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COLOMBIA SABE MIRAR: FESTIVAL DE CINE DE SANTA FE DE ANTIOQUIA

Escribe: Alberto Morales Gutíerrez

A Plinio Brand todo el mundo lo conoce en Santa Fe de Antioquia. Ya es un hombre viejo, puntiagudo, de andar lento, pero es exactamente igual a como era hace 35 años, cuando ejercía como publicista y cometía diseños prodigiosos, puntiagudos y lentos. Toda su vida ha sido un artista. Pinta y narra sus cuadros, que terminan siendo mejor narrados que pintados.

Inteligente, bien humorado, preciso, es a Plinio a quien se debe el logosímbolo del Festival de Cine. Su trazo es inconfundible. Se trata de un “diablito”.

Esa figura emblemática del pueblo que tomó forma desde los tiempos remotos de su fundación por allá, por el año 1541 y cuya connotación es bastante revolucionaria: los diablitos eran esclavos enmascarados y divertidos que en los días de las fiestas, danzaban por sus calles empedradas burlándose de sus amos, en una especie de licencia que duraba pocos días pero que aliviaba el peso contenido de tantas y tantas rabias.

Ha de haber sido formidable el encuentro entre Plinio y Víctor Gaviria, ese director de cine legendario que muchos vemos como una especie de santón y cuya obra cinematográfica y poética empezó a dejar huella desde muy temprano, cuando este le pidió a aquel que le hiciera el favor de diseñarle ese símbolo. En la discusión han de haber gozado como enanos.

Ahí está pues el diablito de Plinio con un megáfono que suelta cintas de colores diciéndonos que ya empezó la décima quinta versión. Sí, es la versión quince de este festival que tiene muchas particularidades:

CICLOS TEMÁTICOS. Es fascinante la manera que tiene este festival de enseñarnos cosas. Sus temas son diversos, sorprendentes, didácticos. Mire usted que en la versión que acaba de pasar el tema fueron las “distopías”. Si, las distopías.

Un término que todos corrimos a buscar en el diccionario para aprender que es lo contrario de las “utopías”. En su condición de antónimo, la distopía hace referencia a esas sociedades “hipotéticamente indeseables”.

Eso explica que hayamos podido disfrutar y deliberar en torno a películas emblemáticas como “Un mundo feliz”, basada en la novela legendaria de Aldous Huxley, o “la Naranja mecánica” que tanto dio de qué hablar a toda una generación, “Melancolía”, “Playtime”, “Mad Max”, “Cosmópolis”, “Metrópolis”, entre muchas otras.

Así, en el pasado lo mismo nos hemos concentrado en temas como la Revolución mexicana, o el cine de la nueva ola francesa, pasando por el cine oriental, el cine de los Estados Unidos en la década del 70, el nuevo documental, cine colombiano, latinoamericano, cine y poder, cine español transición de la dictadura a la democracia, en fin.

Al aire libre la promesa de ver cine bajo las estrellas se cumple a cabalidad. Nos ve usted tirados ahí, en los parques, en las calles, degustando en la noche esas escenas que nos divierten y nos conmueven y nos enseñan. Buen cine, mientras el viento fresco de esas noches cálidas de Santa Fe de Antioquia te recuerda que estás en el paraíso.

Gratis. Que sí, que no estoy mintiendo. Toda la muestra es gratis. La de las calles, la de los teatros, la que se exhibe en las iglesias, en los locales de los centros culturales, en el cementerio. Es gratis, no tienes que pagar, la entrada es libre. Sí.

COLOMBIA SABE MIRAR: FESTIVAL DE CINE DE SANTA FE DE ANTIOQUIA

Fotografía: Santiago González- Corporación Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia

COLOMBIA SABE MIRAR: FESTIVAL DE CINE DE SANTA FE DE ANTIOQUIA

Toto Vega, Nórida Rodríguez, Vicky Hernández y el entrevistador Juan David Orozco
Fotografía: Santiago González- Corporación Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia

Caja de pandora. Lo mejor de la propuesta audiovisual colombiana se ve ahí. El talento de los jóvenes y el de las figuras consagradas, todo es posible verlo ahí, en el Parque del cementerio, en unas jornadas apoteósicas de horas y horas de exhibición. Este año fueron seleccionados 9 documentales, 11 argumentales, 3 videoclips y 7 experimentales. Pero se exhibe mucho más. Le digo que esa experiencia es alucinante.

Mucha academia, mucha conversación. Y entonces usted madruga a disfrutar de los conversatorios, las conferencias, en la que se comparte con directores consagrados, cineastas, productores. Cada año es una experiencia formidable.

Este año fue el disfrute de la palabra de la legendaria Vicky Hernández, al lado de Nórida Rodríguez y Totó Vega; el goce de una charla como “el mundo arde a 451 F”, aprender del “Plan Departamental de Fomento Audiovisual y cinematográfico” o fascinarse con las “historias digitales”, el ya institucionalizado concurso de TVCámaras.

Y todo es en Santa Fé de Antioquia, que sabe a historia y a tamarindo. Esa es una de sus mejores gracias. Santa Fe de Antioquia está “pegada” a Medellín.

Se demora en carro apenas una hora, tal vez menos. Va a llegar usted a una ciudad colonial, de calles empedradas, habitada por las mejores 20.000 almas del planeta, que te hacen sentir a gusto en medio de ese clima cálido y esas fachadas blancas con ventanas y puertas de madera y colores explosivos, casas de puertas siempre abiertas, de manera tal que al pasar tú miras hacia adentro y te enterneces con sus camas bien tendidas, sus salas con muebles de mimbre, sus comedores dispuestos, sus patios interiores florecidos.

Llega gente de todo el mundo, muchachos y muchachas universitarias que iluminan con su belleza cada rincón y lo inundan todo con el estruendo de su alegría y de sus risas. Y hay una rumba eterna que no les hace daño a las películas, y todo es un jolgorio de felicidad.

¡Qué cosa!

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