Cascadas, aguas que brotan del cielo

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Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Mantos de agua fresca caen como velos a través de las montañas. Riachuelos se abren paso por entre las rocas y el suelo escarpado para marcar el camino por entre terrenos cubiertos de tupida vegetación, que engalanan el paisaje, y cuyo espectáculo principal es verlos caer al vacío para fundirse con el entorno mientras continúan su trajinar. Así, imponentes y majestuosas son algunas cascadas en Colombia, todo un espectáculo natural para el deleite de los visitantes, quienes quedan hipnotizados por el sonido, en ocasiones ensordecedor, del agua.

Cada cascada, sin importar su altura, lleva consigo una historia, lleva a cuestas, por momentos, el peso del desarrollo sobre sus hombros, y aun así, se abren sin más ante los turistas para ser descubiertas palmo a palmo. Algunas prefieren mantenerse ocultas en medio de la naturaleza, pero cuando son descubiertas dan lo mejor de sus aguas para el deleite de los aventureros que se adentran al corazón de la montaña para conocerlas.

Colombia cuenta con un admirable relieve y diversidad topográfica, lo que constituye un territorio con variadas fuentes hídricas, ecosistemas ricos en biodiversidad y paisajes que se convierten en una experiencia única para los turistas. El occidente es una zona predominantemente montañosa, con innumerables cascadas que brotan de la tierra para nutrir el territorio, y que son un escenario predilecto para los amantes de deportes extremos como el rápel.

OJO DE DIOS Y FIN DEL MUNDO, DOS CASCADAS EN EL CORAZÓN DEL PUTUMAYO

A seis kilómetros de Mocoa, por la vía que va a Villagarzón, se encuentra un verdadero paraíso natural en el que los visitantes se conectan  directamente con la madre tierra. Así, desde el inicio de la travesía, cruzando un puente sobre el río Mocoa se empieza el ascenso a dos cascadas importantes dentro del departamento del Putumayo.

A unos pocos metros de cruzar el río se empiezan a ver paisajes inhóspitos, cubiertos por la manigua, que conforme se va adentrando en la montaña se vuelve más espesa; pero antes de encontrarse con este paisaje, los viajeros deben registrarse en una casa de madera que ofrece información vital para los caminantes y reglas que se deben seguir mientras estén inmersos en este santuario natural. Desde este punto se inicia un recorrido de una hora y media, aproximadamente, por un camino hecho a pulso entre la selva, donde el paisaje se abre conforme los visitantes van ascendiendo, muchos de ellos extranjeros que quedan hipnotizados por la imponencia del entorno. Este sendero, que va en subida, llega a un lugar en el que se divide en dos, uno de estos caminos conduce a Ojo de Dios, una caída de agua de treinta metros, cuya fuerza talló con precisión un túnel de piedra por donde pasa el río Dantayaco, que refresca a quienes descubren el lugar. Para llegar a este sitio los viajeros deberán probarse a sí mismos la fortaleza física y mental para el recorrido, pues el camino no es demarcado y deben seguir las indicaciones del guía para no perderse en medio de la manigua. En cada rincón de esta selva el agua brota por entre las raíces, y su destino son algunos de los ríos más caudalosos de la Amazonía, por eso es importante que quienes visitan este lugar tengan presente preservarlo.

Uno de los planes favoritos para los viajeros es descender en rápel por Ojo de Dios. A través del túnel de piedra se deslizan hasta tocar el río, de allí continúan el viaje en canyoning hasta toparse cara a cara con la cascada Fin del Mundo. Quienes no desean hacer este trayecto pueden regresar hasta la bifurcación para continuar con el recorrido a pie.

