbre; entre tanto un par de ancianos hablan de lo divino y lo humano en el parque, mientras que unos cuantos vendedores alistan sus puestos para recibir a los feligreses. Este pueblo que no supera los 22.000 habitantes hoy se ha convertido en un destino obligado para quienes deseen tener una aventura entre las nubes.

En 1529, en las faldas del volcán, el cacique Cumbe fundó “Pavas”, un pueblo de la etnia indígena de los Pastos quienes construyeron un pequeño caserío entre la quebrada Riochiquito y el río Blanco. 18 años más tarde, en 1547, el pueblo cambió su nombre a Cumbal en homenaje a su cacique fundador; sin embargo, en 1923 un terremoto en la zona acabó con el  asentamiento, por lo que el obispo de la época Antonio María Pueyo del Val bautizó el municipio unos kilómetros más abajo, como Cumbal de las Mercedes, cuyo origen está relacionado con la palabra Cumba, que en  quechua hace referencia a los huecos en los techos de las casas campesinas por donde salía el humo del interior, una descripción acertada para este pueblo anclado en las faldas del volcán con el que comparte el mismo su nombre.

En este lugar, donde el viento congela hasta los pensamientos, se prepara una de las delicias  gastronómicas del departamento, el helado de paila, un manjar que atravesó las fronteras regionales y es apetecido en otros lugares del país.

En sus inicios, los habitantes de Cumbal ascendían 4000 m sobre el nivel del mar para traer enormes trozos de hielo para la preparación de dichos helados. En el descenso estos bloques congelados eran cubiertos con hojas de frailejón para mantener su temperatura. Ahora, la pérdida paulatina de nieve en la boca del volcán y la protección de los frailejones por parte de autoridades ambientales, han hecho que los habitantes busquen nuevas formas de preparar el helado para continuar con su tradición. Para su preparación, una paila hecha con una aleación de varios metales se pone sobre el bloque de hielo y se va girando rápidamente mientras se vierte el jugo de fruta, que al contacto con la paila fría y la fricción se congela para posteriormente ser puesto en una galleta, copa o barquillo. Esta elaboración artesanal de helados es un símbolo gastronómico en el departamento y un atractivo para los visitantes.

Hoy este lugar, con una temperatura promedio de 11 grados y ubicado a 120 kilómetros de Pasto, cuenta con una ruta de ascenso al volcán, cuyas faldas están rodeadas por la laguna La Bolsa, un espectáculo natural rodeado de frailejones y fauna nativa, que además compone dos subcuencas en la zona con las quebradas Cusculgo y Capotes; y la filtración de sus aguas permiten el nacimiento del río Cuacé. Los visitantes tienen la posibilidad de tomar una lancha y bordear la laguna que tiene una extensión de 7 kilómetros a la redonda y una profundidad promedio de 50 metros. Durante el recorrido los turistas además de apreciar el paisaje pueden degustar la tradicional trucha arcoíris, que en esta zona tiene una preparación especial a base de hierbas y tomar los tradicionales hervidos nariñenses hechos con jugo de fruta, preferiblemente ácida, y aguardiente.

¡VIVA PASTO, CARAJO!

Fundado en 1539, San Juan de Pasto es la capital y principal centro administrativo y económico del departamento y recibe su nombre gracias al pueblo indígena de los Pastos, que en su lengua nativa traduce “gente de la tierra”. En sus calles, cada esquina respira una historia que los describe como un pueblo aguerrido y luchador, quienes durante la guerra de Independencia de la Nueva Granada fueron opositores a los ejércitos republicanos que transitaban el sur del país.

Quizá uno de los personajes más recordados por sus habitantes es Agustín Agualongo, un militar y caudillo mestizo que hizo parte del ejército real español y quien se enfrentó con Simón Bolívar en la Batalla de Ibarra en 1823.

Después de haber jurado proteger su tierra y de luchar por 13 años, fue traicionado y capturado en Popayán donde finalmente fue fusilado en 1824. Sus restos actualmente descansan en la Capilla Cristo de la Agonía, en el interior de la Iglesia de San Juan Bautista en la ciudad que siempre tuvo en su corazón.

