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Con la bota en la mano

Escribe: Marcela Beltrán

Famosa en España, la bota o botija, se ha convertido en un elemento fundamental para el disfrute de la fiesta brava. Entre olés, capoteo y un par de orejas al final de la faena, los asistentes refrescan sus gargantas con jerez, manzanilla o vino tinto que almacenan en sus botas y que acompañan las temporadas taurinas en Colombia. Sin embargo y pese a que están vinculadas con esta disciplina, muchos caminantes y caballistas utilizan las botas para mantener frescas las bebidas durante sus jornadas.

Confeccionadas en piel de cabra, y muchas cosidas a mano, las botas tradicionales cuentan en su interior con un recubrimiento a base de pez, una resina extraída del pino que ayuda a la impermeabilización de la bota. No obstante, existen botas confeccionadas con cueros sintéticos y con un recubrimiento interno de látex.

Su historia es aún incierta, sin embargo en la literatura existen muchas referencias de su uso, por ejemplo en la Odisea, de Homero, se narra cómo Ulises emborracha al Cíclope sirviéndole vino en un odre, un recipiente de cuero que servía para transportar y conservar líquidos o productos lácteos como mantequilla y queso; incluso el famoso Quijote de la Mancha también menciona el uso de esta en sus aventuras. Quizá la referencia histórica más clara es la de Juan Naranjo, un catalán que confeccionó un odre en piel de cabra con una capacidad de almacenamiento de hasta un litro, para que los soldados españoles que luchaban en Cuba durante la guerra en 1897 tuvieran una bebida fresca en el campo de batalla. Este elemento fue incluido por el Gobierno español como parte de los implementos utilizados por el pelotón ubicado en la isla caribeña.

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Los expertos en la materia aconsejan que una bota sin estrenar debe ser soplada lentamente a través de la boquilla para despegarla, y así, tome la tradicional forma de lágrima o gota que tanto la caracteriza; luego verter un poco de agua caliente para que, además de limpiar su interior, las costuras adhieran a la piel. Una vez finalice este proceso es bueno que antes de usarla se llene con un poco de jerez o vino de manzanilla, los licores más utilizados, para que la bota vaya adquiriendo su propio sabor y aroma. Es importante que la botija mantenga en su interior un poco de licor para que las paredes no se peguen entre sí y se malogre. Si la bota se pega es fundamental ponerla al sol un par de minutos y luego soplar cuidadosamente para que se despegue. Así mismo es importante reemplazar el vino antes de que este se avinagre y de esta manera evitar que el sabor del nuevo vino se contamine.

Cuando no se esté utilizando la bota, esta debe guardarse en un lugar seco y fresco, por ejemplo bodegas de vino o estantes aislados de la humedad, finalmente es recomendable que eventualmente se aplique un poco de grasa de caballo en el exterior para que el cuero se mantenga hidratado y no se cuartee con el paso del tiempo.

¿CON QUÉ LLENO MI BOTA?

El licor predilecto para llenar la botija es la manzanilla de jerez, un vino blanco que se produce en Andalucía, al sur de España y que se caracteriza por ser seco al paladar y su baja acidez. Tiene un promedio de 15 grados de alcohol y los amantes del artilugio recomiendan una temperatura de 10 a 12 grados. Además de ser un compañero fiel para las corridas de toros, es recomendable como pasante de jamones, gambas y aceitunas. En el caso de nuestro país, el aguardiente y el ron son los licores predilectos para llenar las populares botijas, incluso en ciudades como Manizales, reconocida por su tradición taurina, los aficionados preparan cocteles especiales para disfrutar en sus botas, algunas de estas combinaciones son:

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Beber de la bota es todo un arte, los principiantes tienden a regar el vino mientras se acostumbran a su uso. Los expertos aseguran que con una mano se toma la boquilla de la bota para dirigirla hacia la boca, mientras que con la otra se levanta lentamente el cuerpo de la misma. Al igual que el castellano, la bota es una herencia española, donde sus aficionados hidratan sus gargantas después de un unísono ¡olé!.

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