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San José del Guaviare: magia de vida

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Desde el aire, un frondoso tapete verde anuncia la llegada a San José del Guaviare. El acceso a este territorio puede hacerse por el aeropuerto Capitán Jorge Enrique González, o por carretera, tomando la vía que comunica a Bogotá con Villavicencio y luego la vía Granada – Puerto Concordia – San José, cuyo recorrido es aproximadamente de 8 horas. El puente Nowen anuncia el arribo a la capital del departamento, tierra de pescadores y ganaderos, quienes con orgullo muestran el talante de su gente y el amor por su región.2 (1)

Departamento: Guaviare
Gentilicio: Guaviareños
Capital: San José del Guaviare
Extensión: 53.460 km

2 (33)“¿Ya fueron a las cascadas Las Delicias? Ese es un paseo muy bueno”, susurra sonriente Héctor, un zipaquireño de 37 años que ha pasado los últimos 8 en San José del Guaviare, a donde llegó después de una decepción amorosa. “Esta tierra tiene de todo y yo no me devolvería a mi ciudad por nada”, asegura con vehemencia mientras bebe un gran sorbo de cerveza. Al igual que Héctor, muchos habitantes del departamento sienten que esta tierra oculta entre sus bosques húmedos tropicales joyas históricas, naturales y antropológicas que piden ser descubiertas a gritos, para borrar así el estigma de violencia que la acompañó en las últimas décadas.

Quienes pisan este territorio, elevado a la categoría de departamento en 1991 gracias a la Asamblea Nacional Constituyente, corren el riesgo de enamorarse de sus ríos, de su comida y de su tradición ancestral, tal y como le pasó a Héctor, quien disfruta ver desaparecer el sol en las aguas del río Guaviare, una frontera natural que lo separa del Meta, y cuyo nombre surge de la unión entre los ríos Guayabero y Ariari.

Visitar el Guaviare es encontrarse cara a cara con la Serranía La Lindosa, un conjunto rocoso de 18.700 hectáreas que contiene afloramientos de piedra y aguas cristalinas que descienden de la montaña para mitigar el calor producto de las caminatas bajo el sofocante sol que eleva la temperatura a los 32 grados centígrados. A través de túneles, de caminos, de puentes naturales y de caídas de agua, los viajeros recorren un escenario con afloramientos de roca ígnea que superan los 4000 millones de años y cuyas formaciones dan cuenta de los orígenes de la tierra: “Estamos en los suelos más antiguos del planeta. Cuando la Serranía La Lindosa ya estaba formada, las tres cordilleras no existían y esa antigüedad hace que esta zona tenga unas virtudes únicas”, comenta Jairo Bueno, guía y Coordinador de Turismo de la Gobernación del Guaviare.

 

MARAVILLAS HECHAS PIEDRA

2 (31)Adentrarse en los laberintos de piedra es co­nectarse con la vida, con nuestro pasado e historia, por eso los turistas que deciden aven­turarse a recorrer la zona llegan a sentir parte de esa energía que emana desde lo más pro­fundo de la tierra y que habla de lo que fue esta inmensa llanura que abre la puerta de la Amazonía colombiana. “En el mundo hay muchos lugares sagrados y todos están inter­conectados porque en estos lugares se habla un mismo idioma, el idioma del buen manejo de la naturaleza, el manejo de las energías y un buen manejo con el entorno”, complementa. Y es que sus las aguas hoy se han convertido en un espectáculo multicolor cuando la Macarena Clavijera, la misma de Caño Cristales, florece en el fondo de los caños para iluminar las verdes sabanas que la bordean.

La caminata en medio de estas rocas, super­puestas una con otra, da la sensación de estar cruzando un paraje fuera de este mundo y al que cada viajero le da un significado al en­torno por sus formas y dimensiones. “Es un valle que genera imaginación, son formas que se han generado por fuerzas eólicas, por el agua y por la fracturación de la placa tec­tónica”, asegura Jairo. El recorrido continúa a través de angostos caminos cubiertos de tierra blanca producto de la sedimentación de las rocas, que conducen a cuevas y pasadizos que sirven de hogar a diversas especies; allí, a pocos pasos se abre la Puerta de Orión, una formación de piedra que el viento y la lluvia pulió pacientemente por siglos y que hoy se ha convertido en un lugar de visita obligada para los turistas que visitan el Guaviare. La escultura natural, de 15 metros de altura, tiene dos orificios en la mitad de su estructura y según los guías, a través del agujero superior en el mes de diciembre, previo al solsticio de verano, se pueden hacer avistamientos de estrellas y constelaciones.

