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Arauca, la frontera llanera

Escribe: Francisco Sierra

LOS ARAUCANOS

A 633 km de Bogotá, al oriente de Colombia, cruzando los imponentes Andes de la Cordillera Oriental, en la Orinoquía, hay una extensa llanura en la que la tierra y el cielo se juntan en una línea de horizonte infinita: ¡allí está la ciudad de Arauca!, capital del departamento del mismo nombre, uno de los más extensos del país y menos poblados también, 23.818 km² de extensión y tan solo 11 hab/km². Región de frontera con Venezuela, tierra rica en historia, recursos naturales, con el encanto de mitos y leyendas y, por supuesto, con la gente más especial, los llaneros, gente amable. ¡Pariente!

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Los procesos de colonización han sido un factor determinante en Arauca, fenómenos como la violencia política en los años 50 y el boom petrolero en la década del 80 hizo que olas de migrantes colonos llegaran a estas sabanas buscando seguridad y fortuna; venían de todas partes, principalmente de los Santanderes y Boyacá.

La relación de los pobladores de Arauca con Venezuela siempre ha sido estrecha; al ser un departamento distante del centro del país y con una infraestructura deficiente en vías de acceso, ha provocado que los araucanos miren el vecino país como un referente más próximo que la misma capital de la república. Esa situación ha llevado a muchos habitantes a solicitar doble nacionalidad (colombo-venezolana), para poder acceder a beneficios en el vecino país y transitar sin problema por ambos territorios. Este movimiento de gente ha propiciado la constitución de familias binacionales, dando como resultado un especial mestizaje en la región y un bello y particular fenotipo en la gente de la frontera.Mesa de trabajo 92

No obstante, el sentir llanero predomina en la región, ¡el llano es uno solo!, dicen de ambos lados de la frontera, por eso los llegados desde el interior, el Caribe, o que son de origen afro y llegan a Arauca, se van convirtiendo día a día en llaneros, se van identificando con las costumbres, con el trabajo en los hatos; donde el caballo y el ganado son equipo, se fascinan con los “cantos de trabajo” que se escuchan a lo lejos, cuando los vaqueros están de faena; cantos que en 2018 han sido reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, siendo la octava declaratoria colombiana de esta categoría  reconocida por la Unesco.

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VER, OLER Y SENTIR EN ARAUCA

Mesa de trabajo 94Ser llanero es bailar, cantar y vivir el joropo, expresión cultural de máxima importancia para Arauca; hay varias fiestas y festivales en sus siete municipios (Arauquita, Saravena, Fortúl, Tame, Puerto Rondón, Cravo Norte y Arauca capital) donde la participación de artistas y espectadores es numerosa y de carácter binacional.

La fiesta a la patrona de Arauca, Santa Bárbara, es legendaria, comienza el 4 de diciembre terminando el 8; hay procesión, música, baile, desfile y cabalgata.

Desde la alborada hasta el anochecer hay mucho que ver; la gastronomía es diversa y exótica, se pueden degustar carnes de res, chigüiro, cerdo de monte, armadillo, pisillo de pescado y el especial de pato güire; acompañados de otras exquisiteces como las hayacas, las cachapas, el queso de la región, jugos de fruta y bebidas fermentadas.

En Saravena, a unas tres horas de la capital, se puede vivir el festival Arpa de Oro, que reúne lo más selecto de la música llanera bajo un mismo escenario, del 31 de mayo al 2 de junio, el mejor joropo se escucha allí; artistas de Arauca, Casanare, Meta y del venezolano estado de Apure, quienes se citan allí para competir por este codiciado trofeo.

Fortul tiene el festival Cotiza, Soga y Sombrero, que comienza el 8 de diciembre, donde el joropo cantado y bailado tiene otro escenario para deleitar a los espectadores; los niños y niñas participan en modalidades de baile e interpretación del joropo, ya que tienen un espacio muy especial dentro del festival.

La visita a los hatos ganaderos es casi obligatoria, solo allí se puede entender la idiosincrasia del llano, a caballo, arreando los toros, adentrándose en la sabana. Es una inmersión total en la naturaleza, hay información para esta actividad en los hoteles, sitios culturales e internet.

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Navegar el río Arauca es de gran interés, se avistan gran variedad de aves, así como tortugas y babillas. El río también es otra forma de moverse entre municipios o de cruzar la frontera. Por ejemplo, en Arauca capital se hace un corto recorrido en ferri desde el embarcadero hasta un poco más allá del puente internacional José Antonio Páez; se navega despacio, en contracorriente, mientras el agua del río refleja los colores del ocaso, para despedirse del día con una espectacular postal.

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Por el mismo río Arauca pero a la altura de Arauquita, municipio a dos horas de la capital, desde su malecón se pueden observar delfines rosados, que con sus crías nadan graciosamente, asomándose a cada rato para respirar y juguetear, un espectáculo único y de gran belleza; estos delfines son considerados seres muy especiales y hasta mágicos. Los arauquiteños los llaman toninas; si le pregunta a los nativos, le pueden contar muchas historias acerca de estos seres. Si quiere sacar mayor provecho a su visita, que sea en la segunda semana de octubre, cuando se encontrará con el Festival de la Araucanidad, donde se expone lo más representativo de la cultura de la zona. Arauquita es paso fronterizo a través del río para llegar a la población de La Victoria, Venezuela.

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Los demás municipios tienen sus fiestas patronales y diversas ferias ganaderas y equinas, cada una de ellas con un color local especial, pero siempre con la exuberancia de un paisaje poco intervenido y la calidez de los araucanos, tierra donde nadie es forastero.

RESILIENCIA Y APUESTA AL FUTURO

Los araucanos agobiados por la guerra y la estigmatización que ha sufrido su territorio, han decido mostrar a Colombia y al mundo lo mejor de su región; ello gracias a nuevos apoyos locales, nacionales y extranjeros, que han cooperado para generar emprendimientos agrícolas, de servicios y culturales, que van restándole espacio a la guerra y a la ilegalidad, y van sumándole al desarrollo, la equidad y la prosperidad, aprovechando el capital humano y de recursos de gran potencial, presente y futuro.

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El cacao, por ejemplo, se ha posicionado como el cultivo por excelencia para la sustitución de la hoja de coca; el cacao araucano está endulzando el mundo con excelente calidad y variedad, y de eso dan fe los muchos reconocimientos que ha recibido este producto en los escenarios mundiales más importantes donde compite. Las cooperativas de cacaoteros se fortalecen día a día, y hoy procesan el cacao convirtiéndolo en chocolate, sumándole así a la cadena de valor.

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