Desde este punto los caminantes descienden por un estrecho camino, sorteando las ramas de los árboles y pasando pequeños puentes de madera que la comunidad ha construido con el fin de facilitar el tránsito de los turistas. A pocos pasos se encuentra Pozo Negro, una piscina natural formada por el río, cuya profundidad de ocho metros le permite a los más osados clavarse para sentir la adrenalina del lugar. Metros más abajo se encuentra Pozo Almorzadero, un lago menos profundo pero con una enorme piedra que hace las veces de playa, para quienes quieran sentarse a contemplar la belleza del lugar. Más adelante se encuentra el Puente de Roca, un puente natural que se formó gracias al paso de las aguas, que pulió la piedra dejando solo una lámina en la parte superior que conecta las dos orillas.

Conforme se avanza, el sonido de las aguas del Fin del Mundo anuncia la llegada a esta importante cascada. Un delicado camino con tupida vegetación se abre para mostrar la majestuosidad del paisaje. Una vez allí, los viajeros miran con asombro la inmensidad de la selva que se extiende por el sur del país, y que se fusiona, a lo lejos, con el cielo. En este lugar se puede descender en rápel siguiendo el curso de la cascada. Una vez abajo, una piscina natural se convierte en la mejor manera de celebrar la hazaña de haber bajado setenta y cinco metros en línea recta. “El agua es fría, pero realmente vale la pena bajar suspendido, es un vacío delicioso que se siente en la barriga”, dice entre risas una turista que aceptó retar sus miedos para vivir una experiencia extrema interna en el corazón del Putumayo. “cuando vas bajando sientes miedo, pero una vez miras todo lo que hay alrededor solo piensas en lo pequeño que somos en medio de esta tierra”, reflexiona, aún extasiada por la aventura.

La magia de la selva sorprende al más desprevenido de los viajeros. Quienes pisan el Putumayo se encuentran con innumerables pozos, cascadas y raudales que hacen de esta tierra un verdadero paraíso en medio de la manigua.

SALTO DE BORDONES, UN PULMÓN NATURAL

Huila es toda una caja de sorpresas en materia turística, sus paisajes se encargan de enamorar a los turistas, quienes en un recorrido por el departamento encuentran desde desiertos hasta un parque arqueológico con tallas indígenas en piedra, una de las más representativas del continente. En medio de tantas maravillas se encuentra Salto de Bordones, una caída de agua de cuatrocientos metros, ubicada entre los municipios de Isnos, Pitalito y Saladoblanco.

Desde un mirador se divisa la cascada que se encuentra en el Parque Nacional Natural Puracé, uno de los santuarios naturales por excelencia de la Cordillera Central, lugar donde las especies guardan tributo al imponente paisaje. Desde este punto los viajeros amantes del senderismo y el avistamiento de aves pueden seguir un camino hasta la base del salto, que es, por demás, uno de los más altos de Colombia.

Las aguas que saltan al vacío desde la cima provienen del río Bordones, un afluente del río Magdalena que viene abriéndose paso entre la abundante vegetación, que sirve como un corredor de biodiversidad. Con una caminata de cinco horas, aproximadamente, los viajeros pueden ver no solo la cascada desde diferentes ángulos, sino que tienen una visión panorámica del cañón Bordones, formado por el zigzagueante trajinar del río. En la zona también son famosas las fincas cafeteras y paneleras, que complementan el recorrido para los visitantes del lugar.

Para vivir una experiencia natural en esta parte del departamento opita basta con llegar hasta al terminal de transportes de Pitalito, de donde salen colectivos que van hasta Bordones. Desde el mirador parten algunos de los recorridos que van hasta la base del salto, donde la energía y la tranquilidad de la madre naturaleza invaden el ambiente.

SALTO DE TEQUENDAMA, AGUAS A LAS AFUERAS DE LA URBE

Muy cerca a Bogotá, exactamente a las afueras del municipio de Soacha, se encuentra el Salto de Tequendama, una cascada de ciento cincuenta y siete metros de altura, cuyas aguas provienen del río Bogotá después de su paso por la capital.

