Facebook Twitter Instagram Youtube

UNA VIDA DE DANZA CON LA PARADOJA – Mabel Lorena Lara, Presentadora de Caracol Noticias

Escribe: Omaira Ríos Ortiz.

Desde su concepción, la vida de Mábel Lara ha estado signada por paradojas. Ella es el resultado de un amor profundo entre Hilda, una negra pura, orgullosa de sus ancestros negros (libertos fundadores de Puerto Tejada en el Cauca) y de Javier Lara, un blanco hijo de Sabas e Inés, una próspera pareja de comerciantes paisas afincados en el puerto.

NEGRA POR DECISIÓN

Ella creció sin darse cuenta que existía el racismo en Colombia, porque en su hogar solo veía a un padre en extremo amoroso y cariñoso con su esposa y sus dos hijas: Mábel y María Fernanda. “Yo adoro a mi padre, era muy ausente porque es ingeniero y trabajaba en El Cerrejón, pero cuando estaba con nosotros era muy cariñoso, dulce y alcahuete y trataba a mi mamá con mucho amor.  Ella era la dura, la estricta”.

Fue cuando estudiaba en el colegio de El Rosario en Cali que la reportera y presentadora comenzó a entrar en conflicto con su identidad, porque estaba rodeada de niñas muy blancas. “Yo me veía café con leche y me preguntaba qué venía siendo. Entonces mi mamá, que era licenciada en literatura y rectora del colegio San Pedro Claver en Cali, me regaló el libro de la historia del negro en Colombia y elegí identificarme con mi herencia negra”.

Le pregunto si no le molesta usar la palabra negra y su respuesta es contundente: “No me molesta porque yo no fui criada como negra, sino como ser humano. No estoy en contra de los que prefieren llamarse afro descendientes, pero no me considero así. De hecho los africanos no nos reconocen como africanos. Yo soy una negra colombiana, pertenezco a la comunidad negra colombiana, yo amo mi negritud”.

LA PERFECCIÓN COMO UNA DEFENSA

Esto lo dice una mujer que realmente no es negra pura, de hecho su piel es color chocolate perlado y sus facciones delicadas delatan sus genes blancos que hacen de ella una mulata, pero ella sabe que los blancos lo han tenido siempre todo y hasta han tomado de los negros incluso lo que no deben, así que prefiere reconocer la parte de su herencia que todavía vive un proceso de reivindicación y visibilización, aun cuando ella vino al mundo bendecida y protegida. Pregunto por qué ella no se queja del racismo en Colombia, como sí lo hacen otras figuras que luchan por la visibilidad de la afro descendencia.

“Reconozco que soy una consentida de la vida pero no porque yo tenga una sombrilla para protegerme de la lluvia, puedo ignorar que otros se mojan. Hay mucha gente que lleva una vida muy compleja y muy dura y es a esa gente a la que quiero apoyar. Nosotros vivimos en otra generación, pero a mi mamá le tocó vivir una época cuando las personas era imprudentes y la tocaban porque creían que tocar a una negra daba buena suerte. Ella formó hijas en un estrato medio con estas complejas formas de pensamiento y nos educó con cero complejos. Ella nos exigía ser las primeras, las mejores, si queríamos la reivindicación de nuestros derechos. Si alguna vez le decíamos que habíamos ocupado el segundo puesto, nos preguntaba quién tenía el primero. Nos enseñó a ser guerreras y durante mucho tiempo fui muy competitiva”.

HECHURA A LA MEDIDA DE SU MADRE

En la medida en la que entramos en la conversación comprendo que el amor de su padre le dio a Mábel seguridad y confianza en la vida, la ayudó a ser amorosa y a reconocer cuán amada podía ser, pero ella también tiene la madera y es hechura de su madre. Su espíritu de servicio, su deseo de servir a su sociedad y su gusto por la literatura y la lectura en general, lo tomó de ella. “Fui una lectora precoz y soy una lectora novata. El gusto por la lectura me viene de mi madre y de mi abuela paterna.
Mi abuelita leyó cuatro veces la biblia completa y crecí entre muchos libros. Recuerdo que me gustaba leer las acotaciones que mi mamá hacía al margen de los libros”.

Aunque sus gustos hayan evolucionado, la pasión por leer sigue intacta. “En la actualidad me interesa la lectura femenina, no la feminista. Me interesan los libros de mujeres colombianas como Laura Restrepo, la leo y la releo. También a Piedad Bonet. Por supuesto hay otros escritores colombianos como Juan Gabriel Vásquez y su libro El ruido de las cosas al caer; Las reputaciones, de Santiago Gamboa, y volví a leer Sin remedio, de Antonio Caballero”.

Para la periodista, gravitar en los mundos aparentemente opuestos de sus padres tiene sus ventajas, una paradoja enriquecedora que ella sabe valorar. “De mi herencia blanca me gusta la ternura, su movilidad social, su capacidad de apostarles a muchas cosas, su creatividad, su resolución y sociabilidad, su profundo amor. Yo lo amo tanto por casarse con una negra para darle tanto amor, respeto, fidelidad y apapacho. Mis padres todavía están juntos”.

