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El Desierto de la Tatacoa: una expedición a Marte

Escribe: Beatriz Betancur A

La Tatacoa es una de las maravillas geológicas de Colombia, una región agreste que nos transporta a inimaginables paisajes pintados de rojo, similares a los que la ciencia y el cine nos muestran de la superficie del planeta Marte.

Estas formaciones rocosas son labradas por el viento, se alzan sobre polvorientos y solitarios territorios laberínticos que resultan atractivos para los turistas que visitan este extenso lugar. Estas esculturas naturales, ubicadas en pleno corazón del departamento del Huila, revelan a través de sus grietas expuestas al sofocante sol los distintos periodos de la tierra y cómo la erosión poco a poco ha ido dejando huella en esta región, al igual que lo hizo con el Área Natural Única Los Estoraques en Norte de Santander, e incluso con el imponente Cañón del Colorado en Estados Unidos.

Para conocer este maravilloso lugar se parte desde Neiva con dirección al norte, en un recorrido aproximado de 38 kilómetros. En el bolso de los turistas, el agua y las achiras, bizcochos de queso tradicionales del Huila, jamás podrán faltar. La población más cerca al desierto es Villa Vieja, un caserío que paulatinamente ha ido creciendo de la mano con el turismo en la región y cuya parada obligatoria permite que los visitantes puedan apreciar las artesanías en totumo, como lámparas, instrumentos musicales y accesorios, fabricadas por los lugareños; además este pequeño pueblo cuenta con una importante muestra de fósiles de madera y restos óseos de grandes mamíferos y reptiles que habitaron la región en épocas remotas, tiempos en los que según los expertos la zona tenía mar interior, bosques exuberantes y pantanos que, debido a los cambios geológicos, fueron erosionándose poco a poco, convirtiendo este lugar en una región de máxima belleza.

Una vez se está en La Tatacoa, los turistas se encuentran con el desierto “Cuzco”, un paisaje rojo cobre que resalta bajo el sol; un par de metros adelante el paisaje cambia de color en el desierto Los Hoyos, cuyas formaciones rocosas son de color gris. Durante el recorrido se destacan lugares como el Bosque de los Fantasmas, un inmenso paraje donde las rocas color ceniza tienen formas de fantasmas que parecen observar a los viajeros que recorren esos laberintos.

Tatacoa (2)

Otro punto que vale la pena visitar dentro del extenso desierto es el Valle del Cardón, un lugar donde el agreste paisaje se contrasta con el verde de los cactus que decoran con sutileza el entorno. Más adelante se encuentra el Valle de los Xilópalos, un espacio en el que el paso del tiempo se evidencia al ver los troncos de viejos árboles petrificados entre las esculturas de tierra pulidas por el viento. En La Venta se han hecho importantes hallazgos arqueológicos, especialmente fósiles de animales que habitaron este pequeño paraíso.

En el Valle de los Deseos, los turistas tienen la posibilidad de conectarse directamente con la energía del lugar, pues es tradición llegar a este punto para construir una pequeña torre de piedras mientras se pide un deseo. Otro de los atractivos en el desierto es La cueva del beso, un lugar en el que las parejas acostumbran besarse allí para nunca separarse, según la leyenda popular en la zona. Después de este extenso recorrido, los turistas finalizan parte del viaje en una refrescante piscina natural, que desde lo alto con sus aguas azul turquesa contrasta con lo árido del paisaje, por eso se recomienda siempre llevar ropa ligera, tenis, protector solar y sombrero.

Gracias al crecimiento turístico en la región se encuentran fácilmente posadas para pasar la noche atendidas por nativos quienes ofrecen también servicio de restaurante cuyo plato principal es el chivo estofado, además de degustar el famoso queso de cabra. Los turistas también pueden probar productos elaborados a base de cactus, como dulces, jugos y vinos, además de otras recetas fabricadas de forma artesanal a base de sábila, miel de abejas y caléndula.

Tatacoa (4)

Cuando el sol se oculta, estas formaciones rocosas con los únicos testigos del silencio que se apodera del lugar. Los animales se ocultan entre las grietas para pernoctar, mientras otros salen en busca de alimento.

En medio de las sombras los cactus lucen como verdaderos guardianes del desierto, que se iluminan por momentos gracias al cielo estrellado en el lugar, es por eso que algunos visitantes prefieren acampar para disfrutar de los innumerables astros posados en el espacio.

Tatacoa (3)

Por la noche, algunos turistas se desplazan hasta el planetario para contemplar las maravillas del cosmos en sus cielos despejados. Estrellas, planetas y cúmulos, desfilan a través de sus cinco telescopios que permiten conectarse con el espacio exterior y, si las condiciones lo permiten, se pueden ver cómo las estrellas fugaces surcan los cielos del departamento del Huila. En agosto, cientos de aficionados a la astronomía acuden a este mágico desierto para avistar las lluvias de meteoritos también conocidos como las perseidas o lágrimas de San Lorenzo.

Es gracias a la ausencia de contaminación atmosférica y lumínica, que las noches en esta zona son un verdadero espectáculo, por eso no es en vano que cada año astrónomos profesionales y aficionados celebren en este lugar el “Festival de las Estrellas”.

Un viaje a La Tatacoa no es solo una exploración de la huella que ha dejado el paso del tiempo en nuestro planeta tierra, es también una oportunidad para sumergirnos en los misterios del universo que nos deslumbra por su mágico cielo: oscuro, profundo y tachonado de estrellas.

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