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¡Cielito lindo!

Desde las alturas engalana el paisaje, ilumina las calles y se convierte, por momentos, en un lienzo de nubes revoltosas. Otras veces, se viste de gris y opaca las plazas y parques con gotas de lluvia que emergen de él. Cada día deja de lado su pijama oscura y estrellada para darle paso al amanecer entre rayos de sol, y al despedirse se tiñe de rojo y naranja para desearnos una excelente noche. Así son los cielos del mundo, retratados con el ojo curioso de Jorge Daniel Mejía.

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