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Río Magdalena… aguas que fluyen con nuestra historia

Escribe: Marcela Beltrán

Con el peso de la historia sobre sus aguas, el río Magdalena recorre más de la mitad del país. En su viaje hasta el mar Caribe, ve con asombro cómo la modernidad ha ido paulatinamente ganándole la batalla, sin embargo él, muy orgulloso de lo que es, no se da por vencido. A través de un largo y ancho trasegar, su caudal no solo abastece de alimentos a poblaciones ribereñas, sino que se ha convertido en un referente para el país. Desde su nacimiento, en la laguna La Magdalena en el suroccidente del país, más exactamente en el departamento del Huila, en el páramo de Las Papas, en pleno corazón del Macizo Colombiano, sus finas gotas impregnan de vida el paisaje paramuno que deleita a los exploradores nacionales y extranjeros. Una vez allí, quienes pisan con respeto este territorio ancestral, se detienen para disfrutar la magia de la naturaleza, saben que están en la cuna de uno de los símbolos patrios.2

Allí, en medio del frío que congela los pensamientos y que brinda aire puro, se ubica la Estrella Fluvial de Colombia, un reservorio de agua que le da vida no solo al río Magdalena sino a otros tan importantes como el Caquetá, el Cauca y el Patía, cuyas aguas emergen con fragilidad en las alturas.

Los primeros pobladores conocían sus aguas como Huanca-hayo o “río de las tumbas”; en la parte media del caudal lo llamaban Yuma, que significa “río amigo” o “río del país amigo y de las montañas”. También fue conocido como Caripuya o Caripuaña, que traduce “río grande”, sin embargo en los anales de la historia fue Rodrigo de Bastidas quien durante uno de sus viajes, se encontró cara a cara con estas majestuosas aguas el 1 de abril de 1501, fecha en la cual se celebraba la conversión de la Magdalena y cuyo nombre marcó el destino de este afluente. El paso del tiempo y el peso histórico de este raudal lo han denominado como “río de la patria”.

Conforme avanza su viaje, el río Magdalena se va abriendo paso sutilmente por entre las montañas, hasta llegar a San Agustín en el Huila, un espacio donde sus aguas pasan a través de una formación rocosa convirtiéndose en el punto más angosto de todo su recorrido y conocido como el Estrecho del Magdalena. En esta zona las dos orillas son separadas por un caudal de un poco más de 2 metros de ancho, pero con una profundidad que puede alcanzar hasta los 30 metros. Los guías, siempre les advierten a los turistas visitar este lugar con mucha prudencia, pues hay quienes osan saltar de orilla a orilla sin prever el peligro que esto significa. La fuerza del agua en este punto es tal, que una vez caen en el río, este los succionan sin darles chance alguno para sobrevivir.3

Una vez se está allí el paisaje habla por sí solo, pues en medio de la cadena montañosa que rodea el río se ve la vida natural en todo su esplendor. Especies de aves que posan curiosas entre la espesa vegetación y la claridad de las aguas que en este punto alimentan al Magdalena, son el mejor indicador de que la mano del hombre aún no hace mella en estos espacios sagrados. Esta imagen contrasta con la sinfonía del río que baja con furia por entre las rocas, buscando de manera desesperada convertirse en la columna vertebral de Colombia. “La única manera de comprender qué tan poderoso es este río es estando en su estrecho”, cuenta con desparpajo una turista que mira el paisaje sin mediar palabra.4

Bien lo decía el periodista y escritor Ernesto McCausland, al afirmar que “el río nace entre gente enruanada y muere entre gente descamisada”, una frase acertada para describir el transitar de este afluente por el país, que durante siglos aprovechó sus corrientes como medio de transporte. Barcos a vapor que zarpaban desde Cartagena hasta el interior, incentivaron el comercio en las zonas ribereñas y pequeños municipios que se convirtieron en importantes puertos comerciales y donde sus aguas sirvieron para traer el desarrollo al resto de Colombia.5

Este río, que emprende su viaje de sur a norte, divide sus corrientes en tres segmentos: Alto Magdalena, Magdalena Medio y Bajo Magdalena. El Alto Magdalena comprende desde su nacimiento en la laguna La Magdalena, hasta La Dorada, en el departamento de Caldas. Durante este recorrido sus aguas, todavía jóvenes, se mueven con fuerza y rapidez en un tramo cercano a los 600 kilómetros. A lo largo de este trayecto el Magdalena recibe las aguas de los ríos Páez, Saldaña, Coello, entre otros, todos estos de la cordillera central; y de los ríos Cabrera, Suaza, Prado, Sumapaz y Bogotá, de la Cordillera Oriental.

