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Una aventura llamada SATENA

Escribe: Camila Díaz Vélez

Una casi infinita cadena montañosa atraviesa Colombia de sur a norte, al oriente se extiende una vasta llanura que se funde con la frondosa selva amazónica que cubre cerca del 50% del territorio nacional, mientras que el norte y el occidente son bañados por el mar Caribe y el océano Pacífico, puntos vitales para economía. Sus centros urbanos se mueven al ritmo de grandes ciudades en el mundo y sus campos son la mayor despensa agrícola del país.

Gracias a esta diversidad geográfica, SATENA ha surcado los cielos colombianos por más de 50 años, llevando historias del campo a la ciudad, de un extremo a otro y convirtiéndose en testigo fiel, en tierra y aire, de los cambios que el país ha sufrido durante medio siglo.

UNA HUELLA EN LA HISTORIA AÉREA

Tras el conflicto limítrofe con el Perú en 1932, la Fuerza Aérea Colombiana vio la necesidad de hacer presencia en las zonas apartadas del país para evitar más confrontaciones de este tipo, por eso puso al servicio de sus habitantes la experiencia de sus pilotos para cumplir misiones de carácter humanitario, mi­litar, exploración, transporte de correo, patrullaje y apoyo a las tropas terrestres.

Para 1943, entró en operación el Correo Aéreo del Sur y Transporte de Pasajeros, también conocido como el Escuadrón 101 de la Fuerza Aérea; este tenía la ta­rea de llegar a los lugares más lejanos del país para transportar a los habitan­tes que necesitaran movilizarse en estas regiones. Los Llanos Orientales, la costa del Pacífico y el sur del país fueron los primeros beneficiados con la creación del Escuadrón 101.

Estas aeronaves se convirtieron práctica­mente en el único medio de transporte para arribar a estas zonas. En sus múlti­ples recorridos viajaron investigadores, misioneros, médicos, presos, políticos, militares, policías y soñadores hippies para quienes la inhóspita selva era un paraíso terrenal.

Pero la necesidad de transportar perso­nas y cargas a estas partes de Colombia, fue un impulso final para la creación oficial de SATENA, pues previo a su na­cimiento las aeronaves llegaron a cum­plir su labor como taxis, ambulancias, coches fúnebres, lanchas e incluso fu­migadores en zonas agrícolas; no en vano el transporte de carga consistía en su mayoría en insumos y produc­tos químicos para combatir plagas que afectaban los cultivos en estos lugares.

Fueron miles de historias las que queda­ron grabadas en la memoria de aquellos pilotos y viajeros que vieron como en 1962, durante el gobierno del presidente Alberto Lleras Camargo, nació el Servicio Aéreo a Territorios Nacionales, mejor co­nocido como SATENA, para continuar con el legado que la Fuerza Aérea Co­lombiana había iniciado 20 años atrás.

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LA CONQUISTA DEL CIELO

Los primeros vuelos de la aerolínea ya constituida se realizaron en aviones Douglas C-54, Douglas C-47, Catalina PBY y Beaver L-20, aeronaves de fabri­cación estadounidense, muy populares durante la Segunda Guerra Mundial. Es­tos aeroplanos tenían la misión de volar y conectar a ciudades del sur del país como Leticia, Tarapacá, Puerto Carreño, Santa Rita, entre otros.

Pero para SATENA su labor no solo estaba ligada únicamente al transporte de carga y pasajeros, por eso en 1965 inauguró el servicio de Aero-Banco, con el cual me­jorarían las dinámicas económicas en es­tas zonas. Gracias al apoyo de entidades bancarias como el Banco de Bogotá, los habitantes de estas regiones tendrían la posibilidad de hacer pagos, retiros y ges­tiones bancarias con una institución de confianza. El impacto de este programa, único en el mundo, hizo que SATENA lle­vara el mismo servicio a nivel nacional y con aeronaves comerciales.

