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Ética en los negocios y ética en el desarrollo

Escribe: Alejandro Gutiérrez

El país está conmocionado con la suma escandalosa de noticias en donde el tema de la corrupción es la constante.

Sobornos, coimas, contubernios, alianzas público-privadas, senadores, gerentes, banqueros, constructores, empresas de investigación, de publicidad, de transporte, en fin, configuran el espectro de palabras, funciones y sectores que hacen parte de este berenjenal oscuro y torvo.

Se trata evidentemente de una enorme crisis ética que sacude al mundo y que se hace aún más visible en el sector empresarial, en donde no solo emergen escándalos de corrupción, sino evidencias de explotación esclavista, destrucción de entornos naturales, desarrollos tecnológicos altamente nocivos para la salud, utilización de insumos y materias primas que ofrecen riesgos para los usuarios, dentro de otras múltiples variables.

Hace algunos años hizo carrera el concepto de la Responsabilidad Social de las Empresas, pero es evidente que este concepto no alcanzó a impactar de manera decisiva muchos de es­tos comportamientos non sanctos, por lo que el concepto de la ética en los negocios empezó a ocupar un lugar relevante.

De hecho, el tema de la ética empresarial está ligado hoy a aspectos tales como los de la reputación de marca. Cada vez los clientes y proveedores están más vigilantes sobre la reputación de esas marcas con las que se relacionan.

Hay hoy un total replanteamiento del objetivo de la ganancia y el crecimiento a toda costa. El fin no justifica los medios.

 

LA ÉTICA ES LA ÉTICA

La Universidad EAFIT ha venido desarrollando una iniciativa en torno al tema de la ética que, bajo la denominación de “Atreverse a pensar” propone una discusión sobre la cultura del “avivato” que se ha entronizado en nuestro país. La idea generalizada de que “el vivo vive del bobo” y que lo que vale es la malicia que seamos capaces de aplicar en cada escena de nuestra vida diaria: desde saltarse la fila, hasta ofrecer coimas al guarda de tránsito, comprar cosas robadas o plagiar un trabajo académico.

Todo apunta en que allí se encuentra el origen de esta descomposición.

La ética no debería clasificarse, la ética no tiene que ver con la religión. Monseñor Darío Monsalve señala que “De hecho, se dan formas válidas de moral vivida y formulada sin referencia a Dios y a la trascendencia”.

Victoria Camps hace un diagnóstico cierto: “A nuestros niños, nuestros jóvenes, se les adiestra en el manejo de ciertas ciencias y de determinadas habilidades, pero poco se les enseña en el manejo de sus vidas”. Sí, se les educa para la competencia y la ganancia pero no para la vida, la armonía existencial, el diálogo interior, su relación cósmica con el universo.

Todos los autores confluyen en afirmar que, “en contexto filosófico, la ética y la moral tienen diferentes significados. La ética está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres, normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad”.

De hecho, desde el punto vista etimológico, cada una de las dos expresiones: Ética y Moral tienen diferentes significados. La palabra “ética” viene del griego ethos que significa “forma de ser” o “carácter”. La palabra “moral” viene de la palabra latina morales, que significa “relativo a las costumbres”.

 “La ética es un conjunto de conocimientos derivados de la investigación de la conducta humana al tratar de explicar las reglas morales de manera racional, fundamentada, científica y teórica. Es una reflexión sobre la moral”.

El padre Carlos Alberto Calderón plantea que aunque la ética ha sido normalmente considerada como un área de la educación, no puede reducirse a una simple asignatura más, porque significaría empobrecerla.

Tal vez el problema hay que verlo en la perspectiva actual. Pablo Richard ha expresado que no estamos viviendo una época de cambio sino un cambio de época; y que esto exige un trabajo profundo “para reconstruir la esperanza y la utopía sobre fundamentos nuevos y profundos, fundamentos sólidos a fin de que otros puedan construir sobre ellos. Nosotros debemos ser parte de estos fundamentos…” 

De eso se trata. Trabajar entre todos por la formación de seres humanos integrales, capaces de discernir entre el bien y el mal, lo correcto y lo equivocado, en una perspectiva moral. Seres humanos virtuosos se diría en la lógica de la antigua Grecia.

Con eso bastaría. La ética es la ética. No hay una ética médica, una ética ciudadana, una ética ingenieril o periodística. Si seres humanos virtuosos ejercen estos oficios, están en cualquier actividad, su virtuosismo se reflejará en ellas.

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