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SALVE FÚTBOL. EL FÚTBOL COMO RITUAL SAGRADO

Escribe: Pedro Luis Rojas.

Tal vez como en ningún otro momento en Colombia, el reciente Mundial de Fútbol y la destacadísima actuación del equipo nacional, desencadenaron un fervor y una pasión que llegó a niveles superiores.

El país transitaba por sus calles vestido con las camisetas amarillas y cada partido generaba unos recogimientos y unas exaltaciones nunca antes vistas.

Don Bernardo Barranco un analista mejicano especializado en religiones hacía referencia recientemente al fenómeno del fútbol como ritual sagrado en el periódico La Jornada y nos ponía a pensar: “No dejan de sorprenderme las analogías entre las tendencias religiosas que mayores adeptos capturan hoy día y el fútbol” – escribió- y explicó que esa analogía “pueden resumirse en una sola expresión: la exaltación de la emoción”. Eso explicaría la razón por la cual “la dimensión lúdica del fútbol alcanza, por su simplicidad y eficacia, las audiencias más diversas en términos sociales, culturales y geográficos”. Y describe adecuadamente esas emociones: “Excitación de los sentidos, pérdida momentánea del discernimiento sobre la realidad y el reencantamiento del mundo”.

Sustenta que esa fórmula la comparten los movimientos religiosos pentecostales y el fútbol con enorme eficacia. Agrega que en la sociedad actual, “la religión supone el agrupamiento de las personas alrededor de los sentidos  y de la estética para la identificación conjunta de un disfrute colectivo. El fútbol ha invadido esta esfera; la concepción tradicional de lo religioso resulta insuficiente como relato metasocial, mientras que el fútbol, a diferencia de lo religioso, es un acto temporal de construcción social de sensaciones y sentimientos…”

Tiene don Bernardo toda la razón.

Intelectuales de todas las tendencias coinciden en definir al fútbol como un nuevo rito pagano de la sociedad contemporánea. El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo expresa de manera deliciosa: “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”.

Umberto Eco lo enfatiza en un tono contundente: “Culpa y pecado también están presentes en la religión civil del fútbol. El fútbol se convierte así en el espectáculo total, a escala planetaria, que mayor expectativa levanta. Es más que un deporte, es uno de los negocios más lucrativos a escala internacional, que gracias a los grandes medios de comunicación se constituye en el pan y circo de la era global” y agrega en términos analíticos: “El universo de los tabúes, los misterios, las supersticiones, las liturgias de origen mágico, se enmascara al orden laico, bajo aparentes nuevos significados desacralizados en fiestas, ceremonias y rituales seculares; sin embargo subyacen formas pararreligiosas híbridas que otorgan nuevos y poderosos sentidos a la sociedad. Sería arbitrario determinar una relación directa entre fútbol y religión; sin embargo, la sociología de las religiones está reinterpretando con mayor agudeza el fenómeno”.

Su descripción del rito del gol es fascinante: “El gol es la exaltación absoluta de la liturgia: los fanáticos celebran el gol como shock catártico que libera una masa de energía primitiva y clímax. El fanatismo y el comportamiento irracional de muchas porras o barras contraviene la racionalidad y el orden social”.

Un buen remate de esta reflexión proviene del mismo profesor Barranco: “El fútbol, en tanto juego regido por normas, puede tener una dimensión de evasión de la realidad, como algunas religiones, de embrutecimiento masivo y enajenación funcional al statu quo; sin embargo, esta dimensión de opio puede contrastarse con el lado lúdico, de fiesta, de exaltación y liberación de sentidos que coadyuva a sobrellevar una realidad cotidiana llena de incertidumbres, inseguridades y opacidades. Siendo sólo un juego de pelota, el fútbol incide en la vida”.

Tal vez la mejor síntesis sobre todo esto que estamos diciendo, la expresa el escritor español José Luis Sampedro: “El culto hispánico religioso ha cedido el paso a una nueva fe, en la que los sacerdotes emergen desde una cavidad subterránea y ofician con el pie…”

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