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Santiago de Tolú: playas para conversar con la luna

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

“Bellas son tus playas, lindo Tolú, tierra sin igual. Alegre tu gente de piel morena como el anochecer, eres viejo cofre que guarda costumbres del ayer”. Con estas palabras, escritas por Eden Brun Marzola, el maestro Lisandro Meza inmortalizó el municipio en su canción Lindo Tolú, una melodía que en cuyos acordes se siente el vaivén de las olas cálidas del mar Caribe. En sus playas confluyen turistas de todas partes del mundo, quienes por vacaciones y otras épocas del año vienen en busca de sol; otros, en cambio, atraviesan el país para sentir por unos días el aroma fresco del mar y la suave brisa que recorre el malecón. Así es Tolú, un lugar en el que el paisaje habla por sí solo.

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Santiago de Tolú, tierra del cacique Tolú y fundada por Alonso de Heredia en 1535 y quien la llamó Villa Coronada Tres Veces de Santiago de Tolú, es uno de los municipios más populares en el Golfo de Morrosquillo, lugar al que los turistas pueden acceder por tierra y por aire para disfrutar del mar, la gastronomía y la ascendente oferta hotelera. Es una de las ciudades más antiguas de Colombia y la primera en ser fundada en el departamento de Sucre. Antes de su conquista, la extensa sabana en la que se asienta estuvo habitada por un pueblo indígena regido por el cacique Toluá; era un resguardo tranquilo dedicado a la agricultura y la orfebrería. La fiebre del oro, durante la conquista, llevó a algunos pobladores de Cartagena a emprender travesías hacia el interior del país, topándose a pocos kilómetros con las vastas sabanas que bordean el golfo y en donde se sitúa Tolú, el terruño actual de más de 25.000 personas de diversas razas, producto de las mezclas entre indígenas, negros y blancos.Ed-01Hoy la administración local ha decidido modernizar la cara de Tolú. El parque principal, algunos monumentos y puntos de interés para turistas, sufrirán cambios con los que se quiere situar al municipio en el radar turístico del país. Por ejemplo, el Parque Recreativo Tulio César Villalobos Támara será uno de los que pasará por ese proceso.

Con esta nueva cara el gobierno local, por medio de la Secretaría de Turismo, desea impulsar el turismo en el golfo y fortalecerse en materia hotelera, con lo que busca convertirse en una sede de seminarios, congresos y talleres nacionales y extranjeros.

Tolú además de ofrecerles a los turistas la tranquilidad de sus playas, también es un referente para quienes quieran vivir una Semana Santa tradicional. Con una historia que supera los 400 años, las calles del municipio se visten de solemnidad y reflexión para vivir la fe durante esta semana. La celebración inicia el penúltimo viernes de cuaresma, conocido popularmente entre sus habitantes como el Viernes de Dolores y finaliza el Domingo de Resurrección; durante este tiempo se llevan a cabo 10 procesiones, como “Jesús camino a Jerusalén”, “La Dolorosa” y “Jesús resucitado”; pero sin lugar a duda la más importante entre los devotos es “Jesús con la cruz a cuestas”, que se lleva a cabo el Jueves Santo y cuya organización está en manos de la Hermandad de Nazarenos, un grupo de más de 300 personas quienes con meses de anterioridad organizan el recorrido y los pasos que se harán ese gran día. Con un paso lento, sistemático y lleno de fervor, los miembros de la Hermandad llevan a cuestas la imagen de Jesús cargando la cruz, cuyo peso es cercano a los 150 kilos; detrás le siguen las imágenes de la Virgen, San Juan, la Verónica y María Magdalena, con un peso promedio de 50 kilos.

Ed-04Pero no solo la Semana Santa es uno de los atractivos turísticos que tiene esta ciudad de playas plateadas: los amantes del mar y de los deportes náuticos tienen durante el puente de Reyes la posibilidad de disfrutar del evento regional de regatas artesanales, en el que los pescadores de la zona pintan de colores el Caribe con sus embarcaciones que con gran agilidad deslizan entre las olas. Además, los turistas que aprovechan su paso por el municipio se encuentran con conciertos y actividades deportivas como campeonatos de fútbol y vóley-playa.