Pasto mantiene una íntima relación con su cerro tutelar el volcán Galeras, que se ha mantenido en actividad por décadas: “Sabemos que él está ahí y que es un gigante que nos vigila”, cuenta una habitante que mira con respeto a la montaña. Documentos históricos como la Crónica del Perú, escrita por el español Pedro Cieza de León en 1547, dan cuenta de la majestuosidad del paisaje donde se asienta Pasto y de su cercanía con el volcán: “En su cumbre hay un volcán, del cual algunas veces sale cantidad de humo, y en los tiempos pasados (según dicen los naturales) reventó una vez y echó de si muy gran cantidad de piedras.

Queda este volcán para llegar a la Villa de Pasto, yendo de Popayán como vamos, a la mano derecha. El pueblo está asentado en muy lindo y hermoso valle, por donde se pasa un río de muy sabrosa y dulce agua, y otros muchos arroyos y fuentes que vienen a dar a él.

Llámase este valle de Atrís; fue primero muy poblado, y ahora se han retirado a la serranía; está cercado de grandes sierras, algunas de montañas y otras de campiña”, narra el cronista en uno de los capítulos de su manuscrito. Quizá esa abundancia de agua y de tierras fértiles para el cultivo, propia de las tierras volcánicas, hizo que la actual capital de Nariño sentara sus cimientos en este valle. Hoy los habitantes conviven con este guardián día y noche; por su parte las autoridades locales, departamentales e incluso nacionales, monitorean la zona constantemente para verificar que el sueño de este gigante no se convierta en una pesadilla para su gente.

Pasto se caracteriza también por ser una de los lugares más religiosas del país, no en vano es conocida como “Ciudad Teológica de Colombia” debido a la gran cantidad de iglesias que hay en el centro histórico de esta capital. Desde su templo principal, la iglesia de San Juan Bautista, hasta la Iglesia de San Sebastián o mejor conocida como la Iglesia de la Panadería, con devoción a la Virgen del Rosario de la Panadería, desde antaño la religiosidad ha estado presente en la cultura pastusa, lo que la convierte en uno de los centros de fe más visitados del departamento y el país. Incluso algunos de estos templos presenciaron la violencia que se ensañó contra esta ciudad, como la Catedral de Pasto, también conocida como Catedral de San Ezequiel Moreno Díaz, que fue testigo de la Navidad Negra en 1822, cuando el ejército del libertador arremetió contra los pastusos quienes se resistían a abandonar la causa española. Durante este camino de muerte, el ejército comandado por Antonio José de Sucre asesinó a más de 500 pastusos entre mujeres, ancianos y niños, quienes en medio del fuego cruzado buscaban refugio en el templo que fue saqueado y profanado por los independentistas.

Fue tal la brutalidad del ataque que la Calle del Colorado, ubicada hoy entre la carrera 23 entre las calles 13 y 15 de Pasto, debe su nombre a los ríos de sangre que corrían cuesta abajo después de aquella fatídica noche.

La riqueza cultural es otra de las características de esta ciudad, famosa por su Carnaval de Negros y Blancos que se realiza durante los primeros días de enero. “Uno como pastuso puede vivir el carnaval de dos formas, como asistente o haciendo parte de las carrozas o comparsas. Ambas tienen un colorido único para nosotros”, cuenta un habitante. Hoy este carnaval, que en 2002 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación, cuenta con un museo ubicado en el Centro Cultural Pandiaco, en el que reposan las carrozas más representativas y una colección de afiches y fotos que dan cuenta de la alegría que se vive durante esta festividad.

NARIÑO, CON AROMA A CAFÉ

En Nariño la fertilidad de sus tierras hablan por sí solas, en ellas los campesinos siembran gran variedad de productos que abastecen el departamento y la nación, incluso han logrado atravesar las fronteras y el océano para mostrar de qué están hechos. Ese es el caso del café de Sandoná, un municipio a 48 kilómetros de Pasto y que se encuentra en inmediaciones de la Circunvalar del Galeras, en el que el café se ha convertido en un renglón clave de su economía.