Esta zona del cauce cuenta con dos importantes represas del país: Betania y El Quimbo, ambas ubicadas en el departamento del Huila. Estas hacen parte del sistema hidroeléctrico de Colombia, lo que permite un autoabastecimiento en materia energética. El río Magdalena a lo largo de su vertiente cuenta con 22 embalses, lo que constituye el 53% de los embalses en toda la nación, que están distribuidos en las cuencas alta y media del río.6

El Magdalena Medio comprende el tramo delrío entre La Dorada y El Banco, en el departamento del Magdalena. Para este punto el afluente tiene un caudal promedio de 4.224 m3/s, gracias a que recibe las aguas de otros importantes ríos como El Guarinó, La Miel y Cimitarra, en el costado occidental; y los ríos Negro, Sogamoso y Lebrija por el oriente. A lo largo de este valle interandino, la producción agrícola y ganadera mantiene una economía estable en la zona, rubros que se complementan con la pesca y la minería, e incluso con la extracción petrolera en el municipio de Barrancabermeja. Por décadas este territorio sufrió los embates del conflicto, pues en la región se asentaron grupos al margen de la ley que bañaron de sangre la ribera del río, lo que convierte al Magdalena, una vez El río Magdalena atraviesa el país de sur a norte.

El Bajo Magdalena va desde El Banco hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza en el departamento del Atlántico, cuyo nombre hace referencias al color que toman las aguas una vez se funden en el mar. En este punto lleva un caudal promedio de 7.000 m3/s. Después de la desembocadura del río Cesar, el Magdalena se abre en los brazos de Loba y Mompox, para posteriormente volver a un solo cauce a la altura de Tacamocho en el departamento de Bolívar. Más adelante inicia el Canal del Dique, en Calamar, para llegar a la bahía de Cartagena, mientras que sus aguas principales buscan Barranquilla para finalmente desembocar en el mar Caribe.7

Para llegar a este punto, el río atraviesa municipios que otrora vivieron importantes dinámicas comerciales gracias a su ubicación estratégica. Es el caso de Ambalema y Honda, este último poblado fue durante la colonia una estación para el intercambio de mercancía y pasajeros que se dirigían o provenían de Cartagena. Otro de los puertos importantes fue Girardot, una ciudad del departamento de Cundinamarca, municipio destacado en el sector turístico.21

Vida natural a orillas del Magdalena

Quizá uno de los principales atractivos de este afluente, el más representativo del país y el que lleva a cuestas la historia de la nación está íntimamente relacionado con su variado ecosistema, pues desde que nace hasta que muere en el mar Caribe, sus aguas ven a su paso diferentes especies de mamíferos, aves y reptiles que se ocultan entre la frondosa vegetación que lo encauza.

A pesar de que el río está dividido en tres tramos, sus ecosistemas no funcionan de manera aislada, ya que la relación que existe entre estos lo convierte en una unidad biogeográfica que no debe ser fragmentada, por lo tanto las especies que habitan en la parte alta del río tienen una estrecha relación con las del medio y las del bajo. Es una cadena que debe ser protegida para evitar una muerte prematura del gran río.

En la parte alta del río se puede encontrar una amplia variedad de murciélagos, monos, sapos, ranas y aves rapaces. Además, la pureza de sus aguas permite que en ellas habiten bagres y mojarras.