Según la leyenda Muisca, el salto se formó gracias a una acción de los dioses que buscaban detener las inundaciones en la Sabana de Bogotá. Años más tarde, durante sus recorridos naturales por Suramérica, Alexander von Humboldt evidenció la riqueza de fauna y flora en la zona a mediados del siglo XIX, y más que la altura del salto fue el encanto del ecosistema lo que llamó poderosamente su atención. Sin embargo, el crecimiento desmedido de Bogotá y algunas obras de ingeniería mermaron las aguas y deterioraron el entorno que hoy busca a gritos ser recuperado. La belleza natural que von Humboldt halló durante sus viajes hoy ha desaparecido por completo.

La mejor vista del salto se tiene desde la actual Casa Museo Salto de Tequendama Biodiversidad y Cultura, una elegante casona ubicada a orilla de carretera, construida en 1923 por los arquitectos Pablo de la Cruz y Carlos Arturo Tapias, quienes hicieron de este espacio un verdadero punto de encuentro para la élite capitalina que accedía a esta estación de tren con servicio hotelero. Décadas más tarde se pensó en usar la estructura como un restaurante, pero la contaminación y el crecimiento de la industria y la población en Bogotá llevaron a que este proyecto no se realizara.

Por más de veinte años la construcción estuvo abandonada, pero en 2014 La Fundación Granja Ecológica el Porvenir (GEP) con el apoyo de la Unión Europea y la delegación de Francia en Colombia decidió utilizarla como un museo cuya misión es crear conciencia sobre los riesgos de la contaminación en Bogotá y ayudar en la posibilidad de recuperar parte del ecosistema rico en fauna y flora, ese mismo que enamoró a Humboldt cuando pisó la sabana. Por esta razón a partir de junio y con el apoyo de la Embajada de Alemania en Colombia, se rendirá tributo en Casa Museo al viaje de este explorador al Tequendama.

El Salto de Tequendama es, además, un paso obligado para los viajeros y las excursiones
escolares que van para el Zoológico Santacruz, ubicado a pocos minutos de este punto. Allí, la majestuosidad de la caída de agua explica a la perfección la fascinación y el tributo que le tuvieron las comunidades indígenas que habitaban esta zona antes de la conquista.

CAQUETÁ, UN DEPARTAMENTO CON CORAZÓN DE AGUA

Este departamento, que se extiende desde el pie de monte andino hasta conectar con la selva amazónica, es un complejo turístico apetecido por turistas de todo el mundo. Entre su abundante vegetación oculta tesoros naturales que pueden ser descubiertos a través de caminatas y recorridos a caballo para disfrutar de toda la belleza de este lugar.

En el municipio de Morelia se encuentra la Reserva Natural Ecoturística El Danubio, un paraíso ubicado sobre la Cordillera Oriental, en la cuenca del río Bodoquero, cuyas aguas se internan entre la manigua para formar una serie de caños y cascadas aptas para los amantes de los deportes extremos y el avistamiento de aves. Una de esas caídas de agua es La Diabla, que baña la selva con una altura de dieciséis metros.

En la vereda las Doradas, en el municipio de El Caraño, se encuentra un lugar que bien le hace honor a su nombre: Paraíso Amazónico. Durante el recorrido los viajeros atraviesan túneles ecológicos y cascadas que brotan de la tierra y refrescan el caminar de los aventureros.

El Parque Ecológico El Paraíso de Pedro es otro de los destinos más visitados en el Caquetá, pues este lugar cuenta con múltiples cascadas que van tallando estrechos, piscinas naturales y moyas, en donde los viajeros pueden sentir la tranquilidad del lugar mientras toman un baño en estas aguas cristalinas.

LA PERIQUERA, UN PARAÍSO INTERNO EN BOYACÁ

A quince minutos del casco urbano de Villa de Leyva se encuentra La Periquera, un complejo de cascadas que recorren la zona, rica en árboles y aire puro. Su nombre se debe a la gran cantidad de pericos que habitaban el lugar y que se alimentaban de granos y frutas que cultivan en los caminos aledaños los campesinos.

