Sígale el paso a Cali

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Escribe: Marcela Beltrán Gómez

“Si huele a caña, tabaco y brea, usted está en Cali, ay mire vea”, entona con orgullo la Orquesta Guayacán en su canción Oiga Mire Vea, una tonada que describe a cabalidad lo que significa pisar la Sultana del Valle. Con el paso de los años Cali se ha convertido en un destino turístico importante para el país, esto gracias a la calidez de su gente, su gastronomía y a la salsa, ese ritmo que invade las discotecas en todo Colombia y que, imparable, toma camino en el mercado internacional. Así, sencillita, ve, es la Sucursal del Cielo.

En Cali hay planes para todos los gustos. Los turistas que deciden viajar a la Sultana del Valle, como es conocida, saben que este es un destino lleno de cultura y buenos sabores, por eso, Juan Carlos González, guía de turismo en Cali, menciona que “si pasás por Cali tenés que conocer Cali”; y es que este es un lugar lleno de encanto.

Además, desde hace un par de años la ciudad se ha convertido en un importante punto empresarial para el país y la región, lo que en parte ha disparado la oferta turística. Ese crecimiento empresarial que ha venido teniendo la ciudad desde hace un par de años es un impulso que posiciona la capital del Valle como un destino para los negocios y el turismo. Además, la adecuación de su aeropuerto, Alfonso Bonilla Aragón, ubicado en Palmira, es un claro ejemplo del desarrollo en la zona.

Un poco de historia, vé

Sin embargo, fue durante el siglo XX que Cali alcanzó un desarrollo significativo. Todo gracias a la apertura del Canal de Panamá, que conectó ambos océanos y facilitó el comercio en la región, y que más adelante permitió la puesta en marcha del ferrocarril y la construcción de la carretera que conectaba el Valle del Cauca con Bogotá; lo que convirtió la zona en un centro de desarrollo industrial y agrícola.

También hubo crecimiento y evolución cuando en 1971 Cali fue sede de los Juegos Panamericanos, un evento que ubicaba la Sucursal del Cielo en la cima del deporte de la región. “Esa fecha es muy importante, la gente vino y muchos quedaron enamorados de Cali”, resalta Juan Carlos. Además, estos juegos constituyeron un gran salto para la ciudad, porque para que esta fuera sede se debió invertir en escenarios deportivos y en el embellecimiento de los espacios, algo que todavía la urbe conserva. Hoy, Cali es sinónimo de pujanza, de crecimiento económico y desarrollo. El turismo y la industria constituyen dos rubros importantes de la economía local, pues la movida oferta de fiesta y entretenimiento atrae a los viajeros a vivir una experiencia mágica y muy rumbera en la capital del Valle del Cauca.

El 25 de julio de 1593, Sebastián de Belalcázar bautizó un pequeño poblado, que se hallaba ubicado en las faldas de la Cordillera Occidental y se abría paso hacia el río Cauca, con el nombre de Santiago de Cali, compuesto en honor al santo y a la palabra caribes (cari o cali), gracias a los indígenas que acompañaron el conquistador en su travesía. Durante el proceso de fundación el capellán Fray Santos de Añasco realizó una ceremonia religiosa en el lugar que hoy ocupa la Iglesia de la Merced, en pleno corazón del centro de Cali. “Es en esta iglesia que nace nuestra ciudad”, comenta González.

En sus inicios, la pequeña villa estaba rodeada de haciendas ganaderas y de caña de azúcar, uno de los productos más representativos de la zona hasta el día de hoy. Con el paso del tiempo, Cali, gracias a su cercanía con Buenaventura y a sus múltiples caminos de herradura construidos desde la Colonia, para luego convertirse en modernas vías que conectan la ciudad, logró convertirse en un punto estratégico no solo para el comercio sino también para la producción agrícola.