“De mi madre y de mi abuela negra me gustan su cultura, su legado, la oralidad, la musicalidad, la gastronomía y familiaridad. Para ellas el hijo de un primo, primo del primo, es familia”. Esa mezcla que parece tan dispareja ha dado como resultado a esta mujer de apariencia delicada, suave y femenina, pero de corazón fuerte y guerrero. A una periodista, reportera y presentadora seria y profesional que, en el ambiente apropiado, se desdobla para cantar y bailar con soltura los ritmos de su etnia. Cuidadosa y discreta con su vida privada, pero a la vez dispuesta a salir de la seguridad de su madriguera para mezclarse con las clases menos favorecidas para ayudarlas y estar con ellas hombro a hombro.

UNA TRAYECTORIA IMPECABLE

Su historia laboral es realmente brillante, sus logros y reconocimientos son sorprendentes y su ascenso en el medio fue vertiginoso, pero no gratuito. Todo lo ha logrado a pulso, con disciplina, talento y profesionalismo. Comenzó como reportera deportiva en Caracol Radio en Cali, cuando todavía era estudiante de comunicación social de la Universidad del Valle y se destacó porque estudió seriamente el tema. Gracias a su labor, la universidad la contrató para dirigir y presentar un programa sobre educación científica. Luego presentó Nuestra Herencia, musical etnográfico que mostraba la realidad cultural del Pacífico, y visibilizaba talentos musicales  de la región comprendida por el Chocó, el Valle del Cauca y Nariño. Este excelente trabajo le permitió ganar en 2006, junto con su equipo, el premio Simón Bolívar en la categoría Mejor Emisión Cultural.

Su paso por Telepacífico duró 8 años, presentando y dirigiendo el magazín Espejo contigo, programa diario de tres horas donde pudo combinar su trabajo como reportera y presentadora con su gusto por el servicio y la labor social. Allí la vio Mauricio Gómez y la recomendó en Caracol Televisión.

Llegó hace apenas cuatro años al canal, primero como presentadora de noticias del fin de semana y pronto pasó al noticiero de la semana. De nuevo su experiencia y gusto por el reporterismo le sirvieron para destacarse con sus informes y presentaciones en directo de eventos tan importantes como la posesión de los presidentes Obama y de Maduro, o los trágicos hechos del terremoto de Haití.

Esa pluralidad de funciones y actividades confunden a la gente, incluso a la más allegada a su vida íntima. Algunos amigos la acusan injustamente de traidora porque no se dedica exclusivamente a salvar el mundo, otros se sienten ofendidos por su rol como presentadora, porque creen que se desperdicia en algo que consideran frívolo o insulso, y otros la insultan cuando una noticia no les gusta porque ignoran que ella no escribe todas las noticias, solo las lee muy bien. Al parecer los colombianos se creen con el derecho de dirigir su vida.

Pero ella sortea esta paradoja con calma y firmeza, tiene claro lo que quiere y para dónde y cómo va; aunque le duelen algunos comentarios crueles,  sigue adelante con su propósito de vida.

Esa certeza y seguridad en su paso por Caracol Noticias le ha merecido ganar en dos ocasiones el galardón como la Mejor presentadora de noticias en los premios India Catalina de 2012 y 2013. Para alguien obsesionado con la perfección, estos reconocimientos no le inflan el ego ni la envanecen, solo la estimulan para querer hace mejor las cosas.

En la actualidad y pese a su avanzado estado de embarazo (su hijo llegará a mediados de septiembre), continua con sus actividades
normalmente. Se levanta a las 4:30 de la mañana para participar en el equipo de Blu Radio, a las  10:30 baja a maquillaje y revisa las notas que deberá leer, escribir lo que le corresponde y prepararse para el noticiero del medio día, que generalmente dura hasta las 2:30 pm.

LA PARADOJA PROFESIONAL

Mábel confiesa que su ilusión cuando estudió comunicación social fue la de aprovechar la profesión para cambiar el mundoy hacerlo mejor. Por eso hizo una especialización en Gerencia social en la Universidad Javeriana y aprovechó su año sabático en Estados Unidos en 2011, no solo para estudiar inglés, sino para tomar un curso sobre Desarrollo para América Latina.

En un principio de su carrera, de alguna manera pudo combinar la reportería con alguna labor social en el magazín de Telepacífico, pero ahora que están en las grandes ligas debe cuidar lo que dice, pues el contrato expresa muy claro: ahora es la imagen de Caracol Noticias. Su paso al canal nacional la llenó de emoción, porque así sería más conocida su voz a favor de los menos favorecidos, sería más escuchada. Y en efecto, aunque es una figura nacional, su voz y su presencia son más conocidas, no tiene el mismo albedrío; no siempre puede decir todo lo que quiere y todo lo que dice tiene que estar de acuerdo con las políticas de la empresa.