De noche por la ciudad

El sabor del Caribe colombiano es un ingrediente que hace vibrar a los visitantes en Tolú, no en vano sus calles y variedad de comercio lo hacen un destino apropiado para llenarse los bolsos de suvenires y artesanías. Los tradicionales paseos en bicitaxis de 4, 6 y hasta 8 personas en su interior, son el preámbulo perfecto para iniciar la vida nocturna. Cada vehículo a su paso deja una estela de ritmos tropicales que inundan los paseos por el malecón que atraviesa la ciudad. “Una vez se suba, ya no querrá bajarse de esta bicicleta”, cuenta Ramiro, quien cada noche transporta a los turistas al son de Daddy Yankee, Silvestre Dangond y Carlos Vives.

Playas con acento francés

En medio de arenas blancas y de las apacibles olas, se encuentran las Playas del Francés, un paraíso que invita a los turistas a zambullirse en las tibias aguas del Caribe colombiano. A 20 minutos en mototaxi de Tolú, los veraneantes podrán disfrutar de estas playas en medio de una tranquilidad única que el golfo tiene para ofrecer a quienes desean desconectarse del mundo exterior, del bullicio de las capitales y del estrés propio de las ciudades en crecimiento. “Aquí todo es tranquilidad, es calma”, dice una mujer mientras degusta un cocoloco en la playa que debe su nombre a un personaje de origen francés que se instaló en esta zona; playa que hoy cuenta con imponentes casas a la orilla del mar, propiedad de actores, industriales y personajes de la vida política del país.

Más adelante, en el mismo sector, se encuentran las playas Alegría y Guacamayas, dos paraísos ideales para el descanso. “El entorno natural hace de este lugar único”, asegura un turista. Y es que un amanecer por estas tierras es el deleite de los foráneos que inmersos en las aguas del Caribe aguardan con paciencia la caída del sol, para arroparse con el cielo estrellado que cubre el golfo.

Tesoros a mar abierto

Es sábado, y el embarcadero en Tolú empieza a moverse desde tempranas horas. “La gafa, la gafa”, pregona un hombre con su cartón de lentes, otro en cambio ofrece dos litros de agua por 5000, “porque el viaje es largo y allá son más caras”. Los turistas van llegando con la plena intención de disfrutar las playas de alguna isla del archipiélago de San Bernardo, una joya natural que se esconde en el golfo y que se extiende a mar abierto. La lancha My blue moon zarpa sin inconvenientes con 30 personas y dos miembros de la tripulación que orientan el recorrido por las 10 islas que hacen parte del archipiélago, que desde 1996 pertenece al Parque Nacional Natural Islas Corales del Rosario y San Bernardo.

La primera parada es en la Isla Boquerón, ubicada en el extremo del golfo, una pequeña porción de tierra y arena con casas de recreo privadas; es la única de todo el conjunto que pertenece al departamento de Sucre, las 9 restantes hacen parte de Bolívar.

El recorrido continúa y a lo lejos se ve Isla Palma, donde se asienta un prestigioso hotel; seguida de Isla Panda, Ceycén y Mangle, un pulmón natural en medio del océano, refugio de aves que anidan en las copas de los mangles y de peces que zigzaguean entre sus raíces.

En el trayecto está Cabruna, cuya superficie ha sufrido los embates de la erosión después de que en la década del 60 se realizaron pruebas de artillería y de combate en el marco del acuerdo UNITAS, un ejercicio militar entre Estados Unidos y los países de Latinoamérica, para crear lazos de confianza entre las armadas de la región.

Luego le siguen Tintipán, la isla más grande del archipiélago y cuyo nombre surge, al parecer, de una anécdota de los nativos de la zona. “Dicen que al dueño de la isla le decían Tinti, y cada vez que salía para Tolú en lancha, su nieto le pedía pan ‘Tinti, tráeme pan’, de ahí el nombre de la isla”, cuenta con gracia Juan Guillermo Berrío, un carismático isleño. Son pocos los habitantes en esta porción de tierra, la mayoría viven de la pesca y del turismo. A lo largo de sus 3.3 kilómetros, una maraña de mangles construyen túneles navegables, en los que las aguas empozadas del mar y los rayos cálidos del sol son el hábitat perfecto para la propagación de zancudos y mosquitos que sacian su sed en la humanidad de los turistas. En la noche, los más osados, se avientan al mar a vivir una aventura luminosa, se trata del plancton bioluminiscente, una especie de microorganismos que habita en las aguas que bordean la isla y que durante las noches despejadas y sin luna, iluminan las orillas como pequeños bombillos.

