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HISTORIAS AL VUELO

Si usted está leyendo este artículo probablemente coincida en que una lectura a la mano puede ser una buena compañera de viaje.

Ya sean las largas horas de espera en los aeropuertos, los repentinos cambios de horario que pueden alterar las horas de sueño e invocar al insomnio, o las pesadas horas muertas que implican algunos viajes, la lectura es para muchos viajeros la compañía más grata.

Tanto si usted elije cuidadosamente las lecturas que lleva, como si se deja seducir a último minuto por las revistas o periódicos de la librería de paso, cuando sale de su rutina diaria, por un viaje, está dejando atrás su zona de confort para transitar por caminos desconocidos y paisajes novedosos; está acomodándose para asomarse a las historias y las vidas de otros. Está circulando por la ruta de la incertidumbre y la novedad de donde resultan vibrantes y enriquecedoras experiencias.

Es esa disposición la que hace de la lectura en los viajes una compañera tan oportuna. Los libros solo hablan cuando uno quiere, no le tienen miedo al avión ni a ningún medio de transporte y siempre están dispuestos para que comience la aventura.

Entre todos los géneros literarios mi compañero de viaje ideal es el cuento corto. ¿Qué hace del relato breve una compañía tan agradable para viajar?

Tal vez la posibilidad de conocer a más personas -personajes y autores- en menos tiempo. Si llevas a mano un libro de cuentos tienes acceso a muchos compañeros de viaje, ya sea que elijas leer los cuentos de varios autores o parchar con los protagonistas de los cuentos de un mismo autor.

Y todo con la ventaja de abandonar a su suerte las historias que no te enganchen; se deja con menos culpa un cuento inconcluso que una novela que ha requerido días para aclimatarse. También se retoma con más facilidad un cuento abandonado.

Y si decides dejar una historia por la mitad no tienes que quedarte huérfano de lectura, después de un cuento sigue otro cuento.

Si uno viaja por trabajo puede llegar al cuento como a un oasis, para un día intenso una lectura nocturna liberadora.

Si uno viaja por placer agradece las horas de piscina, mar, hamaca o sofá acompañado de una secuencia de cuentos. Y si es un viaje de aventuras, los cuentos soportan con dignidad la ingratitud: puedes apurarlos para avanzar a otras cosas o dejarlos de lado y retomarlos sin grandes traumas. Sin más, recomiendo a dos lúcidos escritores de cuentos.

Una narradora canadiense y un autor japonés que logran contarnos con sorprendente cotidianidad las historias íntimas de personajes que habitan espacios y tiempos lejanos para nosotros.

La primera es Alice Munro, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2013, con el cual se reivindica este género, subestimado por algunos. Munro nos muestra de una manera fluida los momentos inquietantes en las vidas de personajes a quienes intuimos que algo importante va a sucederles o en efecto les ocurre, frente a nuestros ojos. Como hay algo que no está bien en sus vidas los acompañamos el tiempo justo para imaginar qué puede ser. Son historias sencillas con un leve y perturbador latido de fondo.

El segundo es Haruki Murakami quien para muchos críticos era el favorito a ganarse el Nobel otorgado a Munro y es reconocido principalmente como novelista. En su faceta de cuentista, Murakami deja de lado el surrealismo de sus historias de largo aliento para centrarse en la incomodidad, tanto de sus personajes como de las situaciones que viven, que no por ser más comunes resultan menos desoladoras.

Las ruinas humanas y los seres inadaptados que no se acostumbran a la vida son los protagonistas de las historias de estos cuentistas que lo contagian a uno de su atmósfera de incomodidad, incluso desde la comodidad de una silla reclinada o una cama de hotel de lujo.

HISTORIAS AL VUELO

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