Desde la biogeografía, la ciencia que se encarga de estudiar la distribución de los seres vivos en la tierra, los ecosistemas del Magdalena Medio tienen características similares a las selvas chocoanas y al Urabá antioqueño. No en vano es el hogar de aves migratorias y endémicas como las garzas azul, blanca y real, el gavilán cenizo, la gallinita de monte, la tórtola azul, el garrapatero, el cardenal, el cucarachero, entre otros. Ya en la parte baja de la región media se encuentra una variedad de caimanes agujas, tortugas e iguanas. Entre los mamíferos más representativos están los primates como el mico tití cabeza blanca y piel roja, el mono capuchino y la marimonda, además en las zonas más selváticas se pueden hallar felinos como el tigrillo, el puma y el jaguar. Otras especies como el perro de agua, el cusumbo, el oso hormiguero, también hacen parte de la diversidad natural con la que cuenta esta región del río.

La parte baja del río Magdalena se caracteriza por ser una de las despensas pesqueras más importantes del país gracias a la riqueza biológica de sus aguas. Allí, en medio de las ciénagas crecen bocachicos y bagres, que se alimentan de otras especies producto de las migraciones propias en la zona. Además de peces coexisten en las corrientes del río algunos anfibios como la tortuga hicotea, la babilla y el caimán; aves como el pisingo y mamíferos como el armadillo, la guartinaja y el ñeque.22

Sin embargo, el desarrollo propio de los centros urbanos y el crecimiento demográfico en el país, han puesto en jaque el ecosistema del río, pues muchos de los afluentes que mueren en el Magdalena se convierten en verdaderas cloacas que envenenan sus aguas. Frente a eso, corporaciones ambientales y la misma comunidad buscan estrategias cuyo objetivo se centra en salvar los entornos del Magdalena con el fin de preservar las especies que allí habitan.

Esta no es una tarea fácil, por eso diversas entidades del Estado como Cormagdalena, cuya misión radica en hacer sostenible el río más importante de Colombia para el bienestar y la competitividad del país, apuntan parte de sus proyectos al cuidado del afluente en asocio con las comunidades ribereñas: “La participación de la comunidad es clave pues mucha gente depende y vive del río. Una de las estrategias que tiene la Corporación para vincular a las comunidades a su conservación, son las llamadas Jornadas de concientización social y ambiental, en las que llegamos a población infantil (niños en edad escolar, como multiplicadores del mensaje desde sus escuelas y familias) de municipios ribereños del Alto, Medio y Bajo Magdalena, llevándoles un mensaje sobre la importancia de cuidar nuestro principal afluente”, asegura la entidad.23

Y no es para menos, pues su cuenca concentra el 80% del PIB del país, el 90% de la producción agrícola, el 70% de la producción ganadera y el 63% de la energía hidroeléctrica; por lo tanto, es vital que el río cuente con el cuidado y la vigilancia de las autoridades ambientales. Hoy en día es navegable desde Barrancabermeja, en el Magdalena Medio, hasta Barranquilla, y sus aguas transportan más de 3 millones de toneladas al año, la mayoría en hidrocarburos. No obstante, mediante el proyecto de recuperación del río Magdalena, se espera que entre en funcionamiento el tramo navegable entre Puerto Salgar, en el Magdalena Medio y Girardot, en el Alto Magdalena, con el fin de dinamizar la economía nacional. “Desde Cormagdalena trabajamos para mantenerlo activo y navegable para el bien no solo de las comunidades ribereñas sino de toda la Nación” sintetiza.24

Magdalena, un nombre que se lleva en la cultura 

Bien lo cuenta el escritor, investigador e historiador Nicolás Pernett en su texto El río de la vida: el Magdalena en la obra de Gabriel García Márquez, donde analiza el significado del río Magdalena para, el escritor de Aracataca, quien en algunas de sus obras, más exactamente en El amor en los tiempos del cólera y El General en su laberinto detalla con precisión la imponencia del río más representativo para los colombianos. “El río Magdalena no era desconocido para García Márquez, quien lo recorrió varias veces en su época de estudiante, yendo y viniendo de su internado en Zipaquirá, a más de dos mil metros por encima de su natal Aracataca.

