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A LA RUEDA DEL CAMINO

Escribe: Gustavo Giraldo Giraldo

A la rueda del caminoYa sea movidas por la necesidad, la dura topografía peculiar del país o el mero rebusque, desde siempre la inventiva y la creatividad de los colombianos han sido impulsadas (o casi obligadas) a ingeniarse medios de transporte alternativos, informales y poco convencionales. Acompañada de un registro fotográfico, esta breve reseña pretende dar un vistazo al vuelo sobre algunos vehículos reformados, transformados o adaptados a un país singular como el nuestro, donde chivas, yipaos, buses de escalera, motorratones, mototaxis, mototablas, motobrujitas, bicitaxis y un largo etcétera de sorprendentes máquinas de locomoción terrestre, se mueven y funcionan como extensiones de nuestro propio cuerpo (y viceversa, dado el cariño verdadero que llegan a desarrollar quienes manejan o utilizan estos vehículos).

A través de su trasiego fatigando carreteras, trochas, calles y carrileras, descubrimos horizontes que nos revelan el más allá de un mismo camino donde juntos podemos reconocernos, para sentir y querer desde adentro a Colombia. Y para viajar maravillados por el intrincado, contradictorio, bello y múltiple país de países que se aprehende con los ojos, se prende a la piel y se aprende de memoria cuando lo recorremos a bordo de estos sencillos e ingeniosos artefactos rodantes.

A la rueda del camino

Moto-taxis en las costas colombianas/ Fotografía: Cámara Lúcida

ACERCA DE LA REINVENCIÓN DE LA RUEDA EN COLOMBIA

En 2004, los buses de escalera del municipio de Andes (Antioquia) fueron declarados como “Bien de interés cultural”.
Adornadas con dibujos artísticos y bellos diseños geométricos como los que realizaba el maestro Alejandro Serna, las también llamadas líneas o escaleras derivan su nombre de la escalerilla ubicada en la parte trasera del vehículo para subir al capacete donde se acomodan pasajeros y carga.

Parientes cercanas de los buses de escalera, las chivas que circulan por la costa Caribe también son armatostes con una carrocería de madera soportada sobre un chasís de camión. Existen diferentes versiones acerca del porqué son llamadas chivas: que su nombre corresponde al sonido del claxon, parecido al balido de los chivos; que otrora se pagaba el pasaje en “chivos”, como antes llamaban en la costa Atlántica a los centavos; o porque como los chivos, tienen la virtud de trepar hasta pueblos a donde no llegan otros vehículos.

El “yipao” es un medio de transporte de carga y pasajeros representativo del Eje Cafetero, donde además de confiable máquina de trabajo, se ha convertido en otro símbolo del paisaje cultural de la región. Estos versátiles y poderosos camperos todo terreno de la marca Willys, construidos para la II Guerra Mundial por los estadounidenses e importados al país en la década del cincuenta del siglo pasado, son estimados por sus propietarios y usuarios tan “fieles como un perro, ágiles como una cabra y sólidos como una mula”.

A la rueda del camino

Bicitaxi en las calles de Tolú, Sucre/ Fotografía: Cámara Lúcida

En Calarcá (Quindío) cada año se celebra el Concurso y Desfile del Yipao, entre cuyas categorías de premiación se destacan el Trasteo tradicional, donde se acomodan camas, colchones, armarios, sillas, mesas, máquinas de coser, televisores, radiolas, bacinillas, gallinas, perros, gatos, marranos o aperos de trabajo, además de toda la familia y los retratos enmarcados de padres, abuelos y bisabuelos, que miran adustos a través del vidrio que los defiende de la carcoma del tiempo.

Otra categoría notable es el Concurso de Pique, donde se demuestran la pericia del conductor y la fuerza del Willys, cargado con 1800 kilos de café u otros productos de la Bicitaxi en las calles de Tolú, Sucre/ Fotografía: Cámara Lúcida tierra, avanzando en línea recta o haciendo círculos sobre su propio eje, mientras se sostiene en perfecto equilibrio sobre las dos ruedas traseras.

Aceptado, tolerado o controvertido, el mototaxismo es una opción de trabajo en muchas ciudades y poblaciones colombianas. Los denominados “motorratones” que circulan por las calles coloniales de Santa Fe de Antioquia son motocicletas a las que se adaptan carcasas aparejadas de una carpa de lona o una cabina liviana bajo la cual, además del conductor, se acomodan dos o tres pasajeros. El apelativo de “motorratones” quizá se deba a que, tal como estos roedores, se meten a todas partes por cualquier hueco.

Primas hermanas de motorratones y mototaxis son las motobrujitas del corregimiento Córdoba, en Buenaventura: motocicletas pegadas a un andamio rústico de madera dotado con ruedas de balineras, que casi por puro milagro llegan con sus pasajeros sanos y salvos a la Reserva Forestal Natural San Cipriano. La motobrujita es hermana gemela de la mototabla utilizada en Puerto Berrío (Antioquia), quizá para aliviar la nostalgia del pasado épico de trenes perdidos entre paisajes y memorias inalcanzables. Finalmente, llegan pedaleando bicitaxis y taxicletas con su musiquita, con su fiesta móvil de alegría pura recorriendo las calles de Tolú.

A la rueda del camino

Viajando en motobrujita hacia la Reserva Forestal Natural San Cipriano/ Fotografía: Cámara Lúcida

A la rueda del camino

Viajando en motobrujita hacia la Reserva Forestal Natural San Cipriano/ Fotografía: Cámara Lúcida

Elementales, bellas y prodigiosas máquinas a la vera y a la rueda del camino que, pase por donde pase y llegue a donde llegue, siempre conduce al corazón de Colombia.

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