Continuando el recorrido, esta vez por la vía a Nuevo Tolima, a 11 kilómetros de la capital guaviarense, se encuen­tran los afloramientos rocosos y los túneles, un complejo de piedra con pa­sajes que interconectan sabanas desde donde se percibe el imponente paisaje. En el interior de las cavidades las raíces de los árboles envuelven los muros en busca de luz, un par de murciélagos atraviesan volando el horizonte para huir de los extraños. Este espacio, ho­gar de innumerables aves, insectos y flora endémica, invita a la reflexión so­bre el cuidado de la biodiversidad en la zona, además de contar con fuentes de agua que refrescan las caminatas bajo el inclemente sol llanero.2 (23)

Gracias a sus características, la Serranía La Lindosa cuenta con un sinnúmero de formaciones rocosas que dan origen a inigualables atractivos turísticos, uno de ellos es Ciudad de Piedra, un paraje en el que el desgaste de las piedras como consecuencia del cambio climático, del agua, el viento y las transformaciones propias de la tierra, ha diseñado una urbe con lo que parecen calles e inter­secciones. Es en este lugar donde se ve en todo su esplendor la flor del Guaviare, una especie endémica de la región y cuya principal característica es que está com­puesta por varias flores que asemejan una sola. Florece a mediados de agosto y septiembre y fue vista por primera vez en este departamento.

Pero qué sería de San José sin el prodigio de sus famosos puentes naturales, que pueden ser visi­tados a 11 kilómetros del casco urbano, tomando la vía que comunica con Villavicencio. Basta con ubicarse en el estadero Picapiedra para devolver­se en el tiempo, pues a través de senderos con espesa vegetación, típica del bosque húmedo tropical, se encuentran los puentes naturales, una serie de viaductos que la fuerza del agua pulió cuidadosamente para que hoy puedan ma­ravillar a los visitantes. Conforme se avanza en el recorrido el terreno se vuelve más accidentado, las enormes piedras y los árboles que crecen en los costados dan cuenta del imponente paisaje y de su biodiversidad. Una vez se cruzan los puen­tes, se desciende hasta la parte baja de ellos para visualizar su estructura natural en la que la mano del hombre no tiene cabida. En invierno, el agua que transita bajo los puentes golpea con fuerza las piedras, que descansan en lo más profundo del lugar. Al salir, los visitantes pueden degustar la sazón del estadero, que con el tiempo se ha ido reformando para prestar un mejor servicio.

UN VIAJE ANCESTRAL EN CERRO AZUL

El Guaviare se caracteriza por ser un territorio con una riqueza cultural incalculable, estas tierras fueron testigos de las creencias y la cosmovisión de los indígenas que habitaron la zona hace más de 1000 años. Por eso, luga­res como Cerro Azul guardan entre sus cuevas, túneles y espesa vegetación una historia míti­ca sobre nuestros orígenes. Hoy esta montaña es lugar de peregrinaje para antropólogos e historiadores que desean recoger las huellas de las culturas amazónicas de Colombia, Perú y Brasil, quienes percibían en este lugar una energía única. Allí se encuentra una serie de pinturas rupestres que, según los estudios, pueden llegar a tener hasta 7000 años, y que a través de representaciones humanas, de ani­males y plantas daba cuenta de la cotidianidad de las comunidades en la zona. Durante el pro­ceso de investigación se determinó que incluso hasta hace 80 años este lugar continuaba reci­biendo la visita de comunidades provenientes de la Amazonía suramericana; adicionalmente fueron hallados restos de vasijas y orfebrería que hoy son un rompecabezas de nuestra cultura.

 

Cerro Azul está ubicado a 47 kilóme­tros de San José vía La Carpa, y junto con la Serranía de Chibiriquete con­centra las manifestaciones rupestres más destacadas del país, lo que ha cap­tado la atención de entidades como la Universidad Nacional de Colombia, que adelanta un serio trabajo de inves­tigación en el lugar. Antes de ingresar a Cerro Azul, en la parte baja se en­cuentra la casa de don José Noé Rojas, un hombre para quien este espacio es sagrado. Su hijo, Norbey, con tan solo 16 años, conoce mejor que nadie los recovecos para ascender a los cerca de 20 paneles de pinturas rupestres. “Nos entusiasma cuidar el lugar e invitar a la gente a que lo proteja, antes subían con la olla y hacían sancochos, hoy eso está prohibido”, cuenta el joven.

 

Cómo llegar
Por aire: es la forma más rápida de llegar al Guaviare. Se aborda un vuelo Satena desde Bogotá hasta San José del Guaviare, con una duración de 40 minutos.
Por tierra: se toma la vía Bogotá – Villavicencio, luego continúa la marcha por la vía Acacías, Guamal, San Martín, Granada hasta San José del Guaviare. Este recorrido tiene una duración de 8 horas aproximadamente.

Si bien las pinturas fueron hechas hace miles de años, muchos indígenas de la zona logran interpretar la huella arqueológica de nuestros antepasados, y gracias a dichas imágenes han encontrado rutas a túneles y cuevas que estaban perdidas en la montaña, además de descifrar, en cierta manera, la rutina de las comunidades precolombinas.