A la entrada del municipio se encuentra la finca de Moisés Cajigas, un hombre enamorado de su tierra y agradecido por todo lo que esta le ha brindado. En su terreno, llamado El Ingenio, don Moisés cultiva el café  y el plátano, una simbiosis en la que ambos productos son importantes para los cultivadores. “Cultivamos las matas de plátano y las de café para que las primeras le den la sombra suficiente al cultivo y tengamos una mejor producción”, cuenta este hombre de contextura delgada pero de brazos fuertes con los que ha levantado a su familia y la de muchos otros campesinos en la zona que viven de este cultivo en Sandoná. “El café que se cultiva en la zona de la Circunvalar del Galeras tiene mucha más acidez que otros que se cultivan en el país, estos se debe quizá a las cenizas volcánicas”, asegura el caficultor.

A mediados de los años 80 el café de Nariño empieza a tener importancia en la zona, pero es a principios de 2000 cuando el departamento se posiciona como uno de los principales productores de Cafés de Alta Calidad gracias a su ubicación geográfica cercana a la línea ecuatorial, fusionado con suelos enriquecidos por las permanentes emanaciones de cenizas volcánicas del Cumbal, Chiles, Azufral, Galeras y Doña Juana.

En el marco de la Feria de Cafés Especiales realizada por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia en octubre pasado, Nariño se alzó con dos premios en el concurso “Colombia Tierra de Diversidad”. El primero, en la categoría de Atributo Balance, obtuvo el reconocimiento el café proveniente de la finca de doña María del Carmen Melo Pinchao, caficultora del municipio de Consacá, y cuyo cultivo se estableció en las faldas del volcán Galeras, enmarcado en un majestuoso paisaje donde la historia se narra en torno a una taza de café.

Otro de los reconocimientos en la categoría State Coffee fue para la finca El Pará del municipio de la Unión. La finca, establecida hace más de 50 años por Francisco Eraso, debe su nombre a la abundante presencia, en ese entonces, de un pasto para alimentación de ganado llamado pará, se encuentra ubicada hacia el nororiente del departamento, justamente donde surgen los tres ramales de nuestras cordilleras.

Caterine Lorena Arturo, administradora de la finca, posee un gran arraigo por su tierra, es partícipe del desarrollo de su entorno, transmite principios y valores a sus hijos y se convierte en el eje unificador de sus hogares; estas cualidades le permiten conjugar la visión empresarial con la sensibilidad de ser mujer y maravillar con los atributos del café. Afirma que el triunfo obtenido en la Feria de Cafés Especiales es el resultado de un trabajo en equipo, y que detrás de este logro se encuentran mujeres y familias que durante casi ocho semanas con cuidado y dedicación cosecharon grano a grano de café; igualmente el trabajo de calidad en cada una de las fases de recolección, despulpado, lavado y secado del café, donde es preciso controlar cada variable.

Hoy existen cerca de 38.000 familias caficultoras en el departamento, quienes diariamente trabajan con el corazón y con la convicción de que su café es el mejor exponente de su tierra en el exterior.

FINCA EL PARÁ 310 543 14 98

PAISAJES NAVEGABLES EN LA LAGUNA DE LA COCHA

Un amanecer nublado esconde por unos minutos el cuerpo de agua más grande del departamento y el segundo más grande del país. A lo lejos, en medio de la bruma, se divisa una lancha que atraviesa la laguna cuyo capitán se adentra para iniciar su faena de pesca. A 20 kilómetros de San Juan de Pasto, se encuentra el corregimiento de El Encano, un poblado de coloridas casas que evocan una villa incrustada en los Alpes suizos.

Y justamente fueron los suizos Walter y Edith Suelser quienes hace un poco más de 40 años llevaron su arquitectura al corregimiento y a los habitantes de esta zona, la mayoría descendientes de la cultura indígena quillacingas. Ellos la adoptaron para sentir que su tierra  tenía algo especial, y no es para menos: la laguna, también conocida como Lago Guamués, tiene un área de 40 kilómetros cuadrados y sus aguas alcanzan una profundidad promedio de 70 metros. Desde el puerto de El Encano parten lanchas que recorren la laguna y hacen paradas en la isla la Corota.

Como un pulmón verde en medio de la laguna aparece el Santuario de Flora y Fauna Isla de La Corota, considerada la reserva natural más pequeña de Colombia, donde habitan especies endémicas inmersas en un bosque húmedo frío cuya área no supera a las 12 hectáreas. En esta diminuta porción de tierra los visitantes que acceden a ella solo lo pueden hacer en compañía de guías acreditados quienes a través de un recorrido les muestran las maravillas naturales de este lugar. Una de las fechas con mayor afluencia de turistas es durante las Fiestas de La Virgen de Lourdes, época en la que los católicos se reúnen para celebrar actos litúrgicos en la capilla que allí se encuentra.