Estos viajes fueron narrados en sus memorias Vivir para contarla (2002) como una experiencia dichosa, con parrandas interminables a bordo de los buques repletos de estudiantes y con un paisaje inacabable de animales y plantas bordeando el recorrido. Desde el primer viaje que realizó en 1943, a bordo del famoso buque David Arango, embarcación insigne de la naviera colombiana, García Márquez quedó fascinado con la palpitante vida que se desplegaba en la arteria fluvial de Colombia. Muchos años después escribiría: “Por lo único que quisiera volver a ser niño es para gozar de aquel viaje”, apunta Pernett en su texto, incluido en la publicación Credencial Historia 292 que circuló en abril de 2014 y que estuvo dedicada en su totalidad al río Grande de la Magdalena.

Al igual que el Nobel de literatura, otros escritores buscaron inspiración en las aguas y el paisaje que solo el río Magdalena podía ofrecer durante esos extensos viajes a vapor, tal el caso de Pedro Gómez Valderrama, quien en su novela La otra raya del tigre, cuenta las historias de viaje del colonizador alemán Geo von Lengerke, en busca de fortuna en tierras santandereanas.

En el campo de la música, artistas como Los Melódicos, en la voz del venezolano Víctor Piñeros, interpretan Puente Pumarejo, una canción en cuyas tonadas se hace gala de la importancia de este cauce: “Río Magdalena, que cruzas por tanto pueblo, pasas orgulloso, bajo el Puente Pumarejo, Río Magdalena, de mi Colombia querida, pasa por el puente, pa’ unirnos pa’ toa´ la vida”.25

Al igual que Piñeros, la Novia de Barranquilla, Esthercita Forero, compuso Río Magdalena, una melodía interpretada por Joe Arroyo, que con sus letras hace una oda al famoso afluente: “Dicen que mi tierra está enamorada del Magdalena, ninguno tan bello bajo su sol, bajo sus palmeras”.

En el campo de la pintura, muchos artistas han buscado plasmar en sus obras no solo la inmensidad del río, sino las costumbres de los habitantes ribereños. Este es el caso de Francoise Désiré Roulin, un médico francés que recorrió parte del territorio nacional entre 1823 y 1829, fecha en la cual apoyó expediciones de carácter científico. Durante ese trajinar por las montañas de Colombia visitó el Magdalena, que inmortalizó en sus grabados que daban cuenta de la cotidianidad de quienes vivían a orillas del imponente río. Por su parte el diplomático y artista autodidacto Edward Walhouse Mark también retrató en acuarelas los paisajes visualizados durante los largos trayectos en el río desde Santa Marta hasta la capital del país, y en cada una de sus pinturas se refleja la vida del río durante la segunda mitad del siglo XIX. Hoy las obras de estos dos exploradores hacen parte de la Colección de Arte del Banco de la República. 26

Pero, sin ir muy lejos, el artista costumbrista bogotano Ramón Torres Méndez, dedicó parte de su vida al arte, un oficio que aprendió de manera autodidacta y que le valió un reconocimiento en el círculo de artistas en la capital. Parte de su trabajo estuvo dedicado a la elaboración de obras por encargo y en 1844 hizo parte de una exposición colectiva en la Escuela de Bellas

Artes, donde obtuvo el primer premio; dos décadas después y durante la expulsión del país de las comunidades religiosas salvó cerca de 70 lienzos coloniales que permanecían en los conventos. Entre sus obras dedicadas al río más importante del país se encuentran: Champán en el río Magdalena, que muestra una embarcación tripulada por esclavos y colonos que disfrutan de una copa de licor durante su viaje. Incluso el séptimo arte en Colombia no pudo escapar de la magia y la nostalgia que impregnan las aguas del río en la memoria de quienes la habitan, no en vano el primer largometraje nacional, Bajo el cielo antioqueño, cuenta con escenas rodadas a orillas del Magdalena a la altura de Puerto Berrío.

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Sabores del río

Esa misma variedad natural que tiene el río ha sido una inspiración constante para los sabores de la tierra, pues a lo largo de su recorrido la gastronomía va cobrando una identidad asociada a la grandeza del río Magdalena. La diversidad en las recetas da cuenta de esa mezcla única que enriquece la cultura del lugar. En el Huila y el Tolima, los tamales se convierten un plato exquisito para los viajeros, quienes los degustan con entusiasmo al desayuno; aguas abajo, a la altura del Magdalena Medio, los desayunos incluyen carne y yuca que brindan la energía necesaria para las actividades diarias bajo un sol inclemente, que en ocasiones alcanza los 37° centígrados; y una vez entra a tierras costeñas, el plátano y el arroz de coco son el acompañamiento perfecto para el pescado fresco que se come en esta zona.

