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LINCOLN, CUANDO LA HISTORIA ES ABORDADA POR EL CINE

Escribe: Jacopo Belbo

A no dudarlo, Steven Spielberg tiene un lugar ganado a pulso en la historia del cine contemporáneo.

Se requiere mucho talento para estar decididamente involucrado en una serie de clásicos incontrovertibles, que van desde “Tiburón”, pasando por “E.T” y “La Lista de Schindler”, hasta “Encuentros cercanos del tercer tipo”, aunque la larga historia de sus realizaciones incorpora muchos más títulos notables.

Spielberg ha impuesto su impronta y logrado además el prodigio de que sus realizaciones emblemáticas sean así mismo fenómenos de taquilla con cifras impresionantes.

Lincoln es la más reciente y una de sus más notables producciones.

Es un trabajo no exento de riesgos habida cuenta de lo que significa el personaje para la historia y la cultura norteamericanas. Lincoln es el “padre de la unión americana”, el presidente emblemático, el mártir, una leyenda auténtica.

La primera sorpresa, para una persona como uno, que no tiene una particular predilección por la historia, es descubrir que Lincoln era del Partido Republicano. Una rareza, en tanto la abolición de la esclavitud resultaría para un desprevenido espectador, una genuina reivindicación demócrata.

La otra sorpresa es la caracterización.

Desde luego el desarrollo de las nuevas tecnologías permite la construcción de maquillajes de antología. Producciones recientes como la protagonizada por Meril Streep en el papel de Margaret Tatcher, o Helen Mirrer caracterizando a la Reina Isabel, son intachables. Pero no basta el maquillaje. Estos personajes requieren actores soberbios y en el caso de Lincoln, Daniel Day Lewis lo hace con una solvencia fascinante.

Toda la ambientación, la puesta en escena y, fundamentalmente la iluminación, que fue responsabilidad de Janusz Kaminski, logran imprimirle a esta película un halo impresionante de verdad, que se torna conmovedor.

Ese Lincoln intimista, asumiendo su rol de padre, que se tiende en el suelo al lado de su hijo menor luego de una larga jornada y practica un rito, tal vez cientos de veces repetido, de prestarle al muchacho su espalda para cargarlo y llevarlo a dormir, es de una ternura inenarrable.

Aunque distinto, es el mismo Lincoln implacable que presiona y presiona a sus colaboradores para conseguir a como dé lugar los votos requeridos con urgencia para aprobar la enmienda, y no diere del Lincoln cabalgando con todo el peso del agobio de los muertos de esa guerra que es necesario acabar.

Ese es el logro de esta cinta. Lograr una mirada a los últimos cuatro meses de la vida de este personaje y relatarlo de manera holística, en toda su dimensión de hombre y de gura histórica.

Es una película larga. El espectador podría prejuiciarse. Pero no hay razón. La filigrana de esta producción, la juiciosa atención a todos los detalles, la edición impecable, logran el prodigio de atrapar desde un principio, y llevar al espectador con mano diestra hasta el final, en una secuencia de tramas, desenlaces, sonrisas y dolores, que va a ser muy difícil olvidar.

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