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Augusto Monterroso: el poder de lo breve

Escribe: Alberto Morales

El 7 de febrero de 2003, hace ya 14 años, falleció Augusto Monterroso de un paro cardíaco. Había nacido en Tegucigalpa en 1921 y su vida es un ejemplo notable de lo que significa la vocación irrenunciable del escritor.

Dinosaurio

Gabriel Jiménez Emán refiere esta respuesta dada en una entrevista, que deja ver el sentimiento que le inspira. Le preguntan: ¿De dónde viene esa disciplina de orfebre que usted tiene a la hora de corregir textos?”, y él responde: “Soy autodidacta y empecé a estudiar desde muy joven literatura universal. Leía mucho a Cervantes, Quevedo, las primeras ediciones de las obras de Gracián. Durante años me encerré en la Biblioteca Nacional de Guatemala, porque tenía la idea de que si me convertía en escritor, debía conocer mi idioma. Le dediqué muchos años a mi formación. Fueron, han sido y seguirán siendo todavía muchas las horas de lectura y reflexión. Tuve que ir a la biblioteca porque era muy pobre y no tenía dinero para comprar libros nuevos. Así es que por obligación leí solo clásicos. Eso me llevó a estudios más antiguos: a la literatura latina y a la griega, a las cuales me aficioné enormemente. Desde los griegos y los latinos la brevedad fue muy apreciada. Especialmente en la literatura latina se recomendaba la brevedad, la concisión y sobre todo el trabajo artístico”.

Porque si algo define a Monterroso es la brevedad de sus escritos. Lo que con muy buen juicio define Mario René Paz como “el carácter lacónico de su obra” y que toma una forma monumental en su cuento más emblemático: “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí”, que es considerado el cuento más corto de la historia.

Se trata de una pieza de antología sobre la que se han realizado múltiples ensayos y que el Premio Nobel Gabriel García Márquez homenajeó al expresar que era un cuento que él habría deseado escribir.

En su libro La Vaca, aparece este cuento que refleja en toda su dimensión la predilección de Monterroso por la fábula:

“Cuando iba el otro día en el tren me erguí de pronto feliz sobre mis dos patas y empecé a manotear de alegría y a invitar a todos a ver el paisaje y a contemplar el crepúsculo que estaba de lo más bien. Las mujeres y los niños y unos señores que detuvieron su conversación me miraban sorprendidos y se reían de mí, pero cuando me senté otra vez silencioso no podían imaginar que yo acababa de ver alejarse lentamente a la orilla del camino una vaca muerta muertita sin quién la enterrara ni quién le editara sus obras completas ni quién le dijera un sentido y lloroso discurso por lo buena que había sido y por todos los chorritos de humeante leche con que contribuyó a que la vida en general y el tren en particular siguieran su marcha”.

De hecho, en el texto La palabra Mágica, se refiere una entrevista en la que el autor hace referencia a la manera como el lector debe acercarse a sus fábulas. Lo expresa con cierta ironía. Dice que debe acercarse… “Con precaución, como a cualquier cosa pequeña. Pero sin miedo. Finalmente se descubrirá que ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza. Esto es malo. Si no fuera malo, el mundo se regiría por las fábulas de Esopo; pero en tal caso desaparecería todo lo que hace interesante el mundo, como los ricos, los prejuicios raciales, el color de la ropa interior y la guerra; y el mundo sería entonces muy aburrido, porque no habría heridos para las sillas de ruedas, ni pobres a quienes ayudar, ni negros para trabajar en los muelles, ni gente bonita para la revista Vogue. Así, lo mejor es acercarse a las fábulas buscando de qué reír. Eso es. He ahí un libro de fábulas. Corre a comprarlo. No; mejor te  lo regalo: verás, yo nunca me había reído tanto”. (1996: 73).

Monterroso ganó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000 y el Premio de Literatura Juan Rulfo en 1996. Además fue reconocido en 1970 con el Premio Magda Donato, en 1975 con el Premio Xavier Villaurrutia y recibió en 1978 el Águila Azteca por su contribución a la cultura de México.

Fue un luchador por la democracia. Se enfrentó al dictador Jorge Ubico en Guatemala y terminó en la cárcel, ejerció como secretario de Pablo Neruda en Chile.

No fue un escritor mediático ni su producción es abundante. De hecho, hubo largos períodos de “silencio” entre libro y libro. Es memorable su respuesta a propósito de ese carácter lacónico que definía su trabajo literario, cuando dijo: “Yo no escribo, yo sólo corrijo…”

Augusto Monterroso es una figura indiscutible de la literatura latinoamericana, un símbolo y un autor de culto, con un estilo propio, inconfundible. Fue también un gran ser humano. Alguien lo definió de manera impecable: Augusto Monterroso es un hombre con un tímido encanto…

Su obra:

  • Obras completas (1959)
  • La oveja negra y demás fábulas (1969)
  • Movimiento perpetuo (1972)
  • Lo demás es silencio (1978)
  • Viaje al centro de la fábula (1981)
  • La palabra mágica (1983)
  • La letra e: fragmentos de un diario (1987)
  • Los buscadores de oro (1993)
  • La vaca (1996)
  • Pájaros de Hispanoamérica (1998)
  • Literatura y vida (2001)

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