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Un compromiso que se teje entre nubes

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

 Con el sol todavía oculto tras el cielo estrellado, cientos de personas inician sus labores cotidianas en las diferentes sedes de SATENA a nivel nacional; y aunque cada destino es diferente, todos comparten una misma esencia: llegar a las regiones más lejanas del territorio para impulsar el desarrollo en estas zonas.

Por eso y desde muy tempranas horas, los héroes anónimos de la compañía buscan seguir con esta misión, una ta­rea titánica en la que, por ejemplo, su mayor reconocimiento es la satisfac­ción de un médico que visita a niños en las costas chocoanas, la de un inge­niero que ve por fin su obra finalizada, o la de un antropólogo que trabaja de la mano con comunidades indígenas en el corazón de la selva. SATENA, en estos 55 años, ha conectado al país y ha per­mitido que el Estado ponga los ojos en aquellas zonas apartadas y de difícil ac­ceso, por eso en esta edición queremos rendirle un homenaje a aquellos que desde su puesto de trabajo en la com­pañía lo entregaron todo para hacer de Colombia una tierra más próspera.

LECCIONES PARA TODA UNA VIDA

“Cuando hablo de mi compañía se me pone la piel de gallina, me brillan los ojos de la emoción; es como si SATENA fuera mi novio, así lo siento”, cuenta con una enorme sonrisa Ligia Valderrama Perdomo mientras se alista para hablar con la Revista Volar. En sus 32 años de trabajo ininterrumpidos con la aerolí­nea ha visto los avances de esta, y con su labor ha contribuido en el crecimien­to del “amor de su vida”.Links 78-62

Corría el año 1985, 5 de septiembre para ser más exactos, cuando Ligia se vinculó a SATENA donde trabajó inicialmente en la base de Florencia (Caquetá). Allí demostró que su vo­cación de servicio sería importante para forjar una carrera dentro de la compañía. Fue entonces, en 1989, cuando dejó atrás su experiencia en esta ciudad para iniciar un nuevo ca­mino en Bogotá, específicamente en las oficinas de la aerolínea donde ha apoyado en varios frentes el trabajo administrativo. “Para mí SATENA es mi familia, donde comencé a trabajar sin experiencia de vida, mis compañeros me enseñaron a ser fuerte ya que la ciudad no es igual que la provincia, al pasar el tiempo me sentí más agrade­cida con mi empresa porque me he hecho fuerte y capaz para afrontar cualquier reto que Dios me ponga en el camino”, asegura.

Ligia sabe que desde su cargo tiene la misión de brindar el mejor trato a los pasajeros de SATENA, pues es cons­ciente de que un pasajero que recibe una buena atención se convierte con el tiempo en un amigo viajero. “Nues­tros clientes deben recibir el mejor tra­to, como si me estuvieran atendiendo,  por eso siempre lo hago con una sonri­sa y buena actitud”, comenta.

Y es gracias a su labor y entrega a la compañía que muchas personas dentro y fuera de SATENA han logrado cumplir con sus sueños, pues ella sabe que no son solo viajeros los que moviliza la aero­línea, también son historias, sentimien­tos y metas por cumplir: “En SATENA trabajamos con el corazón, y queremos que puedan llegar contentos a ver a sus familias y a llevarles regalos que com­pran en la capital, así como también los viajeros de las regiones puedan traer sus muestras para que las personas del inte­rior conozcan sus creaciones”, enfatiza Ligia, quien en tres décadas ha dejado el alma en cada una de sus tareas.

SONRISAS QUE DAN LA BIENVENIDA

Luz Dary Ramírez puede decir, sin temor a equivocarse, que vive en las nubes, pues desde hace 28 años trabaja como auxiliar de vuelo en SATENA, un trabajo que realiza a más de 10.000 metros de altura.

