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A Marlos Moreno no le gusta la sopa

Escribe: Susana Panesso Vélez

En la cancha René Higuita de la unidad deportiva de Castilla, Eladio Tamayo dicta su charla técnica antes de comenzar el entrenamiento. Desde el piso, treinta niños escuchan atentos a su entrenador. “Yo jugaba fútbol, pero por una lesión en la rodilla me tocó retirarme y empezar a trabajar como utilero”, cuenta. Trabajando en el fútbol profesional le surgió la idea de formar “una escuelita de fútbol”. Primero se llamó Escuela Eladio Tamayo, pero a raíz de su buena amistad con Leonel Álvarez pasó a llamarse Club Deportivo Leonel Álvarez. Hace ya casi una década, invitaron a Eladio a ver un partido en Manrique Oriental. Veintidós niños de diez años corrieron por la cancha con la esperanza de anotar un gol. De todos esos, Eladio solo vio a uno.

Marlos Moreno Durán es el menor de ocho hijos. Su mamá – doña María – trabajaba en oficios varios, y lo dejaba en manos de sus hermanos.

“Nos la llevábamos muy bien, pero era muy necio, dice María Elena, una de sus hermanas, nos  tocaba estar encima de él diciéndole que hiciera todo”.

Se crio en Manrique Oriental, comiendo sancocho – la única “sopa” que le gusta además de los frijoles – y jugando fútbol callejero: “Se la pasaba todo el día jugando, tanto que a mamá le tocaba comprarle zapatos cada quince días”, recuerda María Elena.

Nació el 20 de septiembre de 1996 en Medellín. Cuando lo registraron, el empleado de la notaría, por escribir Marlon – con “n” – digitó Marlos, con “s”. Durante años insistió en que lo llamaran Marlon, pero hoy comprende que ese error de tecleo le dio una personalidad propia.

“Mamá, yo lo único que quiero ser es futbolista – dijo un día – entonces yo le empecé a dar plata para los pasajes y fuera a entrenar con un señor don Jaime del barrio”, cuenta doña María. Así, Marlos inició su carrera futbolística, pero no fue sino el día en el que Eladio Tamayo lo vio jugar cuando su sueño de ser futbolista profesional tuvo alas.

Dentro de sus preocupaciones más grandes estaba el barrio en el que vivía. Después de hacerle un seguimiento durante tres partidos, Eladio y Leonel fueron a su casa para hablar del futuro de Marlos. Como su mamá no podía irse a vivir con él porque no podía dejar a sus otros hijos, se tomó una decisión: Marlos iba a vivir con Eladio.

 “Corría el riesgo de que lo absorbiera el ambiente y acabara con su idea de jugar al fútbol”, dice Eladio.Marlos Moreno (3)

Convencerla fue fácil, pero Eladio debía enfrentarse a otra mujer: su esposa. Kelly Cazallas no tenía veinte años cuando su esposo le propuso recibirlo  “Yo apenas estaba empezando a criar a mi hijo y Eladio tenía un hijo mayor, entonces para mí fue muy difícil”.

Para Marlos tampoco fue fácil. A los diez años no solo estaba viviendo con “extraños”, sino que también pasó de estar todo el día en la calle, a vivir en una casa donde se le exigía disciplina. Los  primeros meses amenazó con irse, llamaba a la mamá y le decía que estaba muy aburrido, pero recordaba el sueño y aguantaba. Aguantó hasta que ya no tuvo que hacerlo más y los Tamayo Cazallas se volvieron su segunda familia.

El proceso de adaptación fue largo: “Cuando él llegó a la casa no tenía buenos hábitos”, comenta Kelly. No saludaba, ni daba las gracias, era desordenado y no le prestaba mucha atención a su aseo personal, pero poco a poco fue aprendiendo valores como el respeto y el orden.

La educación también entró en juego, si quería jugar tenía que estudiar. Al principio le tenían que insistir para que hiciera las tareas porque a Marlos le daba pereza, pero cuando comprendió que mientras más rápido estudiara más tiempo tenía para jugar, se volvió autónomo. Estudiaba en las mañanas y entrenaba en las tardes. Sus compromisos futbolísticos aumentaron, dejándole menos tiempo para el estudio, pero Kelly no permitió que abandonara sus estudios y Marlos Moreno se graduó de bachiller.

