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Cecilia Navia, entre la pasión de la actuación y su devoción de madre

Escribe: Omaira Ríos Ortiz

Carmen Cecilia Navia, más conocida como Chichila Navia (Soledad en la serie Garzón Vive), es como un remanso de paz. Su voz pausada y suave invita a la calma y es el resultado de un alma íntegra, decente y serena que aprendió a ser fuerte como una roca para defender y mantener sus principios, y suave como la brisa para exponerlos. Durante nuestro encuentro pude percibir a una mujer conectada todo el tiempo con su centro, como una montaña que no ha sido erosionada por el torbellino de la ilusoria fama con la que ha vivido desde sus 4 años. No se ha dejado seducir por sus demonios y por ello no se cree especial. Se revela ante mí natural, sencilla, relajada, sin pretensiones ni poses y me deja ver a un maravilloso ser tan sorprendente como la cueva Lechuguilla: mientras más me adentraba más maravillas encontraba.

UN JUEGO QUE SE VOLVIÓ PASIÓN

Nació en Pitalito, Huila, el 7 de febrero de 1980. Hasta los 10 años vivió en Garzón porque su madre decidió abandonar las luces de la gran ciudad para cuidar en un pueblito del Huila a su padre que quedó viudo y solo. Allí creció con la protección de su amoroso abuelo, una madre siempre presente y sus dos hermanos; Iván, mayor que ella, y Carlos el menor. Aunque fue el sánduche no se sintió así porque cada uno tuvo un lugar especial en el hogar: el mayor por ser el primero; ella, por ser la única niña; y Carlos, por ser el menor.

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En la actualidad el mayor es productor de televisión y trabaja en Caracol como editor del noticiero y su hermano menor es fraile. “Carlos siempre fue diferente desde niño, tuvo novias y muchas rumbas pero siempre sintió un llamado especial en su corazón y un día decidió irse de fraile agustiniano, tiene 33 años y dentro de poco será sacerdote. Él es muy especial, es mi guía espiritual junto con mi madre. Ella es mi árbol”.

En su forma de hablar es posible percibir que hubo una madre que se esmeró por educarla y enseñarle disciplina, responsabilidad, principios y modales. Seguro le inculcó respeto y admiración a sus mayores; por eso cuando habla de actores, directores y libretistas de trayectoria, siempre se refiere al señor o a la señora: el señor Sergio Cabrera, la señora Vicky Hernández.

Sus amigas de infancia, que aún conserva, recuerdan que les encantaba ir a su casa porque allí, en vez de jugar a las muñecas, se disfrazaban y montaban obras de teatro inspiradas por Chichila. O veían películas porque en su casa había tremenda colección de ellas. “Mi madre dice que nací actuando.

La actuación es mi pasión. Yo necesito actuar porque si no comienzo a inventarme películas en mi vida diaria. Cuando no hago televisión tengo que hacer teatro.” Y tenía por qué ser así, su madre era nada menos que Lucila Navia, la libretista de Pequeños gigantes, serie infantil exitosa de Caracol; y de Oki Doki, serie juvenil exitosa de RCN. Y para colmo, la directora de ambas producciones fue su tía Tony Navia. “Recuerdo que la primera vez que me paré frente a una cámara fue a los 4 años en Pequeños gigantes, cuando venía desde Garzón a vacaciones y mi tía me metía a actuar. A esa edad era sin libretos”. Así, protegida por su tía y su madre, ella aprendió a sentirse en casa entre luces y cámaras de televisión, eso explica por qué la actuación se le da tan natural. Para la niña Chichila actuar era un juego…”Y sigue siéndolo, cada personaje es un juego para mí, cuando se pierda esa lúdica de niña, dejo de hacerlo”.

ACTRIZ… Y PUNTO

Aunque es cierto que Chichila nació con la fortuna de tener familia en el medio profesional que ama y las puertas para iniciar fueron portones, también es cierto que no se conformó con su suerte; además de terminar sus estudios básicos hasta el bachillerato, se ha ocupado de profesionalizarse estudiando con reconocidos maestros de la actuación: “El señor Alfonso Ortiz, la señora Victoria Hernández, la señora María Eugenia Dávila y en Argentina con el que considero el maestro de mi vida, el señor Marcelo Savignone, discípulo nada menos que de Jacques Lecoq, (dramaturgo, actor, mimo y maestro de actuación francés, considerado un referente del teatro del gesto). Él era maestro de educación física y creó un sistema de actuación combinando ejercicios físicos con el clown, el bufón, la tragedia y la comedia del arte”.

“Mi mamá quería que yo estudiara otra carrera y cuando terminé el bachillerato estuve inclinada por la psicología, pero no, entendí que yo soy actriz, es lo que me hace vibrar. Yo estudié canto porque soy actriz, danza porque soy actriz, equitación, Chi Kung y Tai Chi porque soy actriz. Ahora estoy practicando Tai Chi con espadas y me encanta porque es una meditación en movimiento”.

COMO DOS GORRIONES CUIDANDO EL NIDO

Mesa de trabajo 12En 20 años de relación y 13 de matrimonio la chispa del amor se ha acrecentado. “Yo me enamoré de su corazón, de su humildad, de su bondad, de su talento artístico. Lo admiro porque a sus 12 años tuvo que hacerse responsable de su mamá y 6 hermanos más cuando ella quedó viuda. Cada día que pasa estoy más enamorada, la imagen que tengo de él ha ido creciendo. Los dos hemos crecido juntos”.

