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Oficios que unen, Chocó natural y cultural

En la región de mayor diversidad del planeta nacen dos ríos de inmenso caudal que la recorren, sus cuencas abundantes  en agua se mueven en direcciones opuestas, como si se hubiesen puesto de acuerdo para bañar un mosaico de selvas, valles y planicies que constituyen el paisaje en que se expresa la biodiversidad cultural en una mirada de pueblos indígenas y afrocolombianos que los habitan desde siglos atrás.

Los ríos San Juan y Atrato, son testigos y rectores de la constitución vital de estas comunidades que, a pesar de las adversidades naturales y humanas, se aferran, resisten, persisten, crean y recrean un territorio único en su especie.

Una de estas comunidades es la Unión Wounaan que habita originalmente en el medio San Juan. Para llegar allí hay que cruzar una quebrada llamada la Wuawina, alrededor de la cual la comunidad desarrolla sus principales actividades como la caza, la pesca y la agricultura, practica la extracción de madera y su transformación en piezas para el uso cotidiano y comercialización, por lo que el oficio artesanal ha ganado un lugar importante en la economía de la comunidad como alternativa de generación de ingresos y trabajo comunitario.

El conocimiento del entorno y las variedades de madera permiten a los Wounnan desarrollar una artesanía única como su identidad. Recurriendo a maderas como Chachajillo, el Lirio-Popay el Jiguanegro de fácil acceso y abundante disponibilidad crean piezas como canoas, bateas, canaletes, bastones de mando y figuras de animales que, a través del acompañamiento de iniciativas como el proyecto Mejoramiento de la competitividad del sector artesano de la población víctima y vulnerable del país, encuentran espacios para ser comercializadas en diversas ferias regionales, nacionales y diversos almacenes del país; así como desarrollan técnicas y diseños innovadores que otorgan valores estéticos y funcionales a sus artesanías.

En ésta misma región se anida otra comunidad que por tradición ha encontrado en el oficio artesanal una alternativa de sustento y conservación de su herencia son los afrocolombianos de Villa Conto, ubicada en inmediaciones del rio Atrato. Allí las mujeres cabeza de hogar, confeccionan canastos y carteras utilizando fibras vegetales como el Fingudú y la Iraca. Además de recrear la naturaleza, imitando flores originarias de la zona como las jardineras, las baritas, y las catugas. Estos productos son comercializados, finalmente, en distintas ciudades como Quibdó y Bogotá, gracias al reconocimiento que esta comunidad ha ganado alrededor del país gracias al oficio artesanal que desarrollan.

Estas mujeres manifiestan el impacto positivo que ha tenido el proyecto agenciado por Departamento para la Prosperidad Social – Fondo de Inversión para la PAZ (DPS-FIP9 y Artesanías de Colombia en la innovación e inspiración que les permite acceder a múltiples mercados que oxigenan la economía de la comunidad.

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