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Grafitis y murales, rayas jóvenes en la pared

Escribe: Laura Bonilla

¿Vandalismo? ¿Arte? Son preguntas que siempre vendrán a colación a la hora de hablar de grafitis y murales urbanos. En muchas ocasiones, este límite es difícil de definir y su juicio corresponde más veces a las políticas estatales que a la calidad de la pieza representada.

¿Y cómo es que apareció esa especie de personas que pintan en las paredes?

Es difícil hablar del fenómeno del grafiti sin hablar un poco de su historia, porque esos dibujitos y letritas en la pared no llegaron ahí sin que hubiese un movimiento que los creara. Nuestros grafitis modernos surgen en la década de 1960, la misma época en la que aparece el hipismo como una manifestación de la cultura. Sí, también es la misma época del mayo francés y las protestas estudiantiles. Los grafitis aparecen en estas escenas como una manifestación física de la inconformidad y la rebeldía propias de la época, y poco a poco fueron calando en las subculturas underground que empezaban a surgir y que hoy son una realidad.

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En un inicio, casi todos los grafitis tenían algún tinte político. Aparecían frases como “Abajo el cerdo”, para referirse a la policía, “Somos todos judíos alemanes”, o el famoso “Prohibido prohibir” y parecían ser consignas de un futuro joven, prometedor, libre y autocrático.

Los grafitis fueron considerados por mucho tiempo y por muchos sectores de la sociedad como una manifestación de vandalismo, de pandillas y de ilegalidad, y eran sancionados y (en algunos casos, aún lo son) constantemente borrados por las autoridades, incluso el metro de NY, hoy reconocido precisamente por sus grafitis realizo una ardua campaña en 1989 para limpiar sus vagones de todas las firmas que tenía.

Pero así como ocurrió con las demás trasgresiones de ese momento histórico, el grafiti también se fue suavizando, destinándose así al goce estético, es ahí donde se pasa a la línea del arte; lo vandálico pasó a un segundo plano, aunque sigue estando latente (por eso aquí aún hay personas que tienen el ilustre trabajo de volver a pintar las paredes de blanco) y comenzó a primar la calidad de representación.

Hoy, en las academias de arte y en las escuelas tratan al graffiti y como un período más del arte, se estudian además sus muchos estilos definidos, diferenciados por la caligrafía usada, por los temas tratados, por los colores y las zonas en las que pintaban. Actualmente hay grafiteros en todo el mundo, muchas calles están invadidas por las representaciones de la imaginación de numerosas personas, hoy se celebran festivales y exposiciones de arte callejero, donde el grafiti es el rey.

Por otra parte, y casi en paralelo nació en las mismas calles del grafiti el muralismo con aerosol, movimiento que se diferenciaba de los grandes muralistas como el mexicano Diego Rivera (el esposo de Frida Kahlo), o el colombiano Pedro Nel Gómez, en los materiales usados y en que estos nuevos muralistas pintaban sin permiso alguno. Sí, también tenían tinte político y hoy, ese tinte también se ha suavizado, como en el grafiti.

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¿y es qué todos no son grafitis?

No, hay murales y grafitis, así usen los mismos materiales y en muchas ocasiones sean hechos sin consentimiento y compartan el mismo espacio en las calles, son distintos.

La diferencia entre el muralismo y el grafiti, está en lo que se representa, el grafiti es caligráfico: se representan palabras o frases, muchas veces es solo la firma o seudónimo de su autor. En el muralismo en cambio no se escriben palabras, se dibuja, se hacen personajes, paisajes, etc.
En ocasiones a los dibujos los acompañan palabras, pero no son lo más importante de la composición.

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Y la final ¿son arte?

Esta pregunta no tiene aún una respuesta 100% segura, sin embargo, para darse una idea, un mural de Bansky (uno de esos muchos muralistas que pintan sin permiso en las calles) puede valer tranquilamente en el mercado del arte unos 600.000 dólares. Hoy los grafitis de Nueva York son prácticamente patrimonio de la ciudad y en Colombia se tienen varios festivales de grafitis y murales cada año y se han hecho campañas para adornar las ciudades con este tipo de representaciones en distintos momentos de la historia reciente.

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Un ejemplo que aún está fresco es la decoración de la calle Ayacucho en Medellín, que se ha realizado durante 2016, o los grafitis resultantes de la convocatoria sobre “arte y memoria” de Ideartes en Bogotá durante 2013.

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