La travesía continúa y a lo lejos se ve Maravilla, una isla donde las aves acuden para pernoctar entre su vegetación.  Sin embargo y pese a la belleza de sus paisajes, la erosión está causando estragos en esta parte del archipiélago. Más adelante, la lancha se detiene frente a Santa Cruz del Islote, la isla más densamente poblada del mundo, ya que en una superficie de una hectárea viven cerca de 493 personas. Sus calles son estrechos laberintos donde las familias que viven de la pesca pasan el día a día entre las casitas que se apiñan una contra la otra. No cuentan con agua potable ni alcantarillado, por eso aprovechan las lluvias para abastecerse; cuando el verano no da tregua, un tanque de la Armada que parte de Cartagena les provee el preciado líquido.

Tampoco tienen electricidad, pero una planta que funciona con gasolina los saca de la penumbra por un par de horas. La mayoría de sus habitantes se dedican a la pesca artesanal en mar abierto. Ya han pasado 2 siglos desde que los primeros pobladores pisaron este diminuto lugar, quienes según cuenta la leyenda, llegaron huyendo del jején, un mosquito molesto que por cosas de la naturaleza no se reproduce allí, así que poco a poco la isla se convirtió en el refugio de los isleños que huían de la incómoda plaga.

Después de 50 minutos de recorrido, My blue moon finalmente se detiene en la isla de Múcura, una de las más populares del archipiélago, famosa por su blanca arena y por el color de sus aguas, que van desde el azul marino hasta el verde turquesa.

“Estamos sobre una montaña de fósiles, por eso nuestra arena es blanca, es una arena coralina, aquí cuidamos el material biológico, los caracoles y los cáscaras, porque eso le ayuda a nuestra arena”, comenta tajantemente Juan Guillermo, nacido y criado en este paraíso terrenal.

Se mueve rápido entre la multitud de turistas y con una cordial sonrisa, se dirige a los extranjeros para orientarlos al interior de la isla. Los guía paso a paso por caminos angostos de mangles y plantas benéficas como moringas, que conducen hasta la comunidad de Múcura, un lugar en el que sus habitantes tienen de antejardín al mar Caribe.

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Actualmente y en vista del alto flujo de viajeros, la isla ya ofrece decenas de hospedajes tipo hostel y un hotel cinco estrellas. Además de bañarse en sus playas, los visitantes también tienen la opción de caretear con snorkel para divisar las maravillas coralinas que se esconden bajo el agua, hogar de peces que ondean sus cuerpos con velocidad y pintan de colores las profundidades del océano. “El verdadero nombre de esta isla es ‘El fin del afán’, acá no trabajas con reloj, aquí todo es tranquilo”, enfatiza Juan Guillermo, quien con su andar refuerza por qué esta tierra es una de las más codiciadas para descansar. “Todo no lo puedes grabar, hay cosas que solo te quedan aquí”, comenta mientras toca sus ojos y asiente con su cabeza; y tiene razón, la única manera de mantener ese recuerdo es viviéndolo.Ed-21

Coveñas, tierra de playas y ciénaga

Una carretera que bordea el mar conduce a Coveñas, otrora corregimiento de Tolú y que en 2002 fue declarado  como municipio. Sus playas, el azul profundo del mar y el puerto petrolero lo han posicionado como uno de los destinos más visitados por los turistas gracias a su amplia oferta hotelera.

Ed-25Desde el siglo XVI, la Hacienda Santa Bárbara de Cobeña, como era llamado en aquel entonces, fue un importante puerto de entrada de esclavos al país. Con el paso de los años las productivas tierras del municipio fueron vitales para un desarrollo ganadero en la zona, que administró hacia finales del siglo XIX Julián Patrón Airiarte, un joven terrateniente. Gracias a ese crecimiento en materia agraria, a principios del siglo XX se instaló la primera empresa frigorífica exportadora de carnes. 30 años más tarde, en 1939, el mismo puerto cambió la carne por el petróleo, actividad que se mantiene hasta el día de hoy, junto con la Base Naval de la Armada que se estableció en 1974.

Sus 14 kilómetros de playas, divididas en dos ensenadas – entradas circulares de agua que en ocasiones tienen una boca estrecha- hacen de Coveñas un lugar único para descansar. En la primera ensenada los turistas pueden disfrutar además de la arena y el sol, de deportes náuticos como el kayak, windsurf y el kitesurf, en el sector conocido como Coveñitas. En la segunda ensenada, mucho más cercana a la boca de la ciénaga, las playas de arena coralina y de aguas claras son perfectas para desconectarse del agitado ritmo de la ciudad. Ambas ensenadas cuentan con una variada oferta de restaurantes y bares con lo mejor de la gastronomía local. Se estima que el municipio anualmente es visitado por un promedio de 100.000 turistas.Ed-40