SABORES DE LA TIERRA

Gracias al sincretismo cultural en el departamento, los platos típicos de la zona tienen una gran variedad de sabores y texturas. Uno de los ingredientes más comunes en las cocinas nariñenses es la papa, pues debido a la altura de sus cultivos su calidad es mucho más suave que las que se cultivan en el resto del país, y a la par de su tamaño, satisface plenamente el paladar de los más exigentes comensales. El llapingacho es una receta tradicional nariñense y ecuatoriana, un puré de papa criolla que se rellena con queso y se pone a dorar suavemente en una plancha caliente. Generalmente este plato se acompaña con porciones de carne de cerdo y una cama de lechuga picada.

Ahora bien, si de desayunar se trata está el pan de maíz, un manjar que se disfruta con mayor gusto los días domingos, principalmente en el municipio de Ipiales, donde se elabora en horno de leña.

“Si en una casa te ofrecen pan de maíz, es porque realmente te aprecian”, es un decir común por estas tierras. Otro de los platos mañaneros por excelencia es el quimbolito, una especie de mantecada que se envuelve en hojas de achira cocinada al baño maría. A la hora del almuerzo, un frito pastuso puede ser una muy buena opción para recargar energías.

Esta receta se elabora con carne y costillas de cerdo asadas servidas sobre una cama de crispetas y papas cocidas.

Para la cena puede optar por una trucha al limón y de postre un esponjado de guayaba o cuajada con chilocuan.

SANDONÁ: EL VALLE EN LAS FALDAS DEL VOLCÁN

Sandoná huele a café. Desde la entrada los cultivos se ven a lo lejos de la cadena montañosa que identifica el departamento. En el parque principal, amplio y apacible, se encuentra la basílica de Nuestra Señora del Rosario, una construcción imponente estilo gótico en cuyo altar se encuentra “el Cristo crucificado”, una imagen del Señor de los Milagros tallada en madera por el maestro Alfonso Zambrano, con una medida de 6.50 metros de altura. En medio del parque un grupo de jóvenes hacen una parada estratégica en uno de los puestos de melcocha famosos en la región, mientras que un grupo de mujeres caminan rápidamente al taller de doña Juanita Castillos, una mujer que con su grupo de tejedoras realiza una de las artesanías más solicitadas en el departamento: los sombreros de palma de iraca.

La palma, que proviene del municipio de Linares, llega al Taller de Artesanías Juanita sin ningún tipo de pigmentación.

En manos de 131 mujeres y 6 hombres van tomando forma y color para hacer los productos que sobresalen de este cálido municipio. Jarrones, bolsos, canastos, individuales, aretes y hasta móviles son los productos elaborados por esta comunidad que desea conservar una tradición de décadas. “La mayoría de nosotros tiene la artesanía como herencia, y de ahí para allá queda la creatividad de cada uno. Eso nos llevó a reunir el grupo para así poder salir adelante”, cuenta Doña Juanita, quien como buena parte de las mujeres tejedoras se inició desde muy niña. Sin embargo ve con preocupación la falta de interés de las nuevas generaciones hacia el oficio, pues al ser mal pago prefieren dedicarse a otras actividades: “Los mayores debemos cultivar a nuestras jovencitas y mostrarles que no se gana mucho, pero estamos manteniendo una tradición”, concluye.

Aunque el origen del nombre todavía es materia de discusión entre los académicos nariñenses, sus habitantes sienten que su tierra es privilegiada gracias al clima tropical y a las fuentes de agua que recorren el municipio. Desde el Complejo Recreacional La Cumbre, los visitantes tienen la posibilidad de visualizar el pueblo y ver en sus cafetales la magia de esta tierra con aroma a café.

NARIÑO, HECHO A MANO

Nariño es una tierra artesana, una tierra creativa, una tierra que sorprende, no en vano a Pasto también se le conoce como la “Ciudad sorpresa”, quizá porque su gente está dispuesta a dar lo mejor para el turista. El mopa mopa, enchapado en tamo y los tejidos son el sello característico del trabajo realizado por las  manos artesanas del departamento.

