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Frank solano, un camaleón en la ventana

Escribe: Omaira Ríos Ortiz

Como si se tratara de una premonición de lo que haría en edad adulta, Frank Solano, el director del programa radial de Caracol ‘La Ventana’ y uno de los presentado­res del programa de farándula de Caracol Televisión ‘La Red,’ nació en un pueblito llamado Distracción.

Este pueblito guajiro no sufre los problemas de escasez de agua porque está anclado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta y su paisaje es más saba­nero, con árboles y ríos. Ese paisaje es el que inspira su gusto por las plantas. “Yo prefiero los árboles sobre los animales porque nosotros somos como ellos. Los árbo­les nos dan cobijo, nos refrescan con su sombra, nos dan alimento y protección. Bajo los árboles se arman las pa­rrandas y hasta se puede hacer el amor en una hamaca”.

¿Cómo un niño que nace en un pueblito guajiro, alejado del mundo de la farándula, termina convertido en el rey del cuento farandulero, sería esto una fantasía de infan­cia? Cuando se remonta a sus 7 años aflora un recuerdo olvidado. “Fíjate, ahora que me lo preguntas recuerdo que me gustaba la idea de salir en televisión, pero no es algo que luego perseguí conscientemente. Yo no nací con un ADN deportivo y recuerdo que me gustaba escribir cuentos, ese era mi plan favorito”.

UN ESCRITOR AL ACECHO

Para mantenerse actualizado Frank devora libros, en especial de literatura y poesía. Acaba de leer la novela Hombres sin mujeres de Haruki Murakami, que relata la historia de hombres que por miedo de sufrir por una mujer prefieren quedarse solos. Como le gusta conocer otros mundos y otras formas de pensar leyó Religión sin Dios, un libro sobre el budismo, más que una reli­gión una filosofía de vida que no cree en la existencia de un Dios, nunca ha provocado una guerra y se enfoca en enseñar a las personas a potencializar lo mejor de sí mismas como seres humanos.

Su poeta preferido es el bardo del Sinú, Gómez Jattin; es fanático de Borges y le fascina la poesía erótica de la cubana Dulce María Loynaz. Sabe encantar a sus ami­gos en las tertulias leyendo poesía, pero asegura que no se atreve a escribir, no por miedo a la crítica ajena, sino por miedo a su propia crítica. Tal vez sí lo haga en su intimidad, pero no se atreve a mostrar sus discursos literarios porque todavía no está contento con su parto. Como suele ocurrir con todos los críticos de oficio, es más severo consigo mismo y posiblemente nunca está satisfecho con lo que escribe, pero el día que suelte el miedo a su propia crítica, nacerá un escritor ameno y fluido como suele ser en la radio, la televisión y en su contacto personal.

Ser un lector voraz de narrativa y poesía y el hecho de que todavía conserve algunos de esos cuentos que escribió en su infancia porque hay algo que le gusta de ellos e incluso reconoce que cuando los lee se sor­prende por lo que escribió entonces, es una prueba de que el escritor en ciernes sigue ahí vivo como un fuego secreto, sobreviviendo, pulsando por salir.

Me identifico más con la raza negra, me encantan sus bailes, su erotismo, su comida, su música. El negro se siente menos culpable en el momento de la seducción.

FILOSOFÍA DE VIDA

El fenotipo de Frank es como el de los indígenas guajiros, pero él se siente más conectado a sus posibles raíces negras. “Tengo la complexión de mi madre que era grande y corpulenta, mi padre es blanco y bajito, pero me iden­tifico más con la raza negra, me encantan sus bailes, su erotismo, su comida, su música. El negro se siente me­nos culpable en el momento de la seducción, admite y maneja con desparpajo su sexualidad, le gusta su cuerpo, se identifica con él. Reconozco que cuando se trata de la música y el baile soy alborotado”.

Frank se muestra como alguien cuya vida es un eterno disfrute. Esboza la mayor parte del tiempo una sonrisa a lo “Mona Lisa”; apenas se insinúa con picardía como si se riera soterradamente de alguna travesura mientras el resto de su rostro se muestra impávido. Al verlo pienso que ser feliz era lo que más le importaba en la vida pero me sor­prende con su respuesta: “La paz es lo más importante, porque la paz habla del espíritu humano que avanza en la búsqueda de un equilibrio. Una es la paz en casa, la otra tiene que ver conmigo, es lo que hago para resol­ver las guerras internas. La felicidad es una búsqueda constante, es un proceso, no una meta, se vive en pos de ella. En cuanto a la seguridad…tengo muchas dudas, no me siento seguro porque cuando busco algo, disfruto el proceso de obtenerlo pero cuando lo tengo, al segundo pierdo el interés y vuelvo a quedar insatisfecho, eso me genera inestabilidad; por eso ando buscando retos. Tengo la seguridad económica pero no estoy seguro de lo que soy. Tener no es un problema porque en mi casa me enseñaron a no apegarme”.

