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MUISCAS & MUSULMANES. DOS CULTURAS INCOMPRENDIDAS

Escribe: Omaira Ríos O.

Mientras los muiscas, habitantes originales de la sabana cundiboyacense, llevan más de doscientos años resistiendo a las tácticas de exterminio de su cultura, los musulmanes, que  llegaron a Colombia por la costa Caribe colombiana en 1956, tienen cerca de 300 mil seguidores y cada día echan raíces más profundas, pese a la equívoca mala prensa que generaliza y los acusa de ser los responsables de los atentados a las torres gemelas en Estados Unidos, de maltrato  contra las mujeres y de las recientes masacres de cristianos en Oriente medio y en el África musulmana.

AGONÍA DE UN PUEBLOmuisca

La tradición muisca de coronar a su nuevo cacique en la laguna de Guatavita con un ritual sagrado que implicaba ofrendas de oro, fue su perdición a la llegada de los españoles, porque desató una feroz persecución contra ellos y todo por el supuesto Dorado. Ellos fueron asesinados,  desplazados, perseguidos, humillados y ridiculizados en su religión y costumbres.

Cuenta Marco Mamanché, actual gobernador de la comunidad muisca de Sesquilé: “Creyeron que los muiscas teníamos mucho oro, no sabían que los pagamentos se hacían con figuras diminutas como la balsa que se exhibe en el Museo del Oro. Y no eran hechas con oro puro. Hoy se sabe que nuestros ancestros eran expertos en mezclarlo con cobre”.

“En su afán por el oro ellos trajeron perros que arrojaban a los indígenas para que los mataran, diezmaron a la población con su enfermedades y enamoraron a las mujeres para obtener información de los lugares sagrados ocultos”. Con el correr de los anos, los que sobrevivieron, no solo se quedaron sin tierra, sino que olvidaron su tradición oral, sus costumbres y se vieron forzados a profesar la fe católica.

RECONSTRUCCIÓN Y RENACIMIENTO

En 1999 Carlos Mamanché, un muisca de Sesquilé, ex militar y docente que trabajó en el Putumayo donde se reencontró con sus raíces indígenas, comenzó un proceso de redescubrimiento de su cultura estudiando con auténticos taitas y mamos de la selva y de la Sierra Nevada de Santa Marta. Con la información que recopiló regresó al pueblo e inició una cruzada de reunificación y recuperación muisca para rescatar su tradición oral, su sabiduría ancestral, su  religión y su identidad como pueblo.

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Casa tradicional chibcha con detalle de ilustración y escritura autóctona en sus paredes. Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

Gracias a él, la laguna de Guatavita ha recuperado su calidad de sitio sagrado y cualquier turista que quiera visitarla deberá hacerlo con respeto, bajo la estricta vigilancia de guías nativos. Su labor llevó en 2006 al Ministerio del Interior a reconocer las parcialidades indígenas muiscas de Sesquilé, Cota y Chía. En Sesquilé es tal vez donde se han tomado más en serio el proceso de reconstrucción y en apenas media hectárea de terreno han construido diferentes sitios para revivir sus tradiciones religiosas y culturales. Hoy siguen reclamando las hectáreas cercanas a la laguna para proteger su fauna, su flora y sus ríos.

LA RELIGIÓN MUISCA

Marco Antonio Mamanché, hermano de Carlos, quien ya falleció, ha tomado las banderas de su hermano y resume así la cosmogonía de su pueblo: “La religión muisca cree en un solo dios que se originó por la unión del sol (energía masculina) y la luna (energía femenina). A la madre tierra le decimos Guayajitcha y para nosotros la serpiente no tiene que ver con el mal, sino que es un símbolo de sabiduría. La laguna de Guatavita es la abuela protectora, el ombligo del mundo y por eso allí se hacía la coronación del nuevo cacique”.

Marco Antonio Mamanché Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

Marco Antonio Mamanché
Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

En la actualidad no tienen sacerdote. “Nuestros médicos nos curan física y espiritualmente porque nuestra religión tiene que ver con todos los aspectos de nuestra cultura. Nosotros somos fieles y respetamos a nuestras mujeres. Aunque había caciques, nuestra cultura era matriarcal y había sacerdotizas”. Ellos se conciben como un todo con la naturaleza. “Somos uno con el territorio.

La tierra es como nuestro cuerpo; las venas son los ríos, la tierra son los huesos, los árboles son los pulmones, el centro de la tierra es el fuego, el corazón”. Los muiscas han dominado los ciclos solares (solsticios y equinoccios) y lunares (sus fases) y los siguen utilizando para cultivar con éxito en perfecta armonía con su madre tierra.

Su religión surgió de la observación de los ciclos de la naturaleza y creó unos hábitos para vivir en paz con ella y con ellos mismos. Adorar al dios creador y sustentador de las fuerzas de la naturaleza que los alimentaba, no robar, no matar, ser fieles, trabajadores y respetuosos de sus ancestros y de sus mujeres, son leyes simples y lógicas que les han permitido sobrevivir pese a las múltiples adversidades.

Hoy realizan estrategias pedagógicas de etnoturismo y ecoturismo para revivir su cultura y compartirla con quienes deseen conocerlos y participar de sus caminatas y rituales de bendición de semillas, los de equinoccio y solsticio. Son un pueblo en reconstrucción.

EL VERDADERO ISLAM

Mezquita en la 30 con la 80, Bogotá Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

Mezquita en la 30 con la 80, Bogotá Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

Debo confesar que cuando me pidieron entrevistar a un jerarca de la religión islámica sentí miedo. Pero este fue desapareciendo cuando tuve contacto con el Imam Carlos Sánchez quien se mostró muy amable y abierto. De inmediato accedió a una cita.