Pero ella sabe sortear con inteligencia esta paradoja: “A veces cuando siento que no puedo hacer nada, que deseo usar mi voz para salvar el mundo pero, en ese caso mi voz no puede ser escuchada, me siento frustrada y caigo en depresión. He tenido noches enteras en que he llorado mucho. Entonces me descargo ayudando a la gente en lo que puedo. Sé que uno tiene que jugar roles y en la actualidad el mío es ser la imagen del noticiero. Algún día seré más libre y podré expresarme”.

VOCACIÓN DE SERVICIO

Pese a los peligros que implica en este país ser defensora de los derechos humanos, Mábel no piensa renunciar: “a mí me importa mucho la gente y quiero ayudar. Por ahora he participado con asociaciones de mujeres organizadas por haber sido abusadas o maltratadas o por tener cáncer; he visto cómo ellas sobreviven, se sobreponen y se vuelven positivas y poderosas. También con comunidades indígenas que quieren crear sus propios medios de comunicación para divulgar lo que los tradicionales no quieren mostrar. En Puerto Tejada he ayudado para que un profesor pueda tener los uniformes de los chicos que tienen el biotipo perfecto para practicar un deporte pero no tienen apoyo. Con comunidades negras e indígenas en la defensa de su identidad. También colaboré con la Asociación de Alcaldes en programas que estimulen a los habitantes locales a quedarse en su región y no emigren a la ciudad a sufrir desplazamiento y miseria”.

El año pasado trabajó como asesora de la embajada de Estado Unidos con la Agencia de Cooperación USAID, entidad que destina recursos para proyectos de comunidades negras e indígenas. Con su asesoría, la ONG Acdivoca, ganó la convocatoria de la embajada para un proyecto de apoyo a minorías en todo el territorio nacional.

¿Será que está buscando cambiar su profesión por la política? 
Ella de inmediato aclara: “mi meta es continuar con mi carrera de periodismo en el campo internacional. Estados Unidos sigue siendo una posibilidad y oportunidad para trabajar como periodista. Quiero llegar a ser una figura pública que tome decisiones a favor de las personas desde una ONG, la ONU o un Ministerio del Interior, sin participar en la política, ni someterme a una elección popular”. Pero un ministerio generalmente se obtiene por ser cuota de un partido político ¿no sería mejor el Ministerio de Educación? “El Ministerio del Interior tiene que ver con la gente aunque también podría ser el de Educación.

Yo soy idealista y no necesito obtenerlo participando en política; admiro a Lucy Molinar, periodista y líder de opinión de Panamá, quien ahora ocupa el cargo de Ministra de Educación porque el presidente de ese país, Ricardo Martinelli, le propuso que, en vez de criticar al gobierno, asumiera el ministerio y ejecutara obras para el bien de la comunidad”.

¿Por qué no crear entonces una ONG propia? “No me interesa crear una fundación llamada Mábel Lara, ya existen organizaciones que funcionan bien y yo amo lo que hago, puedo aportar a la sociedad desde algunas de estas organizaciones que ya existen”.

EL LLAMADO DE LA MATERNIDAD

Durante mucho tiempo la periodista manifestó su temor de tener hijos, sin embargo, a mediados de septiembre nacerá su primogénito que se llamará Luciano. Su cambio de opinión tiene una explicación emocional. “Yo tenía miedo de traer un hijo a este mundo tan complicado. Pero empecé a sentir el llamado de la maternidad. Veía los niños y comencé a sentir el deseo de ser madre. Yo siempre había dicho que si me decidiera a tenerlo, quería que fuera el hijo de mi esposo César Gálviz (un hombre blanco, director de la Señal Deportiva de Señal Colombia) porque es muy amoroso, amigo y compinche, y él siempre decía que quería un hijo mío”.

El embarazo ha transcurrido en completa calma, como si el bebé presintiera que en un mundo difícil también es posible vivir en un oasis, como lo ha hecho su madre, una mujer bendecida con belleza, inteligencia y carisma; protegida por el amor y enseñanzas sabias de su padres, admirada por millones de colombianos, respetada por sus jefes, galardonada justamente por su talento y profesionalismo.

Mábel ha vivido entre paradojas que siempre ha resuelto. “Antes de embarazarme pensaba que no quería que mi hijo fuera criado por una nana y deseaba estar a su lado un buen lapso de tiempo; ahora que él viene en camino, estoy viviendo un muy buen momento profesional y siento que no necesito preocuparme, mi hijo me va a decir qué es lo que debo hacer”.

Por ahora la única paradoja resuelta a medias es la lucha interior que la periodista libra entre su pasión por la reportería y la presentación, y su afán de servir, aunque creo que incluso eso ya lo tiene resuelto, porque tiene muy claro cómo será su vida en cinco años: “Creo que voy a estar ayudando más en el nivel social, sin dejar mi carrera como periodista. Quiero que mi hijo viva en Estados Unidos para que pueda expandir más su mente y sea un ciudadano del mundo. Mi límite es el cielo”.

Tal vez ella no lo sepa, pero la placidez le brota por los poros y, como es exigente consigo misma, no logre dimensionar a plenitud todos sus logros, porque es evidente que ya resolvió sus paradigmas y alcanzó el paraíso.

Mabel Lorena Lara

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *