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De paseo por Colombia

Escribe: Dannisol Arrieta

Vivir una aventura no es lo mismo que solamente disfrutarla, es quizás una de las tantas motivaciones que llevó a una pareja de europeos a visitar tierras colombianas. Sin un objetivo de viaje como tal, más que el de conocer, divertirse y descubrir las bellezas de un país de Suramérica, Nikolaus y Nina con mochila al hombro, tenis y unas almohadas emprendieron su viaje.

Nikolaus Holletschek, docente de educación física, y Nina Dreindl, docente de primaria, ambos de 28 años de edad, son una pareja de Austria que decidieron tomar sus vacacio­nes en Colombia.

Nina es vegetariana, no conoce de Suramérica nada más allá de lo que ha visto en televisión, los libros, el internet o lo que sabe por los comen­tarios de los amigos; esta es su primera visita a Latinoamérica, mientras que para Nikolaus es su segunda vez, pues vivió en Ecuador casi un año y aunque no son lo mismo, recordemos que tiene una historia en común con Colombia, pues for­maron lo que en el siglo XVIII se conoció como la Gran Colombia, y fueron independizados por el mismo libertador Simón Bolívar, por lo tanto es inevitable que aún se conserven algunas si­militudes culturales y sociales.

Ciertamente, esta pareja de turistas compro­barán con todos sus sentidos, en este viaje, lo que han escuchado de la gente y lo que han leído en internet sobre la belleza, la diversidad y riqueza natural del clima, las ciudades y re­giones más representativas del país.

Ellos no pasan desapercibidos, él habla español y ella lo entiende pero no lo habla; ambos son de tez blanca, ojos verdes y cabello claro, llevan alrededor de dos semanas en Colombia y han estado en Bogotá, La Macarena, Cali, Salento, Nuquí, Medellín, Cartagena y Santa Marta.

A su llegada a Bogotá sintieron la acogida de la metrópoli capitalina; en Cali -se la bailaron-estuvieron un día y disfrutaron de una noche completa al ritmo de los timbales. En la Macare­na respiraron otros aires y a pie se encontraron con la diversidad de la naturaleza colombiana entre los bosques húmedos tropicales y la sel­va; en Salento, además de la tranquilidad de un buen café y un delicioso patacón con queso, cabalgaron por los paisajes cafeteros.

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Hasta ahora el viaje ha sido gratificante, cuentan entre risas que fue una experiencia muy emocio­nante, realmente “toda una aventura”. Destacan la sensación de expectativa y curiosidad que les causó el transporte aéreo, ya que viajaban en un aeroplano pequeño (un avión Harbin Y -12 con capacidad para 17 personas) en comparación a lo que están acostumbrados, aviones mucho más grandes para mayor número de personas. Fue indescriptible la emoción que sintieron durante el vuelo al sobrevolar la selva chocoana, con el ser­vicio y la atención de la aerolínea SATENA mientras se dirigían hacia Nuqui, uno de sus destinos.

Nuquí es un municipio del Chocó y es paso obligado para recorrer algunos de los diferen­tes lugares turísticos de la selva chocoana y la costa del Pacífico.

Nuquí, en palabras de Nikolaus “fue un viaje un poquito mojado por la lluvia… con detalles que lo complicaron un poco, pero hicieron parte de la aventura”.

En su primer día hicieron un paseo marítimo y vieron muy de cerca la majestuosidad de las ballenas jorobadas, compartieron parte de las festividades de la Virgen del Carmen, visitaron los termales y se desconectaron del mundo en las playas silenciosas de Guacha­lito, “esto fue de lo más bonito y chévere”, comentaron Nikolaus y Nina.

Guachalito es una de las playas del Chocó en el golfo Tribugá y se encuentra a media hora en lancha desde Nuquí, allí se pueden apre­ciar la arena oscura, el paisaje selvático y la inmensidad del Pacífico.

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Nikolaus y Nina manifiestan que no encon­traron nada desagradable ni tampoco malo, solo detalles eventuales que además agrega­ron sorpresa a la aventura. Como parte de sus anécdotas estuvo la lluvia, que se presentó es­porádicamente durante su estadía con un muy particular calor; la alimentación fue otra cosa, dejó su cuota para el recuerdo, nunca habían probado las arepas de queso y les encantaron, incluso Nina tuvo que comer por primera vez pescado y dejar de lado su dieta vegetariana – no fue sencillo pero sí delicioso-.

Ahora su destino es Medellín, una ciudad amable y cálida que los albergará mientras se preparan para sus próximos destinos: Santa Marta y Cartagena.

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