Frank Solano (1)

OTROS COLORES DEL CAMALEÓN

Aunque él asegure no sentirse seguro, proyecta seguridad, confianza, desparpajo, como si en Frank habitase un actor nato, por ello asumo que muy secretamente desea actuar. “La actuación es la profesión que más respeto. Es el oficio de un mago, por eso es el más grande de todos los artistas. Eso es lo que me tiene más fascinado de Bogotá por todos los shows en vivo que puedo ver. Fíjate que no eres la primera persona que me dice que puedo ser actor, de hecho, me acaban de hacer una oferta para una obra de teatro sobre Frida Kahlo para que interprete a Diego Rivera, es un texto precioso de 8 minutos. Todavía no he dicho que sí, lo estoy pensando”.

“En la vida en todo se representa un papel, por ejemplo en ‘La Red’ no soy Frank Solano, represento un papel para presentar un libreto porque es un show. Yo solo represento lo que me llega o me tienen preparado porque yo no busco los chismes, me llegan. Hoy se sabe que lo importante no es el cuento sino quién lo cuenta y cómo lo cuenta. En ‘La Ventana’ soy yo mismo, allí hablo sobre lo real, me exige ser ágil y entretenido; disfruto ese reto porque me exige ser culto e ilustrado, al menos enterado y eso mantiene mi mente joven”.

Decido hacer el papel de abogado del diablo… ¿Si no es actor, director o libre­tista, por qué critica a los personajes de farándula? “Lo hago como espectador, no como experto. Como espectador puedo criticar a un grupo de vallenato que muestra licor en un video, puedo reconocer una pésima actuación que no es creí­ble o ver a una buena actriz actuando en una mala novela”. El mismo Frank reconoce que haciendo ‘La Red’ todos los implicados se divierten al ciento por ciento, pero sus “víctimas” un cero por ciento. “Ellos saben que todo lo que decimos es verificado”.

Confiesa que inicialmente entró a la Universidad de Antioquia para estudiar periodismo pero sentía que ya sabía todo lo que allí enseñaban, así que se retiró y terminó arquitectura en la Universidad Nacional y se especializó en Diseño y movilidad urbana. Trabajó para el alcalde de Medellín Luis Pérez en el proyecto Pajarito, un parque que bordea la ciudad y que queda yendo para San Cristóbal. Allí sembraron cinco kilómetros de guayacanes amarillos y 20 mil casas.

Fue Bernardo Tobón Martínez quien lo descubrió cuando hacía sus prácticas de arqui­tectura, él reconoció que tenía una voz especial y diferente a lo que había escuchado y le ofreció dirigir el programa que quisiera; como acababa de llegar de Brasil y estaba fascinado con su cultura, se fue a Todelar para producir Visa Brasil.

Tres meses después se fue a la emisora que Bernardo Tobón montó cuando se separó de su padre. Era un programa diario y se llamaba ‘El Costurero’. De allí pasó a la emisora de Múnera Eastman al programa ‘Solo para mujeres’ y a la vez incursionó en Teleantioquia con `Estilo’. Su llegada a ‘La Ventana’ de Caracol Radio no se hizo esperar y su éxito en ella despertó la curiosidad de Iván Lalinde quien lo invitó a ‘La Red’, convirtiéndolo en el nuevo rey de la farándula.

A Medellín llegó para terminar los dos años que le faltaban de bachillerato y vivió por 29 años, ahora lleva casi 10 años en Bogotá y aquí posiblemente se quedará, porque ninguna ciudad del país puede ofrecerle tanta variedad de oportuni­dades a este camaleón. A diferencia de la gran mayoría de intelectuales, no le avergüenza contar que es astrólogo y experto en tarot, que antes de aceptar la propuesta de Caracol se echó las cartas y éstas le pronosticaron éxito sin prece­dentes y en sus ratos libres, además de leer poesía a sus contertulios, acostumbra leerles las cartas y los sorprende con sus premoniciones.

No me extrañaría si al momento de publicar esta charla informal ya estuviera actuando; no dudo de que pronto una editorial le ofrezca escribir un libro y su instinto camaleónico lo impulse a mostrar esa faceta por años escondida y por fin deje conocer al escritor.

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