Cali, cuidad para recorrer de palmo a palmo

Cali es una ciudad para caminar, para recorrer sus parques, centros comerciales y culturales. De por sí, en este lugar el arte y la cultura se respiran en cada calle. Los viajeros que deciden visitarlo fijan como punto obligado la Plazoleta Jairo Varela, ubicada en el centro de Cali, un espacio de encuentro y tertulias alrededor de la música. En ocho mil metros cuadrados, los turistas encuentran cafés, restaurantes y lugares para la tertulia, además pueden toparse con el Museo Jairo Varela, un sitio creado en 2014 por Cristina Varela, hija del maestro, con el fin de rendirle un homenaje por su aporte a la cultura del país. El museo, que es completamente gratuito, exhibe instrumentos, partituras, prendas de vestir, discos de oro y demás objetos que marcaron la vida del artista nacido en Quibdó y que se convirtió en un símbolo de la salsa no solo en Cali, sino en Colombia. Al entrar se ve un colorido retrato del músico y en una de sus paredes se encuentra, en gran tamaño, la letra de Cali Pachanguero, una de las canciones más representativas del Grupo Niche, compuesta por Varela.

A un costado de la plazoleta se encuentra la trompeta, símbolo de la salsa caleña y en la que, si se ve con ojo clínico la ubicación de sus acordes, se puede leer la palabra Niche. Esta escultura dorada, de ocho metros de alto por ocho metros y medio de largo, se convierte en un atractivo turístico para los visitantes, que aprovechan el lugar para hacer todo tipo de fotos Al interior, en la base de la trompeta, se leen algunos apartes de las canciones que hicieron famoso al Grupo Niche, entre ellas Mi pueblo natal, Viviendo un sueño, y otras.

Frente a este monumento se encuentra el Centro Administrativo Municipal (CAM), punto político y administrativo de la ciudad. A un costado, el Paseo Bolívar ofrece los tradicionales cholaos y luladas, que calman la sed de quienes llegan hasta acá. Este tradicional camino conduce a los visitantes al Puente Ortiz, construcción sobre el río Cali que conecta a los lugareños con el corazón histórico del centro de la ciudad, famoso por sitios de interés como el Teatro Jorge Isaacs, construido en 1931 y declarado monumento nacional en 1984. Muy cerca al teatro está el Parque de los Poetas, que homenajea el espíritu cultural de la Sucursal del Cielo con esculturas de poetas y escritores como Octavio Gamboa, Jorge Isaacs, Ricardo Nieto, Antonio Llanos y Carlos Villafañe. A pocas calles de este parque se encuentra La Ermita, uno de los puntos turísticos más emblemáticos. La construcción de este santuario contó inicialmente con una arquitectura sencilla, dedicada a Nuestra Señora de la Soledad y al Señor de la Caña, pero en 1925, después de sufrir los embates del tiempo, debió ser derribado. Sin embargo, en 1942, se reconstruyó la capilla, también dedicada a Nuestra Señora de los Dolores y al Señor de la Caña, imagen conservada de la primera estructura. Sin importar el credo que profesen los viajeros, este lugar es uno de los más visitados, pues su imponencia se roba las miradas de los miles de visitantes que diariamente transitan por esta zona.

Cuando de viajar se trata, los turistas buscan, casi siempre, llevarse uno que otro recuerdo del destino que conocen, y en eso Cali tiene la solución. En el sector de La Alameda se encuentra el mercado y variadas tiendas de productos y artesanías locales, que expresan con texturas y colores la esencia de la caleñidad. Canastos, sombreros, mochilas, tallas en madera, cerámica y los tradicionales gatos del río en versión miniatura cautivan a los viajeros cuando transitan esta zona, que conecta con un espacio muy popular entre la comunidad caleña: el Parque la Alameda, un lugar de coloridas fachadas en el que la salsa palpita 24 horas al día y que se ha convertido en un punto de encuentro para los viajeros que desean conocer parte de la tradición rumbera de la Sultana del Valle. Este barrio, que en sus inicios era residencial, recibe su nombre gracias a los abundantes árboles que existían en la zona; pero su rostro cambió. Hoy es mucho más concurrido y sus alrededores ya no son casas de familia sino verdaderos espacios de baile y debate alrededor de la salsa. Los amantes del género llegan a este lugar para compartir con otros fanáticos todo sobre tendencias, discos y artistas más representativos.

