Aguachica: Magia y acordeón

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Texto María Antonia Giraldo Rojas

En 1929 del puerto de Gamarra sobre el río Magdalena salían volando hacia Ocaña víveres y viajeros en un cable aéreo. Por el río pasaban las mercancías de Europa hacia el centro y se transportaban los frutos de la riqueza agrícola de la región. Por allí llegaron también los sirios y libaneses, que luego se establecieron en la provincia. En su viaje en el cable, una parada obligada era San Roque de Aguachica, que se convirtió, poco a poco, en un centro de acopio, punto de encuentro entre el sur de Bolívar y Cesar, y el occidente de Norte de Santander. Hoy sigue siendo una ciudad movida por el comercio.

En el centro de Aguachica se consigue de todo y a muy buen precio. Hay tiendas de alimentos, moda, tecnología y hogar. Las mercancías ya no llegan por cable. Su operación solo duró veinte años, pero las autopistas, y ahora el Aeropuerto Hacaritama, han impulsado que la ciudad sea próspera y siga creciendo. Caminar del parque principal al Parque del Morrocoy por la calle quinta es encontrarse con el comercio en pleno. Una vez cae la tarde se prenden los puestos de comida y en cada esquina hay un sabor diferente, desde el tradicional sancocho de gallina, que se sirve en mesas improvisadas en las aceras, pasando por la carne asada en El Humero del Parque de San Antonio, hasta las recetas internacionales y contemporáneas de la calle sexta. Si no hay mucha hambre, también están las empanadas de Doña Ángela, diagonal a la parroquia Nuestra Señora del Carmen o una arepa rellena donde Tere.

Aguachica se recorre en moto, es el medio de transporte preferido de los morrocoyeros (como se les conoce popularmente a los aguachiquenses en honor a las tortugas morrocoy que abundan en la región), aunque una vez se esconde el sol, caminar para encontrarse con amigos es un buen plan. Para los fines de semana se puede buscar una casa campestre en la Villa de San Andrés, donde se celebran las fiestas del mango en junio, o pasar un día de sol en la piscina de un hotel.

Música, baile y reinas

Una gran forma de conocer Aguachica y su cultura es participar en alguna de sus fiestas.

Los primeros días de marzo es el Carnaval Morrocoyero y la canción Fiesta de mi pueblo, compuesta por el maestro Julián Vargas y popularizada por Los Hispanos, cobra vida a través de su letra.

En la calle suenan porro sabanero o vallenato, se baila en las esquinas y se come sancocho de gallina. En agosto son las fiestas de San Roque, patrono de la ciudad; el 3 de mayo es la fiesta de la Santa Cruz en el Cerro de la Cruz, el cerro tutelar donde se tiene una de las mejores vistas de la ciudad, y en noviembre es el Festival de bandas tradicionales de viento. Además de la música popular contemporánea, que por supuesto hace su paso por las tarimas en los diferentes agasajos, para los morrocoyeros es más valioso celebrar la cultura tradicional y mantenerla viva.

Una muestra de ello es el trabajo de Blas Carlos Gallardo, fundador del Centro Cultural Eladio Vargas (calle 3 # 10-15) y del grupo folklórico Buturama.

Cualquiera es bienvenido en el Centro Cultural, allí se podrá acercar a la historia de la ciudad y encontrarse con caras conocidas. Gallardo conserva las fotos de los personajes más sobresalientes de la sociedad aguachiquense como el poeta Víctor Adolfo Duarte, compositor del himno de Aguachica, o una del maestro Julián Vargas posando con su equipo de fútbol de la juventud.

Rueda el balón

El deporte es otro de los pasatiempos preferidos de los aguachiquenses. Es fuerte entre los jóvenes la práctica del yudo, el patinaje, el baloncesto, el voleibol y, por supuesto, el fútbol. Para este último se acaba de reformar el estadio Francisco Ramos Pereira, bautizado así para honrar al arquitecto responsable del diseño del Estadio Metropolitano de Barranquilla, natural de Aguachica. Por estas canchas también pasó Jorman Campuzano, actual jugador del Boca Juniors de Argentina, nacido en Tamalameque.

La cultura de este deporte está tan arraigada, que además de seguir los partidos de la liga nacional, donde el apoyo se divide entre el Junior de Barranquilla y el Atlético Nacional, en la Ciudadela de la Paz hay un campeonato anual para mayores de cincuenta años, un espectáculo vital.

