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Responsabilidad Social Territorial, clave para la sostenibilidad

Escribe: Carlos Viviescaz, Director ejecutivo de ProSUR.

UN POCO DE CONTEXTO

A finales de los años 90 el sector privado fue convocado, por medio de iniciativas como el Pacto global y los Objetivos de desarrollo del milenio, para participar en los esfuerzos globales del desarrollo. El llamado fue aceptado y cientos de empresas y organizaciones en todo el planeta asumieron el enfoque de responsabilidad social, creando programas y proyectos en diferentes temas, que van desde el gobierno corporativo a la reducción de la huella de carbono, pasando por la gestión humana, las empresas familiarmente responsables y los ejercicios de corte organizacional como la Responsabilidad social universitaria.

Hoy se cuenta con estándares como el Global Reporting Initiative (GRI) y la ISO 26000, que orientan a las empresas que deciden sumarse a este esfuerzo de la RSE (Responsabilidad Social Empresarial).

La RSE se ocupa principalmente de la cadena de valor de organizaciones particulares, y busca lograr mejores modelos de gestión, que estén más en armonía con la sociedad, el ambiente y con las personas. Aunque se ha logrado posicionar el tema, en la práctica la RSE toma expresiones muy variadas. De acuerdo con Van Tulder y Van der Zwart (2006) pueden identificarse cuatro enfoques sobre la RSE: inactivo, reactivo, activo y proactivo.

 

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En el primero –inactivo- prima una perspectiva de negocio orientada hacia el interior, encaminada hacia la eficiencia y la competitividad en el ambiente del mercado inmediato, por lo que la RSE está dirigida hacia a la maximización de las ventas y los beneficios.

 

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En el segundo –reactivo- prevalece una orientación de afuera hacia adentro, en el que los empresarios monitorean su medio ambiente y administran sus grupos de interés primarios de modo que puedan tener sus asuntos bajo control.

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El tercer enfoque -activo- representa una orientación empresarial más ética. Los empresarios que asumen este enfoque están explícitamente inspirados en valores éticos y virtudes (o deberes positivos), sobre los cuales formulan los objetivos de la compañía.

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Finalmente, el cuarto enfoque – proactivo- se basa en un discurso ético y en una fuerte relación con los stakeholders (grupos de interés). Se orienta hacia la eficacia, buscando rentabilidad y sostenibilidad, emprendiendo acciones justas, correctas y éticas.

No todas las aproximaciones empresariales a la RSE son iguales y es posible profundizar las iniciativas, yendo de una preocupación centrada en la empresa a una dimensión donde se comprende la relación de interdependencia e influencia que tiene la empresa con la sociedad y demás actores del territorio.

 

 

DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL TERRITORIAL (RST).

responsabilidad social (6)En el marco de esta interdependencia se plantea el concepto de RST, que busca que las acciones de Responsabilidad Social Empresarial tengan foco en el territorio, de acuerdo con sus fortalezas y necesidades particulares.

Bajo la RST, las empresas y organizaciones se articulan para potenciar y llevar más allá sus prácticas individuales, generando alianzas para desarrollar acciones conjuntas en torno a sistemas específicos que aumenten el impacto en el territorio.

La meta a la que quiere aportar la RST es lograr la consolidación de un territorio socialmente responsable; este territorio, según el investigador Nicolás Molina, se expresa como “un sistema interdependiente de relaciones colaborativas que opera en un territorio específico, a través de compromisos de trabajo por parte de actores públicos, privados, sociales y de cooperación, basados en la confianza y la reciprocidad, y formalizados como alianzas”.

Opciones para propiciar el desarrollo sostenible mediante estrategias de Responsabilidad Social Territorial:

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ENFOQUE SISTÉMICO

Es necesario que las estrategias de responsabilidad social que promuevan las organizaciones, combinen el lucro de la empresa con el bienestar social regional o territorial y no solo dentro de su ámbito individual. Esto genera mayores alcances y propicia grandes transformaciones.

No existen empresas sostenibles en territorios fracasados. Existe una relación entre la empresa y el desarrollo; la empresa prospera cuando la sociedad prospera. Por este motivo, todas las organizaciones deben promover el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Esto se logra mediante una conexión directa de su core* con las principales problemáticas sociales del territorio.

GENERACIÓN DE VALOR COMPARTIDO

Tal como lo dijo Michael Porter, “las estrategias de valor compartido son más sostenibles como ventajas competitivas que las mejoras al producto o la racionalización de costos, identificar oportunidades de negocio escondidas en problemas del entorno puede generar sostenibilidad a largo plazo.

En esta ocasión, la invitación es a incorporar dentro de los objetivos empresariales estrategias que vayan más allá de la responsabilidad social clásica o filantrópica para dar respuesta a las necesidades de los territorios. Para esto, es indispensable crear valor económico, al mismo tiempo que se crea, valor social y ambiental, esto garantiza el éxito económico sostenible en un territorio próspero.

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