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EL SEÑOR DE LA BOTÁNICA EN COLOMBIA

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Mientras muchos niños soñaban con ser policías, bomberos o médicos, Álvaro Cogollo Pachón idealizaba su futuro rodeado de naturaleza, esa misma que vivió en su infancia en la costa Caribe colombiana, de donde años más tarde saltó a las aulas de la Universidad de Antioquia para estudiar biología.

Hoy, su nombre retumba entre la comunidad científica, que lo cataloga como un botánico destacado. En su haber cuenta con 200 especies descubiertas, 15 especies publicadas y 18 plantas dedicadas, como la caryodaphnopsis cogolloi, comúnmente conocida como yumbé.

Por más de 35 años, su vida ha estado encaminada a describir la flora de nuestro país, esa que en 1979 descubrió cuando un viaje académico lo puso cara a cara con la selva tropical del Magdalena Medio: “Un profesor me incluyó en un proyecto florístico, fue ahí donde me enamoré de la botánica”, comenta Cogollo, quien hoy se desempeña como Director Científico del Jardín Botánico de Medellín.

Cogoyo

De esos viajes a través del territorio nacional, quedan experiencias únicas, que como él mismo reconoce “lo han marcado para toda la vida”, ese es el caso de un viaje que realizó a las selvas del Putumayo con una curandera indígena, quien le enseñó algunos secretos de su comunidad en relación con el uso de las plantas. “Fue una experiencia muy interesante, por lo que aprendí, por lo que le pude enseñar y por los paisajes que viví”, afirma este hombre de contextura gruesa y para quien cada salida significa un encuentro con plantas que jamás ha visto, y que en ocasiones ni siquiera han sido descritas por la ciencia, pues estima que en Colombia queda cerca de un 30% de plantas que todavía no han sido evaluadas.

Pero además de traerle conocimiento y satisfacciones, también le ha hecho entender las dinámicas de las guerras en el país. “En una expedición, con un colega estadounidense, en el Nudo de Paramillo, cierto grupo armado nos detuvo en el camino y nos pidió que nos devolviéramos por donde veníamos y nosotros respetamos esa advertencia”, lo que con el tiempo se convirtió en una pequeña frustración para Cogollo, quien recuerda con nostalgia este viaje, que todavía tiene como una cuenta pendiente.

Es por eso, que no desaprovecha ocasión para detenerse y observar con ojos expertos, aquellas plantas que lo cautivan, como el choibá, un árbol que puede llegar a alcanzar los 50 metros de altura, y que por la dureza de su tronco, la única forma de tumbarlo era quemándolo vivo. “Eso me llevó a investigar sobre él, quería salvarlo. Y en ese proceso encontré que es una especie muy valiosa para el ecosistema que habita”, aseveró Cogollo, quien también realizó investigaciones con el fruto de esta planta, una especie de almendra que los campesinos preparaban como un chocolate y que además de tener propiedades alimenticias y también defender de enfermedades, “el nombre que le hemos dado a esa bebida es choibalate”, comenta entre risas.

En su trabajo, en el interior de Jardín Botánico, ha puesto en marcha diversos proyectos de investigación, entre los que se encuentra la línea etnobotánica, un área que ha impulsado en conjunto con las comunidades para que conozcan las plantas que habitan en sus regiones, con el fin de preservarlas: “La gente muchas veces no sabe que la vegetación que ellos ven a diario son especies desconocidas para la ciencia y cuando se les orienta se sorprenden de la riqueza con la que cuenta la región”, asegura, por eso parte de su trabajo consiste en hacer un llamado a la conservación de estas especies.

Muchos de sus proyectos científicos surgen quizá de esa herencia Caribe que lleva en la sangre; la misma que vivió durante su infancia en San Pelayo entre matas de maíz y algodón, y que a través de una serie de conferencias tituladas “Botánica y vallenato” ha logrado traducirlos a un lenguaje mucho más compresible para las comunidades, por medio de sombreros vueltiaos, acordeones y letras que tienen como telón de fondo la riqueza natural de la región. Cogollo, además de organizar este particular evento, practica con rigurosidad el acordeón para poder presentar su próxima conferencia mientras entona una canción clásica vallenata.

Jardín

Hoy Álvaro Cogollo Pachón sabe que elegir el camino de las ciencias fue la mejor decisión que pudo tomar en su adolescencia, cuando dejó de lado los guantes de boxeo que utilizó en algunos torneos amateur para adentrarse en el universo de la botánica, esa misma que siglos atrás cautivó a José Celestino Mutis y que hoy deja su legado en este hombre que parece tener por sangre, clorofila corriendo por sus venas.

Por medio de sombreros vueltiaos, acordeones y letras, cogollo explica la riqueza natural de Colombia.

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