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Puerto Carreño, vuelos con aire de futuro

Escribe: Camilo Bustamante

El ruido de los motores que retumbaban en las selvas del Vichada era una clara señal de que el vuelo mensual de SATENA estaba próximo a aterrizar en Puerto Carreño, un poblado anclado en la ribera del río Meta y donde este se funde con el Orinoco.

En sus polvorientas calles, a principios de la década del 60, decenas de perso­nas esperaban con ansias la llegada de un Douglas C-54 proveniente del centro del país y en cuyo interior aguardaban familiares y amigos que traían consigo cartas, productos y regalos para quienes los esperaban en tierra.

Alfredo González, con apenas 11 años, observaba discreto el aterrizaje de las aeronaves que despertaban tanto interés en su ciudad natal. Su padre, el operador de SATENA en este territorio, tuvo el privi­legio de coordinar los primeros vuelos en la zona: “Por estar metido entre aviones, finalmente le tomé cariño a la aviación, y me convertí en piloto”, comenta con nostalgia el hoy Mayor General (RA) de la Fuerza Aérea Colombiana y quien admira la labor que ha desarrollado la compañía en estos territorios apartados.

Corría el año 1962 cuando el entonces presidente de la República, Alberto Lle­ras Camargo, presentó oficialmente el Servicio Aéreo a Territorios Nacionales, SATENA, una opción nueva para conec­tar a los Llanos Orientales, la Orinoquía y la Amazonía con el centro del país. Al­fredo, a través del trabajo de su padre y de su posterior experiencia como piloto en la compañía, vio como este servicio se convertía en un foco de desarrollo para estas regiones.

En aquel entonces Puerto Carreño contaba con una incipiente pista de aterrizaje que había sido utilizada por la Fuerza Aérea en misiones médicas y humanitarias a mediados de la década del 30. Una vez llegada SATENA se realizaban vuelos una vez al mes, luego la aerolínea incrementó su operación a uno quincenal, posteriormente uno semanal, hasta la actualidad, cuando hay un vuelo diario. “SATENA buscó el punto de equilibrio para generar desarrollo en Puerto Carreño”, cuenta Alfredo, quien pasa sus días entre Bogotá y la capital del Vichada.

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Y es que debido a su territorio selvático, acceder a esta zona no era nada fácil, pues su centro urbano más cercano es Vi­llavicencio y está ubicado a un poco más de 800 kilómetros, a casi dos días de reco­rrido por tierra. Había quienes preferían navegar el río Meta hasta Puerto López,  para posteriormente tomar vía fluvial ca­mino hacia Puerto Carreño, sin embargo las incomodidades del viaje y los peligros propios de un ambiente agreste ponían en riesgo la vida de propios y extraños. Una vez SATENA entró a prestar sus servi­cios de transporte de pasajeros, muchos habitantes del Vichada tuvieron la opor­tunidad de viajar al centro del país a reali­zar estudios profesionales o simplemente a conocer otros destinos nacionales e in­cluso del exterior.

Alfredo no solo vivió el avance de la re­gión una vez los vuelos de la aerolínea comenzaron a conectarla con el resto del país, también fue testigo de pri­mera mano de los esfuerzos que tuvo esta compañía para prestar un mejor servicio. Los primeros viajes se hacían sin la tecnología de hoy, muchas veces los pilotos debían aterrizar a partir de su visual, pues no existían radio interco­municadores, radares de alta precisión e información meteorológica confiable. “Por aquel entonces la aviación era ro­mántica, volábamos a la deriva. En oca­siones en Bogotá no sabían sin el avión había llegado o si todo estaba bien”, comenta Alfredo. Rápidamente la aero­línea mejoró la manera de volar, por eso se convirtió en un medio de transporte confiable y sobre todo económico para ir a otras partes de Colombia.

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Alfredo no es el único que recuerda el avance de la región una vez los vuelos de la aerolínea comenzaron a conectarla con el resto del país. Francisco Medina, a sus 86 años, tiene recuerdos vivos de su tierra cuan­do tuvo la oportunidad de trabajar como agente de SATENA en Puerto Carreño en 1965 y a lo largo de las décadas ha visto los avances en este municipio: “Ha sido enorme el aporte que le ha brindado SATENA a Puerto Carreño. Las rutas establecidas abrieron las posi­bilidades del transporte a esta zona, el comercio creció debido a la viabilidad de traer insumos, empezó a existir un intercambio comercial y cultural con Bogotá y Villa­vicencio”, comenta don Francisco.

Links 78-03Los primeros viajes se hacían sin la tecnología de hoy, muchas veces los pilotos debían aterrizar a partir de su visual, pues no existían radio intercomunicadores, radares de alta precisión e información meteorológica confiable. “Por aquel entonces la aviación era román­tica, volábamos a la deriva. En ocasiones en Bogotá no sabían si el avión había llegado o si todo estaba bien”, comenta Alfredo. Por su parte don Francisco recuerda que además de la poca tecnología, las pistas eran muy precarias en un principio: “En el aeropuerto German Olano la pista estaba hecha de arena y granzón, no tenía iluminación y nos tocaba estar pendientes del avión para que ninguna persona o algún animal se interpusieran en el aterrizaje o despegue del avión”.

Durante los 5 años que pilotó aeronaves de pasajeros en SATENA, Alfredo confirma que tuvo la satisfacción de cumplirle a la gente de su tierra, pues SATENA siem­pre supo brindarle una excelente atención a sus pasa­jeros, debido a que era la única aerolínea que llega­ba a Puerto Carreño. En un par de ocasiones vio con asombro, pero con absoluto respeto, que en el avión se transportaban pasajeros y animales de granja que se comercializaban en el interior del país.

Aunque el desarrollo en Puerto Carreño ha sido muy lento, es importante para la región y sus habitantes sa­ber que una compañía como SATENA les ha brindado la oportunidad de crecer en algunos aspectos de la zona, como el turismo, un tema que se ha venido for­taleciendo a lo largo de estos años: “Puedo decir que SATENA le abrió las puertas al turismo, tanto que hoy en día es uno de los mejores destinos para practicar la pesca deportiva, hacer avistamiento de aves y de toninas”, finaliza don Francisco.

Actualmente los vuelos diarios que conectan a Puerto Carreño con Bogotá son un medio de transporte vital para los turistas que desean tener una experiencia en el Parque Natural El Tuparro y observar con deteni­miento el raudal Maipures, descrito por Alexander von Humboldt, a principios del siglo XIX, como “la octava maravilla del mundo”. También puede transportar bió­logos, antropólogos y otros investigadores que desean conocer más sobre la magia que esconde este lugar que abre su selva hacia Venezuela.

Por su parte SATENA, a través de sus itinerarios, con­tribuye a mejorar la calidad de vida en estas regiones y aunque el camino es largo, se puede decir que la compañía partió en dos la forma de acceder a lo más profundo de la selva colombiana.

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