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Infraestructura y desarrollo

Escribe: Alberto Morales

Hay un aspecto que subyace en el tema de las grandes obras de infraestructura y que desencadena no pocas polémicas:
¿se trata de obras pensadas de manera integral? ¿Hay afectaciones irreversibles en el medio ambiente? ¿Se violan los derechos fundamentales de las comunidades que habitan los territorios en donde tales trabajos se realizan?

Los movimientos ambientalistas y las ONG de defensa de los derechos humanos tienen una visión crítica al respeto, y no pocas veces los medios de comunicación registran las movilizaciones u organizaciones sociales que denuncian atropellos.

Se arguye que no podemos resignarnos a asumir la construcción de grandes obras de infraestructura en una perspectiva “desarrollista”: esa teoría económica que parece desconectarse del entorno y que finalmente “reproduce el subdesarrollo y finalmente lo que hace es ampliar las brechas entre el progreso y el atraso”. Su visión “modernizante” que incentiva dentro de muchas otras cosas la actividad extractiva, la monopolización de las actividades económicas y que da paso a obras de infraestructura de gran volumen, exige una revisión.

Infraestructura (1)

ES UN DEBATE DE DIMENSIONES GLOBALES.

En el 2014, la Suprema Corte de México publicó el “Protocolo de actuación para quienes imparten justicia en casos relacionados con Proyectos de Desarrollo e Infraestructura”, cuya lectura da cuenta de la dimensión de esta discusión.

El voluminoso documento expresa en alguno de sus apartes que “el hecho de que tanto los posibles beneficios de un proyecto de desarrollo o infraestructura, como las afectaciones que estos puedan desencadenar, se traduzcan en derechos de personas o colectivos, significa que el debate sobre la viabilidad o no de un proyecto de desarrollo debe darse a partir del análisis de la situación que suponga mayores beneficios para los Derechos Humanos y menos limitaciones a estos derechos…”

Ciertamente las obras de ingeniería ya no pueden mirarse solamente como obras de ingeniería sino como proyectos integrales.

En el pasado, era “normal” que este tipo de proyectos se abordaran pensando solamente en los alcances de su construcción.
Hoy es necesario abordarlos en una perspectiva de desarrollo regional o por lo menos de sus áreas de influencia.

De hecho, cuando se presentaban conflictos con las comunidades, la posición cómoda de los ingenieros era “enviar” a los profesionales de la gestión social y de comunicaciones a arreglar los entuertos.

Infraestructura (2)

LOS ESCENARIOS DE HOY SON DIFERENTES.

La presencia de las obras de infraestructura no debería generar desazón entre los habitantes de los territorios en donde se construyen, sino el sentimiento de que se está contribuyendo de manera decisiva a la transformación positiva de esas zonas, una transformación responsable, amigable con el medio ambiente, institucionalizadora, respetuosa de la cultura y de la historia de la región y atenta a los Derechos Humanos.

Pero no debe ser un abordaje paternalista. No se trata de que las gentes y las instituciones se sienten cómodamente a esperar qué hace el proyecto de infraestructura por ellas, no. Se trata de contribuir a la transformación de su cultura y sus creencias, propiciar la construcción de nuevos liderazgos, apropiación de su condición de ciudadanos participantes, alianzas estratégicas con la institucionalidad local, para que se entienda que es una construcción conjunta, mancomunada, de una visión compartida de futuro y de progreso, ajustada a las necesidades del entorno.

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