Quizá uno de los lugares más visitados en Coveñas es la Ciénaga de La Caimanera, una amplia zona con 5 tipos de mangles y aguas poco profundas, hogar de innumerables especies nativas como la garza pintada, el gavilán pío pío, el pelícano, cangrejos y peces. A lo largo de estas 2100 hectáreas, en manos de Olimpo Cárdenas, la barca se introduce sigilosa entre los túneles construidos para mejorar el flujo de sus aguas. Él, se diferencia de su famoso  homónimo en que es un amante de esta densa vegetación y asegura, sin tapujos, “que puede llegar a querer más a la ciénaga que a su esposa”, pues con ella ha sorteado cientos de batallas para protegerla de quienes desean explotar sus recursos. Uno de los túneles más famosos es el Túnel del amor, “donde entran dos y salen tres”, pues según cuentan los relatos populares, una pareja fue descubierta en medio del manglar manteniendo relaciones sexuales y la misma, al cabo de un año, decidió hacer el recorrido de nuevo con su pequeño hijo en brazos, concebido en estas aguas. “Un compañero los encontró muertos, pero muertos de la dicha”, enfatiza Cárdenas entre risas.

Continuando con el recorrido, en medio de la ciénaga se encuentra la Casa flotante, una parada obligada para los botes que la transitan. Allí los turistas degustan las bondades del entorno natural: ceviche de chipi chipi, de camarones, de cangrejo y de caracol, son los bocados predilectos por los maravillados visitantes. Otro de los lancheros toma un puñado de ostras que proliferan a la orilla de la casa y con una gran facilidad abre los duros caparazones, cuyo interior contiene un cuerpo carnoso y blanco. “Espere, yo lo como pero con los ojos cerrados”, dice una mujer con marcado acento caleño. Todos en la casa prueban las ostras que sazonan con una mezcla de limón, ajo, salsa de tomate, pimienta, sal y vinagre; otros en cambio aprovechan el agua para aventarse y así calmar el calor que invade el lugar.

Otra de las paradas obligadas dentro de la ciénaga es un pequeño refugio para animales que han sido decomisados por las autoridades y que iban a ser vendidos en el mercado negro para la comercialización de sus pieles, como ocurre con el caimán aguja. También hay guacamayas, tortugas marinas, morrocoyas y un cocodrilo, que permanecen protegidos en este lugar.

San Antero, mucho por descubrirEd-28

Tierra de pescadores y campesinos que a través de sus charlas van tejiendo parte de la cultura costeña que el país desconoce y que los identifica como uno de los pueblos más alegres. Y no es para menos, en San Antero se realiza durante la Semana Santa el Festival nacional del burro, un evento en el que cientos de burros disfrazados se toman las calles del municipio para representar personajes, momentos y hechos de impacto en el mundo, todo esto amenizado con grupos musicales y comparsas.

En San Antero las playas blancas y de arena fina son perfectas. Una de ellas es El Porvenir, cuya extensión de 2 kilómetros limita con Coveñas. Allí los foráneos disfrutan de la tranquilidad y de las cristalinas aguas que bañan la zona. “Las playas están en el corregimiento más grande de San Antero, son el límite entre Córdoba y Sucre”, aclara Marlidiz López, asesora de Planeación de Turismo de la Alcaldía de San Antero.

Playas como El Calao y Grau son perfectas para descansar, gracias a la frescura de la brisa marina y en Punta Bolívar, los atardeceres dejan boquiabierto a más de uno. Esa majestuosidad en el entorno que se percibe en San Antero fue registrada por el explorador alemán Alexander Von Humboldt, quien en uno de sus viajes y tras un atasco de su embarcación pasó dos días visitando esta tierra, tal y como quedó consignado en una carta que le envió a su hermano.

La blancura de sus playas contrasta con la riqueza natural que San Antero tiene para ofrecerles a sus visitantes; una de ellas es el volcán de lodo El Tesoro, uno de los predilectos por los turistas gracias a los beneficios medicinales.

A pocos minutos de estas playas, se encuentra la Bahía de Cispatá, un lugar en el que las especies nativas recorren a sus anchas la densa vegetación.

