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Seda, la balada del viajero

Escribe: Alberto Morales

Seda (2)

Escrita por el italiano Alessandro Baricco, esta novela corta de enorme éxito editorial fue publicada en 1996 y desde entonces, no sólo ha tenido múltiples reediciones en los más diversos idiomas sino que ha sido llevada al cine y conmueve con su historia a millones de lectores.

La trama se ubica en el siglo XIX en un pueblito llamado Lavilledieu, famoso por sus telas, que enfrenta una crisis debido a la escasez de gusanos de seda. Hervé Joncour -su protagonista- es encargado de viajar al Japón para traer huevos de gusanos de seda que reactivarán la vida económica del pueblo. La historia relata los largos viajes de Joncour y el desasosiego de amor que le genera el encuentro con una bella mujer cuyo “dueño” es el proveedor de los gusanos.

Es una historia extraña y decididamente indefinible en términos literarios. El mismo Alessandro Baricco lo expresa en la sinopsis:

“Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe.

Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor. (Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. Así funciona. Desde hace siglos)”.

Hay muchas cosas bellas y sorprendentes en este texto. Tal vez la más destacada sea su sutileza, parece un escrito para ser leído en voz baja y muy lentamente. En este sentido, la novela logra el prodigio de reflejar con contundencia estética esa condición tan propia del oriental, de ser un observador paciente de su entorno, de moverse lentamente, de vivir en introspección.

La nostalgia del viajero, sus reflexiones íntimas, las palabras rigurosamente necesarias, la poesía, esa especie de conmoción espiritual que vive este hombre y su relación tanto con esa belleza oriental como con su esposa Hèléne, son de una profundidad y una estética impecables.

El paisaje de esos viajes cuya trayectoria y distancia son siempre los mismos y casi invariables, es el telón de fondo de una transformación íntima que en Joncour llega a los niveles de un amor místico.

Hay analistas que coinciden en afirmar que la épica silenciosa de la novela descansa en las mujeres que la protagonizan. Son ellas las auténticas heroínas. En este sentido, las críticas a la versión cinematográfica se centran en el hecho de que las mujeres cumplen en ella un papel meramente decorativo y que, en consecuencia, el film no alcanza a reflejar la verdadera esencia del escrito. Creo que es cierto. El sorprendente papel de Hèléne develado plenamente al final, esclarece esa condición que Baricco quiere dar a las mujeres en su texto.

Alguna vez, discutiendo qué es lo que hace que una obra literaria sea trascendental, qué la diferencia de esos escritos que se venden por millones, esos best seller que superan a grandes distancias las cifras de edición de las novelas de los premios Nobel, alguien afirmó: “La verdadera obra literaria es aquella que, al cerrar el libro, el lector entiende que ya no volverá a ser el mismo después de haberlo leído”. Creo que Seda se ajusta plenamente a esa definición.

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