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Su jornada inicia muy temprano en la ma­ñana, cuando desde el Aeropuerto Olaya Herrera en la ciudad de Medellín, se dis­pone a iniciar un recorrido por Colombia. Para ella la altura es lo de menos, lo que en verdad le importa cuando hace su tra­bajo es poder brindarles a los pasajeros una excelente atención, pues en pocas palabras, es la cara amable de la aerolínea en el cielo. “Sé que con mi trabajo con­tribuyo y ayudo a personas que no han tenido la experiencia de volar, o por el contrario, son pasajeros frecuentes, pero en ambos casos cuentan contigo para cualquier situación dentro de la aerona­ve”, expresa Luz Dary.

Su trabajo, envidiado por unos o mi­rado con aprensión por otros, le ha permitido conocer de primera mano paisajes inolvidables de la geografía nacional, un privilegio que pocos han tenido en la vida: “Disfruto el hecho de aterrizar en lugares a donde no llega nadie y cada vez que aterrizas sientes ese calor humano de personas que con humildad ofrecen atenciones a la tripu­lación”, comenta esta mujer, nacida en Campo Alegre, Huila, hace 52 años.

En sus años de servicio en la compañía ha sido instructora, pero su más im­portante labor la realizó al promover y fundar la base de tripulantes Medellín, lo que consolidó las operaciones en esta región; además, gracias a su profe­sionalismo, hizo parte de la tripulación del avión presidencial durante los man­datos de César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana.

Como auxiliar de vuelo ha tenido cien­tos de momentos que marcaron su vida profesional y personal, sin embargo recuerda, todavía asombrada, que en una ocasión mientras cubría la ruta Guapi – Cali le reportaron que en el vuelo iría una persona enferma. Ella recibió a los pasajeros y esperó a que llegara el “enfermo”. De repente y como ella misma cuenta, “ se presentó un se­ñor caminando normalmente y con un cuchillo enterrado en la cabeza, parecía una película de terror, yo lo dejé abor­dar el avión y no sabía cómo reportarlo a la tripulación, les dije que llevaba un herido con un cuchillo enterrado en la cabeza. Ellos en principio no me creían, pero cuando llegamos a Cali, estaba es­perándonos una ambulancia, además de varios periodistas, incluso algunos pasajeros se tomaron fotos con el he­rido”, cuenta Luz Dary, impactada por aquella experiencia.Links 78-65

En su vocabulario solo hay gratitud hacia SATENA, pues esta compañía le brindó la oportunidad de realizarse no solo como auxiliar de vuelo, sino que le permitió cursar sus estudios en fonoau­diología, una profesión que ejerce en su tiempo libre. “Es una empresa don­de encuentras un grupo de personas con mucha preparación y con un gran sentido de pertenencia, es como estar inmerso en una familia”, finaliza.

SUEÑOS QUE SE MATERIALIZAN

Para Gladys Daza, su vida laboral en SATENA no es un hecho fortuito. Desde niña siempre soñó con trabajar en la misma empresa donde lo hizo su padre, por eso en su juventud cuando tuvo la oportunidad de ingresar a esta compañía no lo dudó ni un segundo. “En principio me ofrecieron vincularme al área operativa o al área adminis­trativa, pero tomé la segunda opción”, recuerda esta mujer con un pausado tono de voz.Links 78-67

Para 1980 SATENA se había ganado un lugar importante en la historia de la aviación colom­biana, ese mismo año Gladys empezó a laborar como secretaria en el almacén general de la ae­rolínea, meses más tarde fue trasladada al área contable donde estuvo un buen tiempo, luego saltó al departamento de personal, después a la subgerencia y finalmente se asentó como asis­tente de presidencia, un cargo en el que estuvo los último 30 años de su carrera profesional en la compañía. Allí tuvo la oportunidad de trabajar con 14 presidentes, quienes durante su estancia en ese puesto sintieron un apoyo incondicional de parte de Gladys, quien siempre tuvo la me­jor disposición en este cargo. “Siempre he dicho que este cargo funciona como un matrimonio, porque uno o se lleva bien con el presidente y sigue adelante o simplemente deja todo así y se separa”, cuenta entre risas Gladys, a quien la ae­rolínea le ha dado todo, incluyendo su familia, pues en sus años de trabajo conoció a su espo­so, con quien formó un hogar hace 34 años. “SA­TENA fue mi segundo hogar y extraño a su gen­te, fue mi segunda familia, pero hoy que estoy pensionada puedo darme el gusto de disfrutar a mi esposo e hijo”, cuenta con gratitud.

