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Contaminación de última tecnología

Escribe: Cristian Camilo Padilla Vallejo

¿Alguna vez ha pensado qué pasó con ese celular que un día desechó porque ya no era lo suficientemente rápido? El mundo avanza a gran velocidad, y la tecnología no se ha detenido a pensar en su verdadero impacto en el medio ambiente.

Hoy se habla de basura tecnológica, que se define como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que requieren energía eléctrica para su funcionamiento y cuya vida útil ha culminado, ya sea por su deterioro o porque simplemente pasó de moda. Televisores, teléfonos celulares, computadores, impresoras, hornos, baterías y hasta sofisticados juguetes, son hoy un problema que tiene en jaque al medio ambiente por su mal manejo.

La Unión Europea clasifica en el ámbito global este tipo de residuos en 10 grupos: grandes electrodomésticos, pequeños electrodomésticos, equipos de informática y telecomunicaciones, aparatos electrónicos de consumo, aparatos de alumbrado, herramientas eléctricas  o electrónicas, juguetes o equipos deportivos y de tiempo libre, aparatos médicos, instrumentos de vigilancia o control y máquinas expendedoras. Cada uno de estos productos está fabricado con elementos contaminantes como metales pesados, diferentes tipos de plásticos e incluso ácidos, que expuestos en el ambiente causan problemas en la salud de diferentes especies, incluso en la salud humana.

Actualmente grandes potencias como Estados Unidos, Japón, Canadá, Corea del Sur y algunos países de la Unión Europea, envían sus residuos tecnológicos a los dos grandes vertederos del mundo: el poblado chino Guiyu, y Accra, en Ghana, que tiene el sector más contaminado del mundo: el barrio Agbogbloshie.

China compra y recicla el 70% de la tecnobasura y esto le deja enormes ganancias económicas que le han permitido, en gran medida, un desarrollo económico. Por otro lado, a pesar del alto precio de los metales extraídos de estos desechos, tales como el oro y el cobre, Ghana no sale de su pobreza debido a que se ve obligado a exportar estos materiales a muy bajo precio, gracias a su inexistente industria tecnológica.

Sumado a esto, según un informe especial de 2015 del diario El País de España, la incipiente regulación en dicho sector económico posibilita que en el país africano haya grandes problemas de contaminación ambiental, que afectan directamente la vida; concretamente, se han hallado 1,5 mg/m³ de cobre (el límite permitido está en 1,0 mg), 7,8 mg/ m³ de hierro (límite: 5,0) y 0,72 mg/m³ de plomo (límite: 0,15) en el aire del vertedero africano. Además en los suelos de este lugar se han encontrado cantidades exageradas de plomo, los valores detectados oscilan entre un mínimo de 135 ppm (partes por millón) hasta un máximo de 18.125 ppm.

Por su parte, la Plataforma Regional de Residuos Electrónicos en Latinoamérica y el Caribe (RELAC) asegura que en América Latina países como Brasil y México son los que más desechos tecnológicos producen, ocupando el octavo y undécimo puestos respectivamente. Entre los primeros 40 países también se encuentran Argentina, Chile, Colombia y Venezuela.

Y EN COLOMBIA ¿QUÉ PASA CON ESTA BASURA?

En nuestro país se producen alrededor de 5,29 kilogramos de basura tecnológica por habitante, lo que equivale a promedio de 252 millones de toneladas anuales, que contribuyen a un evidente deterioro de la riqueza medioambiental.

Colombia, desde el punto de vista regional, es pionero en la creación de normatividad que regula el manejo de la basura tecnológica. Por esto, actualmente en el país se encuentran vigentes las resoluciones 1297, 1511 y 1512 de 2010, que permiten la regulación de residuos electrónicos como baterías, bombillos y computadores personales y de escritorio. Sin embargo, los expertos aseguran que desde los hogares se puede hacer un manejo adecuado de estos residuos, separándolos o llevándolos a puntos de recolección para un tratamiento futuro.

De igual manera, en 2013 el Estado colombiano establece en la ley 1672 una política pública para el manejo adecuado de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, una normativa que consolida a Colombia como un país vanguardista en el manejo de este tipo de deshechos.

El reto de Colombia es continuar disminuyendo los niveles de contaminación producida por los residuos de aparatos electrónicos y eléctricos, integrando para ello a todos los actores sociales y económicos, a través de iniciativas públicas y/o privadas, incluso este tipo de desechos podrían convertirse en un extraordinario sector económico, tal y como ocurre con el gigante asiático.

Ahora que lo sabe, compre con inteligencia estos aparatos, y cuando piense descartarlos acuda a los puestos destinados para el buen manejo de sus desechos, ya que su acumulación puede acarrear problemas no solo para su salud sino daños irreversibles en el medio ambiente.

Una pila común puede llegar a contaminar 3000 litros de agua; una alcalina, 175.000 litros, y una de mercurio, incluso del tamaño de un botón, puede contaminar 600.000 litros.

Un televisor de LCD de 32 pulgadas contamina 8000 litros de agua.

Un teléfono celular puede llegar a liberar durante su vida útil 95 kilos de CO2 (dióxido de carbono) a la atmósfera.

Una lámpara fluorescente puede llegar a contaminar 35.000 litros agua.

Una nevera contamina lo mismo que un automóvil a gasolina que haya recorrido entre 16.000 y 17.000 km.

Para 2017 los desechos electrónicos del planeta alcanzarían las 65.4 millones de toneladas al año. Cifras de la Universidad de la ONU

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