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GLOBOS Y PÓLVORA LA AMENAZA NAVIDEÑA

Escribe: Pedro Luis Cárdenas

Aunque la pólvora y los globos son prácticas casi que de carácter milenario asociadas a las festividades de muchas culturas en el mundo, no en todas las regiones se trata de actividades que se ejerzan exclusivamente por profesionales.
En países como Colombia, y particularmente en Antioquia, el Eje Cafetero y los Santanderes, en donde (aunque existen normas que los prohíben) globos y pólvora se venden por parte de artesanos de manera rutinaria y cualquier persona los puede adquirir y manipular.
Como consecuencia de esta práctica, los pabellones de niños quemados por la pólvora incrementan de manera sensible su número de pacientes, las urgencias por quemados se incrementan y los incendios causados por globos empiezan a hacer estragos.

LAS CAMPAÑAS DE DIGA NO
También, de manera recurrente, las administraciones municipales y departamentales lideran campañas de prevención.  De hecho, DIGA NO A LA PÓLVORA, o DIGA NO A LOS GLOBOS, se convierte en una consigna impresa en afiches, en mensajes de radio, en anuncios de prensa. Pero, al igual que ocurre con la manida frase de DIGA NO A LA DROGA, esa convocatoria se convierte en un canto a la bandera. Su efecto es muy precario. Son mensajes concebidos con la lógica de la comunicación pública gubernamental que tiende a confundir información con comunicación. Así, el estado da una orden: DÍ NO, y asume con cierta ingenuidad que la gente va a acatar esa orden. No. Las cifras de quemados e incendios se mantienen incólumes.

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DOS PASOS ADELANTE

Carlos Viviescas, Director Ejecutivo de la Corporación Empresarial del Sur del Valle de Aburrá, PROSUR, explica el marco conceptual de la campaña que esta institución viene liderando en los dos últimos años y que representa, sin lugar a dudas, un primer paso adelante en estos procesos.

Cuenta, en efecto, que antes de abordar la campaña de 2012, realizaron una investigación de corte antropológico orientada a encontrar los significados de los globos en la cultura antioqueña, y que los resultados fueron fascinantes. Emigrantes por naturaleza, los antioqueños se ha regado por el mundo y puede afirmarse que no existe un sólo hogar paisa en donde alguien de la casa no se encuentre en otras tierras. Las navidades son épocas de retorno. Los ausentes llegan y las reuniones familiares son rituales de encuentro. La comida, el ompartir los recuerdos y los globos están integrados al ritual. Al elevar el globo hay una ceremonia ancestral, es un rito de la noche frente al fuego. Hasta la abuela debe tocar ese globo antes de que se eleve y existe incluso la práctica de pegarle mensajes para que sean leídos por los dioses.

Hay una tal carga de felicidad familiar, es un rito tan gregario, que a nadie se le ocurre que ese globo vaya a hacer algún daño. Puede que los globos de los otros causen incendios, pero el mío, el nuestro, es un globo “bueno”.

Es la misma lógica del borracho que enciende el carro y dice que “a mí no me va a pasar nada”, o el iniciado en el consumo de la droga que afirma categórico: “yo la controlo”.

Ante tal carga simbólica, la campaña a impulsar no podía ser meramente prohibitiva – concluye Viviescas-

Fue entonces cuando surgió la idea de crear una estrategia que invitara a la reflexión a partir de una pregunta incontrovertible: “¿está usted absolutamente seguro de adónde va a caer su globo después de que lo suelta?”. El globo, mientras usted lo controle no entraña riesgo, el riesgo surge una vez lo suelta, en tanto no tiene control sobre él.

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El otro paso adelante está representado por la campaña impulsada por el Área Metropolitana de Medellín, en donde la alusión a la pólvora tampoco adopta la forma de la negación sino de una especie de divertimento por asociaciones a lo que son las “papeletas” y los “voladores” por ejemplo.

Habrá que esperar los balances al terminar las fiestas decembrinas.

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