Aunque asegura que es difícil hablar de sí misma, sabe que en su paso por la compañía muchos la recuerdan por sus consejos y su ca­pacidad de escucha, una virtud que mantuvo durante sus años de trabajo pues, aunque de manera discreta, funcionó como un canal en­tre la presidencia de SATENA y las demás de­pendencias de la aerolínea: “Siempre fui muy prudente y seria con mi trabajo, porque estu­ve comprometida con la empresa desde que comencé”, concluye.

Hoy desde su casa, Gladys tiene los mejores recuerdos de su gente, de sus jefes y su tripu­lación, pues en 37 años de trabajo sabe que cumplió a cabalidad con su objetivo, dar lo me­jor de sí, tal y como lo hizo su padre en SATENA.

UNA DÉCADA PIDIENDO PISTA EN SATENA

Después de 27 años como oficial acti­vo de la Fuerza Aérea Colombiana, el Coronel Juan Fernando Correa se vin­culó en 2007 a SATENA para coordinar la Dirección de Operaciones Aéreas, un área que puso en manos del Coronel el entonces presidente de la compañía, el General Héctor Campo Plata. “Tuve muchos proyectos, pero el más impor­tante fue lograr la certificación de la Aeronáutica Civil, un objetivo que alcan­zamos en 2010, cuando la entidad nos otorgó el Certificado de Operación 064 (CDO064)”, cuenta el Coronel Correa.

Links 78-26Durante 5 años ejerció como direc­tor de Operaciones Aéreas, pero su pasión por volar le fue ganando cada vez más, por eso desde hace 5 años es piloto activo de la aerolínea y a través de sus múltiples viajes por el territorio nacional ha visto de cerca que SATENA no ha perdido su norte, la razón por la que llegó en 1962 para quedarse. “La aerolínea no ha dejado su rumbo, siem­pre ha buscado integrar al territorio nacional, SATENA es la mejor aerolínea de su nivel”, asegura el Coronel, piloto actualizado y quien además de volar para la compañía capacita en tierra a 6 miembros de la tripulación que desean alcanzar la certificación profesional con estándares internacionales en simula­dor de vuelo.

Para el Coronel Correa su paso por la aerolínea ha sido significativo, pues ha visto de primera mano el cariño con el que los habitantes y pasajeros de regiones apartadas reciben los vuelos de la compañía en sus territorios. “La alegría con la que nos esperan es emo­cionante, poder ayudar a la gente es lo que realmente me enamora de mi tra­bajo”, cuenta este piloto quien en una ocasión tuvo que bajar de la aeronave en brazos a una mujer de 85 años que requería asistencia para movilizarse. “Todos pasaban y nadie decía nada, al final la alcé y la dejé con su familia, ellos siempre me lo agradecieron”, re­cuerda con nostalgia.Links 78-28

En 10 años que ha prestado sus servicios como piloto para la compañía solo tiene palabras de gratitud hacia SATENA, pues ha sido la empresa que le ha permitido hacer lo que más le gusta, recorrer los cie­los colombianos de punta a punta para llevar un servicio social a las regiones que más lo necesitan. “En mi trabajo todos los días veo cosas diferentes y sencillamente hermosas, incluso cuando hay mal tiem­po. Desde arriba puedo ver la grandeza del Colombia”.

