Facebook Twitter Instagram Youtube

César Escola: el pacificador de Yo Me Llamo

Escribe: Omaira Ríos Ortiz

Parece que el cambio de jurados por César Escola y Pipe Bueno, para acompañar a Amparo Grisales en el concurso “Yo me llamo”, de Caracol, ha apaciguado el candente ambiente del estudio de grabación. Por su parte, Escola ha confesado en público que está feliz de trabajar con la diva.

ÉXITO TEMPRANO

La vida de Cesar Enrique Escola ha girado desde niño en torno a la música y, con la complicidad de sus padres y del universo, supo convertir su sueño infantil en fulgurante realidad a muy temprana edad.

Solo tenía 5 años en su natal Argentina cuando conoció por primera vez un piano, en el jardín de infantes. Fascinado por el instrumento, co­menzó a escaparse de las clases para ir a tocarlo en el salón de actos. Su profesora, al percatarse del motivo de sus escapadas, llamó a sus pa­dres y les recomendó que le consiguieran una maestra de piano.

Sus padres, que eran de clase media, no po­dían comprar un piano, ni llevar diariamente a ese niño precoz a tomar lecciones, desde su casa, ubicada en la afueras, a una hora de Buenos Aires. Pero sí contrataron a una maestra que vivía en el sector para que le diera clases, dos veces por semana; “Un día recibía una clase y al otro practicaba lo que había aprendido. No avancé mucho, pero cuando entré a la primaria pude graduarme en teoría y solfeo. Gracias a ello pude dar clases en una tienda donde vendían órganos. Luego, cuando entré al ejército, estuve en la banda tocando los platillos. Desde enton­ces no he parado de trabajar con la música”.1 (4)

INFANCIA FELIZ

Aunque la música es el centro de su vida y es un reconocido compositor y arre­glista argentino, hemos visto a César en múltiples facetas como alegre y desen­fadado animador, presentador, actor y ahora jurado. Asegura que desde niño soñó con ser artista y aunque es el mayor de tres hermanos, fue hijo único, muy consentido, durante ocho años, edad en la que llegó su segundo hermano, y a los 13, el tercero.

“Fui muy feliz y supe que quería ser artis­ta desde los 6 porque mamá me llevaba al Canal 13 a los programas en vivo y en directo. Tengo una imagen muy viva, estoy entre el público y veo el estudio y la orquesta y sueño con estar ahí un día. Por eso quiero tanto el programa “Do Re Millones”, porque fue revivir la esce­na desde el otro lado, ahora yo dirigía la orquesta. En esa época era algo mágico porque los estudios era encerrados, no como ahora que ves equipos de graba­ción por la calle. Poco después, cantaba en el coro de la misa que se transmitía en vivo por el Canal 7”.

ENAMORADO DE COLOMBIA

César Escola llegó en 1989 como asistente del director musical para la comedia Sugar, producida por David Stivel y protagonizada por María Cecilia Botero. Mencionar los títulos de las producciones que César ha enriquecido como productor musical, podría agotar las pá­ginas de la revista. Ha producido la música de 20 obras de teatro, entre las que podemos destacar Peter Pan, Cabaret, Los caballeros las prefieren rubias y Doña Flor y sus dos maridos. También la de 33 producciones de televisión, tales como Sangre de lobos, Yo soy Betty la fea, Día a día, Tardes con María C., Do Re Millones, El Desafío 2015, La Voz Teens, La Voz Kids y Amar y temer.

Se quedó en Colombia y se nacionalizó en 2003, porque se enamoró de Bogotá desde el primer momento, gracias a María Cecilia Botero: “Llegué a los 27 años y a esa edad uno se come el mundo. Me ena­moré de las montañas de Bogotá, de su clima. Para mí es la mejor ciudad para vivir y desde el principio le dije María Cecilia que me gustaría quedarme. David necesitaba un asistente de escena porque la producción de Sugar era muy grande; 25 cambios de escenografía y 250 vestidos. Yo ya había trabajado como asistente en Argentina y ella me propuso. Así que en mes y medio pasé de ser un extranje­ro con contrato a ser un colombiano con un sueldo. Y jamás me he arrepentido. Antes sentía emoción al llegar en avión a Buenos aires, ahora cuando vengo de Argentina, siento esa emoción: cuando veo los cerros de Bogotá, me siento en casa”.

LA PATERNIDAD DIO SENTIDO A SU VIDA

César siempre confesó públicamente que era feliz soltero, no necesitaba casarse ni tener hi­jos para ser feliz, pero, como dicen en mi tierra; “Una cosa piensa el burro y otra, el que lo enjal­ma”. Ahora tiene a Martín, un hijo adoptado de 12 años que llegó a su vida en 2006. “Yo recibí señales de Dios que me hicieron cambiar de pa­recer. Yo creía que para ser padre se necesitaban un padre y una madre porque es lo que aprendí de mis padres, pero un amigo de Argentina vino a visitarme con su hijo pequeño. Estaba sepa­rado y me sorprendió ver que lo cargaba con pañalera y teteros. Ahí comprendí que no se ne­cesitaba una pareja para ser padre”.