Al cumplir la primera década de funcio­namiento, la empresa modernizó su flota, dejando en el olvido los aviones acciona­dos a pistón, máquinas obsoletas para la época. En su reemplazo llegaron a las pistas del país aviones turbo hélice AVRO HF-748 de fabricación inglesa, los cuales tenían una capacidad para transportar 48 pasajeros y entraron a prestar sus servi­cios de inmediato. Este hecho marcó un hito importante para la historia de SA­TENA, pues estas aeronaves mejorarían no solo su capacidad operacional, sino que pudieron ofrecer mayores benefi­cios a sus usuarios. La compañía siguió su crecimiento a tal punto que en 1983 se adquirieron 6 aviones Pilatus Porter PC-6 de fabricación suiza, que llegarían a prestar sus servicios a zonas de difícil ac­ceso, lo que pondría a SATENA como una empresa que llega a donde ninguna aero­línea comercial llega. Dos años más tarde, en 1985, se unen a la flota dos aviones jet que cariñosamente bautizaron como “El Llanero” y “Marandúa”.

En 1987, al cumplir sus bodas de plata, SATENA recibió la Orden Nacional al Mérito en el grado de Cruz de Plata, un galardón que demuestra la entrega de esta compañía por el desarrollo del país. Años más tarde, la aerolínea recibió la “Medalla Guillermo Fergusson” un reco­nocimiento que otorga la Presidencia de la República por su invaluable servicio a la Casa de Nariño. Casi en simultánea fue reconocida con la “Gran Medalla”, un ga­lardón entregado por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) por su servicio a la institución y al país.

Pero los reconocimientos no solo fueron en Colombia, en 1991 el Club Líderes del Comercio en asocio con la Editorial Office, premió a SATENA con el XVI Tro­feo Internacional a la Calidad, por una impecable prestación de sus servicios. En 1997, el Business Initiative Directions, asentado en Madrid (España) le conce­dió a SATENA el Trofeo al Compromiso de la Calidad y la Excelencia.

LETRAS EN LAS NUBES
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Como parte del buen servicio de la aerolí­nea a sus pasajeros, SATENA en su trigési­mo aniversario lanzó la Revista Volar, una publicación que busca mostrar aquellas historias que conectan al país. Persona­jes de la talla de Juan Gossaín, Alberto Dangond Uribe y Jaime Lasprilla Lozano hicieron parte de esta primera entrega. Con el paso del tiempo, la publicación se fue consolidando hasta ser hoy un referente periodístico dentro del sector aeronáutico, pues a través de sus pági­nas se leen historias que son el reflejo de la innovación, el talento y la magia que esconde Colombia en cada rincón.

En los últimos 20 años, las dinámicas del mercado han hecho que la compa­ñía reorganice su operación para tener un soporte económico que continúe su misión original, como es la de conectar a las regiones apartadas con el centro del país. Por eso, en 2005, llegaron 5 jets Embraer ERJ 145ER de fabricación bra­sileña para transportar 50 pasajeros; al año siguiente la flota se completó con 2 aviones ERJ 170LR. A pesar de ser la tercera aerolínea en transporte de pasajeros en el país, SATENA tuvo que centrar su operación en poblaciones de la Orinoquía, la Amazonía y la costa Pacífica, tal y como lo hizo en un co­mienzo y cuyo valor social e histórico la ubica como una de las pioneras del servicio aéreo en Colombia.

El camino no ha sido fácil, sus aviones han llevado desarrollo, salud, vivienda y les han devuelto la esperanza a aque­llos colombianos que habitan en lugares apartados, pero que sienten en SATENA un apoyo que trasciende las fronteras. Por lo pronto, la Aerolínea de la Paz, como hoy se le denomina, seguirá su compromiso con los viajeros, su tripu­lación y su personal en tierra, para que más colombianos puedan divisar desde el cielo la tierra que los vio nacer.

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