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VIAJAR A TRAVÉS DE LOS LIBROS

Escribe: Alberto Morales

Los libros de viajeros, aquellos que describen geografías remotas, paisajes, costumbres, anécdotas, vivencias lejanas; son también una oportunidad feliz para que el lector conozca previamente y de manera íntima aquellos sitios a los que tiene planeado ir, o se recree desde su imaginación y el talento de esos escritores y escritoras, con aquellos paisajes a los que nunca va a llegar.

Un número considerable de autores de la literatura clásica y contemporánea ha escrito libros de viajes. No se sorprenda usted si ve textos con esta orientación, suscritos por firmas como las de Truman Capote, Herman Melville, Gustave Faubert, Henry James, Graham Green, Mark Twain, o Italo Calvino, para no citar sino unos pocos.

viajar a través de los libros (3)Las oportunidades son infinitas: podrá encontrar usted libros de culto como “Pez Escorpión”, de Nicolas Bouvier, que narra las peripecias de un viaje en carro desde Ginebra hasta Kabul, y sobre todo la desgarradora y asfixiante experiencia vivida por el autor durante siete meses en un barrio pobre de lo que en ese entonces se llamaba Ceilán y que hoy es Sri Lanka, atrapado a la espera de un permiso que le permitiera continuar.

En el mismo tono de desespero podrá leer “Cinco viajes al infierno” escrito por la reportera de guerra Marta Gerllhorm (ex esposa de Hemingway) que describe y relata todas sus aventuras en un viaje por la China en plena guerra, su travesía por el África y su encuentro con la Isla de Creta, entre otros.

Hay también una modalidad exquisita en los libros de viaje: la gastronomía.

En torno a la comida se han escrito textos notables: “Sírvase de inmediato” de Mary Frances Kennedy (MFK Fisher) es un juicioso estudio sobre el aporte del restaurante a la gastronomía del siglo XIX, que permite conocer a través de los sabores las particularidades de las culturas. Paul Richardson, con “Cenar a las tantas”, da cuenta de la gastronomía española, sus sabores y ritos, que deja plenamente satisfecho al lector.

Es notable lo que logra Italo Calvino en su “Bajo el Sol Jaguar”, un libro de cuentos que transita por las sensaciones que se desprenden del uso de los cinco sentidos. En el tema del sentido del gusto, el lector no sólo “ve” a México sino que lo degusta, en un pasaje antológico lleno de sugerencias eróticas y afrodisíacas.

Pero hay también relatos de un poder descriptivo maravilloso que virtualmente logran expresar en toda su dimensión la característica de una calle, una fachada, un barrio. Truman Capote, en su libro de cuentos “Los perros ladran” lo logra de manera impecable, con relatos que recogen sus experiencias en España, Italia, Tánger, Haití, e incluso descripciones hermosas de calles y rincones de New Orleans y New York.

Nadie duda que es posible conocer a París en sus entrañas a través de la prosa de Cortázar y sus cuentos de delirio, como es también cierto que la Roma de Herman Melville o sus descripciones de los mares del sur en su célebre libro “Viajar”, no dejan duda alguna sobre “cómo son” o “qué se siente” en esos paisajes.

La aventura emprendida por Flaubert en Egipto es descrita minuciosamente, con ojos curiosos de viajero, en su famoso texto “El Nilo”, que da una idea exacta al lector sobre las características del paisaje y las formas y las gentes que deslumbran al escritor.

Pero a decir verdad, toda la literatura, cualquiera sea su género o temática, está en capacidad de ofrecer la posibilidad de viajes fascinantes y el conocimiento de los más insólitos, o las más cotidianos de los destinos.

El “Ulises” de Joyce es un minucioso paseo por las calles de Dublín, que aparecen descritas de manera precisa y detallada, tal vez como ninguno otro escritor lo ha logrado. Los fanáticos de este libro de culto acostumbran leerlo acompañados de un mapa de la ciudad para identificar el recorrido de los protagonistas.

Otra referencia de enorme poder descriptivo y que brinda un notable conocimiento de un territorio, es Nabokov con su “Lolita”, pues el recorrido que hace por los Estados Unidos de finales de la década del 40, en plena post guerra, es ciertamente una fascinante y delirante postal.


NO NO HAY duda, hay que ejercer la alegría de leer…

Bajo el Sol Jaguar (Ítalo Calvino)
viajar a través de los libros (1)…En la mitad de la masticación los labios de Olivia se demoraban hasta detenerse casi, pero sin interrumpir del todo la continuidad del movimiento que aminoraba como si no quisiera que se alejase un eco interior, mientras su mirada se fijaba con una atención sin objeto aparente, casi alarmada. Era una concentración especial del rostro que observaba en ella durante las comidas, desde que habíamos empezado nuestro viaje por México: una tensión que yo veía propagarse de los labios a las aletas de la nariz, ya dilatadas ya contraídas. (La nariz tiene una plasticidad muy reducida –sobre todo una nariz armoniosa y gentil como la de Olivia– y cada movimiento imperceptible tendiente a aumentar la capacidad de las aletas en sentido longitudinal las hace en efecto más finas, mientras el correlativo movimiento reflejo que acentúa su ancho da por resultado en cambio una especie de retracción de toda la nariz hacia la superficie del rostro.)

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