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Detrás de “la mujer del animal”

Escribe: Alejandro Rojas

“Para ser una película desde el punto de vista de la mujer, tiene uno que ser el animal para contarla. O sea, es una cosa como paradójica, es muy paradójica pero yo creo que, de alguna manera todos los hombres son animales. Entonces desde el momento que esa persona que narra es el animal, la película puede tener ese punto de vista de la mujer.”

Mientras escribo estas notas, Víctor Gaviria, el mítico director de cine colombiano, exhibió en Toronto, con gran aceptación, su última película La Mujer del Animal en el marco del TIFF y estará en octubre en el Festival Internacional de Cine de Roma.

Luego de una larga ausencia del cineasta, esta producción copará el interés de mucha gente no solo por la cruda belleza de su temática, sino por los innegables logros que se evidencian tanto desde el punto de vista estético, manejo de los actores naturales y la profunda mirada sobre la violencia de género.

Lo que poca gente sabe es que Mercedes Gaviria (MG), la joven hija de Víctor, fue la eficiente, creativa y contundente asistente de dirección en este largometraje.

El filósofo y cineasta Luis Fernando Calderón (LFC) sostuvo con Mercedes una larga conversación en la que abordaron temas existenciales, técnicos y estéticos en torno a la película y la vida. Nos ha autorizado, con una generosidad que la Revista Volar agradece, a visibilizar aquí algunos de los apartes de este diálogo.

LFC. ¿Conocías la historia?

MG Era que yo me sabía el guión, yo lo comprendía a la perfección, comprendía a cada personaje, yo había estado en el proceso de investigación y en el proceso de casting. Yo estudio cine en Buenos Aires y cuando venía acá, entonces íbamos y visitábamos a Margarita, yo escuchaba mucho a Margarita, estuve muy atenta y me impresionaba…

LFC. Fueron cuatro meses de rodaje, ¿difícil sumergirte en ese mundo?

MG. Es que yo sabía lo que mi papá tenía más o menos en la cabeza. Yo sabía cada cosa y sabía cómo funcionaba la cabeza de mi papá porque lo conozco. Entonces era muy rápido, muy rápido…

LFC. ¿Qué aprendió Mercedes de Víctor?

MG. Primero, que nadie, nadie va a poder lograr una película como esa…yo me di cuenta de su autenticidad.

Él es único e irrepetible… Son varias cosas que se juntan en ese ser… él es el único director de cine que tiene la rigurosidad de las problemáticas humanas… él tiene una sensibilidad extrema hacia lo humano, hacia los humanos. Conocer los actores naturales me permitió entender qué tipo de cine estaba haciendo mi papá, pero sobretodo, cuál era la verdad que él buscaba con esta película.

LFC. No solamente a lo humano, a lo marginal.

Todo es marginal ahí, todo. El barrio es marginal, los personajes son marginales. Marginal no quiere decir, despreciable, no son desechables, no. Hay una marginalidad en donde nadie ha puesto los ojos. Muy pocos han puesto los ojos sobre esa marginalidad. La mirada sobre lo marginal con la ética que le pone Victor, no la pone nadie. Un tema que yo discutía mucho con él era el tema de la ética. Él siempre me elucubraba cuando tocábamos el tema de la ética de la mirada. Yo le decía… en un tratado de ética cinematográfica “todo movimiento de cámara, o posición de cámara es una posición ética”, entonces uno ve, cómo en Victor eso es lo más interesante, cómo Víctor pone la cámara, dónde la pone y cómo respeta el rostro y cómo no se sobrepasa, pero bueno eso es una consideración mía..

MG. Yo creo que esta película es diferente a todas las que él hizo antes, porque él ya viene con una carga como director, ya los actores saben quién es él… ellos se acercan pensando que mi papá les va a imponer ser de alguna forma… que los dirige y los modifica y los obliga. Pero aquí cuando ellos se dan cuenta que no, que acá la relación no es así, que acá la relación es que simplemente él los deja hacer y les da confianza, pues confía demasiado en ellos… mi papá confía, porque primero ellos se vuelven sus amigos y luego se representan en el papel que asumen…

LFC. Tu mirada sobre la mujer del Animal, sobre Margarita.

MG. Para hacer una película desde el punto de vista de la mujer, tiene uno que ser el animal o tener algo de animal para contarla. O sea, es una cosa como paradójica, es muy extraño, pero yo creo que de alguna manera todos los hombres son animales, tienen algo de animal. Entonces desde el momento que esa persona que narra es el animal, la película puede tener ese punto de vista de la mujer. Es paradójico… se siente que la película está hecha por un hombre… había muchas cosas que yo, como mujer, no hubiera hecho así, pero porque yo no veía la mujer así. La violencia es el lenguaje de la exclusión…

LFC. El toque femenino.

MG. Pero había cosas en la actuación que yo sí le podía decir a él mucho más fácil desde mi posición de mujer… había esta cosa de que si Amparo se había enamorado de otro hombre o no…yo también decía: cuidado con eso porque es que la memoria de una persona también puede convertirse en lo que ella quiera, ¿cierto? Ella se vuelve una víctima para todo el mundo y ella, casi que ni siquiera pudo tener relaciones con nadie… el Animal la ultrajó y por ser ultrajada nunca más pudo relacionarse con los hombres y no le gustaba nadie más y le tenía mucho pavor a los hombres; yo le decía que sí, pero desde mi posición de mujer, y desde mi posición en la vida, tal vez ella estaba buscando que otro hombre la salvara… no sé, cosas sutiles que yo a veces le recordaba a mi papá… ella nunca quiso ser sexy, ella nunca quiso ser una mujer que atrajera a los hombres, ella se vestía muy feo, era una gamina de día y la noche no le interesaba.

Pero no, claro que algo de vanidad tenía que tener. Cómo no va a tener vanidad, por lo menos  algo, de cómo se tapa sus morados, de cómo se peina su cabello. Ella es una víctima…

LFC. Valoración de la película en relación con las anteriores de Victor.

MG. Yo creo que… hay como un salto… esta película es como si viniera de La Vendedora de Rosas… pareciera que estás en una puesta en escena pero no pero no la hay, porque los actores tienen esa realidad en su cuerpo… A Rodrigo D también un poco, como en la locación y la fuerza. Hay una concentración espacial que genera como una tensión. Eso se me parece mucho… los actores tienen el volumen de La Vendedora, pero el espacio tiene la intensidad de Rodrigo D, puede ser eso, lo que yo te decía, es un salto de ese momento de ese cine…

LFC. Tienes un proyecto muy bello que se llama La Niña.

MG. Sí. Quiero contar la historia de un padre que está ausente por sus películas. Es un diálogo entre los hijos y la cámara, de manera íntima y auténtica. Es una película de montaje sobre materiales de archivo. Es un encuentro de imágenes y voces en el tiempo. Es la relación de un padre y una hija que se encuentran en el cine.

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