El río Cebada nutre la cascada La Periquera, una caída de agua de quince metros que alimenta pequeñas cascadas, ideales para iniciar un contacto con la vida natural.
Gracias a la tranquilidad de la zona y a los bosques de robles que circundan el parque, los turistas viven una experiencia única que los conecta con el planeta tierra.

El agua fría que desciende por entre las montañas se convierte en un espectáculo para los turistas y para los amantes del ecoturismo, quienes pueden recorrer el lugar en busca de una experiencia contemplativa del mundo natural.

SALTO DE GUADALUPE, DE ANTIOQUIA PARA COLOMBIA Y EL MUNDO

El río Guadalupe viene abriéndose paso entre la espesa vegetación del norte antioqueño, partiendo de Santa Rosa de Osos, específicamente desde el barrio Los Chorros. Allí sus aguas empiezan a bajar la montaña para encontrarse con el Salto, corregimiento del municipio de Gómez Plata, en donde se avientan al vacío para continuar su recorrido por el cañón hasta desembocar
en el río Porce.

El Salto de Guadalupe, como se le conoce, es la caída de agua más alta de Antioquia, con doscientos cincuenta metros de altura, y marca los límites de los municipios Carolina del Príncipe, Gómez Plata y Guadalupe. Los viajeros que visitan este lugar tienen la posibilidad de descender al cañón que forma el río, gracias al teleférico operado por Epm, el segundo más inclinado de Latinoamérica, que permite tener una vista parcial del salto y del ecosistema que rodea la zona. Es tal la inclinación del terreno que los turistas pasan de un clima fresco a un calor tropical en cuestión de minutos. Este teleférico, construido en 1962, tiene la capacidad de transportar hasta doce personas en un mismo viaje. Además, el costo de la tiquetera de veinte viajes tiene un valor de cien pesos, un costo mínimo para el servicio que presta en la zona, pues más que una atracción turística es un medio de transporte vital para los campesinos, quienes tienen prioridad sobre los foráneos al momento de abordar.

El río Guadalupe, antes de encaminarse al salto, hace un recorrido en el norte del departamento por algunos proyectos hidroeléctricos como Caruquia, en Santa Rosa de Osos; Guanaquitas, en Santa Rosa y Gómez Plata; y el embalse Troneras, que es de mayores proporciones y se ubica en Carolina del Príncipe y Gómez Plata.

Pero el salto no es el único atractivo que tiene esta zona. Desde la vereda El Mango, perteneciente al municipio de Guadalupe, se encuentra un punto conocido como La Divisa, un mirador en medio de la montaña desde el que se observa la cascada y el entorno natural. A este sitio, ubicado a treinta minutos del área urbana del municipio, los viajeros pueden acceder a través de un sendero ecológico que ilustra la belleza que tiene este pueblo.

Además, muy cerca al casco urbano de Guadalupe se encuentra el charco del Cañal, una zona turística donde la tranquilidad de sus aguas y sus piscinas naturales contrastan con la vegetación, lo que ha convertido el lugar en uno de los destinos predilectos para las familias que desean vivir una experiencia al aire libre.

LA CHORRERA, MAGIA NATURAL EN LOS CERROS ORIENTALES

Muy cerca a Bogotá se encuentra uno de los pulmones naturales más atractivos para los visitantes. Un bosque paramuno circunda y engalana la cascada La Chorrera, una caída de agua de quinientos noventa metros de altura, cuya belleza deja sin palabras a los foráneos que se adentran a este parque. Esta cascada escalonada, la más alta de Colombia, ofrece un paisaje único, con un ecosistema rico en especies nativas y un punto predilecto para los amantes de las aves, pues entre las ramas de los árboles saltan juguetonamente pavas, copetones, carpinteros, colibríes, entre otros.