RECUERDOS QUE PERDURAN EN EL TIEMPO

“Todavía no he podido asimilar en qué momento pasaron 38 años que estuve en SATENA con tanta alegría y tranqui­lidad profesional”, recuerda con nos­talgia Armando Villarreal, un técnico que entregó buena parte de su vida al crecimiento de la aerolínea. Hoy, ya pensionado y con un profundo agra­decimiento, asegura que su paso por la compañía fue la mejor escuela que pudo tener en materia profesional, y por qué no, también a nivel personal.Links 78-34

En cada palabra a Armando lo invaden los buenos recuerdos, pues la aerolí­nea fue su único trabajo, lugar al que entró cuando finalizó su servicio mili­tar. Durante más de tres décadas tuvo la oportunidad de coincidir con mu­chos directivos, oficiales, suboficiales y civiles que dejaron en él una huella im­borrable, “le dieron a mi vida la razón de ser y me enseñaron a darle la impor­tancia que esta maravillosa empresa le dio a mi formación”, argumenta.

En su paso por la aerolínea siempre ejerció con responsa­bilidad su trabajo, pues en sus manos estaba gran parte de la seguridad de los vuelos, por eso generalmente estudió el manual de cazafallas, un procedimiento que permite identificar o corregir algún mal funcionamiento de la aeronave. Es más, uno de sus sueños en relación con el área técnica de SATENA, es que los nuevos talentos “tengan como lectura favorita cada uno de la manuales y normas, ya que una excelente capacitación se reflejará en un buen mantenimiento”, asegura Armando.

A pesar de ya no recorrer las instalaciones y las platafor­mas donde vuela SATENA, su corazón siempre tendrá un vínculo especial con la compañía, pues durante sus años de labores entabló fuertes lazos de amistad que todavía conserva y que fueron un estímulo para dejarlo todo en sus años de trabajo. “SATENA siempre se ha preocupado por el bienestar del personal y las instalaciones, lo que al final se traduce en seguridad”, finaliza.

VIAJES QUE ALEGRAN SUS DÍAS

Todas las semanas Jesús Correa recorre un poco más de 300 kilómetros a bordo de un ATR 500, ATR 600 o un Embraer 145, dependiendo del día que decida viajar, una vez en el avión se relaja y di­visa por la ventanilla la ruta que traza la aeronave desde el cielo. Vive en Aparta­dó, pero su trabajo lo hace moverse con frecuencia entre Medellín y Bogotá, por eso sagradamente y con una extrema puntualidad cada semana emprende un viaje pare revisar sus negocios sin dejar a una lado a su familia.

“Los vuelos de SATENA son cumplidos con sus horario, sin ningún problema y su tripulación brinda una excelente atención, mejor dicho, es como si vola­ra en avión propio”, cuenta entre risas Jesús, quien desde hace un poco más de 20 años realiza semanalmente este trayecto, y pese a que son solo unos minutos de vuelo, la comodidad y la excelente atención de SATENA lo han hecho un viajero fiel.Links 78-35

Con su experiencia de vuelo, este pa­sajero frecuente es testigo de la misión que la compañía ha realizado en 55 años: “He acompañado a la aerolínea desde que creó la ruta al Urabá y conside­ro que desde su llegada SATENA propuso un sistema aéreo tranquilo y moderno que nos facilitó todo”, comenta el em­presario, quien no duda del talento de la tripulación y del buen servicio que presta la aerolínea en tierra.

 

Y es esa atención de primera calidad lo que resalta Jesús, pues recuerda que en varias ocasiones y en pro de su seguridad la aerolínea le permitía hacer una reserva de vuelo bajo un seudónimo para proteger su integridad y la de su familia, pues temía ser víctima de un secuestro, un flagelo que azotó a la zona décadas atrás: “En la épo­ca dura de la violencia en el Urabá, podíamos reservar a nombre de terceras personas, cuando llegábamos al aeropuerto los asesores de SATENA sabían en realidad quiénes éramos y nos emitían el tiquete con los datos reales. Ellos eran testigos de lo difícil que estaba la segu­ridad, por eso nos brindaron un apoyo”, recuerda Jesús, quien hoy todavía muestra un profundo agradecimiento hacia el personal de la aerolínea.Links 78-32

Cuando viaja con SATENA, Jesús Correa no se cambia por nadie, pues en medio de las nubes sabe que está en manos del mejor equipo humano y técnico que le da la tranquilidad de que su familia y trabajo queden a unos pocos minutos de distancia.

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