El maestro Gilberto Granja sabe que sus manos son mágicas y el paso de los años lo ha curtido en el arte del barniz de Pasto, una técnica que consiste en decorar artículos en madera (cofres, platos, jarrones, portalápices, y hasta aretes) con pequeñas laminillas de colores obtenidas por el proceso del mopa mopa, una resina obtenida de un árbol nativo del Putumayo, la cual debe pasar primero por agua caliente para conseguir una masilla, similar a la plastilina, que posteriormente se tintura con los colores deseados. Una vez es maleable se inicia el proceso de corte sobre la pieza de madera con un pequeño bisturí. El maestro Granja recuerda que hace cerca de 50 años inició con esta artesanía, la cual hoy habla por sí sola del talento de este hombre quien junto con su hijo busca enseñarles a los visitantes la importancia de su labor. En sus diseños siempre están presentes la vida campesina, las diminutas casitas que respiran humo, los pozos, los árboles y los caminos de piedra que son su inspiración primaria. Y es precisamente por eso que este trabajo ha ganado tanta relevancia en Pasto y se ha convertido en un símbolo de creación en Colombia y el mundo.

Además del barniz de Pasto, los artesanos pastusos trabajan con especial dedicación los enchapados en tamo, técnica que desarrolla el maestro Víctor Jaramillo, que consiste en aplicar tallos de trigo, cebada, totora o tetera sobre una pieza previamente tinturada de madera que previo al trabajo artesano se inmuniza para evitar desgastes y daños en la pieza. Luego, con una paciencia casi infinita, se ponen uno a uno los filamentos que forman todo tipo de figuras. “Normalmente hacemos nuestros diseños sin una plantilla establecida, pero sí contamos con un estilo definido que adecuamos a la pieza que estemos trabajando”, comenta el maestro Jaramillo, quien con una curiosidad incalculable llegó a esta técnica impulsado por su hermano cuando finalizaba la secundaria.

Ya en la universidad optó por continuar desarrollando su talento hacia este tipo de artesanía que concretamente está trabajando desde hace 12 años.

Al igual que las delicadas y preciosas artesanías elaboradas por los maestros Granja y Jaramillo, los bolsos, billeteras y otros accesorios son la oferta principal de Limón Piel, una tienda artesanal innovadora dedicada a la marroquinería, que a través de sus trabajos muestra la calidad del tejido y la confección a mano en el departamento.

En Nariño las montañas hablan por sí solas, los ríos llevan el mensaje de los antepasados indígenas que aún hoy retumba en la memoria de aquellos que guardan en su corazón lo que significa haber nacido en estas tierras fértiles, de llevar a cuestas el frío de los nevados, pero que llevan en sus venas la sangre caliente que palpita en sus volcanes.

Por eso hoy este departamento tiene en lo más profundo de sus bosques y lagunas el secreto de un viaje en donde todo aguarda por descubrirse.

AGRADECIMIENTOS

  • Moisés Cajigas – Finca El Ingenio – Sandoná – Nariño.
  • Carlos Alberto Eraso – Finca El Pará – 3105431498 – fincadelcafe@gmail.com – La Unión, Nariño.
  • Maestro Gilberto Granja – barnizdepasto@gmail.com – San Juan de Pasto, Nariño.
  • Víctor Jaramillo – tarjaramillo@hotmail.com – San Juan de Pasto, Nariño.
  • Ana Claudia López – Complejo Recreacional La Cumbre – 320 758 8289 – complejorecreacionallacumbre@gmail.com – Sandoná, Nariño.
  • Elizabeth Vallejo – Agente comercial Satena, Pasto.
  • Diana Ruíz Vallejo – Agente comercial Satena, Ipiales.
  • Juan Carlos Benavides – Apoyo logístico de las agencias comerciales.
  • Hotel Angasmayo – (+57 2) 7734734 – hotelangasmayo@hotmail.com / logisticabogota2017@gmail.com – Ipiales, Nariño.
  • Hotel Don Saúl – (+57 2) 7724480 – reservas@hoteldonsaul.com – San Juan de Pasto, Nariño.
  • Hotel Sindamanoy – 3206988798 – gerenciaturnarino@gmail.com – Laguna de La Cocha, El Encano, Nariño.
  • Limón Piel – www.limonpiel.co – San Juan de Pasto, Nariño.

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