Ya en la mezquita, la famosa amabilidad musulmana terminó por relajarme. No me había sentado cuando ya tenía en mis manos un delicioso jugo de banano en leche. Esperaba a un anciano adusto de larga y blanca barba, en cambio apareció un joven de barba y bigote, muy sonriente. Era nada menos que Jamid Said Sánchez Páez, de apenas 22 años e hijo de Carlos Sánchez, quien tuvo un inconveniente para llegar a la cita. A su edad, se sabe El Corán de memoria en árabe y lo traduce perfectamente al español. Realizó estudios islámicos durante 6 años en Trinidad y

Tobago. Es el responsable de acompañar al sheik (como el sacerdote para los católicos) durante  las celebraciones, y traduce sus enseñanzas del árabe. Y cuando este no puede celebrar es Said quien lo reemplaza. Me impresionó la seguridad, la claridad y la amabilidad con que respondió a mis preguntas.

Comencé con una inquietud que me atormentó desde que leí su página de Facebook.

¿Cómo así que odiar por Dios?

“Se refiere a odiar todo aquello que sea pecado, no se trata de odiar a la persona sino a la acción”.

 ¿Qué significa no derramar sangre sin una razón justa (de derecho)? ¿Qué es para ustedes una razón justa?

“Solo cuando una persona se siente agredida y en peligro de muerte, es de derecho defender la vida”

 ¿Por qué promueven las burkas en las mujeres?

“Esa práctica es cultural, no tiene que ver con el islam. No pueden culpar al islam por prácticas que son de una determinada cultura. La burka la usaban los beduinos, tanto hombres como mujeres para protegerse de las tormentas de arena y se volvió una costumbre para la mujer, no es una regla del islam, como tampoco lo es la mutilación genital de las mujeres, eso corresponde a ciertas culturas del África”.

¿El Islam no promueve el maltrato de la mujer por el hombre ni la considera inferior o  descerebrada, no le impide el estudio?

“En el islam se explica que el hombre, por tener una contextura física más fuerte debe proteger a la mujer. Él va adelante para protegerla, no porque sea inferior. El Corán dice que la mujer tiene derecho a ser protegida y mantenida por el hombre. Esa protección la da el padre, el esposo, los hermanos, tíos o abuelos. Colombia es el país de Latinoamérica con mayor índice de violencia contra la mujer y eso no tiene que ver con la religión católica sino con la cultura”. “El Corán dice que la mujer debe mejor ser educada porque ella es la que educa a los hijos y si trabaja, el dinero que gana es todo para ella. El mantenimiento del hogar es responsabilidad del hombre.

Las mujeres le pueden proponer matrimonio a un hombre y está bien visto y cuando se comprometen es el hombre el que le da a ella un presente en agradecimiento por aceptarle ser su esposa”.

Jamid Said Sánchez Páez Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

Jamid Said Sánchez Páez
Fotografía: Cortesía Omaira Ríos

Saíd es categórico en afirmar que costumbres como tener encerrada a una mujer desde que nace hasta que muere, casarse con una niña de 7 años, impedirles estudiar, golpearlas si van por la calle solas, lapidarlas o cualquier tipo de maltrato, no tiene que ver con el islam, sino con prácticas culturales.

Sobre la posibilidad de tener hasta cuatro esposas, el asunto no parece ser tan simple para los musulmanes como creeríamos, según explica el sheik Said:

“Un hombre puede tener hasta cuatro esposas, siempre y cuando se cumplan los siguientes requisitos: todas deben recibir el mismo trato, atenciones y las mismas condiciones. No puede haber preferencias. Si la primera vive en un apartamento de 300 metros en el piso diez, la segunda debe tener uno igual en un piso igual. Para poder tener una segunda esposa la primera tiene que estar de acuerdo, si no lo está, no la puede tener. Si quiere tener una tercera, las dos anteriores tienen que aprobarla y si quiere una cuarta, las tres anteriores deben dar el sí”.

El islam exige fidelidad y castidad, tanto a hombres como a mujeres e insta a construir un hogar con amor, alegría y armonía. Sus leyes son básicamente cinco:

  • Creer en la existencia de un único Dios y en los profetas Adán, Moisés, Abraham, Jesús y en Muhammad (Mahoma) como su último profeta.
  • Orar cinco veces al día sin importar dónde se encuentren, siempre dirigiéndose hacia donde está La Meca.
  • Dar limosna: corresponde al 2.5% de lo que haya sobrado después de pagar todas la necesidades. Esta caridad debe empezar con los pobres de la familia y si algo sobra, debe ir a la comunidad más desfavorecida.
  • Ayunar todos los días durante el mes de Ramadán (el noveno del calendario lunar), desde que sale el sol hasta que se oculta.
  • Ir a La Meca una vez al año si hay tiempo, dinero y salud. O por lo menos una vez en la vida.

En Bogotá hay dos mezquitas y existe una en cada ciudad principal de Colombia.

Asegura Said, bogotano de nacimiento, que desde el evento del 9-11, más personas quieren conocer sobre el islam y por cada hombre que adopta esta religión, hay cuatro colombianas aceptando esta fe. Tal vez la promesa de encontrar un esposo protector, cumplidor y fiel resulte ser muy atractiva.

Los musulmanes están convencidos que Muhammad es el profeta que Dios designó para los últimos tiempos, por eso las mezquitas no son lugares secretos ni vedados a extraños, todo lo contrario; cualquiera que desee conocer sus rituales y preguntar sobre el Islam encontrará puertas y corazones abiertos.

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