Tanto para la familia Rojas como para la Secretaría de Cultura y Turismo del Guaviare, preservar este lugar se ha convertido en una tarea titánica, por eso buscan que los visitantes y los locales realicen sus recorridos de forma responsable y con un enorme compromiso y respeto por el entorno.

“Las pinturas están condenadas a desaparecer, por eso siempre les pedimos a los visitantes que se abstengan de tocarlas y de tomar fotografías con flash para evitar su deterioro”, asevera Jairo.

En el Guaviare se respira tradición, es una tierra con una fuerte presencia indígena, desde sus resguardos luchan por mantener vivas sus tradiciones a pesar de los progresivos procesos de colonización. La noche cae y Miguel Holguín, capitán del resguardo Panuré, ultima detalles para dar inicio al Dabucurí, un ritual acompañado de la danza y la expresión oral en el que se comparten alimentos con otras comunidades. “El Dabucurí es un intercambio, una ofrenda que hacemos en época de cosecha cuando hay abundancia.

Intercambiamos alimentos con comunidades indígenas cercanas cuando notamos que tienen una necesidad”, comenta Miguel minutos previos a iniciar el rito. Los asistentes se ubican alrededor de la maloca en improvisadas sillas de madera para tener una panorámica del ritual, Miguel, junto a 3 hombres y 4 mujeres, da inicio a esta ceremonia ancestral, que también se realiza en los resguardos del Vaupés, cuyas etnias migraron paulatinamente hasta el Guaviare.

Con trajes tradicionales y tocados de plumas coloridas en la cabeza, la comunidad danza al son de las flautas y los cascabeles de su propia fabricación, las mujeres acompañan a los hombres bailando a su lado mientras rodean con agilidad la maloca. Luego, hombres y mujeres se ubican frente a frente e intercambian un par de palabras, que con un poco de humor e incluso de piropos, hacen la entrega oficial de sus productos.

Posteriormente las mujeres distribuyen la ofrenda, que en esta ocasión fue uva caimarona, no sin antes mostrarla a los asistentes mientras bailan con velocidad.

Para Miguel, quien coordina la parte cultural del resguardo, estas ceremonias son vitales dentro de la cultura tukana, por eso intenta que las nuevas generaciones no solo se interesen en sus tradiciones sino que su lengua sea parte de su cotidianidad: “Empecé a trabajar con este resguardo cuando noté que yo ya estaba olvidando mi dialecto, eso me preocupó muchísimo, por eso comencé a inculcar el uso de del Tukano entre la gente más joven” cuenta.

Qué llevar
Es vital llevar ropa cómoda. Las sudaderas, los leggins y las camisetas, preferiblemente manga larga, son una excelente opción. Muchos de los recorridos son por senderos escarpados y de superficies lisas, por eso llevar calzado con buen agarre evitará accidentes que empañen la visita. Si no está vacunado contra la fiebre amarilla es importante que lo haga al menos 10 días antes de su viaje. Recuerde que en el aeropuerto y terminales de buses le pedirán el carné de vacunación, así que llévelo a la mano. No olvide llevar a las caminatas repelente, bloqueador solar y mucha hidratación.

DELFINES ROSADOS, UN ESPECTÁCULO EN DAMAS DEL NARE

Una de las virtudes que tiene esta tierra es su gran riqueza natural, gracias a un territorio con abundantes fuentes de agua y bosques que dan refugio a especies como los micos churucos, que desde las copas de los árboles miran con atención a los foráneos. Las aves también son un atractivo singular para los amantes de la naturaleza, ya que en la actualidad se llevan a cabo visitas guiadas para el avistamiento de estos animales. Sin embargo, es a causa de los delfines rosados o toninas, como se les conoce en el territorio, que el Guaviare se convierte en un destino predilecto si se quiere un contacto con la fauna y el entorno originarios.

Francisco Amaya y su esposa Nubia Troncoso, saben que este departamento tiene joyas naturales para compartirle al mundo, por eso desde hace 4 años administran Econare, una organización de campesinos que impulsa el turismo sostenible en la zona y cuyo atractivo principal es la familia de delfines rosados que habita la laguna Damas del Nare, ubicada en la en la vereda del mismo nombre, a 70 kilómetros de San José. Para Francisco y su familia, dar a conocer este paraíso se convirtió en un objetivo, por eso y a pesar de la distancia de la capital del departamento y de los inconvenientes de movilidad y comunicación, han buscado los medios para que muchos más visitantes lleguen a este lugar. “La gente nos decía que nadie iba a venir porque estábamos en un hueco, pero cuando recibimos la capacitación adecuada nos dimos cuenta de que eso era en realidad una fortaleza, porque tenemos un entorno que proteger”, cuenta Francisco.