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El pescado, definitivamente, es un alimento muy popular dentro de la gastronomía ribereña.

Sancocho de bocachico, viudo de capaz, bagre en salsa o frito, róbalo frito, mojarra frita, cachama sudada y trucha a la plancha, son algunas de las preparaciones que acompañan al río mientras busca su salida al Caribe. Pero no es solo la preparación de platos típicos lo que llama la atención en su fluir por el centro de Colombia, la diversidad en árboles frutales dan como resultado un sinnúmero de preparaciones que endulzan los viajes por el río. Dulce de piña, dulce de curuba o los casquitos de limón, ponen el toque dulce de los platos a orillas del Magdalena.

Todo este tránsito por Colombia, ha hecho que el río se convierta en un observador de la historia del país, un guía silencioso de lo que significó la guerra, pero a su vez, se convierte en un orgullo nacional, un cauce que atraviesa con su historia y su leyenda 13 departamentos que hoy le deben parte de su crecimiento.

Puntos para visitar

Magangué:  A orillas del Magdalena se encuentra Magangué, también conocido como “La ciudad de los ríos” debido a que el Magdalena recibe a su paso por esta población dos afluentes importantes para el país, el río Cauca y el río San Jorge. Este municipio ubicado en el departamento de Bolívar,facilita el tránsito entre los departamentos de Córdoba y Sucre gracias a su puerto. Actualmente se adelanta en este municipio la construcción del Puente de la Reconciliación una obra que conectará a Magangué con el centro del país.

Páramo de las papas: Un silencio que invade de tranquilidad los pensamientos y la majestuosidad del paisaje, son argumentos suficientes para encontrarse cara a cara con la laguna La Magdalena, cuna del río más importante del país. A una altura de más de 3000 metros, las aguas gélidas de esta laguna descenderán a través de las montañas para convertirse en un imponente río que lleva con orgullo el verdadero sentir de una nación.

Barrancabermeja: Este municipio ubicado en la margen occidental del río a su paso por Santander, cuenta con la refinería de petróleo más grande del país lo que la convierte en el centro urbano más grande en la región del Magdalena Medio. Las aguas del río Magdalena que cruzan por un costado de Barranca, como es comúnmente llamada, facilitan el tránsito de hidrocarburos en esta zona del país.

Neiva: Capital del departamento del Huila, es el primer centro urbano que cruza el río Magdalena antes de abrirse paso por el resto del país. Gracias a su ubicación geográfica también es conocida como la “Capital del río Magdalena”.

Mompox: también conocido como Santa Cruz de Mompox, este municipio del departamento de Bolívar se ubica en la margen occidental de uno de los brazos del río. La belleza de su arquitectura y su calles le han merecido el reconocimiento de Monumento Nacional en 1959 y en 1995 fue declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Puente Pumarejo: fue nombrado oficialmente como Laureano Gómez, los habitantes lo llamaron de forma espontánea como Puente Pumarejo, en honor al dirigente barranquillero que incentivó su construcción en 1974. Esta obra de ingeniería atraviesa el río Magdalena a 20 kilómetros de su desembocadura y une a Barranquilla con el departamento del Magdalena, y por ende con el resto del país. Hoy se adelanta una nueva construcción del puente en el mismo sector, pero con características mucho más modernas.

Estrecho del magdalena: Se ubica en el departamento del Huila, muy cerca del municipio San Agustín, y es el punto más angosto del río, con un ancho aproximado de 2.20 metros.

Honda: Durante el siglo XIX y hasta principios del siglo XX fue uno de los puertos más importantes del país, pues gracias a su ubicación estratégica, al norte del departamento del Tolima, sus orillas se convirtieron en puntos de intercambio de mercancías y pasajeros que navegaban el río Magdalena, desde el interior del país hasta la costa caribe y viceversa.

Comments (1)

  1. LISANDRO FLOREZ dice:

    excelente,que bueno que le hacen este reconocimiento a el río magdalena. buena esa.

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