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El baile, un deporte que se siente y se disfruta

Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Antes de subir al escenario, todos los detalles deben estar listos: el vestuario, el maquillaje y la pasión por este deporte, que a la vez es un arte.

El baile (3)

Minutos antes de salir al escenario, Carlos y Diana se concentran con su equipo de trabajo, ultiman los detalles para no dejar nada en manos del azar, y luego, como si fuera un ritual, se reúnen en grupo y hacen una oración para agradecerle al de arriba por el talento que les dio, pero también para pedirle que les dé una manito al momento de enfrentar el público.

Así, por más de 15 años, esta pareja oriunda de Cali, ha entregado su vida al baile, una vida que les ha traído momentos de gloria, pero también les ha enseñado con golpes que la industria de la danza en nuestro país es un terreno inexplorado por los empresarios: “En nuestro país el baile es visto como algo normal, todavía no es valorado”, comenta el bailarín Carlos Paredes con un marcado acento caleño.

Carlos, un diseñador industrial de la Universidad Nacional, ha sabido alternar los planos y la danza durante toda su vida. Comenzó como bailarín de hip hop y break dance, ritmos que desde su esencia le daban un alto grado de libertad de expresión y movimiento, sin embargo fue el tango el ritmo que lo enamoró por completo de esta disciplina: “Había estado buscando un baile en pareja que me diera esa libertad y el tango me la ofreció, al final no es un baile como uno lo imagina”. Diana, por su parte, lleva el tango como herencia en su sangre; hija de un reconocido coleccionista de tangos en la capital del Valle, su infancia transcurrió en medio de acetatos de Gardel y el hipnótico sonido del bandoneón.

Cursó Instrumentación quirúrgica en la Universidad Santiago de Cali, pero al finalizar el rural decidió dedicarse en cuerpo y alma a la danza, y qué mejor que el tango para alcanzar su meta.

El baile (4)Con el paso de los años la pareja ha fortalecido su relación con la música y hoy son grandes amigos y socios que comparten metas en común. Hasta 2006 mantenían una relación sentimental, que transmitía confianza y sincronía en el escenario, sin embargo después de 6 años decidieron finalizarla, lo que no les impidió seguir bailando juntos. Ese año bailaron en el Campeonato Nacional de Tango, certamen que ganaron y que los ponía directamente en el Campeonato Mundial en Buenos Aires en Argentina. “Bailamos en el Nacional sin saber que en Argentina tendríamos que bailar de nuevo”, recuerda entre risas Carlos.

Su paso por el Cono sur fue decisivo, durante 10 días enfrentaron 680 parejas, de 101 ciudades de 26 países. Al momento de salir a escena, dejaron atrás las diferencias y decidieron bailar “por última vez”, pero el destino sabía que quizás en el amor no eran compatibles, en la danza sí, por eso sin siquiera imaginarlo, quedaron campeones en la categoría Tango de Escenario, siendo la única pareja no argentina en ganar este evento bajo esta modalidad. “La vida cambió por completo. Al día siguiente todo era diferente, muchas compañías pusieron sus ojos en nosotros, nos invitaban a bailar con ellos y a participar en festivales alrededor del mundo”, ese fue el principio de una carrera sólida y de un sueño que hoy en día sigue dando frutos.

La pasión que ambos comparten por el baile, los llevó a crear en 2009 la fundación Jacaranda, un centro cultural para que quienes desean vincularse con el arte puedan hacerlo sin reparos. Tango, milonga, fox, salsa y otros ritmos hacen parte de este proyecto, un sueño que se materializó después de recorrer el mundo, donde demostraban de qué están hechos, y que hoy lo enseñan con gusto.

Y es que la danza además de ser una expresión artística, también es considerada un deporte, ya que traduce con el cuerpo el ritmo que la música propone, lo que imprime la fuerza del movimiento, común a todas las prácticas deportivas. Carlos y Diana toman en serio la danza porque les imprime vitalidad, por eso Carlos en promedio dicta entre 6 y 7 clases al día, además con su equipo de bailarines entrenan 4 veces a la semana para no perderles el paso a sus rutinas deportivas.

Con las clases, Carlos oxigena su mente de las tareas administrativas: “Uno juega a ser empresario, cuando realmente es artista”, asegura entre risas este hombre de 35 años, que a través de su compañía no crea espectáculos, sino que contagia a los bailarines principiantes con ese sentimiento llamado danza. “Yo siempre digo que todos pueden bailar, siempre y cuando sea con el corazón, esa es la mejor manera de hacerlo”, complementa.

El baile (1)Colombia en la última década ha saltado a la escena mundial de la danza, cada vez más compañías internacionales centran sus intereses en talento nacional, que reclutan bailarines para sus shows, talento nacional proveniente en su mayoría del Valle de Cauca, teniendo a Cali como epicentro. “En Cali, cuando se juntan dos personas es para bailar, cuando hay 4 personas se mueven los muebles y se arma una fiesta, es cultural”, asegura Carlos, quien ve a Colombia, Venezuela y Panamá como los nuevos exportadores de bailarines.

Al igual que el fútbol, el patinaje o el ciclismo, la danza debería empezar a ser considerada una disciplina deportiva, que además de traer triunfos a nuestro país, podría incluso generar algunas ganancias. Por lo pronto, Carlos y Diana continúan construyendo un espacio para que los amantes de la danza puedan disfrutar de esta, eso sí, teniendo siempre presente que cuando la danza entra al corazón muy difícilmente el corazón dejará de palpitar al ritmo que le toquen.

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