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DETRÁS DE PAPÁ NOEL HAY UN SEÑOR ACTOR: CARLOS ARANGO OBREGÓN

Escribe: Alberto Morales

Hace ya como 26 años que Carlos tiene una relación con Papá Noel. Todo por culpa de un espectáculo de navidad que montó la empresa que lleva ese nombre en sus galletas. Recibió el encargo debido a que Alvaro Delgado, un funcionario de esa compañía, sabía que Carlos hacía teatro y lo buscó para hablar de la puesta en escena.

Desde entonces, Carlos es “Noelnólogo”. Se las sabe todas sobre el personaje y, de hecho, entrena a los Papás Noel que hacen activaciones en diferentes puntos de venta de la compañía y de sus distribuidores a lo largo y ancho del país.

Pero, ¿quién es Carlos Arango Obregón?

Un actor que acumula un formidable recorrido en escenarios teatrales y cinematográficos, en cortometrajes; con personajes divertidos unos, desgarradores otros, dramáticos, reflexivos, y que ha hecho de este oficio un ejercicio vital.

Esa “aventura teatral” tiene raíces familiares. El Teatro de la Universidad de Medellín ostenta el nombre de su abuelo materno: Guillermo Obregón Botero, un prestante ciudadano que tiene brillo propio y que dejó huella en esa Medellín de mediados del siglo XX. Marta Isabel Obregón, su madre, gravitaba alrededor de las actividades teatrales, acompañando a su esposo Rafael Arango, arquitecto y diseñador de escenografías, para quien el teatro era también un estado del alma. La historia de amor de sus padres se inicia en medio de la tramoya, detrás de los telones, pues ambos pertenecían al Teatro El Triánglo de Gilberto Martínez y Rafael de la Calle.

Carlos tiene muchos recuerdos gratos de su infancia, en la que en compañía de sus hermanos transitaban por entre las tablas y esos escenarios de cartón que eran universos paralelos que exacerbaban su imaginación de niños. Allí sus padres y amigos ensayaban hasta el amanecer, mientras ellos terminaban dormidos y felices en ese territorio de fantasía que parecía construido sólo para el deleite de su imaginación temprana.

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“Esos escenarios de cartón que eran universos paralelos que exacerbaban su imaginación”

Incluso tuvieron la oportunidad de ser actores precoces, interpretándose así mismo como niños que estaban en la escuela o niños que pasaban una calle en algunas de las obras de esa época. El teatro se convirtió así en un destino inexorable.

Primero fue participar en las obras que montaban en el Colegio y luego un encuentro mágico que vivió cuando estudiaba arquitectura en la Universidad Pontificia Bolivariana: estaba en cuarto semestre y conoció al Grupo Taller de Amsterdam que
aterrizó en Medellín con su alucinante propuesta minimalista. Traían “los Funerales de la Mama Grande” y él, atónito conoció ese teatro diferente, centrado en el actor, y en el que, de repente, se apropiaban de recursos que él jamás había pensado que fuera posible utilizarlos en escena: proyecciones de video, música en vivo…

Puesta en escena del Rey Lear, Fotografía: Sandra Zea

Puesta en escena del Rey Lear, Fotografía: Sandra Zea

Amsterdam se convirtió en una obsesión desde el momento mismo en que se abalanzó hacia el camerino y habló con el director, para rogarle que se lo llevara con ellos. El hombre, entre enternecido y admirado le dijo: “Usted llegue a Amsterdam y allá hablamos”.

No se hizo esperar mucho. Puesta toda se energía en lograrlo, al poco tiempo estaba allá, aterrorizado con su propia audacia y trabajando con esa gente que lo recibió de brazos abiertos.

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Obra las Troyanas. Fotografías: Oscar Botero

Fueron dos años prodigiosos en donde aprendió y aprendió y trabajó y aprendió.

Cuando regresó se vinculó con urgencia al Pequeño Teatro, participó en varios montajes hasta cuando decidió vivir una “experiencia administrativa” con la Universidad EAFIT en el área cultural y ejerció como profesor en la Escuela Popular de Artes.

Fue allí en donde hizo parte del equipo que realizó una de esas obras emblemáticas de la historia del teatro en Medellín: Hamlet la Máquina”.

El resto fue su paso por “Hora 25” en donde se sintió con rigor y con vigor el influjo benéfico de ese Hamlet, y Shakespeare adquirió nuevas formas y significados. Luego una marcha rigurosa y permanente en cortometrajes que eran trabajos de grado de jóvenes cineastas, y ahí está su rostro transfigurado en decenas de otros rostros a través de propuestas para televisión y cine como “Benjamín”, “Doble Filo”, “Término Fijo”, “Corazón de Mujer”, “Caballo de Acero”, “Los tres Caínes”, “Cinco a Cero”, “Piso 7”, “Los muertos no lloran”, “Teo”, “Los Globos de Circe”. El largo metraje más reciente es “Lo azul del cielo”, en donde hace de un viejo ciudadano español cínico y pragmático que se encuentra secuestrado. Hay dos largometrajes en preparación, uno de ellos se llama “Juana”. El hombre tiene cuerda.

¿Y HOY?

Hoy está ahí, instalado en “El Aguila Descalza” con un proyecto nuevo: “Los Aguiluchos”, que le hace feliz, mientras a través de “Escénica”, su empresa, revienta castings, ofrece oportunidades, hace activaciones, y se mueve, se mueve sin descanso, ejerciendo con pasión eso que sabe hacer, eso en donde se siente cómodo: las escenas, los escenarios, los lenguajes audiovisuales…

“Se mueve sin descanso, ejerciendo con pasión eso que sabe hacer, eso en donde se siente cómodo: las escenas, los escenarios, los lenguajes audiovisuales…”

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