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Urabá: del aire a la tierra.

Por: Juan Carlos Pérez Pérez.

C.S Universidad de Antioquia.

Urabá es paraíso. Es región verde de Antioquia desde el aire y en el recorrido por sus tierras y raíces.

Satena, nos lleva en su trayecto a Urabá por un tapete verde combinado por motas de algodón, que como nubes, encanta a propios y extraños. 30 minutos son suficientes, quizás quedan escasos, para mirar al infinito y ver montañas del occidente de Antioquia que lentamente nos acercan a Carepa y su eje del banano.

Satena, nos permite soñar con la inmensidad del verde, las serpientes de ríos y lo impactante de una región donde el rojo de la violencia está siendo teñida por el verde la esperanza y el progreso. Llegar a Urabá a través de las diferentes alternativas de rutas aéreas es la posibilidad de acercarnos rápidamente a una tierra salvaje y moderna, donde la combinación del plátano con las nuevas construcciones y alternativas de diversión nos abren un mar de posibilidades tan inmenso con el océano sobre el atlántico.

El aire de Urabá es mágico, es azul como un espejo del mar de su tierra. Desde el aire y por el aire se ve un tapete verde, matizado por todos los tonos haciendo gala de nuestra bandera antioqueña y acogiendo con el verde de la esperanza a propios y extraños. Urabá, esa torre de babel donde la multicularidad es la única constante, abraza a quien quiere ver de cerca, sembrados de plátano, cabezas de ganado, cocina y coco, costumbres y religiones, amenizados siempre por el folclor y el canto de negritudes y el acordeón vallenato.

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El aire de Urabá, desde el avión, en tierra, en barco, lancha o chalupa, quizás en burro o en uno de sus moto taxis, nos permite ver el comercio de este terruño, que con sus nuevos centros comerciales, sus construcciones, sus nuevas industrias, sus proyectos de puertos, sus opciones de turismo y planes ecológicos. Su aire nos da la oportunidad de vivir unos días entre lo antiguo y lo moderno, entre el hotel y su choza autóctona. Es pasado y presente y a la vez es recuerdo, nostalgia y tristeza por la violencia de antes y la ilusión y alegría del hoy y el mañana.

Desde tierra, el Urabá es otro, quizás el mismo que se observa desde el aire. Es volver realidad lo que se ha soñado desde las alturas. Recorrer Urabá desde Medellín o montería por sus vías es  entrar en el sendero de lo verde con mirada cercana y la posibilidad de vivir lo propio de cada municipio de esta gran región.Urabá5

Salir desde Medellín y recorrer desde el occidente de Antioquia toda la región, en diferentes medios de transporte nos permite acercarnos kilometro a kilometro a un mundo mágico donde el oro del banano es cada vez más palpable y real.

Llegar a Santa Fe de Antioquia y de ahí asumir el reto de recorrer hacia Cañasgordas, Dabeiba y Uramita y pedir allí las llaves de la llorona para vivir lo que anteriormente dejo recuerdos de miedo y aventura es alegría. . Salir desde la ciudad madre y encontrar las entradas a pueblos del recuerdo como Buriticá, Giraldo y Abriaquí y pensar que han sido siempre las huellas de caminantes que han buscado la guerra y la paz. Todo esto es el preámbulo, el canto de entrada para abrir la ventana de un mar de oportunidades.

Penetrar a Urabá por tierra, con el aire que llega a nuestras ventanillas, con ambiente de calor y frescura es cantar al unísono la magia de la naturaleza. Mutatá, Chigorodó, Carepa, Apartadó y Turbo nos reciben con sus parques tranquilos y el ambiente de las curvas de las niñas y la rudeza del negro que combinan a la perfección para danzar y sonreír.

Necoclí, San Juan de Urabá, San Pedro y Arboletes, es el otro Urabá. Es el Urabá del descanso, del mar, de las conexiones a Capurganá y otras islas y municipios. Es la región del lodo y el volcán, del pescado y los mariscos, del arroz con coco y el patacón, del día y de la noche lleno de mar y música a buen volumen. Es el paraíso.

Escoger si es por aire o por tierra, escoger ir de paseo o con ganas de enamorarnos de la vida, vivir a plenitud a través de los kilómetros de verde es parte del reto que se tiene a quienes gustamos de buscar la paz, no en mesas ficticias sino en barcas y rincones de la tierra, donde los hombres nos aseguran de la tranquilidad y alegría que hoy se vive en Urabá. Lo viví y por eso lo cuento. Lo interiorice y sigo descubriendo lo sencillo que es  vivir con poco. Gracias Urabá. Urabá1

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