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Franco Caputo: arte con sabor costeño

Escribe: Diana Gómez

Bien lo decía Oscar Wilde cuando afirmaba que “ningún gran artista ve las cosas como son en realidad. Si lo hiciera dejaría de ser artista” y quizá esa sea la esencia del joven sincelejano Franco Caputo Hernández, para quien el arte se ha convertido en la mejor manera de mostrarle al mundo su creatividad.

Con tan solo 16 años, Franco ha desarrollado una serie de obras cuyos lienzos no superan en tamaño a una moneda de 50 pesos, además de pintar sobre granos arroz, pastillas mentoladas y puntillas.

Esa capacidad de creación ha puesto sus trabajos en importantes espacios culturales como el Salón de Bellas Artes en Sincelejo y el Liceo Málaga, en Málaga, España, gracias a una invitación del maestro español Antonio Montes; incluso desde octubre de 2016 cuenta con una muestra permanente en el Museo de Miniaturas Carromato de Mijas en Andalucía, cuya colección fue llamada Alba, en honor a su abuela materna Alba Baracchi, a quien cariñosamente llama Nonnina.

Y es que Franco desde muy pequeño sintió una atracción especial por el arte y las diversas técnicas de trabajo: “Empecé con las miniaturas en 2013, pero desde muy pequeño pintaba con témpera y acuarela, luego trabajé la arcilla y el alambre, hasta que me encontré con el óleo”, comenta este joven que está próximo a finalizar su etapa como bachiller y quien tiene como inspiración primaria las tierras caribeñas que lo han visto crecer como ser humano y como artista: “Me inspiran el mar, los barcos, los muelles, los faros; en mis obras trato de ponerlos siempre bajo paisajes imaginarios”, comenta.1 (6)

Después de experimentar con diversas técnicas de pintura y escultura, una noche se preguntó por qué la gran mayoría de artistas pintaban en grandes superficies y no había suficientes obras en miniatura capaces de plasmar en detalle la belleza de un paisaje, fue así entonces que se puso manos a la obra y realizó su primera acuarela en miniatura en medio de su habitación, lo que más adelante lo impulsaría en su vertiginosa carrera como un artista empírico. Pero el talento de Franco tiene un valor agregado y es que para hacer sus obras no utiliza lupas o pinceles especiales, simplemente utiliza su buena visión y materiales del común; sin embargo, quienes visitan sus muestras artísticas deben ver el trabajo a través de lentes de aumento para apreciar todo el talento de este joven sincelejano.

Su primera muestra la hizo en la Escuela de Bellas Artes y Humanidades de Sucre, donde participó con una exposición de 20 atriles, pese a que no estaba vinculado con la academia. Esta experiencia lo llevó en septiembre del año pasado al otro lado de su amado mar Caribe, a Málaga, donde hizo presencia con su Colección Caribe en la Plaza del Carbón, una de las más concurridas de la ciudad.

Ese mismo recorrido por tierras ibéricas más tarde lo llevaría a Andalucía, al Museo de Miniaturas Carromato de Mijas, lugar en el que dejó su colección Alba en comodato por cinco años, lo que lo convierte en el primer colombiano y menor de edad en hacer presencia en este espacio.

1 (1)Otro de sus logros fue la pintura que realizó en una moneda de 200 pesos para el Buque Gloria y que actualmente se encuentra expuesta en la cabina del capitán de este importante barco de la Armada colombiana. Es tal su talento que la tripulación del buque pidió que algunas de sus obras hicieran parte de la colección de arte que está abierta al público en algunos puertos a donde llega este navío, todo con el fin de impulsar su talento en el mundo.

Si bien fue en la pintura que dio sus primero pasos, Franco hoy le está apostando a la escultura con chatarra, una técnica que ha ido desarrollando de forma paralela: “Mi abuelo al ver mi interés me enseñó a soldar en su taller. Además un tío es quien me da los trozos de chatarra para hacer mis obras”, anota. Y ese talento lo llevó al Parque Museo de Infantería Marina en Coveñas, donde expuso El Divad, un soldado construido a partir de piezas de chatarra con el que quiso rendirle homenaje a las Fuerzas Armadas de Colombia y cuyo nombre está inspirado en El David de Miguel Ángel. “Esta es mi obra más grande, la comencé a los 15 años y por medio de esta quiero hacerle un homenaje por medio del arte a la fuerza pública, a quienes considero como héroes”, asegura Caputo, quien con detalle trasladó su trabajo que mide cerca de 2.50 metros y pesa media tonelada.

Su interés por la chatarra tiene además un componente que trasciende el arte y está ligado al cuidado del medio ambiente, pues a través de sus obras considera está contribuyendo a darle otro uso a la basura: “Me gusta transformar la basura en arte. Lo que para algunos son trozos de chatarra en un tarro, yo los veo como piezas de arte para descifrar”, señala Caputo, quien está próximo a graduarse como bachiller en su natal Sincelejo.

A pesar de su juventud, Franco tiene claras sus influencias en el arte, por ello, sin dudarlo asegura que el legado de Miguel Ángel, Salvador Dalí y Vincent Van Gogh le ha dado herramientas para entender y sobre todo, disfrutar de sus creaciones. “De Dalí me gusta que él creó su propio estilo, hizo cosas diferentes, y de Van Gogh me atraen su técnica y colores”, afirma este joven de ascendencia italiana y libanesa, pero cuyo corazón palpita con ritmos caribeños.

Gracias a su talento y al apoyo incondicional de su familia, Franco espera convertirse en un referente artístico en nuestro país, por lo pronto espera cursar de manera profesional artes plásticas, sin dejar de lado su segunda pasión, la gastronomía, un área en la que gracias a su destreza manual capta la atención del público gracias a sus preparaciones. Por lo pronto, sea en el taller o en la cocina, Franco Caputo está grabando su nombre en la historia sucreña, para con el tiempo llegar a brillar con luz propia.

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