Mientras Kelly lo “entrenaba” en la casa, Eladio lo hacía en la cancha. Marlos, a los diez años, se quejaba de que Eladio no lo quería pues no cambiaba de rol de “padre” a entrenador: “Él era muy niño y no lo iba a respetar de la misma manera en la cancha que en la casa, entonces Eladio era más estricto que yo”, cuenta su esposa.

Finalmente en la casa establecieron una rutina. Marlos se encariñó con su “nueva familia”, colaboraba con los oficios e incluso apodó a Eladio “viejito”. Solo hay un problema que hasta el día de hoy no logran resolver: a Marlos no le gusta la sopa y para su mamá adoptiva no hay nada más importante que eso.

Marlos jugaba en la escuela de Leonel Álvarez cuando Atlético Nacional mostró por primera vez su interés.

A los catorce años jugó finales con las divisiones inferiores del Nacional en calidad de préstamo y quedaron campeones. Al año siguiente sucedió lo mismo, pero esta vez no lo dejaron ir. “Marlos es un chico que lleva ya cinco años aquí, tiene las raíces del Nacional”, dice Víctor Marulanda, gerente deportivo del Club.

 Marlos Moreno (2)

Desde las inferiores fue ascendiendo. Sin embargo, entre finales de 2014 y principios de 2015, se quiso ir del Nacional. Veía cómo sus compañeros empezaban a jugar para Leones o Alianza Petrolera y a él todavía no lo ponían a jugar. “Lógicamente se desmotivó, lloró mucho pensando en que no iba a alcanzar el nivel, pero nosotros sabíamos que teníamos. Lo contuvimos porque no se podía rendir a los dieciocho años”, comenta Marulanda.

El 10 de septiembre de 2015 la vida de Marlos cambió. Si bien no fue su debut como profesional – pues ya había jugado algunos minutos en Copa Colombia y otros pocos en Liga – por primera vez fue titular ante Deportivo Cali en el Atanasio Girardot. En el minuto 74 anotó su primer gol como profesional: “Nunca pensé que iba a tener una noche tan linda”, dijo a la prensa al final del compromiso. Anotó cinco goles en el torneo Finalización de 2015 y consiguió ese mismo año su primer título con Nacional.

“Aunque hay muy buenos delanteros, pocas veces se ve en el fútbol colombiano un jugador tan desequilibrante y con tan buen manejo del balón en espacio reducido como Moreno”, comenta el periodista deportivo John Jaime Osorio.

En 2016 arrancó como un cañón. Marcó tres goles en Copa Libertadores y fue convocado a la Selección de Mayores de Colombia, con la que debutó con asistencia de gol. La prensa local e internacional estaba encantada con el joven y se barajaron varias ofertas del fútbol europeo.

Su picardía y explosividad han cautivado: “Marlos es una promesa del fútbol, su juego se parece mucho al del Tino”, comenta Jaime Pulgarín, hincha del Nacional. José Luis Restrepo, otro admirador de su juego, reconoce su talento, aunque “le falta crecer a nivel personal y profesional”.

Marlos Moreno (4)El Club trabaja para que sea un jugador de élite y además influyente. “No solo con talento se triunfa y eso es lo más importante que queremos que entienda. Hemos tenido  varios jugadores muy talentosos que fracasan y como club no podemos permitir que eso pase con Marlos”, dice Marulanda.

Hoy Marlos vive en Envigado con una hermana. Cuando ella se quedó sin trabajo, él la recibió; le ayuda preparando la comida – de todo menos sopa – y limpiando el apartamento.

Ya que posee una casa propia se aseguró un espacio para sus gustos. Tiene un cajón en la cocina repleto de mecato y dulces. También una pieza donde guarda todas las gorras y los tenis, y aunque son muchos, todavía recuerda el primer par pisa huevos que limpiaba antes de ir al colegio.

Siempre humilde, Marlos Moreno ha enfrentado en sus cortos 19 años de vida situaciones sociales, culturales y económicas que lo han llevado al lugar en el que está hoy. Igualmente su talento – si lo cultiva – le traerá nuevos desafíos. Pero hay dos asuntos que mantendrá: su amor por el fútbol y su desamor por la sopa.

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