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Carlos Oquendo, en busca del oro Olimpico

Escribe: @MarceBlur

A SUS 27 AÑOS, CARLOS MARIO OQUENDO ZABALA PUEDE DECIR QUE ESTÁ TOCANDO EL CIELO CON SUS MANOS. Y NO ES PARA MENOS: COMPETENCIAS INTERNACIONALES, CAMPEONATOS MUNDIALES Y UNA MEDALLA DE BRONCE EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS 2012 EN LONDRES REAFIRMAN EL BUEN MOMENTO POR EL QUE ATRAVIESA ESTE JOVEN PAISA, PARA QUIEN EL BICICRÓS SE HA CONVERTIDO, HACE YA MUCHO, EN SU UNIVERSO.

Para él, lo que inició como una imposición familiar, fue convirtiéndose poco a poco en un estilo de vida, lleno de triunfos, anécdotas y una que otra caída.

“Yo empecé a practicarlo inducido por mis papás. Mi papá siempre quiso que practicara un deporte que tuviera que ver con la bicicleta, porque a él le gustaba el ciclismo”, comenta Oquendo quien no se ha bajado de una bicicleta desde los 5 años. Gracias a un constante entrenamiento y a un mapa mental que ideó para cumplir con sus objetivos, fue haciendo historia en el deporte nacional.

Ese sueño comenzó a los 13 años cuando subió al podio por primera vez en el Mundial de Australia, donde obtuvo el segundo puesto; desde ese instante su carrera deportiva siguió en ascenso, “en 2007 cuando el bicicrós fue reconocido como deporte olímpico, empecé a trabajar muy juicioso y a proyectarme para alcanzar mis objetivos”, y ese trabajo arduo se vio recompensado en los Juegos Olímpicos de Londres, cuando una de sus metas se materializaba: traer una medalla olímpica para Colombia.

Tener en sus manos  la medalla de bronce hizo que Carlos Mario dejara huella en la historia del deporte nacional al lado de deportistas como Catherine Ibargüen, Rigoberto Urán y su colega de pista Mariana Pajón”.

Carlos Oquendo, en busca del oro Olimpico

Sesión de entrenamiento del deportista. Fotografía: Archivo personal Carlos Oquendo

En la familia Oquendo Zabala, la pasión por el bicicrós no es solo de Carlos; David, su hermano menor, también es un bicicrosista destacado que a sus 23 años ha alcanzado triunfos que lo posicionan como uno de los talentos en este deporte, y junto a él hay cientos de jóvenes que desean una oportunidad en las pistas para seguir los pedalazos de figuras como Oquendo y Mariana Pajón. “Hay que ponerse un objetivo y disfrutar el proceso, las competencias y entrenamientos. Eso hace que las nuevas generaciones le saquen provecho al deporte para tener mejores resultados”, afirma Carlos.

Tener en sus manos la medalla de bronce hizo que Carlos Mario dejara huella en la historia del deporte nacional, al lado de deportistas como Catherine Ibargüen, Rigoberto Urán y su colega de pista Mariana Pajón.

Ellos, al igual que Oquendo hacen parte de la nueva generación de deportistas colombianos que exaltan los colores patrios en el exterior y se han convertido en referentes para quienes encuentran en el deporte una alternativa a futuro, además de abrir las puertas para que patrocinadores y Estado hagan parte de los procesos que apoyen la evolución y desempeño de los deportistas de alto nivel.

Aunque reconoce que siempre tuvo como meta obtener una medalla olímpica, no pensó que su reconocimiento deportivo también viniera con un reconocimiento social; fotografías, autógrafos y entrevistas para diversos medios han puesto su nombre en boca de todos: “Yo sigo compartiendo con mis amigos y familia, además he conocido más personas y eso me ha ayudado a abrir más puertas”, comentó
Oquendo, quien además es ingeniero administrativo, y a pesar de que nunca ha ejercido como tal, es una posibilidad que baraja a futuro, cuando decida retirarse de las pistas “En el BMX tenemos una vida deportiva hasta los 32 años.

Ahora tengo como objetivo los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, después miraremos si pensamos en los próximos Juegos que serán en Japón en 2020” afirmó.

Carlos sabe que hoy disfruta de reconocimiento, gracias a su esfuerzo en cada entrenamiento y a que disfruta todo el proceso sin importar el grado de sacrificio que este requiera.

Hoy, a pesar de dedicarle 8 horas diarias a su trabajo en la pista, él no deja de lado actividades cotidianas como ir a cine, reunirse con amigos o degustar una cazuela de mariscos, esos detalles lo convierten en un ser de carne y hueso que disfruta de los triunfos, llora con las derrotas y se levanta de una caída en la pista. Ese tesón hace que hoy Carlos viva la vida que soñó desde sus inicios: “Uno siempre se prepara para ser campeón, cuando llegan las medallas uno simplemente las disfruta, porque son el producto del trabajo y entrenamiento”.

Ahora sus ojos están puestos en la presea dorada de los Juegos Olímpicos de Río 2016, en donde espera que la dedicación y sus horas de entrenamiento le permitan traerla a casa y que esta se convierta en su pequeño tesoro, ese por el que ha pedaleado por más de 20 años.

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