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Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)

Escribe: Natalia Morato Orozco

Un gran reto de los padres de hoy con hijos diagnosticados con TDAH, es el manejo frente a su mala conducta o mal comportamiento.

¿Cuántas veces nos hemos enganchado con ellos respondiendo con gri­tos, amenazas, insultos o golpes?

¿Cuántas veces nos hemos preguntado a qué se debe este mal comporta­miento, más allá de decirles que estamos cansados de su mala conducta y que ya no sabemos qué más hacer?

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Cuando esto sucede, cuando caemos en su mismo juego, caemos también en ciclos de venganza y poder que lo único que hacen es fracturar nuestra relación con ellos haciéndoles sentir que no son lo suficientemente importantes para noso­tros y que nuestro amor es condicional.

Si bien el TDAH tiene un sustrato biológico y de algún modo requiere un manejo médico, también es cierto que se requie­re una intervención integral que sugiera la asesoría de un profesional en pautas de crianza humanizada que les brinde a los padres o adultos responsables las herramientas nece­sarias para dar un manejo adecuado al mal comportamiento que de aquí se deriva.

Salud (3)La mala conducta o el mal comportamiento de nuestros hi­jos con TDAH, entre otras cosas, no es más que la falta de conciencia, conocimiento y habilidades para abordarlos de formas diferentes que les permitan sentirse incluidos en el entorno al cual pertenecen; estableciendo luchas de pode­res para las cuales se requiere de por lo menos dos personas y los adultos como los niños, también se sienten desalenta­dos en este eterno batallar.

Teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado, no cabe duda de que nosotros los adultos somos los llamados a ayu­darles a nuestros hijos a modificar su conducta a través de actitudes y palabras de aliento; que los motiven y los inviten a empoderarse de sí mismos, a tomar sus propias decisiones y a desarrollar habilidades para la vida.

Gran parte de las conductas de los niños son las adecuadas para su edad y ni que decir cuando a esto le sumamos que son niños hiperactivos, sentimos que nos conducen a lo peor de nosotros y nos llevan al límite castigándolos o repren­diéndolos de formas convencionales en las que el aprendi­zaje último es que deben pagar por sus errores o su mala conducta, pero no aprender de ello.

No se trata de ganarles a nuestros hijos; no se trata de ganar­les la batalla, se trata de ganárselos para que se sientan úti­les e importantes para nosotros, en nuestras vidas y de este modo alentarlos a ser mejores personas; personas con crite­rio y determinación. La gran mayoría de veces castigamos a nuestros hijos “por ser desobedientes” cuando su cerebro no se ha desarrollado lo suficiente para comprender qué se espera de ellos, cuando no han comprendido del todo aún la relación entre causa y efecto.

Nosotros los padres somos los adultos y queremos que nuestros hijos aprendan a controlar su conducta, por lo tan­to, nosotros debemos aprender a controlar la nuestra para lograrlo.

Es aquí donde debemos comprender que para poder ofre­cer una crianza humanizada a nuestros hijos, es importante aprender a cuidarnos a nosotros mismos; cultivar espacios que nos inviten a la reflexión, a la conciencia del autocuida­do, a la diversión y al descanso.

¿Has pensado qué estás haciendo tú para lograrlo? ¿Qué tan cargado emocionalmente estas llegando a casa? ¿Estas ges­tionando de manera adecuada tus emociones? ¿De qué ma­nera interfiere esto en el vínculo emocional que te permite conectarte con tus hijos?

Tengamos en cuenta:Salud (4)

  • Conexión, antes que corrección, es la clave para entrar en sintonía con ellos, para evitar decir las cosas más de tres veces sin que te obedezcan; para que tus palabras no se vuelvan paisaje. (Hablar con ellos de lo que más les gusta, abrazarlos y mirarlos a los ojos cuando les hablas, fortalecen el vínculo).
  • Tus necesidades no son las mismas que tienen tus hi­jos. Cuando desees que ellos hagan algo que tú es­peras, no des una orden, invítalos a cooperar. (No les hables como si estuvieras pidiendo un favor personal), con esto cambias tu discurso y los alientas a estar de tu lado.
  • No respondas ante su enojo o “mala conducta” con otro enojo. Esto solo demuestra ante sus hijos la inha­bilidad que tienes para orientarlos de otras maneras y pierdes autoridad ante ellos.
  • De los errores se aprende. No hay que ganarles a los niños, hay que ganárselos; de este modo los invitas a cooperar, a ver las necesidades (por ejemplo, hacer los deberes de la casa) como algo que compete a todos. Imponer o dar órdenes, solo genera una lucha de po­deres que desalienta y agota hasta el cansancio.
  • Las herramientas que nos ofrece la crianza humaniza­da les ayuda a los niños y jóvenes a desarrollar habili­dades para la vida que se aprenden a través de los de­safíos de conducta que enfrentamos con ellos a diario.
  • No debemos etiquetar a nuestros hijos con diagnósti­cos. Esto no significa que neguemos lo presente; pero si nos ayuda a “liberarnos” de tener que pensar y ac­tuar de forma diferente con ellos. Las personas diag­nosticadas con TDAH, son muy inteligentes y pueden valerse por sí mismas sin ninguna excepción.
  • Actuar con base en un diagnóstico y nombrarlo fre­cuentemente, hace que los niños dejen de actuar por si mismos asumiéndose como “inhabilitados” cuando poseen las mismas habilidades que los demás, impi­diendo que logren empoderarse de sí mismos.
  • El autocontrol emocional es la clave para no repren­der “en caliente” y terminar lastimando a quienes más amamos.
  • Ser amables y firmes a la vez en el proceso de crianza.

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