La barca inicia su recorrido, todos los pasajeros usan chalecos salvavidas que fueron donados gracias a la gestión de sus administradores. El motor avanza con precaución y lentamente se interna en el lago de más de 80 hectáreas que tiene además una gran variedad de peces y aves. “Tati, Tati hermosa, queremos saludarla, ¿dónde está?”, grita Francisco mientras capitanea la embarcación. A lo lejos y de forma tímida asoman el lomo un par de toninas que serpentean con velocidad en el agua. “!Ay mírenla”, grita una de las mujeres que con emoción no despega los ojos del espejo de agua, y es que no es para menos: ver a este mamífero es un placer que pocos pueden tener. El viaje continúa y la barca se detiene en un punto cuya profundidad es de 40 metros. Francisco invita a los turistas a aventarse al agua para ver de cerca a los delfines que nadan por debajo de los bañistas provocando risas nerviosas. “Ellas sienten la energía de las personas, por eso para sentirlas lo mejor es que se relaje y las llame con un tono amigable”, comenta. Para disfrutar de esta experiencia se puede acceder por la vía Trocha Ganadera, en el corregimiento Boquerón hasta la vereda Damas del Nare, en la ruta se toma el desvío hacia la Finca Bufalera y allí se inicia una caminata selva adentro por cerca de 1 hora.

Por años este territorio sintió los embates de la guerra, lo que evitó que muchos viajeros conocieran sus maravillas ocultas, sin embargo y gracias a una gestión de la Policía Nacional, hoy San José de Guaviare cuenta con la Policía de Turismo, un grupo de profesionales que se encarga de brindar seguridad a quienes visitan el departamento, además de atender dudas y solicitudes sobre la oferta hotelera legal y generar conciencia para el cuidado del ecosistema.

SABORES DE LA REGIÓN

Gracias al gran río Guaviare, la oferta de pescado en la región le da un toque especial a la gastronomía de la zona. Yamús, dorados, sardinatas y bagres inundan una de las calles cercanas al río donde se comercializa pescado fresco que da origen a platos como el pescado muquiado, un platillo tradicional que se hace envolviendo el pescado en hojas de plátano y se cocina sobre una hoguera con buena leña.

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El humo que suelta la brasa le da un toque especial a esta preparación, muy popular en las comunidades indígenas del lugar.

Otro de los platos de origen indígena es el casabe, una preparación a base de yuca que después de ser rayada y mantenida en agua se exprime dejando una fina harina con la que se preparan arepas de gran tamaño. La fariña, también a base de yuca, es una harina granulada que se come en sopas, caldos y bebidas.

Las extensas tierras del departamento también levantan ganado y pollos de corral, por eso platos como el sancocho de gallina tapacura o la famosa carne a la llanera, son platos que pueden degustar los viajeros en diversos estaderos del lugar.

Hoy otros vientos soplan en San José del Guaviare, el estigma de la guerra se ha ido desvaneciendo y sus habitantes solo quieren reescribir una historia en la que la magia de la naturaleza sea un referente cuando se hable del departamento. Y es gracias a su místico paisaje que los guaviareños tienen toda la posibilidad de abrir su “puerta a la Amazonía” al mundo entero.

Disfrute
Todos los años, en agosto, San José del Guaviare realiza el Festival Internacional –Yuruparí de Oro, un evento folclórico y cultural para disfrutar de las coplas, la música llanera, el joropo y por supuesto del coleo, una tradición en tierras guaviareñas.
 San José tiene muchísimos lugares para conocer, algunos requieren todo un día por la distancia desde la capital, pero es importante que tenga claridad a qué lugares puede acceder y bajo qué condiciones. Si tiene dudas sobre recorridos, guías y transportes, acuda a la Secretaría de Cultura y Turismo del Guaviare para recibir información precisa.

AGRADECIMIENTOS:

  • Gobernación del Guaviare – Nebio de Jesús Echeverri Cadavid.
  • Alcaldía de San José del Guaviare – Efraín Rivera.
  • Secretaría de Cultura y Turismo del Guaviare – Jorge Díaz.
  • Coordinador del Área de Turismo Departamental – Jairo de Jesús Bueno.
  • Policía Nacional Departamento del Guaviare.
  • Policía de Turismo.
  • Miguel Holguín – Líder del resguardo Panuré.
  • José Noé Rojas – Líder vereda Cerro Azul.
  • Rubí Rocío Rodríguez – Administradora Estadero Picapiedra.
  • Econare – Francisco Amaya y Nubia Troncoso.
  • Óscar Patiño – Secretaría de Cultura y Turismo del Guaviare.
  • Yulieth Sandoval – Secretaría de Cultura y Turismo del Guaviare.
  • Hotel Yuruparí.

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