Su fórmula para que hogar funcione ha sido bastante sencilla: tener claro su propósito de vida como pareja, aunque les ha significado sacrificios que los dos están dispuestos a hacer. “Cuando nos casamos tuvimos claro que nuestra prioridad seríamos nosotros como pareja, y cuando nacieron nuestros hijos decidimos que nuestra prioridad sería cuidar nuestro nido y ser padres. Por eso nos turnamos; si uno de nosotros acepta un papel exigente en televisión, el otro hace teatro para que al menos uno pueda estar más tiempo con nuestros hijos. Hemos rechazado ofertas de papeles porque nos alejarían demasiado del hogar, de carátulas de revistas y tentadores contratos publicitarios en familia, porque aunque estamos en un medio público esa no ha sido la elección de nuestros hijos y lo más importante es cuidar su privacidad”.

“Por otra parte, aunque decidimos como pareja, los dos también procuramos entender y respetar nuestras individualidades, hay un espacio y momento para encontrarnos pero no dejo de ser yo Chichila Navia. Entiendo que si no me quiero no puedo dar amor, si no me cuido, no puedo cuidar a los otros. Hay padres que aman a sus hijos y no viven su vida por sus hijos”.

LA FIDELIDAD: UNA CONSTANTE DE VIDA

Aunque Chichila recuerda que desde que tuvo su primer novio a los diez años fue muy noviera, la verdad es que ese período de inconstancia duró poco y recorriendo su historia de vida es fácil descubrir a una mujer esencialmente fiel y constante. A los 15 años se enamoró realmente y su primer amor fue Carlos Mario Torres, hermano de la actriz Susana Torres. Con él se le prendió el chip de la fidelidad porque tres años después conoció a Santiago su esposo y ahí termino su maratón de romances.

La actriz conserva amigas de la infancia, regresó apresurada de Argentina donde estaba estudiando para correr al lecho de su abuelo moribundo, creó la empresa de confección de ruanas, denominadas “ruabijas”, Tres féminas, para que su amada madre tuviera una actividad productiva. Está dispuesta a renunciar a fama y dinero por su hogar y sus hijos y con hechos ha demostrado sobradamente que no hace concesiones con sus principios.

Todavía va donde el mismo estilista que cortaba su pelo y la maquillaba desde la época de Pequeños gigantes, tuvo la misma mánager por 20 años. Así que todo indica y augura que el amor y el hogar que ha conformado con Santiago Alarcón sean para toda su vida, porque ser fiel es la contante de su existencia.

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LA GRADUACIÓN

En sus casi 34 años de carrera artística han sido muchos los personajes que Chichila ha interpretado, los primeros de su vida como niña y adolescente la dieron a conocer, pero los que interpretado en los últimos 10 años la han graduado por su nivel de exigencia.

Su papel de la esposa de Pablo en la serie Escobar, el patrón del mal, le mereció el premio India Catalina como mejor actriz. “Soy muy sensible y para mí fue muy doloroso interpretar esta historia que afectó y sigue afectando al país con su narco estética y narco tendencia. El proceso de investigación e interpretación en el que me sumergí durante 9 meses fue tan intenso y doloroso que no he sido capaz de ver la serie”.

El segundo personaje que la conmueve y sacude es el de un travesti en la obra Todos creen que pensamos con el culo, basada en el libro de Héctor Abad Faciolince, Recetas para mujeres tristes, que ya lleva tres temporadas y estará hasta marzo en el teatro Fanny Mikey. “Solo ahora en la tercera temporada siento que he logrado lo externo del personaje pero no he podido llegar a su aspecto interno porque desde mi heterosexualidad es difícil comprender el mundo de los travestis”.

Ahora en el papel de Soledad Cifuentes en la serie Garzón vive, Chichila ha vuelto a sentir que está frente a un personaje tan maravilloso y complejo que exige de ella como actriz, no solo su cuerpo sino su alma; además, bajo la dirección de un hombre que ya es leyenda, la presión y nivel de exigencia son mayores.

“Yo había soñado siempre con trabajar bajo la dirección del señor Sergio Cabrera y eso ha sido un regalazo de la vida. Además, con el respeto que me merecen los demás actores, creo que tengo al personaje más divino de la historia. Ella que en la vida real se llama Inés, fue una mujer que en su época se atrevió a vivir un amor poco común por la diferencia de edades y las circunstancias”.

“Ella fue la que hizo a Jaime Garzón, lo impulsó a leer, le enseñó la realidad del país, la desigualdad social, le abrió los ojos, le mostró el hambre, lo inspiró para ser el hombre que fue. No solo fue su primer amor sino que siempre fue su amiga, toda la vida, de él y de su familia. Es una mujer maravillosa, la admiro profundamente porque era hija de militares y fue capaz de rebelarse y estudiar diseño gráfico y fotografía. En los años setenta era una mujer de ahora”.

Estos tres personajes son la consagración de una niña que soñaba con la actuación y en la madurez de su vida se ha convertido en una increíble madre y esposa y en una Señora Actriz.

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