En Cali, el arte y la cultura es una constante.

Barrios como San Antonio son el epicentro de una variada muestra artística en la que la música, la pintura, la literatura y, por supuesto, la gastronomía, confluyen para deleitar a quienes pasan por la capital del Valle en busca de nuevas experiencias. Desde una loma, en inmediaciones al barrio San Antonio, se encuentra la capilla San Antonio, un templo construido a mediados del siglo XVII y que hoy es un punto importante para ceremonias religiosas de todo tipo. A pocos metros, una calle es centro de restaurantes y cafés-galerías, que atrapan a los viajeros deseosos de vivir una experiencia gastronómica. Bajo esta misma propuesta, el barrio Granada, ubicado al noroeste de Cali, cuenta con una variada oferta de restaurantes y boutiques que llaman la atención de los viajeros que llegan a este sector. Las antiguas casonas en la zona se transformaron poco a poco en restaurantes coloridos que mezclan la cocina tradicional con bocados internacionales.

Los sabores de Cali deleitan a los viajeros, y es que gracias a la gastronomía la ciudad ha escalado otro nivel en materia turística, pues recientemente se sumó al grupo de las veintiocho ciudades que integran la red Délice, un organismo que resalta la gastronomía del mundo a partir de su importancia cultural. Bajo ese escenario, Cali se convirtió en la primera ciudad de Suramérica en hacer parte del selecto grupo. Marranitas, chuleta valluna, sancocho de gallina, lulada, arroz atollado, entre otros, son algunos de los platos más apetecidos por los turistas que pisan la tierra del chontaduro.

Y qué sería de Cali sin el tradicional cholado o cholao, al que se le atribuyen beneficios para curar el guayabo, una mezcla de hielo raspado y mezclado con papaya, manzana, fresa, uva, piña, leche condensada y Milo. Si bien es originario de Jamundí, en Cali existen muchos parques y plazas donde los llamativos carritos ofrecen este manjar típico de la región.

Uno de los lugares más visitados por los turistas es El Gato del Río, una obra esculpida por el pintor y escultor pereirano Hernando Tejada, quien en 1996 quiso dejarle a esta ciudad un felino a orillas del río Cali. Este particular gato, de ojos vivos y bigotes enroscados, mide tres metros de altura y pesa tres toneladas y media. La popularidad del enorme minino llevó a que en 2006 la Cámara de Comercio de Cali liderara un proyecto para la recuperación no solo del gato sino de sus alrededores, por lo que pensó en Las Novias del Gato, una muestra artística de quince esculturas felinas decoradas por artistas plásticos reconocidos como Omar Rayo, Nadín Ospina y Mariapaz Jaramillo. Cada día, cientos de turistas pasean la ribera del río fotografiando las particulares esculturas que son un referente de la creatividad caleña para el arte.

Los viajeros que pisan la Sucursal del Cielo no pueden dejar de visitar el Monumento de Cristo Rey, ubicado en el cerro Los Cristales, en el corregimiento Los Andes, al occidente de Cali. En este lugar, y casi que desde la perspectiva del Cristo Redentor, se tiene una panorámica de la ciudad que se extiende por el vasto valle. Esta escultura hecha con hierro y hormigón, inaugurada en 1953, fue construida por Alideo Tazzioli, un escultor italiano afincado en Barranquilla, quien para trabajar en el proyecto se trasladó a Cali. Para la elaboración del Cristo fueron necesarias treinta y cinco toneladas de hierro, mil sacos de cemento y cien mil litros de agua. Todo surgió cuando el sacerdote José María Arteaga tuvo la idea original de hacer una escultura en este punto de la ciudad, por lo que contactó a un artista para su elaboración; sin embargo, este dejó el proyecto, por lo que buscó a Tazzioli para esculpirla. El Cristo Rey de Cali es doce metros más pequeño que el Corcovado de Río de Janeiro, y se estima que doscientos noventa mil personas lo visitan cada año.

Otro de los espacios que ofrece una panorámica de la ciudad es el monumento a Sebastián de Belalcázar, donde la escultura rinde homenaje al fundador de la Sultana del Valle, quien aparece señalando con su mano derecha el occidente de la ciudad, que conduce al Pacífico, y con la otra sosteniendo una espada. La estatua, esculpida en España en 1935 por Victorio Macho, llegó en barco hasta el puerto de Buenaventura y desde ahí inició un recorrido por caminos de herradura hasta Cali, finalmente fue inaugurada en 1937. Actualmente, este monumento es un referente para los caleños y turistas que llegan aquí para ver qué maravillas ofrece la Sucursal del Cielo.

La historia, el arte, la salsa y la gastronomía son el complemento perfecto para que los viajeros gocen su paso por la capital del Valle, que a pesar de ser una ciudad con más de dos millones de habitantes conserva entornos naturales ideales para el senderismo y la vida de campo, además cuenta uno de los zoológicos más visitados del país. “Este zoológico es el único en Colombia que tiene la acreditación de la Asociación Americana de Zoológicos, con sede en Estados Unidos, y que es el estamento que tiene los estándares más exigentes en el funcionamiento y calidad de zoológicos”, cuenta Susana Posada, gerente de imagen corporativa de la Fundación Zoológico de Cali.

Este zoológico de aproximadamente siete hectáreas alberga doscientas treinta especies, entre las que se cuentan dos mil quinientos individuos, que reciben los mejores cuidados, “esta es la única institución donde han nacido cóndores, una de las especies más amenazadas. Esas crías fueron liberadas en las montañas de Colombia, lo que constituye un gran aporte a la conservación de esta especie”, asegura Posada.

Pero esta institución no solo se preocupa por la conservación del patrimonio natural, sino también del patrimonio cultural. Por eso, desde hace trece años celebran en octubre y noviembre el evento Mitos y leyendas, que a través de la tradición oral busca rescatar la magia de las narraciones de todo el territorio nacional. “Los visitantes van haciendo el recorrido y en algunos puntos aparecen actores interpretando estas historias, además siempre tenemos un hilo conductor que va enfocado a la conservación del medio ambiente y a las prácticas ciudadanas. Este evento ya es una tradición para los caleños, y en 2019 recibimos cuatro mil personas en las doce funciones que hicimos”, complementa Susana.

Para los caleños, bailar es parte de su esencia, de lo que son. Por eso, en la ciudad funcionan cientos de academias de baile que ofrecen clases de salsa y otros ritmos, dedicadas a los turistas que deseen aprender los pasos básicos o a los nativos que no solo quieran perfeccionar su técnica, sino que busquen espacios para realizar proyectos de tipo artístico y cultural. “Si Nueva York es la Capital del Mundo, Cali es la Capital de la Salsa, pero también del baile. Acá tenemos bailarines de folclor, clásicos, de contemporánea, de ritmos modernos, tenemos un sinnúmero de manifestaciones de danza y cultura. En ese escenario podemos decir que Cali es una puerta al mundo desde el arte”, cuenta Diana Giraldo, cocreadora de la Fundación Jacaranda, un lugar para desarrollar aptitudes relacionadas con la danza y el arte. Además de las clases de baile, la fundación ofrece una enseñanza integral en áreas como técnica vocal y arte dramático, porque “el propósito de la fundación no solo es formar artistas integrales, sino mostrarles que de esto se puede vivir. Para nosotros es importante fomentar y fortalecer esa parte académica, con pedagogía y que puedan replicar sus conocimientos en proyectos futuros”, enfatiza Diana.

Y es que en Cali la música, la danza y las tradiciones del Pacífico se reúnen cada año, en agosto, en el Festival Petronio Álvarez, un espacio en el que convergen diversos saberes alrededor de la cultura propia del litoral.

Los sonidos que inundan las calles de Cali durante el octavo mes del año hacen referencia a una herencia cultural que se mantiene viva. El festival, que se ha consolidado como uno de los eventos más importantes del folclor en todo el país y que lleva más de veinte años, fue llamado así en homenaje a Petronio Álvarez, un importante músico nacido cerca de Buenaventura. Durante los días del certamen los asistentes no solo disfrutan de la danza y la música, pues también hay espacios de investigación y reflexión alrededor de la cultura y las tradiciones.

En diciembre, la ciudad se prepara para vivir la Feria de Cali, un evento que es todo un referente para las festividades de fin de año en el país. En este 2019 se celebrará la edición número 62, y como todos los años se prepara una amplia oferta musical y de muestras relacionadas con la salsa y la alegría típica del pueblo caleño. Uno de los actos más atractivos es el Salsódromo, una iniciativa que reemplazó las cabalgatas que abrían tradicionalmente la feria. Desde el 2008, la salsa se toma las calles de Cali en un imponente carnaval en el que las más reconocidas academias de baile de la ciudad salen para mostrar parte del sabor que caracteriza a la capital del Valle. Hoy en día, el Salsódromo, al igual que el Sambódromo en el Carnaval de Río de Janeiro, es uno de los acontecimientos más importantes de los cinco días de fiestas.

La feria también ofrece conciertos y eventos culturales para todo tipo de público, lo que permite que quienes asistan tengan diversos planes en torno a las actividades tradicionales de la ciudad.

1,2,3, ¡Salsa!

Cali respira salsa, por eso desde hace más de una década la ciudad cuenta con una serie de espectáculos y shows donde bailarines, coreógrafos, músicos e incluso diseñadores y maquilladores le apuestan a la salsa como un sello único y característico del sentir caleño.

 

Uno de estos escenarios es El Mulato Cabaret, un show artístico liderado por Luis Eduardo Hernández, mejor conocido como El Mulato, quien, con ojo clínico, se dispuso a hacer de la salsa un producto cultural capaz de atravesar las fronteras, y lo logró. Desde hace un par años, él, con la astucia y el talento que lo caracterizan, es el coreógrafo de los bailes latinos que Jennifer López presenta en sus shows, un reto que afrontó con todo el profesionalismo y que lo ha ubicado como uno de los mejores exponentes de la salsa caleña.

Pero ese crecimiento no hubiera sido posible sin el apoyo de Swing Latino, una compañía de baile creada en 1999 y que ha ido construyendo parte de la historia en El Mulato Cabaret, pues son ellos quienes todos los viernes, sábados y domingos se encargan de llevarle a los nativos y foráneos toda la magia de la salsa caleña. El Mulato Cabaret recibe a los asistentes en su lugar de espectáculos, que tiene una capacidad para seiscientas personas. En el escenario los bailarines atrapan las miradas del público gracias a un derroche de talento, carisma y sensualidad. “El Mulato Cabaret es un laboratorio, no pretendemos que sea un sitio de moda, sino que trasciende. Entre más viejo, mejor”, cuenta Óscar Tenganá, Director de Publicidad, El Mulato Cabaret.

Otro de los shows más importantes alrededor de la salsa caleña es Delirio, un evento que vincula salsa, circo y orquesta, y que ha marcado la pauta en materia de espectáculos en la capital del Valle. Su organizadora, la Fundación Delirio, vio la luz hace aproximadamente trece años, con el interés en convertirse en un referente de cultura con proyección social: “somos una Fundación que tiene un proyecto social de cara a la transformación de la vida de los artistas y productores que hacen parte de este espectáculo”, comentó Andrea Estrada, Directora de Mercadeo de la Fundación. Actualmente, en Delirio trabajan seiscientas noventa personas, de las cuales doscientos son artistas, entre los que se cuentan músicos, bailarines y artistas de circo, pero es este último es un elemento diferenciador entre la amplia oferta que Cali tiene para los viajeros: “el circo le da un tema de magia, de ensueño, por eso nuestra frase es: hacemos historias bailadas que invitan a creer que todo es posible”, puntualiza Andrea.

Para Delirio es fundamental el papel transformador de las escuelas de salsa en los barrios, por eso son ellas quienes se encargan de formar los nuevos talentos. “No somos una escuela de baile. Nosotros necesitamos que la salsa perdure, pero sobre todo desde las escuelas de salsa en los barrios, que son entornos protectores para que los niños ocupen de forma positiva su tiempo libre”, cuenta con orgullo Andrea.

Delirio Show de Salsa en Cali abre sus puertas al público el último viernes de cada mes, fecha en la que en su carpa de circo los turistas y locales pueden encontrarse con un universo mágico lleno baile, música y acrobacia, que marcan la diferencia dentro de la escena cultural caleña.

Por otro lado, se encuentra Ensálsate, un proyecto que lleva ocho años mostrando una cara diferente de la salsa en medio de una fiesta espectáculo que se presenta al público el segundo viernes de cada mes en el Hotel Dann Carlton. “La gente no solo va a ver el show, sino que va hacer parte de una noche llena de fiesta en un ambiente más de glamour”, cuenta Edwin Chica, director y productor del proyecto.

La Fundación Ensálsate cuenta con un espectáculo de gran formato, compuesto de aproximadamente cien artistas, entre los que se incluyen músicos, cantantes, bailarines y personajes que interactúan en el show. Muchas veces, estos artistas provienen de las escuelas de salsa más reconocidas de la ciudad, las cuales no solo son un principal atractivo del Salsódromo durante la Feria de Cali, sino que han sido campeonas en el Mundial de Salsa durante los últimos 4 años

En Ensálsate los procesos de formación son fundamentales, pues a través de estos se está fortaleciendo el arte y la tradición alrededor de la salsa. Por lo tanto, este colectivo, compuesto por cinco compañías artísticas, brinda un apoyo directo a las escuelas de baile que con el talento de sus integrantes ponen en alto el nombre de Cali y Colombia.

A pesar de ser uno de los proyectos más reconocidos en torno a la salsa, la fundación busca siempre innovar y traer shows que sumerjan al público en una experiencia única, por eso en la Feria de Cali de 2019 estrenarán su temporada para 2020, titulada La mujer de mil colores, un recorrido musical por las Américas que tiene como eje central a la salsa. “Nuestra próxima temporada está basada en América y en sus músicas, que fusionamos con la salsa. De ahí sale el nombre, hablamos de la diversidad y pluralidad que tienen estos ritmos, esta música y estos vestuarios, y plasmamos a América como una mujer”, puntualiza Chica.

Cali es una ciudad vibrante, llena de color y magia; que enamora a los turistas no solo por la salsa caleña, ese ritmo que se ha ganado el respeto de una industria, sino también por ser una de las urbes con mayor proyección en el país. El sabor de sus platos, el carisma de su gente y, por supuesto, el amor por su tierra son la mezcla perfecta para gritarle al mundo entero “que Cali es Cali señoras, señores. Lo demás es loma”.

Recientemente SATENA inauguró su ruta Medellín-Cali, un vuelo que permite además, conectar a la capital antioqueña con destinos como Guapi, Florencia y Tumaco, aprovechando su conexión con la Sultana del Valle.

Agradecimientos:

  • Martha Duque – Gerente SATENA Cali
  • Juan Carlos González – Guía turístico
  •  Hotel Obelisco Cali
  • El Mulato Cabaret
  • Ensálsate
  • Fundación Delirio
  • Fundación Jacaranda

 

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