Pero antes de encontrarse cara a cara con La Chorrera, la naturaleza tiene para los foráneos el Chiflón, una cascada más pequeña, de cincuenta y cinco metros de altura y de abundante agua, cuyo nombre se origina por la corriente de aire producto de la fuerza del agua. Esta cascada, al ser de menor tamaño, pero no de menor caudal, es apetecida por los más osados, que deciden refrescar su humanidad después de una larga caminata. Para acceder a esta maravilla la comunidad ha habilitado senderos en piedra con pasamanos de madera; sin embargo, por la humedad de las piedras, se recomienda transitar por estos caminos con cuidado. “Yo jamás pensé que tan cerca de Bogotá existiera esta caída de agua tan bella, es todo un espectáculo”, narra emocionada Berta Romero Gil, una visitante que aprovecha las aguas que descienden del cielo para lavar su rostro. Al igual que Berta, cientos de capitalinos se muestran orgullosos de este pequeño paraíso, ubicado a espaldas de los cerros orientales de Bogotá. Así, a cuarenta y cinco minutos de la capital, en el municipio de Choachí, se encuentra este lugar que recibe la admiración de quienes lo visitan. Las aguas de esta cascada nacen en el páramo, y su recorrido las lleva a atravesar el municipio de Cundinamarca hasta fundirse definitivamente en el Meta.

El lugar cuenta con pequeños senderos que llevan a los visitantes a ubicarse en la parte baja de la cascada, desde donde solo se divisan los últimos cien metros, que evidencian la magia de la madre naturaleza. En medio de la abundante vegetación los viajeros sienten como el aire puro invade sus pulmones cargándolos de energía y vitaminas para el alma, no en vano esta zona es una de las favoritas para quienes disfrutan acampar.

MANTO DE LA VIRGEN, AGUAS QUE CAEN DEL CIELO

“Cuando uno llega y ve ese espectáculo, uno dice, ah, valió la pena toda esta caminata” dice, con voz algo cansada, un caminante al encontrarse con esta cascada ubicada en Gámbita, Santander, más exactamente en la vereda Chinatá.

Esta cascada, formada por las aguas de la quebrada La Negra, se desliza delicadamente por la montaña hasta llegar al borde de una formación rocosa, y al caer da la sensación de que es un manto blanco que cubre la montaña. Esta caída tiene una altura total de, aproximadamente, trescientos metros, y se divide en secciones o escalas. Los viajeros pueden acceder a ella siempre acompañados de un guía, pues el terreno es demasiado liso y es mejor contar con las recomendaciones de los expertos. Después de una caminata, que dura en promedio hora y media, esta obra divina de la naturaleza se abre para que los amantes del mundo natural puedan disfrutar de este regalo santandereano.

Quienes quieran conocer este lugar pueden hacerlo desde Bucaramanga, tomando la vía hacia San Gil. Luego, en el corregimiento Vado Real se toma la vía que llega finalmente a Gámbita. Este recorrido es de, aproximadamente, doscientos diez kilómetros y dura, en promedio, tres horas y media.

Toda esta diversidad natural e hídrica que atraviesa Colombia de punta a punta es uno de los tesoros más importantes de nuestra nación. Por eso, cada uno de estos destinos debe visitarse cuidando siempre las reglas del lugar. Bajo ningún motivo arroje basura por estas fuentes de agua, y respete el entorno que las rodea. Por lo tanto, evite hacer fogatas o alguna acción que ponga en peligro el ecosistema. Para acceder a estos lugares los viajeros deben hacer largas caminatas entre senderos naturales, por lo que se recomienda el uso de ropa cómoda y zapatos con buen agarre, además de hidratación.

Es importante que estas visitas las haga con guías autorizados, pues ellos además de conocer los caminos tienen protocolos dispuestos en caso de alguna emergencia, y, por supuesto, escuchar sus historias podrá enriquecer mucho más el viaje.

Colombia es un país en el que, por su geografía, las fuentes de agua que nacen en zonas montañosas deben seguir su curso, y en ese trayecto se encuentran con abismos que cruzan con elegancia a la vista de los amantes de la naturaleza.

No importa la altura de la caída, lo que cuenta, en realidad, es cómo con delicadeza estos chorros pintan de magia los paisajes de una nación.

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