LOS RÍOS Y LAS CIÉNAGAS SON COMO UN OASIS BAJO EL SOL BRILLANTE QUE ILUMINA LA REGIÓN, LO QUE DEBERÍA SER ÁRIDO REVERDECE.

Una tradición cercana La región del Cesar tiene una rica cultura común. Se comparten los antepasados indígenas, las leyendas en torno a la conquista española y tradiciones como los juglares vallenatos, aún hoy los cantantes del género planean sus agendas en torno a las fiestas de los pueblos y se recorren año a año todo el territorio. La celebración de un carnaval y las fiestas patronales son otro punto en común, sin embargo, cerca a Aguachica, todos los 6 de enero hay un festejo muy particular en el municipio de Río de Oro.

Cuenta la leyenda que un “tigre mariposo” se paseaba por el valle haciendo estragos, ya había pasado por Teorama y Otaré cuando se le apareció a una lavandera que hacía su labor en el río. Unos negros y un cazador con sus perros oyeron los gritos de la lavandera y fueron a auxiliarla, salieron a perseguir al tigre hasta que finalmente el cazador logró matarlo. Los negros le quitaron la piel y celebraron. Esa historia la representan cada año los habitantes de Río de Oro disfrazados de lavanderas, tigres, negros, marianas y cazadores. El personaje del tigre recorre el pueblo, se sube al árbol más alto del parque principal y cae a manos del cazador para dicha de todos.

Además de estos personajes, desfilan por las calles comparsas, con temáticas diferentes, que preparan con juicio cada familia. También llevan un carro con una olla para recoger monedas y comprar los ingredientes de un gran sancocho.
Quienes la cargan hacen rimas a cambio de dinero y con este, además de alimentar la olla, compran ‘bolaegancho’ un licor artesanal saborizado, muy popular en la zona. Quienes tradicionalmente participan de la fiesta afirman que es una bella celebración adornada por la cultura de los riodorenses, pero recomiendan llevar una bolsa con muchas monedas.

El calor de la tierra y de la gente, la cultura tradicional y las múltiples celebraciones forman el encanto del Cesar, donde en cada rincón hay tesoros naturales o artísticos y personas enamoradas de ellos. La atmósfera mágica no solo inspira a los juglares, el nominado al Óscar en 2016, Ciro Guerra, es riodorense y en su película Los viajes del viento (2009) logra capturar eso que se respira en el aire y que solo quienes se toman el tiempo de conocer la región pueden entender.

ZOOM A LA REGIÓN

95.878 HABITANTES TIENE AGUACHICA SEGÚN CIFRAS DEL DANE A 2018.

CLIMA: 29°C es la temperatura promedio.

ECONOMÍALa ganadería y el comercio son los sectores más importantes.

PARTICULARIDAD: El vallenato es el género musical más representativo de la región.

25 MUNICIPIOS TIENE EL DEPARTAMENTO DEL CESAR.

RADAR

GAMARRA
Puerto sobre el río Magdalena.
15 Km

RÍO DE ORO
Sede del tradicional Carnaval del 6 de enero.
52 Km
OCAÑA
La segunda ciudad de Norte de Santander.
58 Km

LA GUÍA
DÓNDE DORMIR:
• Hotel Calle Real
316 4682581
• Hotel El Morrocoy
314 5470372
• Hotel D’Leon
310 6427985
DÓNDE COMER:
• En el Parque de San Antonio hay diferentes puestos de comida tradicional.
• En la calle 6, cerca a la Iglesia de la Virgen del Carmen, se encuentran diferentes propuestas de cocina internacional.
CÓMO TRANSPORTARSE:
• SATENA vuela a Aguachica desde Bogotá, los jueves a las 12:53 p.m. y domingo a las 12:50 p.m. Si estás en Medellín puedes realizar tu vuelo Medellín-Bogotá-Aguachica.
• El taxi es el mejor medio de transporte en la ciudad.
• Para desplazamientos intermunicipales está la Terminal de Transportes.

Agradecimientos:

Dorian Vizcaino Campo, Famy Tours Aguachica.
Blas Carlos Gallardo, fundador del Centro Cultural Eladio Vargas.

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