Otro día visitó a su amiga Lucía Madriñán y supo que estaba en proceso de adopción y por ella se enteró de que las personas solteras podían adoptar en Colombia, pero la decisión final llegó cuando hizo una nota periodística para salvar al hospital Materno Infantil de Bogotá. “Al terminar la nota le pregunté a la médica que me orientó para hacer el informe si podía cargar un niño. Ella me llevó a una incubadora y puso en mis brazos a una bebé sietemesina diminuta. Ella, instintivamente buscó mi calor. En ese instante la médica me dijo: ‘¿Puedes creerlo? La mamá acaba de abandonarla’. Salí de allí con lágrimas en los ojos y la certeza de lo que quería hacer con mi vida: adoptar a un niño y darle una vi­vencia feliz, amor, cuidados y protección”.

1 (6)El proceso duró 18 meses, César tuvo que asistir a talleres psicológicos donde le enseñaron cómo manejar la adopción y cuidar al niño. Para completar la epifanía se encontró en los talleres con Juana Uribe, otra amiga que estaba en proceso de adopción de una niña. Hoy, su hijo Martín y las hijas de Juana y Lucía Madriñán tienen una estrecha amistad.

César vive el proceso de ser padre a conciencia y con inmenso disfrute. No tiene esposa pero sí a Sandra, la niñera que vive con ellos desde la misma semana que el niño vino a la casa. Ella tiene a Sara, hija suya de 5 años y ahijada de César. “Con ellos tengo una familia y Martín ha crecido dentro de un hogar. Son muchos los momentos gratificantes que me invaden, pero recuerdo especialmente el segundo día que llegó del jardín y se durmió en mi regazo y ahí fue, me enamoré”.

El artista asegura que la paternidad ha cambia­do su vida. “He tenido que aprender a ser más paciente y comprensivo. Ahora puedo enten­der que los errores que cometieron mis padres fueron de manera inocente”.

¡QUÉ KILOMBO!

Kilombo, Estudio de Contenidos, es la em­presa de producción musical y de sonido que César creó con tres amigos creativos: Iohan Estévez, psicólogo e ingeniero de sonido; Alejandro Morales, publicista y director creativo; y Jairo Vargas, composi­tor, músico y director general. “Es mejor compartir ganancias con amigos porque me siento respaldado y acompañado”.

Su eslogan promete crear marcas au­dibles. Allí hacen doblajes de películas, componen música original o incidental para obras de teatro, películas y todo tipo de producciones televisivas o pro­gramas radiales. Fue Kilombo la empresa que produjo las partituras, la música y el repertorio del programa “Do Re millo­nes”, la misma que se ha encargado de la producción musical de los concursos mu­sicales de Caracol. También dictan talleres de percusión para empresas que buscan crear una sincronía armoniosa entre su personal. El nombre surgió de la palabra africana quilombo que originalmente se refiere a una casa, pero que en Argentina se usa para significar que hay un barullo, escándalo, altercado o conflicto.

Un quilombo era lo que había en las gra­baciones del concurso “Yo me llamo”. Los jurados de la ediciones anteriores no se soportaban y el programa era más fa­mosos por las riñas entre ellos que por el concurso en sí. En esta oportunidad Caracol sostuvo a su diva consentida, Amparo Grisales y le buscaron dos compañeros nuevos. La pregunta del mi­llón es: ¿Por qué Escola aceptó exponerse frente a cámaras con la diva?

“Cuando Esteban Sampedro me lo pro­puso, de inmediato dije que sí porque me encanta estar frente a cámaras, pero también porque para mí es importante divertirme en el trabajo, en la vida, en todo y yo siempre me he divertido con Amparo. Trabajé con ella en Doña Flor y sus dos maridos, La invencible mujer piraña y No seré feliz pero tengo mari­do. Toda mi vida la he admirado; es una mujer guerrera y no se deja vencer por las críticas. Además, en Argentina res­petamos y admiramos a las actrices de trayectoria. Allá el público se pone de pie para aplaudirlas. Creo que Amparo merece ese respeto. Por otro lado estoy feliz con Pipe Bueno, es maravilloso, sabe mucho de música popular y urba­na y cuando como jurados discutimos no lo llevamos a nivel personal”.

Por lo visto, esta vez el Bueno de Pipe y el alegre César han traído la paz al pro­grama de imitadores y este quilombo se ha acabado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *