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Desarrollo y medio ambiente

Escribe: Pedro Pablo Rojas.

Este es uno de los grandes debates de la sociedad contemporánea.

Hay una discusión global que enfrenta a los defensores del medio ambiente con el conjunto de la industria extractiva, con la industria de la construcción, la de la infraestructura, con el gran capital; pues se parte de un supuesto según el cual, todas esas actividades están causando estragos insalvables en la naturaleza. Se habla en algunos sectores que estamos ya en un punto de no retorno.

Existen ciertas esferas de ambientalistas que han logrado en diferentes países, no solo detener algunos embalses hidroeléctricos, por ejemplo, sino impactar a grandes represas, minas y obras de infraestructura y mega-carreteras, bajo el supuesto de que ellas protagonizan desastres ambientales y sociales,  verdaderas “hecatombes” ecológicas en contra de la fauna y la flora de sus zonas de influencia.

Hay analistas que expresan como la “ideologización” del tema medio ambiental que ha construido una “falacia narrativa” consistente en hacer creer que existe sólo una manera de abordar la defensa del medio ambiente y que esa única manera es la visión conservacionista. Desde su perspectiva, toda visión contraria es una amenaza.

A partir de este “relato”, toda organización, gobierno o empresa que impulsen tareas en donde se presentan modificaciones e impactos en un territorio dado, son depredadores ambientales.

El “relato” ha calado en la opinión pública y ha sido el soporte para realizar movilizaciones sociales que, a través del mecanismo legal de las acciones populares, impiden las actividades mineras, las obras de infraestructura y proyectos energéticos. Ya son 7 los municipios en Colombia que han proscrito en los últimos tres años este tipo de actividades.

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EL MUNDO NO PUEDE MIRARSE EN BLANCO Y NEGRO

Este trabajo de la corriente “conservacionista” dedicado sistemáticamente a entronizarse como la única mirada viable de respeto por el medio ambiente, ha impedido que las gentes escuchen visiones de política ambiental que empiezan a ser compartidas por organizaciones internacionales, científicas y sociales que hacen compatibles el cuidado de la naturaleza con las alternativas de progreso.

Los profesores Adriana de Castro y Jorge Luis Cruz, del Colegio Superior de México, han hecho una importante reflexión sobre el tema de la ética y el medio ambiente que aportan a la sustentación de esta visión.

Expresan, en efecto, que “La ética ambiental concierne a las sociedades humanas condicionando su relación con la naturaleza e impacto sobre la misma, y procura el bienestar de ambas; asimismo, esta ética plantea que la crisis ambiental demanda un cuestionamiento  acerca de los modos en que habitamos y conocemos el mundo (Rozzi, 2001). Para solucionar la crisis ambiental, se trata de mantener las especies biológicas, y al mismo tiempo impulsar procesos o mecanismos que satisfagan las necesidades de los humanos (Kinne, 1997)”.

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Pero explican adicionalmente que la ética ambiental presenta distintos matices filosóficos respecto al modo de relacionarse con la naturaleza, algunos en franca contraposición, lo cual demuestra la existencia de más de una “ética” que rige a todos por igual.

Su planteamiento permite entender que la actitud de “dejar hacer lo que se quiera” está basada en una concepción según la cual hay recursos naturales ilimitados para servir a los seres humanos. Fue una hipótesis que se difundió ampliamente desde las épocas remotas de la conquista y la colonización europea, y que trajo como consecuencia una explotación irracional de los recursos naturales, generando un rápido y extenso deterioro ambiental. Es como consecuencia de la actitud irracional de “tomar lo que se quiere sin restricción alguna”, que surgieron otros enfoques:

LA ÉTICA BIOCÉNTRICA

Que plantea que “la biodiversidad tiene un valor intrínseco, por eso se privilegia a las especies biológicas y se excluye al ser humano de muchas áreas naturales (Rozzi, 2001; Turner et al., 2001)”.

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LA PERSPECTIVA ECOCÉNTRICA

Asume que los seres humanos son considerados como componentes de los ecosistemas y otorga un valor moral a las especies que constituyen las comunidades biológicas, incluyendo al homo sapiens. “Esa ética fue cobrando fuerza desde mediados del siglo XX con la ética de la Tierra formulada por Aldo Leopold (1949), quien invita a establecer una nueva forma de relación con la naturaleza: en lugar de ver al planeta como un bien que nos pertenece, se debería pensar en la Tierra como una comunidad a la que pertenecemos. (Kinne, 1997; Rozzi, 2001; Turner et al., 2001, Kostas et al., 2003; Fernández–Manzanal et al., 2007; Shepardson et al., 2007)”

LA VISIÓN ANTROPOCÉNTRICA

Que propone el manejo racional de los recursos naturales por un mayor número de personas durante el máximo tiempo posible. “El valor está centrado en el beneficio de los seres humanos.

Por lo tanto, la naturaleza es vista como una producción buena para el consumo, un depósito de recursos al servicio del hombre con un valor utilitario desde fines del siglo XIX.

Esta visión puede observarse parcialmente en lo que el Informe Bruntland (1988) señala como noción de desarrollo sustentable (Kinne, 1997; Rozzi, 2001; Turner et al., 2001; Kostas et al., 2003; Fernández–Manzanal et al., 2007; Shepardson et al., 2007).”

LA MIRADA DE UN CIENTÍFICO COLOMBIANO

El profesor emérito de la Universidad Nacional, Hernando Patiño Cruz, en su texto “Ecología y Sociedad”, reivindica el rol del hombre en la relación con el medio ambiente y entrega un sustento argumental de enorme poder didáctico:

“Como el hombre depende de la naturaleza en la consecución de sus medios de vida, inevitablemente entra en la intrincada red de nexos que relacionan la totalidad de los elementos bióticos y abióticos del sistemas ecológico, pero con una propiedad cualitativamente diferencial respecto de los demás animales, y es la de que por su condición social y racional, su situación allí no es pasiva, como la de las demás especies, sino profundamente transformadora” (Patiño, 2012).

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Su profunda reflexión en el sentido de que el hombre es la única especie viviente con la capacidad de transformar conscientemente el mundo, la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, constituye finalmente un argumento imbatible de cara a la visión de los “conservacionistas”, pues concluye que “el hombre no puede transformar la sociedad sin transformar la naturaleza”. (Patiño, 2012).

Bueno, como no se trata de dejar todo como está, de regresar a la época de las cavernas, escuchar sin prejuicios las diferentes posiciones existentes resulta no solo recomendable sino necesario.

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