Antes, Gabriel Pacheco cazaba y comercializaba los caimanes aguja que habitan en esta ciénaga, hoy hace parte de Asocaimán, una entidad que busca defender a estos animales que han sido los más afectados por la codicia humana. “Ellos le dan vida a este lugar, por eso hay que salvarlos”, argumenta el viejo lobo de mar mientras avanza con velocidad en su lancha. En medio de la Ciénaga de Cispatá, la comunidad ha construido un criadero de pargos rojos, de sierras y otros peces para equilibrar el ecosistema. De igual manera, cuenta con un lugar donde reproducen caimanes aguja, los cuales son devueltos a su hábitat una vez superan el metro de longitud. Sin embargo, la bahía que hoy se conoce era muy diferente hace más de 70 años, cuando el río Sinú desembocaba en esta zona. Según Pacheco, el curso del río cambió cuando los locales, al ver la bonanza arrocera, empezaron a tomar tierras que le pertenecen al río.Ed-27

Con los canales de riego construidos para los cultivos, además de otros factores, el dique natural se reventó y terminó por desviar las aguas del río hacia una nueva desembocadura, hoy ubicada en San Bernardo del Viento.

Talento hecho Caribe

Papagayos coloridos, tortugas que parecen respirar y móviles con conchas marinas, son algunos de los trabajos hechos por los artesanos en la zona, quienes se acomodan a orilla de carretera para mostrar sus trabajos y captar la atención de los foráneos. Marcos Padilla, a partir de un trozo de madera, crea águilas, loros y por supuesto, burros, que parecen rebuznar mientras miran un punto fijo. Al igual que Marcos, Milena Gabarra es otra de las artesanas que trabajan en San Antero y que demuestra con sus trabajos la alegría que caracteriza a los habitantes de la región.

Ahora, además del trabajo en talla de madera, están las artesanías y collares hechos con totumo y semillas secas que se consiguen en el Museo del Totumo, un lugar de tradición para las compras.

¿A qué sabe el Golfo?

Pargos rojos en salsa de coco, arroz con coco y patacón tostado son algunos de los manjares que tienen el privilegio de probar los viajeros en el Golfo de Morrosquillo. Gracias a la abundancia de sus tierras y a la riqueza de sus mares y ríos, los habitantes de esta zona tienen un cuidado especial con la sazón, pues con ella atrapan el paladar de turistas exigentes que están dispuestos a degustar un buen trozo de pescado fresco. En el desayuno, no puede faltar la arepa de huevo con suero costeño para iniciar la jornada.

Los mariscos también son apetecidos, el popular ceviche de camarón, de jaiba, de caracol y chipi chipi hace parte de la dieta de los lugareños: “Para prepararlo con sabor debe tener los mariscos, cebolla picada, un buen limoncito, mayonesa, salsa de tomate y un vinagre, que yo condimento con dientes de ajo, pimienta, cebolla; y picante al gusto”, cuenta una de las mujeres que preparan estos manjares en la Caimanera.

En la playa se puede disfrutar del sol, acompañados de un delicioso cóctel a base de vodka, ron blanco y agua de coco, mejor conocido como cocoloco; o una piña colada que contrasta con el azul que rodea el entorno.

Ed-37El Golfo de Morrosquillo tiene un encanto que solo puede ser descubierto cuando se recorren sus playas, se navegan sus ciénagas y se sumerge en las aguas claras del mar Caribe, todo esto amenizado con el sonido del clarinete del maestro Lucho Bermúdez, quien aprovechó el sabor de esta tierra para componer Tolú, una oda melódica a la ciudad de las playas de plata.

AGRADECIMIENTOS

Santiago de Tolú

  • Alcaldía Santiago de Tolú.
  • Secretaría de Turismo Municipal de Tolú – Alicia Martínez Álvarez.
  • Asistente administrativo Secretaría de Turismo Municipal de Tolú – José Acosta Suárez.
  • Jorge Manrique – Centro Recreacional Camino Verde.
  • Cristina Toscano – Gerente Hotel Las Antillas y Restaurante Tío chin.
  • Stephanie Pauwels – TN Jefe del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo.
  • Aída Álvarez Almanza – Gerente Casa del Mar.
  • Alejandro Alzate – Administrador Hotel Punta Faro – Isla Múcura, Bolívar.
  • Alba Martínez – Directora comercial Club Náutico Navegar.
  • Juan Guillermo Berrío Solar.

Coveñas

  • Secretaría de Turismo – Francisco Toscano Conde.
  • Diego Alexander Palacio Garcés – Gerente Hotel Poblado.
  • Olimpo Cárdenas.

San Antero

  • Asesora de Planeación de Turismo – Marlidis López Calao.
  • Estación CIMACI (Centro de Investigaciones Marinas y Costeras de Cispatá).
  • Asocaimán – Gabriel Pacheco – Lascario Díaz Martínez – Rosember de la Rosa.
  • Marcos Padilla – Artesanías de mi región.
  • Museo del calabazo.
  • Milena Gabarra – artesana.

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