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Una mirada al mundo de Carlos Jacanamijoy

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Su vida siempre ha estado marcada por el dibujo, un talento con el que el maestro Carlos Jacanamijoy ha puesto a circular entre importantes artistas y galerías en el mundo sus tradiciones indígenas, esas de las que se siente orgulloso y siempre proyecta en sus obras.

Su más reciente trabajo titulado Intersección, es una reflexión acerca de cómo nos vemos en el otro, qué aprendemos de él y cómo derrumbamos las barreras del estereotipo.

Intersección es una metáfora de lo que somos como seres humanos. Cada uno de nosotros es una intersección en el sentido más palpable, ya que todos somos uno y que no hay pureza de raza ni de cultura”, enuncia el texto de apertura de su exposición, realizada en la galería Alonso Garcés en la ciudad de Bogotá.

Tras la presentación de su muestra, Carlos Jacanamijoy se toma un tiempo para regresar a su casa de infancia en el Valle del Sibundoy, en el departamento del Putumayo, lugar que lo conecta con la naturaleza. Allí además de visitar a su familia, aprovecha su estancia para buscar la inspiración que luego materializa en su taller que le dará vida a una de sus obras. “Lo que me llama la atención de esta tierra que me vio nacer es esa parte orgánica que el mundo está pidiendo a gritos. Caminar descalzo, meter los pies en una quebradita, todo ese romanticismo del hombre moderno lo queremos buscar en estos rincones del planeta, porque hoy la deshumanización es galopante”, comenta el artista, uno de los más reconocidos en el país.

Carlos Jacanamijoy

De manera intuitiva Carlos Jacanamijoy sintió que el arte era un mecanismo con el cual podía darle respuesta a todo lo que le rodea: “Puse un taller en mi casa sin saber cómo se hacía un bastidor.

Tenía un abuelo carpintero y le pedía a él los bastidores. Empecé pintando en sábanas viejas y sacos de harina que mi abuela me regalaba”, rememora.

Dedicaba todo el día a experimentar con la pintura, por eso a la edad de 13 años se sintió tentado de pasarse a la escuela nocturna para aprovechar la luz del día en sus proyectos artísticos.

Cuando culminó la secundaria recordó un par de libros de Leonardo da Vinci sobre anatomía y pensó que la medicina podía ser una opción, “quería que me llamaran el doctor Jacanamijoy, que respetaran el apellido en mi pueblo, pero eso jamás prosperó”, comenta entre risas. Posteriormente se trasladó a Bogotá en busca de cursos de arte y descubrió la carrera de artes plásticas que empezó en la Universidad de la Sabana, luego estuvo una temporada en la Universidad de Nariño, pero fue definitivamente la Universidad Nacional en Bogotá la que puliría todo su talento, adicionalmente el maestro estudió Filosofía para ser docente universitario, pero acepta que la pintura siempre termina ocupando su tiempo.

Carlos Jacanamijoy

Sus obras han recorrido museos y galerías en Estados Unidos, Francia, España y China, en las que plasma toda su herencia indígena, pero también da cuenta de lo que significa serlo en el mundo contemporáneo: “No hay pureza ni de raza, ni de cultura, todos somos una intersección. A mí me han gustado el rock, el jazz, el fútbol, pero hay quienes piensan que como soy indígena no me gustan X o Y cosas”.

Todas esas reflexiones fueron expuestas en 2013 en su muestra retrospectiva titulada “Magia, memoria y color” y que recopiló 70 de sus obras, algunas relativas a personajes de la vida nacional como Andrés Pastrana y los científicos Manuel Elkin Patarroyo y Rodolfo Llinás.

“El dibujo era una manera de conocer, ahora que soy profesional es una forma de expresión”

3Su herencia indígena y la manera en que estas comunidades son vistas por el estamento nacional, ha sido un tema fundamental en su trabajo desarrollado por más de 20 años, por eso es consciente de que el arte puede convertirse en un medio de expresión potente. “En la intimidad del taller, uno se da cuenta que sí se puede decir algo a través de los lienzos, los colores y los pigmentos.

Con la pintura se puede expresar, echar mano de este lenguaje como un lenguaje propio”, cuenta el maestro, quien para la construcción de sus obras recurre a sus memorias de infancia, a sus antepasados y al arte precolombino.

Su obras más recientes exploran la tolerancia y el amor propio, buscan convertirlas en un espejo en el que a través de ellas puedan reconocer que el otro es un ser humano de carne y hueso, con defectos y virtudes, “Hoy no tenemos amor propio, mi obra es una inmersión ensimismada, una invitación a visibilizar y a escuchar las voces que se están perdiendo, aprender a mirar con otros ojos”, asegura el maestro, a quien el cine, la escultura y las técnicas con tinta china lo seducen poco a poco: “Uno coquetea con todos esos oficios, me encantaría hacer cine, pero siempre me atrapan los colores y el dibujo”, concluye.

Su talento ha traspasado las fronteras y lo ha posicionado como uno de los embajadores del arte indígena en el mundo, un reconocimiento que el arte contemporáneo lleva como apellido Jacanamijoy.

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